Notre Dame de París no es la más grande, ni la más rica, ni la más antigua de las catedrales francesas de la Edad Media. Incluso podría admitirse que no es la más bella.
Sin embargo, es la más evocadora, y como decía, Claudel ha de considerarse más como una persona que como un monumento, además de su importancia histórica, que llevó a Michelet a bautizarla como parroquia de la Historia de Francia.



