El Templo de Lingyin fue fundado por el maestro budista Huili, nacido en la India, en los alrededores de Hangzhou (China), en el año 326. Allí, el monje quedó impresionado por la belleza del paisaje. En particular, un pequeño pico, que más tarde se conocería como Feilai Feng, de menos de 200 metros de altura llamó su atención, ya que era de piedra caliza, muy diferente de los que le rodeaban. Huili estaba convencido de que esa montaña era parte del ‘Pico del Buitre’ (Lingjiu) de su tierra natal, morada de los inmortales y los espíritus, y donde el Buda Gautama dictó numerosos sutras. Hoy en día el templo forma parte del Patrimonio Mundial integrado en el conjunto del “Paisaje Cultural del Lago del Oeste de Hangzhou”.
China es un país inabarcable no ya en una sola visita sino casi podríamos decir que en una vida. A su historia milenaria, donde los mitos, las leyendas y los hechos históricos se entremezclan formando una madeja a menudo impenetrable, hay que unir su enormidad geográfica, su diversidad cultural pese a los esfuerzos de los dirigentes por mostrar una sociedad homogénea y a las dificultades administrativas y de seguridad impuestas por el poder político. Sin olvidar las variadas traducciones sobre un mismo nombre o texto, que, con frecuencia, originan confusión entre los que viajamos por aquellas tierras.
Tal vez ahí se encuentre la explicación del por qué hemos escrito tan poco sobre nuestro recorrido por el gigante asiático; un viaje de varias semanas en las que diseñamos un recorrido bastante clásico con algunas pinceladas muy fuera de las rutas habituales, en las que éramos los únicos occidentales. Nuestra visita a China nos proporcionó mucho que asimilar, incluso hoy seguimos asombrándonos ante lo que vivimos.












