noviembre 06, 2026

Kistefos: Naturaleza, Arte, Arquitectura y Patrimonio Industrial en Jevnaker, Noruega

Point of View 1, de Elmgreen y Dragset - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project

¡Menuda sorpresa oculta el paisaje noruego de Jevnaker! Si alguna vez te has preguntado qué ocurre cuando la arqueología industrial de finales del siglo XIX se fusiona con el arte contemporáneo, una arquitectura rompedora y la naturaleza como telón de fondo, la respuesta se llama Kistefos. Un singular museo que se encuentra apenas a una hora de Oslo, la capital de Noruega, y del que vamos a dar un buen número de razones para querer conocerlo.

Situado a orillas del Randselva, este espacio ofrece una combinación única: un museo industrial en perfecto estado de conservación, dos galerías de arte de nivel internacional y un gran parque de esculturas al aire libre con más de cincuenta piezas integradas en la naturaleza.

Randselva - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project
Viewing Machine, Olafur Eliasson - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project
Castor y Pollux de Tony Cragg - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project
Installation, de Ståle Kyllingstad - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project

Empezamos a viajar con regularidad a Noruega en 2016, aunque nuestro primer contacto con el país nórdico lo tuvimos un poco antes, en el año 2013, cuando visitamos Bergen y Stavanger. Algo que nos ha ido llamando la atención durante estos años, además de la espectacular transformación urbanística de Oslo, la capital, ha sido el gusto noruego por conservar edificios industriales de ladrillo cara vista que tanto nos gustan y darles un nuevo uso, a veces muy diferente, al que se dedicaron en origen. El ejemplo, tal vez, más significativo lo tenemos a lo largo de las orillas del Akerselva, el río Aker que atraviesa la capital noruega.

Leer: "Akerselva, Oslo, un viaje a través del tiempo".

Akerselva, Oslo, por El Guisante Verde Project

Para comprender la verdadera esencia de Kistefos, también tenemos que remontarnos a su pasado industrial; hay que viajar hacia atrás en el tiempo más de trece décadas. La historia comenzó en 1889 de la mano de Anders Sveaas, un visionario con un gran olfato comercial. Al ver el potencial hidráulico de la zona, Sveaas adquirió los derechos del salto de agua del río y los terrenos colindantes para fundar la sociedad A/S Kistefos Træsliberi. A mediados de 1890 la fábrica empezó a procesar la madera local para producir pasta de papel, un suministro clave para la industria papelera de la época.

Kistefos Træsliberi - Noruega, por El Guisante Verde Project
Free to frolic, de Phillip King - Kistefos - Noruega, por El Guisante Verde Project
Cerámica (varios artistas) - Kistefos, por El Guisante Verde Project
I'm Alive, de Tony Cragg - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project

La planta se mantuvo a pleno rendimiento durante más de sesenta años, siendo un motor económico clave en la zona. Sin embargo, a mediados de los años cincuenta la situación cambió. En el otoño de 1953 un contrato firmado con Follum Fabrikker que establecía, en principio, roles diferentes a cada empresa, acabó, sin embargo, provocando el declive de Kistefos, que a mediados de 1955 paraba sus máquinas al trasladarse toda la fabricación a las instalaciones de Follum.

Kistefos, interior de la fábrica - Noruega, por El Guisante Verde Project
Kistefos, maquinaria fábrica - Noruega, por El Guisante Verde Project
Kistefos, Museo Industria - Noruega, por El Guisante Verde Project
Museo Industrial de Kistefos - Noruega, por El Guisante Verde Project

Y aquí es donde la historia da un giro curioso y determinante. El contrato estipulaba explícitamente que la fábrica de Kistefos debía mantenerse lista por si en el futuro se decidía reanudar la producción. Gracias a esta cláusula tan particular, los edificios, las pesadas máquinas de época, las herramientas y buena parte de los enseres quedaron intactos en su sitio, salvándose del desmantelamiento habitual de otras plantas.

Fábricas junto al Randselva - Kistefos, por El Guisante Verde Project
All of Nature flows through us, de Marc Quinn - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project
Presa del Randselva - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project
S-Curve, de Anish Kapoor - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project

A comienzos de los noventa, tras ciertas discrepancias entre miembros de la familia Sveaas, la propiedad paso a manos de terceros en varias ocasiones, hasta que en 1993 Christen Sveaas, nieto del fundador, compró la mayoría de las acciones comprometiéndose a crear un museo de historia industrial aprovechando los edificios de la vieja fábrica.

Museo Industrial y Torso de Mujer, de Fernando Botero - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project

Christen Sveaas inauguró en 1996 el complejo cultural que disfrutamos hoy, el Museo Industrial de Kistefos que es, además, el único en Noruega que conserva sus naves y equipos de producción casi completos, lo que ha convertido al enclave en un monumento único del primer periodo de la industrialización en la Noruega moderna.

The Twist - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project

Pero Kistefos no solo rinde homenaje a su pasado fabril. La llegada del nuevo milenio trajo una apuesta decidida por el arte contemporáneo que situó al recinto en la primera línea internacional. La joya indiscutible de esta metamorfosis es The Twist. Esta sorprendente estructura abrió sus puertas en septiembre de 2019, diseñada por el famoso estudio danés de arquitectura BIG (Bjarke Ingels Group).

The Twist, interior - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project
The Twist, Kistefos, exposición - Noruega, por El Guisante Verde Project
The Twist, vista sobre el Randselva - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project

La creación de este hito arquitectónico respondió a dos necesidades prácticas del parque. Por un lado, hacía falta un pabellón amplio y moderno para albergar arte internacional de gran formato. Por otro lado, la expansión del parque de esculturas a ambos lados del Randselva obligaba a los visitantes a hacer un recorrido incómodo en forma de "U", requiriéndose un segundo puente para conectar ambas orillas y cerrar un circuito continuo en bucle. El equipo de Bjarke Ingels fusionó ambas demandas en una sola idea: diseñar una galería que fuera al mismo tiempo un puente funcional y una imponente escultura habitada.

Point of View, part 2, de Elmgreen & Dragset - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project

Con mil metros cuadrados de superficie y sesenta metros de luz cruzando el río, The Twist ha recibido el aplauso de la crítica internacional que lo han situado entre los destinos culturales indispensables del mundo, otorgándole premios como el mejor museo arquitectónico del año.

Desde el punto de vista del diseño, el edificio ofrece un fascinante juego de ilusión óptica. Aunque percibimos siluetas curvas, la estructura está construida utilizando únicamente líneas rectas. Si algo podemos echar en falta en la nueva arquitectura se abre paso en Noruega es precisamente la ausencia de líneas curvas. Ejemplos recientes los tenemos en Oslo, con Deichman Bjørvika (la Biblioteca Pública de Oslo), el Museo Munch, el nuevo Museo Nacional (Nasjonalmuseet) o los complejos de viviendas en Bjørvika, justo delante del famoso Barcode.

Deichman Bjørvika, Oslo, por El Guisante Verde Project
Museo Munch, Oslo, por El Guisante Verde Project
Viviendas en Bjørvika, Oslo, por El Guisante Verde Project

Volviendo a The Twist, lo paneles de aluminio y listones de madera se torsionan gradualmente en abanico sobre su propio eje. La rotación de noventa grados que realiza el edificio en su tramo central crea la sensación de curvas orgánicas partiendo solo de elementos rectilíneos.

En su interior, el recorrido se organiza en tres galerías. Al entrar por la ribera sur, encontramos la Galería Cerrada, un espacio con techos de doble altura y visión limpia hacia el extremo opuesto. A continuación pasamos a la Galería Twist, ubicada en el tramo torsionado donde las paredes se van inclinando hasta transformarse en techo y el suelo cambia de orientación al rotar los noventa grados. Por último, en el extremo norte se halla la Galería Panorama, cuyos grandes ventanales brindan vistas espectaculares del río y la vegetación.

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Pero las sorpresas no terminan ahí. Una escalera de cristal conduce al nivel inferior sobre la orilla norte, donde un ventanal de altura completa permite observar el río a pocos centímetros, logrando una inmersión completa en la naturaleza. Además, como detalle vanguardista, los propios aseos del museo han sido intervenidos con las ingeniosas propuestas de Tony Oursler.

Bent of Mine, de Tony Cragg - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project
Teddy - Beast of the Hedonic Treadmill, de Fredrik Raddum - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project
The Ball, de Ilya Kabakov - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project
River Man (detalle), de A. Kassen - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project

Llevar a cabo esta obra sobre las aguas del río supuso un desafío técnico de enorme complejidad. De hecho, al retirar el puente provisional que hacía de soporte, el edificio sufrió un asentamiento inesperado y cedió hacia abajo más de lo previsto. Para corregirlo, los ingenieros tuvieron que reabrir la edificación completa y volver a soldar uno a uno todos los pernos de fijación.

La oferta expositiva se complementa con la Galería Nybruket, ubicada en uno de los antiguos edificios fabriles de A/S Kistefos Træsliberi. La cuidada rehabilitación de esta nave conserva el patrimonio industrial como marco perfecto para el arte contemporáneo, albergando muestras temporales de prestigio.

The Path to Silence (verano), de Jeppe Hein - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project

El otro gran pilar de Kistefos es su parque de esculturas al aire libre. Una forma de popularizar el arte muy común en Noruega y que sorprende a no pocos visitantes. Seguramente el ejemplo más notable es el Parque de Esculturas de Ekeberg, sobre una de las montañas de dominan Oslo y asignatura pendiente de esta bitácora. En cada uno de nuestros viajes a la capital nórdica ya se ha convertido en un imprescindible pasear por el bosque de Ekeberg en busca de las nuevas piezas.

Louise Bourgeois, The Coupe - Parque Ekeberg, Oslo, por El Guisante Verde Project

De vuelta en Kistefos y a su parque de esculturas, repasamos la colección permanente que reúne en la actualidad cincuenta y cinco obras de algunos de los artistas más renombrados del panorama mundial, entre los que destacan Yayoi Kusama, Claes Oldenburg, Fernando Botero, Tony Cragg, Olafur Eliasson, Anish Kapoor, Jeppe Hein... Es, como el museo, una colección viva, al incorporar cada temporada una o dos obras de gran tamaño.

Leer: "Yayoi Kusama, arte sin límites".

Tumbling Tacks de Oldenburg y van Bruggen - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project

Hemos viajado hasta Kistefos en dos ocasiones, una en verano, la otra durante el invierno. ¿Cuál es la mejor época? Difícil decirlo. La percepción de las piezas del parque cambia con la luz, el clima y la estación, ninguna visita se parece a otra.

Shine of Life (invierno), de Yayoi Kusama - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project
Shine of Life (verano), de Yayoi Kusama - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project

En verano el bosque se muestra en todo su esplendor, los senderos, en especial el que lleva desde The Twist a los edificios de la A/S Kistefos Træsliberi muestran una asombrosa cantidad y variedad de flores, es posible aprovechar los largos días para darse un baño en los lagos de la zona y prolongar la que es una magnífica excursión desde Oslo. Además, tanto The Twist como los demás edificios están abiertos, desde mayo a octubre, y su visita es muy interesante y entretenida.

Kistefos (verano) jardín - Noruega, por El Guisante Verde Project
Flores en Kistefos - Noruega, por El Guisante Verde Project
The Path to Silence (invierno), de Jeppe Hein - Kistefos, Noruega, por El Guisante Verde Project

Durante parte del otoño, el invierno y hasta bien entrada la primavera, entre finales de octubre y primeros de mayo, el interior de los edificios no puede visitarse; en cambio, no hay restricciones para deambular entre las esculturas del parque. Apenas encontraréis otros visitantes, y fuera del fin de semana, garantía de hacer la visita completamente solos. El silencio, acompañado del sonido del agua, el viento y los pájaros. Y luego está la nieve, que lo cubre todo de un manto blanco inmaculado del que asoman las obras de arte. La visita es mágica, incluso como la hicimos nosotros, con muchas nubes en vez del habitual cielo azul que nos acompaña durante nuestros viajes invernales.

Edificios del Museo Kistefos en invierno - Noruega, por El Guisante Verde Project

El parque se inauguró en 1999, enfocado en la escultura contemporánea noruega, siendo una muestra destacada la obra Time de Nico Widerberg, instalada en 1995, para de forma gradual ir abriendo sus fronteras al panorama internacional con piezas de primer nivel.

A partir de 2005, el proyecto dio un salto cualitativo al apostar por obras hechas a medida o site-specific. Se invita a los artistas a visitar el lugar para inspirarse en la historia, el agua, la energía y la naturaleza de Kistefos antes de realizar sus piezas. En definitiva, el Museo Kistefos demuestra cómo revitalizar la historia combinando conservación industrial, arte de primer nivel y arquitectura innovadora. Transformar una antigua fábrica en un icono cultural internacional ha sido un logro rotundo. Un destino donde el Randselva continúa fluyendo, inspirando la creatividad de quienes lo visitamos.


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Lagunas de Ruidera, Ruta de los Miradores

Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, por El Guisante Verde Project

El Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, repartido entre las provincias de Ciudad Real y Albacete, es un espacio natural protegido de gran belleza, del que vamos a disfrutar desde las alturas, recorriendo la Ruta de los Miradores. El parque lo forman 15 lagunas que se reparten en los 30 kilómetros que dibujan el valle del Alto Guadiana.

El agua acapara el protagonismo en Ruidera; sus lagunas de aguas transparentes y azules crean un espacio único en la Península Ibérica. Esta es la serie completa de lagunas que nos encontraremos a lo largo del valle desde el Embalse de Peñarroya: Cenagosa, Coladilla, Cueva Morenilla, Del Rey, Colgada, Batana, Santos Morcillo, Salvadora, Lengua, Redondilla, San Pedro, Tinaja, Tomilla, Conceja y Blanca.

Laguna de Santos Morcillo, Ruidera, por El Guisante Verde Project

Si queréis conocer a fondo el proceso de formación de las lagunas, la flora, la fauna y la evolución de la comarca a lo largo de historia, resulta esencial la visita al Centro de Interpretación del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, que se situa muy cerca del comienzo de esta Ruta de los Miradores. De los dos centros existentes este el único que permanece abierto en la actualidad.

Centro de Interpretación de las Lagunas de Ruidera, por El Guisante Verde Project
Centro Visitantes de las Lagunas de Ruidera, por El Guisante Verde Project

El centro es moderno, amplio y cuenta con muchos paneles de información, vitrinas, maquetas, acuarios... Pasamos un buen rato en sus salas, entretenidos desentrañando los entresijos de este paraje natural. Las barreras naturales que jalonan el curso del río y contienen sus aguas están formadas por toba o por travertino. El proceso de formación es fascinante.

Cascada del Hundimiento, Lagunas de Ruidera, por El Guisante Verde Project

Las aguas de lluvia que caen sobre el Acuífero 24 (Acuífero de la Mancha Occidental, uno de los mayores de España) disuelven la roca caliza de forma que el agua se carga carbonatos. El agua rebosa el acuífero desembocando en diversos manantiales que a su vez alimentan las lagunas; la fuerza de la corriente hace que, en su continuo choque contra restos vegetales, el agua libere buena parte del carbonato, se desgasifica, petrificando la materia orgánica contra la que golpea.

El proceso comenzó en el Cuaternario, hace 18.500 años y aun hoy continua evolucionando. El resultado es un paisaje del que solo existe un ejemplo similar en Croacia, el muy conocido Parque Nacional de Plitvice (Patrimonio de la Humanidad).

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El equilibrio que regula las aguas de las lagunas es muy complejo y frágil. El acuífero es el que proporciona el principal aporte líquido de las lagunas, aunque la cantidad de agua que acumula no es no es visible desde el exterior y por ese motivo se producen situaciones curiosas. Así, a pesar de que se registren lluvias durante semanas, el nivel de las lagunas apenas crece, porque el nivel del acuífero está muy bajo, mientras que por el contrario, en época de sequía exterior, el nivel de las aguas puede incluso aumentar porque el acuífero se ha ido llenando meses antes y comienza a desbordar.

Lagunas de Ruidera, por El Guisante Verde Project
PN Lagunas de Ruidera, por El Guisante Verde Project

Cuando las lagunas alcanzan un nivel suficiente, el agua se desborda pasando de una a otra formando cascadas y, aunque no existe un consenso sobre el origen del nombre de Ruidera, el ruido del agua al fluir parece reforzar la teoría de que estaría relacionado con la palabra latina rivus, río, arroyo.

Por otro lado, entre la primera entrega de libros que Felipe II realizó a los Jerónimos del Real Monasterio de El Escorial en mayo de 1576 se encuentra el Atlas de El Escorial. Este manuscrito, catalogado como K-1-1, se compone de un mapa índice y veinte láminas, encontrándose la referencia a “Riadera”.

Porrón (ave), por El Guisante Verde Project
Somormujo Lavanco, por El Guisante Verde Project

La riqueza biológica de Ruidera es enorme y especialmente sorprende, en un paisaje tan seco como La Mancha, la variedad de vegetación que concentra alrededor de las lagunas: encinares, sabinares, álamos, enebros, olmos o chopos, junto a retamas y carrizos por citar algunos. Las aves acuáticas, como el aguilucho lagunero, el porrón moñudo, el pato colorado o el somormujo lavanco se ven con facilidad.

Castillo de Peñarroya, por El Guisante Verde Project

Antes de comenzar el camino, nos entretuvimos un buen rato en el Castillo de Peñarroya, antigua fortaleza musulmana y que, desde 1215 fue administrado por la orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan que también había participado en su conquista. Su ubicación es realmente espectacular, sobre un acantilado bajo el que se construyó el embalse de Peñarroya.

Castillo de Peñarroya, murallas, por El Guisante Verde Project

El castillo se encuentra en bastante buen estado de conservación, con su foso, patio de armas, iglesia y murallas en pie.

Dejamos atrás el castillo de Peñarroya y nos acercamos al punto de inicio de nuestra ruta, muy cerca de las ruinas de la antigua central eléctrica de Santa Elena. El sendero tiene escaso desnivel y hay que tener en cuenta que una vez iniciado el ascenso dejamos de tener sombra durante todo el recorrido, hasta que volvemos a descender y encontramos cobijo en los árboles. En caso de caminar en un día de sol, sobre todo el verano, es conveniente llevar agua y un parasol. En nuestro caso, a pesar que iniciar el camino por la mañana, no muy tarde, el sol ya apretaba de lo lindo.

Laguna Colgada, Ruidera, por El Guisante Verde Project
Lagunas de Ruidera, la Isla, por El Guisante Verde Project
Lagunas de Ruidera, mirador 2, por El Guisante Verde Project

La Ruta de los Miradores de Ruidera nos lleva por un recorrido circular de unos 3 km, con escaso desnivel. Nosotros ampliamos el camino, por las alturas, para ir consiguiendo otras vistas y, por la parte baja, con un tramo de la ruta 1, junto a la Laguna de la Colgada, hasta completar unos ocho kilómetros en total. Un paseo muy recomendable.

Otros de los muchos puntos de interés dentro del parque, son las ruinas del castillo de Rochafrida, o la Cueva de Montesinos, donde nos pudimos hacer una idea del nivel del acuífero que alimenta las lagunas; en el interior de la cueva Don Quijote pasó una noche que sería el origen de una de las aventuras más insólitas del ingenioso hidalgo y que visitamos durante nuestra Ruta con Don Quijote, por cualquier lugar de la Mancha.

Cueva de Montesinos, por El Guisante Verde Project