noviembre 25, 2021

Cantabria, paseando por el mayor Bosque de Secuoyas de Europa

Monumento Natural Secuoyas de Cantabria, por El Guisante Verde Project
El Monumento Natural de las Secuoyas del Monte Cabezón con sus apenas 2.5 ha es el espacio natural protegido más pequeño de Cantabria y, al mismo tiempo, sus 848 sequoia sempervirens constituyen la mayor masa forestal de esta especie en Europa. Caminar entre estos gigantes es todo un privilegio, y poder hacerlo, al menos nosotros, muy cerca de casa, una auténtica suerte.

El bosque se encuentra en la carretera CA-135 entre las localidades de Cabezón de la Sal y Comillas y a todo el que lo visita le surge una pregunta: Un bosque de secuoyas en Cantabria, ¿cómo es posible?
Secuoyas de Cantabria, Monte Cabezón, por El Guisante Verde Project
Secuoyas de Cantabria, copas, por El Guisante Verde Project
Secuoyas de Cantabria, por El Guisante Verde Project
Secuoyas Monte Cabezón - Cantabria, por El Guisante Verde Project
Las secuoyas tienen actualmente su hábitat natural restringido a las montañas costeras de Oregón y, especialmente, California. Las talas masivas realizadas desde mediados del siglo XIX acabaron con el 95% de la superficie que ocupaban. En la actualidad los espacios donde se encuentran están bajo protección.

Las Secuoyas de Cantabria se plantaron en la década de 1940, consecuencia de la búsqueda de la autarquía económica que el régimen franquista ansiaba conseguir. La política forestal apostó por la reducción de las importaciones de madera, por lo que hubo que plantar especies de rápido crecimiento.
Secuoyas Cantabria, Monumento Natural, por El Guisante Verde Project
En el Monte Cabezón se experimentó, gracias a las favorables condiciones climatológicas, con una especie que miles de años antes se extendía por todo el hemisferio norte: las secuoyas. Su crecimiento, de hasta 1.80 metros por año durante los diez primeros, parecía una buena opción. Sin embargo, transcurrida una década, el interés se había perdido y las secuoyas de Cantabria continuaron con su crecimiento, permaneciendo intactas hasta hoy.

En un lejano 2007, durante nuestro primer viaje a Estados Unidos, visitamos los Parques Nacionales de Sequoia, donde se encuentra el árbol más voluminoso conocido hasta ahora, el ‘General Sherman’ y Kings Canyon. Estos parques nacionales, junto con Sequoia National Forest forman un espacio natural soberbio, donde nos sentimos absolutamente minúsculos caminando entre árboles inmensos, los seres más longevos del Planeta, tratando de imaginar todo lo que habían vivido a lo largo de su historia.
'General Sherman' Sequoia & Kings Canyon National Parks, por El Guisante Verde Project
Los parques norteamericanos, siempre sorprenden en este sentido, están muy bien organizados y cuentan con numerosos senderos que los recorren. En Sequoia y Kings Canyon muchas de las rutas nos permiten tener la sensación de encontrarnos en otro mundo, alejados del tráfico y de los visitantes que se detienen en los puntos más conocidos, a menudo cerca de los aparcamientos, y no se adentran en el bosque.
Sequoia & Kings Canyon National Parks, por El Guisante Verde Project
Sequoia & Kings Canyon NP, por El Guisante Verde Project
A la percepción de encontrarnos en un entorno salvaje también contribuye la política de mínima intervención que llevan a cabo desde el servicio de parques nacionales, por lo que no es raro tener que sortear o escalar alguna secuoya caída para poder avanzar. La luz del atardecer se filtra entre las ramas y los troncos de los árboles aunque es frecuente que la penumbra y la niebla nos envuelva y nos haga ir atentos a los sonidos que nos rodean, anticipando encuentros con algún ejemplar de oso negro, habituales en la zona.
Secuoya caída en Sequoia National Park, por El Guisante Verde Project

Aunque, al igual que nosotros, hayáis caminado entre las secuoyas en su hábitat natural, os recomendamos que visitéis el inesperado y excepcional bosque de Cantabria. Actualmente podamos disfrutar de una caminata entre estos redwoods que alcanzan ya entre 40 y 50 metros de altura y un perímetro de 2 metros. La gran densidad y el desarrollo de estas secuoyas impiden que se desarrolle sotobosque bajo su sombra; solamente encontramos 25 ejemplares de Pinos de Monterrey y algún eucalipto blanco dispersos en la parcela.
Troncos de Secuoya en Cantabria, por El Guisante Verde Project
Grandes Secuoyas en el Monte Cabezón - Cantabria, por El Guisante Verde Project
El Monumento Natural de las Secuoyas del Monte Cabezón alberga algunas sorpresas. Existe un sendero adaptado para silla de ruedas que termina en el corazón del bosque de secuoyas, a través de una plataforma de madera. También encontramos diferentes senderos, en general cortos y de poca dificultad, que recorren la parcela y nos muestran otros tipos de árboles, como roble americano, castaño japonés o abeto de Douglas. Los caminos que podemos explorar son: Senda de la Tejera, Senda del roble, Senda del castaño, Senda del eucalipto, Senda del acebo y Senda del abeto. Los nombres nos dan una idea precisa del tipo de árbol predominante en cada sendero.
Senda del Roble, Monte Cabezón - Cantabria, por El Guisante Verde Project
El otoño es una época perfecta para visitar el bosque en todo su esplendor, tanto por los diversos ejemplares de hoja caduca que encontraremos en las diferentes sendas como por la luz que se filtra entre las ramas de las secuoyas en esta época del año y que resalta, aún más, el color anaranjado de los troncos. Una experiencia, caminar por el interior de un bosque de secuoyas, que puede disfrutarse en muy pocos lugares del Mundo y que tenemos casi al alcance de la mano, en Cantabria.
Otoño Bosque Secuoyas Cantabria, por El Guisante Verde Project

noviembre 13, 2021

Magritte: Bruselas - Madrid, esto no es un viaje

Magritte 'El Gran Siglo', por El Guisante Verde Project
En este viaje, que no es un viaje, nos acompaña René Magritte, el hombre invisible con su abrigo negro y su bombín, sobre un fondo azul con nubes blancas. Partimos de Bruselas. Allí se encuentra el Musée Magritte, ubicado en la Place Royale, en el Hôtel du Lotto, un bonito palacete neoclásico. Terminamos en Madrid, visitando la gran retrospectiva que se expone en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

Magritte, nacido en 1898 en Lessines, una pequeña localidad a poco más de 50 km de Bruselas, es el impulsor del surrealismo belga, aunque sus inicios, poco conocidos, transitaron por el impresionismo. No se quedó ahí, y durante su primera etapa asimiló influencias de otros muchos movimientos, como el Cubismo o el Futurismo.
Magritte 'La Firma en Blanco', por El Guisante Verde Project
Giorgio de Chirico 'La conquista del filósofo', por El Guisante Verde Project

Pero si tenemos que hablar de una influencia decisiva en la obra de Magritte, es la que ejerció Giorgio De Chirico. El contacto con su obra, en 1922, provocó que Magritte abandonara otros estilos y adoptara el estilo metafísico del italiano.

Para cualquiera que quisiera ‘estar en la onda’ en el primer cuarto del siglo XX, los ‘Locos Años Veinte’, era condición indispensable vivir en París. Magritte se trasladó a la Ciudad de la Luz, más bien a sus cercanías, en 1927, y se introdujo de pleno en el círculo surrealista parisino: Breton, Max Ernst, Éluard, Arp, Miró y Dalí fueron sus compañeros.
Magritte 'Los Valores Personales', por El Guisante Verde Project
Magritte 'Las Maravillas de la Naturaleza', por El Guisante Verde Project
Magritte 'Memoria de un Viaje', por El Guisante Verde Project
Sin embargo, Magritte era muy independiente; conservaba sus ideas y convicciones por encima de la influencia del grupo o de las modas. Incluso en la etapa parisina su estilo, llamado en ocasiones ‘realismo mágico’, no cambió esencialmente.

Tal vez por ese deseo de mantener su libertad creativa, el ambiente de la capital francesa no terminó de convencerle y abandonó la Ciudad de la Luz para instalarse de nuevo en Bruselas, su residencia definitiva. Además de en Bruselas, expone en París, Ginebra, y, con frecuencia, en Nueva York.
Magritte 'El Arte de Conversar'', por El Guisante Verde Project
Magritte 'La Llave del Campo'', por El Guisante Verde Project

Su regreso a Bruselas supone también su vuelta, momentánea, al impresionismo, y su casa se convierte en punto de encuentro de artistas y escritores. Entre los años 1847 y 1948 intentó movilizar las conciencias con un estilo crudo, muy próximo al fauvismo. La crítica y el público fueron abiertamente hostiles. René Magritte retomó el surrealismo, estilo que mantendrá, con variaciones muy personales, hasta el fin de sus días, en 1967, año en el que fallece en Bruselas. Magritte no fue especialmente viajero, su primera visita a EEUU la realizó en 1965, solo dos años antes de su muerte, con motivo de la retrospectiva que le dedicó el MoMa.
Magritte 'Delirios de Grandeza', por El Guisante Verde Project
Magritte 'La Explicación', por El Guisante Verde Project

La obra del pintor de Lessines se presta a múltiples interpretaciones y desvaríos por parte de la crítica, tanto de la actual como de la de su tiempo. Un ejemplo de ello es la insistencia en relacionar el suicidio de su madre, que en 1912 se arrojó al río Sambre, a la altura de la ciudad de Châtelet, donde la familia residía desde 1904, con el origen de diversas pinturas, en las que los protagonistas aparecen tapados con un velo o una tela, como Les Amants, a pesar que el propio artista lo negó en numerosas ocasiones.
Magritte 'El Durmiente Temerario', por El Guisante Verde Project

Magritte fue un provocador. Intentaba forzar al público a cambiar su percepción de la realidad, a menudo ya pre-configurada por múltiples factores. Para ello utilizaba imágenes ambiguas e ingeniosas, en un intento de cuestionar la relación entre un objeto pintado y uno real.

Magritte utiliza imágenes cotidianas, las manipula con duplicaciones, ausencias y meta representaciones, el cuadro dentro del cuadro. La ironía, los juegos de palabras, los guiños a la pintura tradicional, las realidades opuestas y la paradoja, le caracterizan.
René Magritte, por El Guisante Verde Project

Sus imágenes a menudo parecen sencillas y, con frecuencia, en sus obras aparecen objetos realizados con minuciosidad casi fotográfica. Investiga las relaciones entre palabras e imágenes, cuestionando la realidad pictórica como en ‘La traición de las imágenes’, donde bajo la pipa ejecutada al detalle, escribe, ‘Esto no es una pipa’. Harto de que le preguntaran por la dichosa pipa termino aclarando: - "¿Puedes fumar en ella?... Entonces no es una pipa". Las palabras tienen mucho protagonismo en la obra de Magritte, en especial durante sus años en París.
Magritte 'La Lámpara Filosófica', por El Guisante Verde Project
Magritte 'La Habitación de Escuchar', por El Guisante Verde Project
Magritte 'Las Memorias de un Santo', por El Guisante Verde Project

A menudo, las imágenes van acompañadas por un nombre. Normalmente no concuerdan entre sí, cuestionando, una vez más, la realidad a la que ambas, imagen y palabra, se refieren. En ese intento por sacar al espectador de sus concepciones previas, también los títulos de sus obras nos desconciertan con frecuencia.

Magritte también explora el paisaje como ilusión, sin ninguna pretensión realista. Una constante en su obra, donde espacio real e ilusión espacial comparten lienzo. La obra de arte como puerta de entrada hacia otras realidades. El espectador tiene que participar, elegir si está dentro o fuera, si mira a través de la ventana, si el primer plano o el del fondo es el protagonista, si está delante o detrás del telón.
Magritte 'La Respuesta Imprevista', por El Guisante Verde Project

Al visitar, en la Place Royal de Bruselas, el Museo Magritte, un museo rodeado por las colecciones de los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, algo que seguro habría sido del gusto del artista, nos damos cuenta de que algunas de sus obras más reproducidas, más conocidas, no se encuentran allí. Tiene algo de viaje entrar en un museo dedicado a un único artista, pasearse por su itinerario completo, comprobar como los espacios, desde la entrada con cajas de luz recreando las obras, las enormes fotos, las paredes negras y las entradas estrechas a las salas, contribuyen a una atmosfera de misterio y contemplación. Descubrimiento, aprendizaje, encontrar piezas nuevas que no conocíamos, series, repeticiones. Como al abrir un libro o entrar en un teatro, dejamos que el mundo de ficción creado por el artista nos envuelva, participamos en el juego.

'El Hombre con Sombrero de Hongo' - Museo Magritte, Bruselas por El Guisante Verde Project
Museo Magritte - Bruselas, por El Guisante Verde Project
Magritte, 'El Arte de la Conversacion' por El Guisante Verde Project
Magritte 'El Viajero', por El Guisante Verde Project
Magritte 'Perspectiva: Madame Recamier, por David', por El Guisante Verde Project
Magritte 'La Poitrine', por El Guisante Verde Project
Magritte 'El Imperio de las Luces', por El Guisante Verde Project
Museo Magritte, Bruselas, salas, por El Guisante Verde Project
La exposición que ahora nos trae el museo madrileño Thyssen-Bornemisza, es también una fuente de sorpresas. Reconocemos algunas de las obras que ya vimos en Bruselas, acompañadas de muchas otras que nos ayudan a entender su voz, su identidad artística. Tenemos la oportunidad de seguir completando el puzzle, de seguir las miguitas que un artista va dejando y entrever un conjunto, su mapa de significados. Pocas veces se insiste en que Magritte trabajó de forma previa, en paralelo y a veces para complementar sus ingresos, como creativo publicitario, además de cómo artista, llegando a tener una agencia propia junto a su hermano. Su predilección por objetos de uso común, por los juegos de palabras, por los equívocos, gusta mucho en la presentación de marcas y productos. De ahí que el hombre del abrigo y el paraguas, el bombín, los fondos de nubes se hayan vuelto tan reconocibles.
Magritte 'El balcón de Manet', por El Guisante Verde Project
Magritte 'Los Paseos de Euclides', por El Guisante Verde Project

La retrospectiva del Thyssen, ha sido titulada ‘La Máquina Magritte’. Un nombre que deriva de la repetición, la variación y la combinación de unos pocos motivos figurativos que, en palabras del artista, le llevó a pintar un millar de cuadros, variantes de sus obras, sobre una base de un centenar de motivos.

Fue el propio Magritte quien habló de la ‘máquina’. En 1950, en colaboración con algunos amigos, escribió el prospecto La Manufacture de Poésie, un catálogo de productos imaginarios entre los que destaca la “Máquina Universal para hacer cuadros”. Tal máquina haría posible componer de forma práctica un número ilimitado de cuadros pensantes. La exposición parte de la hipótesis de que esa Máquina Magritte existe y está compuesta por varios dispositivos interconectados correspondientes a conceptos recurrentes en la obra del artista. Hoy hablaríamos de una ´Inteligencia Artificial´ que es capaz de combinar todas las propuestas del pintor.
Magritte 'El Principio del Placer', por El Guisante Verde Project
Magritte 'La Voz del Espacio', por El Guisante Verde Project

Desde el Museo Thyssen se explica la organización de la exposición alrededor de secciones temáticas que explican la concepción de la pintura de Magritte que para él mismo era ‘un arte de pensar’. Pensar y hacer pensar sobre la pintura y su relación con la realidad. Las secciones parten de los planteamientos conceptuales, ‘Imagen y Palabra’, semi-abstractos ‘Figura y Fondo’; las convenciones tradicionales de la pintura europea, ‘Cuadro y Ventana’, ‘Rostro y Máscara’; los límites del ilusionismo visual, ‘Mimetismo’ y ‘Megalomanía’. Sobre todo ello, planean los ‘Poderes del Mago’ ironizando sobre el mito del genio creador que aparece a menudo en sus autorretratos.

Magritte 'El Terapeuta', por El Guisante Verde Project

Hay que jugar con sus propuestas, lienzos transparentes, telones, cascabeles, figuras de las que no vemos el rostro, la figura hecha fondo y el fondo figura, el cuadro que se abre a una realidad diferente, recortes, significados equívocos, cuerpos, manzanas, piedras, balaustres, peines, los objetos más sencillos; espejos agigantados y formas adueñándose del lienzo... Juegos de escalas y tamaños. Como “Alicia en el país de las maravillas”, tenemos que dejarnos llevar para disfrutar del recorrido.
Magritte 'La Travesía Difícil', por El Guisante Verde Project
Magritte 'Belle Société', por El Guisante Verde Project

En las salas encontraremos más de 90 pinturas además de fotografías y películas domésticas que ilustran los conceptos desarrollados en los paneles que introducen cada temática. Imprescindible su lectura para asimilar lo que vemos. Guillermo Solana es el comisario de una exposición que incluye, como es habitual en el Thyssen, mucho material adicional en forma de podcast, vídeos, visita virtual… Hasta el 31 de enero de 2022. A partir de finales de febrero y hasta primeros de junio podréis verla en Caixaforum Barcelona. La Máquina Magritte no se para y esto continua sin ser un viaje...
Magritte 'Esto Continua sin Ser una Pipa', por El Guisante Verde Project

noviembre 02, 2021

Hondarribia, marinera y medieval: un enclave único en la costa de Gipuzkoa

Casas de la Marina - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
¡Mira que es bonita Hondarribia! Esta pequeña villa rodeada de mar y montañas, situada junto a la desembocadura del Bidasoa, en un promontorio sobre la bahía de Txingudi, conquista a todos los que caminan por las calles adoquinadas de su casco histórico amurallado, por la Marina (el barrio de los pescadores), o se pierden en sus espacios naturales. La Hondarribia medieval, la marinera y la de caseríos y montaña, un tres en uno, nos espera muy cerca de Irún, asomada a Francia: un enclave único en la costa de Gipuzkoa.

De conquistas, asedios y resistencia, sabe mucho la villa. Durante nuestra última visita volvía a encontrarse cercada por un enemigo, que no conocía fronteras, y atacaba por igual en todas partes, recorriendo el Planeta sin apenas oposición. Un enemigo que no mostraba sus fuerzas concentradas al pie de las fortificaciones y que había vaciado Hondarribia de turistas. Sus habitantes, tímidamente concentrados en algunos, pocos, lugares de la Villa, dejaban sus calles desprovistas de ese ambiente de terrazas y pintxos que tanto caracteriza a esta plaza fuerte.

Arma Plaza y Parador - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Nuestra última visita fue muy inusual; resultaba extraño escuchar, ya caída la tarde, como único sonido, los ecos del coro que ensayaba en la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción y del Manzano; extraño también el moverse por las estrechas calles del casco antiguo sin aglomeraciones, solos a menudo; incluso en nuestro alojamiento, el antiguo palacio de Carlos V, por donde deambulábamos recorriendo sus salones y pasillos en silencio, casi como fantasmas.

Al cruzar la Puerta de Santa María y ascender por la Calle Mayor nos adentramos en el casco histórico, donde echar un vistazo atrás en el tiempo nos ayudará a entender, un poco mejor, el carácter de la antigua Fuenterrabía. Ciudad “muy noble, muy leal, muy valerosa y muy siempre fiel”. Numerosos personajes ilustres nos acompañarán en este viaje.

Escaparates Calle Mayor - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
La estratégica posición de Fuenterrabía frente a la siempre amenazante Francia, se puso rápidamente de relieve, nada más nacer y obtener el fuero de villa concedido por Sancho el Sabio de Navarra. El rey castellano Alfonso VIII incorporó, por la fuerza, las tierras alavesas y guipuzcoanas a su reino, dejando el camino libre para reclamar, como parte de su herencia, la región francesa de Aquitania. Navarra quedó, ya para siempre, sin salida al mar. Alfonso, actuando inteligentemente, confirmó el fuero de Fuenterrabía en 1203, y esa se toma por la fecha fundacional para este enclave.

Hondarribia es una villa marinera, que aun mantiene actividad pesquera. Fuera de las murallas se encuentra el barrio de los pescadores, la Marina. Las casas con vivos colores, un forma de aprovechar lo que sobraba de pintar el casco de los barcos, son seña de identidad de un buen lugar para pasear y comer en una terraza. Destacan la Casa Zeria, de 1574, en la calle San Pedro, que tiene forma curva por seguir su trazado la antigua línea de costa; la Cofradía de Pescadores, fundada en 1361 o la Iglesia de la Marina. En el Puerto Viejo se encuentra varado el barco Mariñel.

Mariñel - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Cofradía de Pescadores - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Iglesia de la Marina - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Casas Zeria, la Marina - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Barrio de la Marina - Hodarribia, por El Guisante Verde Project
La hasta entonces apacible vida de la villa costera dio un vuelco con el final de la Guerra de los Cien Años, 1453, porque Aquitania volvió a manos francesas y, de un día para otro, Fuenterrabía se encontró frente al enemigo. La muerte sin sucesión de Enrique IV de Castilla, 1474, provoca la batalla por el trono entre Isabel la Católica, a la que apoyan Bizkaia y Gipuzkoa, y Juana, la Beltraneja, esposa del rey de Portugal, que contaba con la ayuda de Francia. Esta vez si, los franceses cruzan las fronteras a sangre y fuego y ponen cerco a Fuenterrabía, que resiste y expulsa a los invasores.

La siempre relativa paz con Francia hizo posible uno de los hitos de la historia de la villa: la visita de Juana I de Castilla y Felipe I de Castilla, que han pasado a la historia popular como Juana la Loca y Felipe el Hermoso, en su camino desde los Países Bajos para ser reconocidos por las Cortes castellanas como legítimos herederos de la Corona.

En la calle Juan Laborda, se encuentra la casa solariega de los Eguiluz, de los siglos XVI-XVII, que es donde, al parecer, se alojó en 1502 la ilustre pareja.

Carlos V, convertido en Emperador, tenía un poder enorme. Sus posesiones rodeaban completamente el territorio francés y ahogaban a Francisco I, empujándole a buscar una alianza inverosímil en la época: el Turco. La historia de Europa durante los siguientes 30 años estuvo marcada por la rivalidad entre ambos gobernantes. Francisco aprovechó la falta de experiencia de Carlos, su impopularidad en España y la Revuelta de los Comuneros para, aliado con el exiliado rey de Navarra, invadir el viejo reino y, además, tomar Fuenterrabía.

Dos años estuvo Carlos tratando de recuperar la plaza. Gastó una fortuna y, en el asedio final, provocó una terrible destrucción. Nada más retomar Fuenterrabía, 1524, ordenó su reconstrucción; incluso supervisó personalmente las obras en 1539. Otra visita ilustre para la villa. Las fortificaciones que vemos actualmente, son básicamente de la época del Emperador.

Palacio de Carlos V y Murallas - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Baluarte de la Reina - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Murallas - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
En la visita a Hondarribia, no puede faltar un recorrido por las murallas. Aun podemos admirar muchos de sus elementos más característicos, como el Baluarte de la Reina, del siglo XVI, que conserva sus dos patios unidos por un túnel sobre el que se encuentra su antigua plataforma de artillería. El Baluarte de Leyva, uno de los que mejor conserva su traza original, o el Baluarte de San Felipe, del siglo XVII.

Nos encontramos con dos puertas de acceso al recinto histórico. La Puerta de San Nicolás: en realidad hay dos puertas de San Nicolás. La interior, más antigua, medieval, un arco sencillo al final de la calle San Nicolás. La más reciente, del siglo XVI, tenía un puente, mezcla de levadizo y firme para salvar la altura entre la puerta y el foso. La pasarela se ha rehabilitado y es un acceso espectacular al recinto amurallado.

Puerta de San Nicolás - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Puerta de San Nicolás y Pasarela - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Puerta de Santa María - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Hatxero y Puerta de Santa María - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
La Puerta de Santa María, portal de entrada a la Calle Mayor. Hoy día es un arco sencillo que en su interior conserva los goznes de la puerta. Sobre el arco, el escudo de la ciudad, de 1694, coronado por la Virgen de Guadalupe; sobre el escudo, el reloj de Sol. Justo antes del acceso se encuentra la escultura del ‘hatxero’ o zapador, el que abría paso a las tropas. A la izquierda de la puerta, el cubo de Santa María, del siglo XVI.

Entramos en el recinto amurallado, que adquirió su aspecto actual en el Renacimiento. Intramuros, hay que prepararse para no perder detalle, su estructura en cuadrícula, típicamente medieval; edificios solariegos, palacios, calles estrechas y empedradas, balcones de hierro forjado, grandes y labrados aleros que pondrán a prueba nuestra vista y nuestro cuello...

En la Calle Mayor sus edificios nos tendrán entretenidos un buen rato. El nº 20 es el Ayuntamiento, barroco, de 1735. El nº 5 es la Casa Casadevante donde se negoció la tregua durante el sitio de 1638. El Palacio Zuloaga, nº8, la casa del Conde de Torre-Alta, elegante y equilibrado gracias a sus vanos decorados con motivos barrocos. Preside su fachada blasonada el escudo de la familia Zuloaga. Es la sede del Archivo Histórico y la Biblioteca Municipal. El número 2, con fachada de ladrillo azul vitrificado, es la Casa Ladrón de Guevara, barroca, del siglo XVII. En la parte alta de la calle se levanta el edificio religioso más imponente de la villa, la Iglesia Parroquial de Santa María de la Asunción y del Manzano.

Ayuntamiento, Calle Mayor - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Casa Casadevante e Iglesia Parroquial, Calle Mayor - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Palacio Zuloaga - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Iglesia Parroquial Santa María de la Asunción y del Manzano, por El Guisante Verde Project- Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Palacio de Carlos V, Parador de Turismo - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Al Emperador se debe también uno de los edificios más singulares de Hondarribia. Al final de la Calle Mayor encontramos la antigua Plaza de Armas, que, además de su función militar, también servía para diversos actos festivos. En un lateral de la Plaza se levanta el monolítico Castillo de Carlos V, hoy Parador de Turismo. Sus orígenes se remontan a 1190, ligados a los reyes navarros Sancho Abarca y Sancho el Sabio. Sin duda, merece una visita, en especial a salas como la de los tapices de Rubens donde podréis conocer la historia de Aquiles y su famoso talón...

En esta pugna entre Carlos y el rey francés, la villa jugó un papel estelar. Durante la Batalla de Pavía, Italia, en 1525, Francisco I fue hecho prisionero por las tropas de Carlos. Al rey francés se le permitió regresar a su país, un año más tarde, aunque su lugar lo ocuparon sus dos hijos mayores, de 7 y 8 años. El intercambio se llevó a cabo en Fuenterrabía. Allí volvieron los príncipes, cuatro años después, para ser devueltos a Francia, esta vez, previo pago de un rescate.

Tapices Rubens, Parador de Turismo - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
TaParador de Turismo, interior - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Parador de Turismo, murallas - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Parador de Turismo, patio  - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Parador de Turismo, vista bahía  - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Parador de Turismo, salón  - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
El esfuerzo bélico tanto en vidas humanas, como en medios materiales, que se pedía a Fuenterrabía no cesó con Felipe II, sucesor de Carlos, sino al contrario, aumentó. Un Imperio a escala planetaria era insaciable. También obtuvo privilegios, como la preferencia de sus navíos en todos los puertos, aunque esto no compensaba las pérdidas.

Del reinado de Felipe II, concretamente del año 1598, data el Castillo de San Telmo, también conocido como Castillo de los Piratas, construido para proteger los barcos fondeados del ataque de los piratas. Se puede llegar hasta aquí dando un buen paseo desde el barrio de los pescadores, por la playa, el puerto deportivo y el pesquero. Si nos quedamos con ganas de más caminata, se puede llegar al Faro de Higer, sobre el cabo del mismo nombre. Allí encontraréis mucha información sobre Talaia Bidea. El sendero forma parte del GR-121. Desde Hondarribia parte la primera etapa, que termina en Pasaia. Un recorrido soberbio y exigente por la distancia, que transcurre por la costa y las faldas del monte Jaizkibel.

Castillo de San Telmo  - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Marilenen Itsasbidea - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Puerto Viejo - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Playa  - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Faro de Higer  - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Sendero Talaia  - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
En 1615, se produjo el matrimonio por poderes de dos infantas reales. Por una parte, Ana de Austria, hija de Felipe III, y hermana de Felipe, se casó en Burgos con el rey Luis XIII de Francia. El mismo día, Isabel de Borbón, hermana del monarca francés, se casaba en Burdeos con el futuro Felipe IV de España. Ambas princesas dejaron sus países rumbo a lo desconocido, hacia la corte de sus respectivos archienemigos. El intercambio se produjo en la llamada Isla de los Faisanes, en Fuenterrabía. Un enclave con mucho protagonismo, como veremos.

El agotamiento de la población y la sombra de la bancarrota que acompañaron al final de los Austrias dieron alas al Cardenal Richelieu, que estableció alianzas con los protestantes en su empeño por conseguir la derrota total de España. En ese contexto se fraguó el acontecimiento bélico más importante en la historia de la villa: el asedio de 1638.

Plaza de Armas - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Plaza de Armas, vista mar - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Arma Plaza - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
El 1 de julio de ese año, el ejército francés cruzó la frontera, tomo Irún, Oiartzun, Lezo, Rentería y Pasajes, para después poner cerco a Fuenterrabía. Poco más de 1000 defensores para contener 18.000 atacantes provistos de poderosa artillería. La villa, que tras un mes de asedio vio como las municiones y los víveres escaseaban, se encomendó a la Virgen de Guadalupe; prometió celebrar siempre el día que venciera a los asaltantes. Por fin, tras padecer innumerables penurias, los defensores recibieron la ayuda demandada. El Almirante de Castilla, al mando de sus tropas, puso fin al asedio, tras 69 días de combates. El 7 de septiembre de 1638 el ejército francés fue completamente derrotado.

El padre jesuita José de Moret escribió en latín la crónica del asedio en 1655, con el título 'De obsidione Fontirabiae'. La obra fue traducida en 1763 por Manuel Silvestre de Arlegui, maestro de gramática en Sangüesa, bajo el título de 'Empleos del valor y bizarros desempeños o Sitio de Fuente-Rabía'. La destrucción y las penurias sufridas por la población se resumen bien en esta frase que refleja la impresión de lo que vieron las tropas de auxilio al entrar en la ciudad: “Casi no hallaban a Fuente-Rabía dentro de Fuente-Rabía.”

Calle Juan Laborda - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Harategi kalea - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Calle Mayor - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Calle Mayor - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Kale Nagusia - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
También se ha hecho célebre un párrafo de una carta enviada por Juan Alonso Enríquez, Almirante de Castilla, a su esposa, doña Luisa Padilla: "Amiga: como no sabes de guerras, sólo te diré que el campo enemigo se dividió en cuatro partes: una huyó, otra matamos, otra prendimos, y la otra se ahogó. Quédate con Dios, que yo me voy a cenar a Fuenterrabía".

Es el jesuita Sebastián González, a falta de alguna otra prueba, el primero, y único en el siglo XVII, que refirió la anécdota, afirmando haber visto la carta original. La hazaña fue tal que obras de teatro, romances, versos, incluso Calderón de la Barca alabaron la victoria sobre el francés y el heroísmo de los defensores, grandes festejos recorrieron el Reino. Un año después, las ruinas seguían dominando Fuenterrabía, las palabras del rey y del conde-duque de Olivares prometiendo compensar a la villa por las múltiples penurias padecidas quedaron en nada. Quien si cumplió fue el alcalde, que recordó la promesa realizada a la Virgen, y el 8 de septiembre de 1639 la villa procesionó por primera vez hasta Guadalupe. Una tradición que sigue viva, es el Alarde de armas.

Este hecho es un motivo más que suficiente para visitar el cercano Santuario de Guadalupe. Su origen se data en el siglo XVI, aunque ha sufrido varias reconstrucciones, la última en el XIX. Allí se encuentra la Virgen de Guadalupe, patrona de la ciudad, y una de las ocho vírgenes negras de Gipuzkoa. Desde allí podemos visitar el Fuerte de Guadalupe. Una construcción asombrosa, finalizado en 1900, y la mayor fortificación contemporánea de Euskadi, con un total de 30.000 hectáreas. Forma un polígono de ocho lados, con foso y fuertemente defendido. En la visita, guiada (no tuvimos la fortuna de poder acceder), se muestran los fosos, los pabellones de oficiales, los polvorines… Además del interés arquitectónico e histórico, recibe visitas por formar parte de los lugares, junto con otros de Hondarribia, donde se grabaron escenas de la serie de televisión ‘El Internado: Las Cumbres'.

Santuario de Guadalupe - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Virgen de Guadalupe - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Fuerte de Guadalupe, entrada - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Fuerte de Guadalupe - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
En 1659 se produjo otro hecho notable en la vida social de la villa. En la Isla de los Faisanes se firmó con Francia la Paz de los Pirineos. Se llamó así porque estableció como frontera entre ambos países la cordillera pirenaica. La firma se refrendó en 1660 con la boda, también en Fuenterrabía, de un joven Luis XIV, el rey Sol, con Margarita de Austria, la primogénita de Felipe IV. Una boda con todo el boato habitual de la época para un enlace real…, aunque celebrada sin el novio; una vez más, se hizo por poderes.

La ceremonia se celebró en la iglesia más importante de Fuenterrabía, la Iglesia Parroquial de Santa María de la Asunción y del Manzano, que se encuentra en la Calle Mayor. El edificio sustituye a una construcción anterior, románica, y se levanta sobre fragmentos de antiguas murallas. De estilo gótico con elementos renacentistas como la portada, del siglo XVI y barrocos, como el campanario añadido en el siglo XVIII.

Iglesia Parroquial Nuestra Sra. de la Asunción y del Manzano (interior) - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Este folletín barroco no termina ahí. Al día siguiente Felipe IV se encontró con la reina madre de Francia, su hermana, Ana de Austria, a la que no veía desde hacía 25 años. Luis XIV, que no podía resistir la espera, se ‘fugó’ de San Juan de Luz (donde se celebraría la boda, esta vez si, con ambos contrayentes) y, cabalgando, llegó hasta la isla de los Faisanes donde, a escondidas, pudo ver a la que sería su esposa.

Otro ilustre que paseó sus reales por Fuenterrabía fue Diego Velázquez, que se ocupó del buen transcurso de las ceremonias. El pintor pagó caro el esfuerzo, los dos meses de viaje y la responsabilidad que caía sobre sus hombros. A su regreso a Madrid falleció, seguido, apenas una semana más tarde, por su esposa.

Casa Rameri - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Las calles del casco histórico de Hondarribia, nos muestran claramente la importancia de la villa a lo largo de los siglos, de los personajes históricos que transitaron por ellas y también las de sus familias más ilustres. Entre los muchos edificios notables que nos encontraremos podemos señalar, además de la de Eguiluz, la Casa Rameri, nº 16 de Pampinot kalea, edificada en el siglo XVII. Interesantes son también la Plaza de Gipuzkoa, o el llamado ‘Pozo del Francés’, del siglo XVI.

Una de las edificaciones más antiguas e la Casa Palencia o Etxebestenea, en la Plaza del Obispo, donde nació Don Cristobal Rojas y Sandoval en 1502. Llegó a ser Arzobispo de Sevilla y capellán de Carlos V.

Casa Palencia o Etxebestenea - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Plaza Gipuzkoa - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Gipuzkoa Plaza - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
'Pozo del Francés' - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Mugarretenea - Hondarribia, por El Guisante Verde Project
Otro ilustre linaje tiene aquí su casa, se trata de la familia de Antonio de Ubilla, primer Marqués de Rivas, en la calle Ubilla. En esta misma calle, destaca el número 4, con el escudo de la familia Arsua en la fachada. La calle San Nicolás reúne un buen número de casas con planta baja de sillería, ventanas adinteladas y aleros decorados: el nº2, la Casa Mugarretenea, el nº 5, de 1757 o el nº 13, del año 1665.

La villa vio cómo, poco a poco, su importancia decaía; desanexiones, declive económico, pérdida de población…, incluso un asalto de los revolucionarios franceses que volaron la mitad de las murallas en 1794. A finales del siglo XIX se inicia la recuperación, impulsada por un sector en alza: el turismo.

Visitantes ilustres, fugas, asedios, ceremonias, intercambio de rehenes…, huellas de aventura y de la Historia que muestran que Hondarribia ha sido una frontera muy codiciada y posee atractivos suficientes para cualquier viajero curioso. Los txintxorros, pequeñas barcas listas para llevarnos a la embarcación, varados a la espera, mientras observamos la cercana Hendaya, resumen el espíritu de esta villa marinera, a la vez encrucijada y refugio. Acercarse hasta Hondarribia, amurallada, colorida, marinera, es descubrir que este bello enclave es mucho más que una ciudad de paso.

Txintxorroak - Hondarribia, por El Guisante Verde Project