La ruta que lleva hasta Tryvannstua desde la estacion de metro de Frognersteren en Oslo, la capital de Noruega es perfecta para recorrerla durante el invierno y testar cómodamente vuestra habilidad para realizar caminatas con una buena capa de nieve cubriendo el paisaje. Un sendero que nos ofrece, además, una estampa preciosa.
Esta pequeña ruta la hemos realizado en muchas ocasiones, tanto en verano, como en invierno; con y sin raquetas de nieve. Siempre recompensa, ya desde el momento en que nos subimos a los vagones de la línea 1 del metro en el centro de Oslo y, por eso, forma parte de aquellas recomendaciones que hicimos tras nuestra primera visita invernal a Noruega: "Invierno en Oslo, experiencias para que el frío no te deje en casa". Habíamos realizado nuestro segundo viaje al país nórdico. ¡Nunca hubiéramos imaginado que volveríamos otras nueve veces (por el momento)!
En esta ocasión, optamos por realizar la ruta sin raquetas y calzarnos las botas altas, porque la nieve tenía un espesor considerable. Al llegar al inicio del sendero decidimos seguir el recorrido marcado por la pista de esquí de fondo, en lugar de seguir la ruta senderista. Alrededor de Oslo existen innumerables caminos que recorren el Marka, los bosques que rodean la capital nórdica por todas partes, excepto la que da al fiordo. Así os lo contamos en "Oslo, los Mil Lagos de un paraíso senderista". Durante el invierno, un gran número de esos senderos se convierten en pistas de esquí fondo, un deporte que en Noruega tiene legiones de practicantes. En general, los senderos con marcas azules señalan la ruta a seguir para los que no se desplazan deslizándose y es conveniente seguir esa indicación.
Sin embargo, en ocasiones, las pistas y los senderos se cruzan y se solapan; también, por qué no decirlo, allí donde resulta posible, es mucho más cómodo para caminar hacerlo por las pistas, aunque tiene sus inconvenientes. Es necesario transitar con cuidado, respetando las huellas de los esquíes sin romperlas y caminar por el borde la pista. Aun así, es probable que algún que otro esquiador se moleste porque entienda que la pista no es para caminar... nada grave, por otra parte.
Durante la época invernal, el trazado de algunas rutas discurre en ocasiones por encima de los lagos, que están congelados, aunque en esta ocasión el sendero apenas varía. De todas formas, si os apetece, es posible seguir una línea prácticamente recta desde que aparecen los lagos de Tryvannstua hasta la cabaña donde encontraremos refugio para reponer fuerzas.
A medida que llegáis a Tryvannstua, en el horizonte va apareciendo la cercana estacion de esquí alpino, el Oslo Vinterpark o Skymore Oslo. Si os gusta el descenso, es de las pocas opciones que econtraréis por estas latitudes. Una vez llegados a Tryvannstua, no os podéis perder entrar a la cabaña para tomar una bebida caliente, un bocadillo de gambas, un Smørbrød con salmón ahumado o un un rollo de canela junto al calor de la chimenea. También podéis hacerlo, como auténticos expedicionarios polares, en el exterior, disfrutando de la montaña. A nosotros no nos quedó otro remedio que hacerlo así porque a uno de nuestros compañeros de ruta no le permitían pasar de la puerta, aunque gracias al sol que lucía sin una una nube en el cielo, no echamos de menos las paredes de madera.
La cabaña de Tryvann se construyó en 1931, al igual que la primera pista de esquí, con parte de la madera de los árboles caídos (hasta 3000), a consecuencia de una devastadora tormenta que asoló la zona. Tryvannstua es el punto de acceso a Nordmarka, el bosque situado al norte de Oslo y su construcción obedeció a la necesidad de aprovisionar a los viajeros que atravesaban esa parte del marka y marcó, casi sin quererlo, el comienzo del vinterpark.
Durante el camino no podréis evitar deteneros y mirar a vuestro alrededor, dejando vagar la vista sobre los bosques que alejan cualquier atisbo de civilización de vuestra mirada y que, con la nieve, resultan aún más atractivos. Si el día amanece despejado, no se puede pedir más.
El regreso hacia Frogneseteren puede hacerse siguiendo el mismo camino o una variante, señalizada también, que no incrementa la distancia total de la ruta, que es de algo más de seis kilómetros. Si llegáis al atardecer, os recomendamos continuar descendiendo un poco, por el sendero que conduce hasta la terraza del Frognerseteren Kafe: la vista del fiordo de Oslo es inolvidable.
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