La ruta que recorre el Laberinto del Arno y el Laberinto de Katarri, nos sumerge en un fascinante mundo de hayas, musgo y formaciones rocosas kársticas talladas por el agua. Así se crea una atmósfera mágica, donde el sonido de la Naturaleza es, con frecuencia, la única banda sonora que nos acompaña durante el recorrido. Estos laberintos se encuentran uno junto a otro, en el entorno del Puerto de Opakua, Álava, en la Sierra de Entzia, que es la prolongación oeste de la más conocida sierra navarra de Urbasa.
No resulta complicado acercase hasta el paraje natural de la Sierra de Entzia, casi 5000 hectáreas formando una altiplanicie que es, en general, cómoda de visitar. Nosotros salimos desde Agurain-Salvatierra por la A-2128 hacia el Puerto de Opakua, ese que nos marca la llegada del invierno, ya que, suele ser allí donde caen las primeras nieves. Al llegar al alto, giramos a la izquierda por una pista asfaltada que se adentra en el bosque.
Buena parte de las rutas que aparecen en las apps de senderismo (recomendable descargar alguna porque no debemos dar por segura la cobertura de telefonía en este recorrido), parten del aparcamiento de la Fuente de los Alemanes, un nombre que, como podéis imaginar, tiene detrás una curiosa historia.
Aunque esta zona no es tan visitada como otros parques naturales próximos, Gorbea, Izki o Aizkorri-Aratz, el estacionamiento de los Alemanes puede estar, en ocasiones, bastante lleno. Nosotros continuamos un poco más hasta el siguiente parking, el de Majada Mezkia.
Desde allí, nos dirigimos hacia la Balsa de Iturbatz, o de los Alemanes, un pequeño embalse que se creó aprovechando el agua de la fuente de Iturbatz, con el fin de enfriar las cabezas de perforación. Si, habéis leído bien.
Durante los años sesenta del siglo XX Álava se convirtió en un territorio estratégico en la búsqueda de gas y petróleo, aunque el interés venía de lejos porque el primer sondeo se realizó en Agurain - Salvatierra en 1901. Las tierras alavesas reunían, a priori, todas las condiciones necesarias para que los sondeos dieran fruto, lo que atrajo además de a empresas españolas, a otras francesas, estadounidenses, y la Gulf-Deilman, holandesa-alemana que trabajó en la zona de Opakua.
Finalmente la ansiada autonomía energética no se hizo realidad porque no se encontró petroleo; en cambio, sí que hubo buenos resultados con el gas, que se explotó durante veinte años. Hoy en día, continua, sin embargo, sin conocerse el volumen de gas disponible y si resultaría rentable su explotación.
Cruzamos la balsa de Iturbatz por un pequeño puente y seguimos un sendero por el que a ratos nos acompañan unas tuberías negras. Al llegar a un desvío a la derecha, seguimos por el sendero paralelo al río. La ruta por los laberintos, algo más de 8 kilómetros desde el aparcamiento, no está señalizada, salvo algunos tramos fáciles de identificar y de marcas en forma de puntos rojos.
Siguiendo el camino, inmersos en un mundo de caprichosas formaciones rocosas, a veces ocultas entre la vegetación, nos encontramos con el Arco de Zalamportillo, seña de identidad del Laberinto del Arno.
Caminando por el interior del Arno nos encontraremos con infinidad de rocas que han adoptado formas caprichosas y que en ocasiones se entrelazan con la vegetación que las rodea, un bosque que puede parecer impenetrable y claros donde tomarnos un respiro.
Nuestro siguiente punto de referencia será la muy difuminada cima de Lazkueta, 1123 metros, con un buzón cilíndrico bastante bonito. Al descender, lo haremos atravesando un precioso bosque de hayas en el resalta alguna formación de rocas interesante. Valga como ejemplo la conocida como “Puppy” en recuerdo de su famoso homónimo, el guardian del Museo Guggenheim de Bilbao. Ya os adelantamos que es necesario un poco de imaginación y darle alguna vuelta para encontrar el ángulo óptimo.
Seguimos nuestro camino, en ocasiones marcado por marcas rojas circulares en los árboles, en dirección a la otra pequeña elevación de este recorrido, Azkueta, donde nos esperan, además de unas buenas vistas, una gran estela, y una pequeña escultura ciclista.
Retrocedemos un poco hasta encontrar el descenso hacia el camino que nos llevó hasta el mirador de Azkueta y que nos conducirá hasta el Laberinto de Katarri. Este laberinto está repleto de preciosas formaciones rocosas cubiertas de musgo y helechos, recovecos que hacen perder el sentido de la orientación, donde las luces y las sombras se unen para formar un escenario onírico.
Hemos realizado este recorrido en dos ocasiones, ambas aprovechando días soleados; la primera vez, nos adentramos en el bosque con la primavera bien asentada, y un verde intenso cubriendo las alturas de los árboles. La segunda ocasión fue a finales del invierno lo que permite apreciar mejor el laberinto de senderos, rocas y la vegetación que las cubre.
Ambas épocas tienen su encanto, igual que los laberintos, y no sabríamos decantarnos por un momento u otro, lo mismo que resulta difícil elegir entre el Arno y Katarri aunque, tal vez, este último nos haya gustado algo más. Será interesante recorrerlos durante el invierno, después de una nevada, a ver entonces salimos de dudas.
Esta ruta puede hacerse más corta y también aumentar considerablemente el recorrido, incluyendo la Peña Roja y el Txumarregi, hay muchas posibilidades y la zona da para varias excursiones, todas espectaculares.
Muy cerca de el aparcamiento de Majada Mezkia, continuando por la misma carretera, llegaremos a las campas de Legaire, un sorprendente parque megalítico donde podremos caminar entre menhires, varios túmulos y dólmenes e incluso un cromlech. Aquí se encontró, en 1919, el primer menhir de Álava, el menhir de Akarte, aunque esta historia formará parte de un próximo artículo.
Hasta entonces, esperamos que os animéis a recorrer los laberínticos rincones del Arno y Katarri, si es posible, sin dejar huellas de vuestro paso...


































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