enero 28, 2022

Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York, la baronesa, el magnate, el artista y el arquitecto

F.L. Wright 'Museo Solomon R. Guggenheim', Nueva York', por El Guisante Verde Project
En el 1071 de la Quinta Avenida de la ciudad de Nueva York, nos encontramos un edificio singular de color blanco, de formas redondeadas, que llama inevitablemente la atención de cuantos pasan por allí. Una artista, y baronesa, alemana, un magnate de los negocios estadounidense, un artista ruso, y un arquitecto norteamericano, son los protagonistas de la historia del Museo Solomon R. Guggenheim.

El icónico edificio de Manhattan es el hermano mayor, por edad, de nuestro Museo Guggenheim Bilbao. Desde luego teníamos que conocerlo, y hemos tenido la suerte de visitarlo en varias ocasiones. Un edificio en el que el visitante siempre está inclinado, como la rampa interna que sube hasta su preciosa bóveda central. Visto desde fuera hizo que muchos críticos en sus inicios lo apodaran "la tarta de bodas". Hoy día es un clásico en la fisionomía de la ciudad, junto a Central Park, en la milla de los museos, aunque su concepción, diseño e inauguración no estuvieron libres de intrigas y polémicas. Como museo de arte contemporáneo, y al igual que sucede con la sede en Bilbao, continente y contenido rivalizan desde el inicio por el favor del público.

¿Nos acompañas a conocer su historia?, ¿habría sido posible sin la audacia de una mujer?, ¿sabías que la fundación Solomon Guggenheim posee la mayor colección de obras de Kandinsky?, ¿por qué este artista ruso tiene tanto protagonismo en el edificio diseñado por Wright?

Hildegard Anna Augusta Elizabeth Freiin Rebay von Ehrenwiesen, baronesa y artista alemana, fue artífice de una relación que supuso un punto de inflexión en la Historia del Arte: el encuentro entre Vasili Kandinsky y Solomon R. Guggenheim.

La obra de Kandinsky tiene un efecto magnético sobre el espectador, una atracción que se repite constantemente, sin importar cuántas veces nos hayamos detenido ante un trabajo suyo. La gran retrospectiva del Museo Guggenheim Bilbao, finalizada en 2021 (en donde hemos tomado las fotografías publicadas, - la mayoría detalles de los cuadros -, de este artículo), ha sido, hasta el momento, la última ocasión que hemos tenido para admirar las obras de Kandinsky. A pesar de que la mayoría ya las conocíamos por nuestras visitas a diversas muestras y, en especial, al Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York, no pudimos evitar contemplarlas como si fuera la primera vez.

Cuando el trabajo de un artista nos atrae, nos cuestiona, nos invita a acercarnos, a investigar e interpretar lo que vemos, en parte comienza una búsqueda en su biografía, en sus influencias, en su entorno y contexto, que dé una explicación a lo que nos hace sentir. Hay algo en ese conjunto de líneas, formas geométricas y biomorfas, en el uso del color, que nos atrae e invita a mirar e imaginar.

Hilla Rebay nació en Estrasburgo en 1890, en el seno de una familia aristocrática. Su padre era barón y oficial del ejército prusiano. ¿Imaginaba su padre que ella quería trabajar y ganarse la vida como artista? No parecía el destino para una baronesa pero ella quería ser independiente. En 1908 comenzó su formación artística, y destacaría rápidamente en Colonia; posteriormente continuó sus estudios en París, en la Académie Julian, donde recibió una formación tradicional en diversos géneros pictóricos. A continuación se trasladó a Munich, donde se vio influida por el Jugendstil y ya de vuelta en Colonia, en 1912, entró en contacto con los círculos futuristas.

Kandinsky 'Extendido', 1926, por El Guisante Verde Project
La trayectoria de Kandinsky, que nació en 1866 en Moscú, es, cuanto menos, peculiar. Estudió derecho y economía en Moscú, aunque su verdadera pasión era el arte, especialmente la pintura. Destacó como profesor, escritor y poeta. Fue a los 29 años cuando decidió romper con su académica vida en Rusia para trasladarse a Alemania y estudiar con Anton Azbe. Era el año 1896 y Vasili inicia un viaje que le llevará desde la pintura figurativa, que reflejaba una realidad reconocible, inspirada en su caso en el folclore ruso, hasta la abstracción, a la que concibe como el reflejo de la propia esencia del ser humano.

Kandinsky 'Estudio para Composición II', 1909, por El Guisante Verde Project
Kandinsky, 'Grupo con Miriñaques', 1909, por El Guisante Verde Project
Kandinsky, 'Paisaje cerca de Murnau con Locomotora', 1909 , por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Pastoral', 1911, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Improviscación 28, 2ª versión', 1912, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Líneas Negras', 1913, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Paisaje con Lluvia', 1913, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Pintura con borde blanco', 1913, por El Guisante Verde Project
En 1901 ya es profesor en la escuela de arte Phalanx, de la que fue uno de sus fundadores, y en 1902 expone con la Secesión de Berlín. En 1911 publica 'De lo espiritual en el arte’ y en 1912 el ‘Almanaque del Jinete Azul’, una revolucionaria revista de la que es coautor junto con Franz Marc.

En esta época, 1913, Hilla expone en el Salon des Indépendants de París junto a Brâncuși, Chagall, Robert Delaunay, entre otros, aunque la experiencia no fue del todo satisfactoria para la artista, que juzgaba su propio trabajo con dureza.

El estallido de la Primera Guerra Mundial cambió las vidas de Hilla y Vasili. A la baronesa, el conflicto la llevó a trasladarse hasta Zurich en 1915. Allí conoció a Jean Arp y Taebuer, su esposa, que serían actores fundamentales en el desarrollo del Dadaísmo. También fue Arp quien puso ante los ojos de Hilla el manifiesto de ‘El Jinete Azul’ y, con él, el descubrimiento de la obra de Kandinsky, Klee, Franz Marc...

Kandinsky 'Círculo Azul', 1922, por El Guisante Verde Project
Las reflexiones de Kandinsky sobre la naturaleza espiritual de la abstracción y su firme creencia en el poder transformador del arte influyeron profundamente a la baronesa, hasta el punto de que, gracias a su intervención, el artista ruso sería el punto de partida de la colección del futuro Solomon R. Guggenheim Museum.

En 1916 Hilla Rebay se trasladó a Berlín. Allí, de nuevo Jean Arp, la introdujo en la revista de arte y literatura Der Sturm, donde conoció a Rudolf Bauer. El artista alemán sería su pareja y principal colaborador durante varias décadas, la persona más influyente en la vida de la baronesa, aunque su familia siempre se opuso a la relación.

Kandinsky 'Unidad Brillante', 1925, por El Guisante Verde Project
Para Kandinsky, la I Guerra Mundial implicó el regreso a su país natal, Rusia. Allí estuvo de 1914 a 1921, en contacto intenso con la vanguardia rusa, en especial, El Lissitzky, Kazimir Malevich y Alexander Rodchenko. Sin embargo, su perspectiva espiritual del arte le alejaba cada vez más del pensamiento soviético impuesto tras la Revolución de 1918 y decide regresar a Alemania. Walter Grophius le quería como colaborador y le realiza una oferta demasiado tentadora como para dejarla escapar: enseñar en la sede de la Bauhaus en Weimar.

Al inicio de la década de 1920, Kandinsky se inclina de forma decidida hacia la abstracción pura, incorporando formas estrictamente geométricas, y en 1923 realiza su primera exposición en Nueva York. Al año siguiente se traslada a la sede de la Bauhaus en Dessau. Obtuvo la nacionalidad alemana en 1928.

Kandinsky 'Círculos sobre Negro', 1921, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Pintura Azul', 1924, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Composición 8', detalle,1923, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'En el Cuadrado Negro', detalle,1923, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Óvalo Rojo', 1920, por El Guisante Verde Project
Kandinsky, 'Paisaje con Chimenea de una Fábrica', 1920 , por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Tres Sonidos', 1926, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Varios Círculos', 1926, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Segmento Azul', 1921, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Centro Blanco', 1921, por El Guisante Verde Project
En 1927 Hilla se mudó a Nueva York, donde abrió una galería de arte abstracto. Sus referencias y el glamour que la rodeaba pronto la situaron en los círculos más sobresalientes de una urbe que se abría con entusiasmo a la modernidad. Ese mismo año, 1927, conoció a Irene Rothschild, esposa de Solomon R. Guggenheim. Solomon, hijo del magnate de la minería del cobre y la plata Meyer Guggenheim, era un ávido coleccionista de arte desde hacía décadas; tanto era así, que en 1919 se había retirado de los negocios para dedicarse al coleccionismo. Hasta entonces, sus preferencias se habían decantado por los viejos maestros, aunque eso pronto cambiaría...

En aquella época, el mecenazgo artístico vivía un momento álgido en la ciudad de los rascacielos, donde destacaba el ‘rey del acero’, H.C. Frick, poseedor de una magnífica colección que es, sin duda, para nosotros, una de las ‘mecas’ de los museos de arte de Nueva York.


Irene Rothschild encargó a Hilla un retrato de su esposo, Solomon. En el estudio de la artista, mientras posaba para ella, Solomon pudo contemplar expuestos algunos de los trabajos de Bauer que Rebay se había traído de Europa. El interés que la obra del artista alemán despertó en el señor Guggenheim fue el comienzo de una relación personal y profesional que, baronesa y magnate, mantuvieron toda su vida.

En 1930, el matrimonio Guggenheim viajó a Europa, acompañado ya por Hilla Rebay. Entre los artistas que conocieron personalmente se encontraba Kandinsky. Solomon adquirió ‘Composición 8’, la primera de las más de 150 obras del artista ruso que atesora el Museo Guggenheim de Nueva York, la mayor colección del mundo. La transformación había comenzado. Guggenheim comenzó a adquirir arte abstracto y rápidamente su suite en el Hotel Plaza de Nueva York se convirtió en una galería de arte que se abrió al público en 1931.

En Europa soplan vientos de cambio en la política alemana. El gobierno clausura la Bauhaus en 1933 y ese mismo año Kandinsky se traslada a Francia, a la localidad de Neuilly-sur-Seine, cerca de París. Kandinsky consideraba que la capital del arte era París, aunque allí su obra no fue aclamada ni bien comprendida. Durante sus últimos años se mantuvo en contacto con diversas vanguardias que también le influyeron, como los Surrealistas o el Grupo Abstracción-Creación de Mondrian.

Vasili Kandinsky es uno de los padres de abstracción. La búsqueda de la espiritualidad fue una constante. La importancia de la emoción interior a través de las formas puras. Consideraba que la música era la forma más pura de la creatividad y buscaba un lenguaje propio que estuviera a la altura de la creación musical. Escribía obras escénicas, óperas de color, y catalogaba sus creaciones como: 'Impresión', 'Improvisación' y ' Composición'.

Kandinsky 'Pintura Amarilla', 1938, por El Guisante Verde Project
¿Escuchaba Kandinsky los colores? Desde sus primeras anotaciones mostraba una sensibilidad extrema para percibir y recordar colores. Era capaz de ver colores al escuchar las notas musicales. Su caso, es el de 'sinestesia auditivo-visual': percibía un color al escuchar un sonido; de ahí que la música acabe siendo una constante inspiración en su obra.

Kandinsky es un artista y también un teórico. “De lo espiritual en el arte” es solo su primer y más conocido manifiesto artístico, un texto que ha inspirado desde su primera edición en 1911 a otros artistas e intelectuales. Los avances científicos, la radioactividad, la división del átomo, eran para él una muestra del comienzo de algo nuevo, inspiraban e incentivaban su búsqueda de nuevos significados para el arte. Su camino hacia la abstracción le llevó años de experimentación.

Kandinsky 'A Rayas', 1934, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Ascensión Elegante', 1934, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Rosa Decisivo', 1932, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Curva Dominante', 1936, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Violeta Naranja', 1935, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Formas Caprichosas', 1937, por El Guisante Verde Project
Las cartelas del museo, las audio guias, los críticos y libros de arte, son un intérprete, algo que se sitúa entre el artista y el espectador. Kandinsky se sintió interpelado, golpeado por 'El montón de Heno' de Monet y por 'Lohengrim' de Wagner; Vasili cree que la obra tiene que hablarnos directamente. Hay un “son”, una emoción que la obra hace vibrar en quien la contempla, como sucede con la música.

En 1937, el mismo año en el los nazis incluyen a Kandinsky en su listado de creadores de ‘arte degenerado’, nació la Fundación Solomon R. Guggenheim y dos años más tarde, en la calle 54 Este de Nueva York abrió el Museo de Pintura No-Objetiva del que Hilla fue directora, presentando la exposición ‘Art of Tomorrow’. En este primer espacio, la espiritualidad estaba muy presente, las obras artísticas se contemplaban entre el aroma del incienso y la música de Bach, Beethoven o Chopin. No se había visto nunca nada igual. Este primer intento ya describe a una Hilla exigente con el diseño de la futura sede de la colección. ¿Convencería Hilla a Solomon para construir un edificio a la altura de la abstracción y los nuevos ideales artísticos? ¿Sería Estados Unidos la referencia del arte contemporáneo al refugiarse allí tantos artistas tras la guerra en Europa?

El arte moderno se puso de moda en Nueva York gracias, en buena parte, a la figura de Hilla Rebay, aunque hubo otras mujeres que dejaron su impronta en esta tarea. Así, es necesario mencionar el trabajo de Lillie P. Bliss, Aby Aldrich Rockfeller y Mary Quinn Sullivan que en 1929 fundaron el MOMA, o el de Gertrude Vanderbilt Whitney que inauguró el Whitney Museum of American Art en 1931.

Rotonda del Solomon R. Guggenheim Museum, por El Guisante Verde Project
En 1943, un año antes del fallecimiento de Kandinsky en su residencia francesa, la II Guerra Mundial empieza a mostrar signos de agotamiento en Europa, aunque en el frente del Pacífico los soldados estadounidenses deben pelear isla por isla contra los japoneses. En Nueva York, Solomon e Hilla continúan centrados en su proyecto y encargan al arquitecto Frank Lloyd Wright, probablemente la figura más representativa de la 'arquitectura orgánica', la construcción de un nuevo edificio permanente para albergar la colección, algo necesario por la gran cantidad de obras de vanguardia que componían los fondos. El diseño abierto y la rampa en espiral continua, que parece conducir hacia la luz, son el reflejo de los ideales del arte no objetivo que defendía Hilla. En realidad, Wright, quería conducir a los visitantes hacia arriba utilizando el ascensor, para que luego descendieran admirando la colección. En cualquier caso, el nuevo Museo Guggenheim se convertiría en un hito de la arquitectura, una obra maestra, Patrimonio de la Humanidad, y uno de los iconos de la ciudad.

Sin embargo, tras el fallecimiento en 1949 de Solomon, que siempre defendió a la baronesa de las críticas y la apoyó completamente en sus proyectos, la fuerte personalidad de Hilla puso al descubierto las discrepancias con algunos miembros de la familia, en especial con Peggy, y la situación se volvió insostenible.


Hilla no tuvo más opciones que dimitir como directora de la fundación y el museo en 1952. Fue completamente marginada y la familia ni tan siquiera la invitó a la inauguración del museo por el que tanto luchó y que abrió sus puertas en 1959. Retirada de la vida pública, tras su fallecimiento en 1967, buena parte de su patrimonio artístico se integró en los fondos del Museo Guggenheim como Colección Hilla Rebay. Su figura fue reivindicada en 2005 con una exposición de sus obras en el Museo Guggenheim de Nueva York, destacando, además, su contribución en la creación de la Fundación.

Kandinsky 'Crepúsculo', 1943, por El Guisante Verde Project
El final de esta historia, por un lado, deja a la Humanidad un legado artístico excepcional compuesto por el edificio del Upper East Side de Manhattan y la colección que alberga. Por otro lado, se encuentran los protagonistas, cuatro personalidades sobresalientes: la baronesa que diseñó el camino a seguir y desarrolló la colección, Hilla Rebay; el magnate que se sumergió en la vanguardia y aportó los recursos económicos, Solomon R. Guggenheim; el artista que inspiró la colección, tanto con su filosofía como con sus obras, Vasili Kandinsky, y el arquitecto que diseñó un edificio singular, Frank Lloyd Wright. Ninguno de ellos, por diferentes motivos, visitó jamás el Museo.

Kandinsky 'Acentos Verticales', 1942, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Alrededor del Círculo', 1940, por El Guisante Verde Project
Kandinsky
Kandinsky 'Acciones Variadas', 1941, por El Guisante Verde Project
Kandinsky 'Fragmentos', 1943, por El Guisante Verde Project
¿Sentirían hoy nuestros cuatro protagonistas al recorrer las salas del museo que su concepción del arte, sus sueños y expectativas se han cumplido? ¿Qué nos contarían Solomon, Vasili, Frank, o Hilla en una visita guiada? En nuestra primera visita el museo neoyorquino estaba en obras y sólo una selección de los lienzos de Kandinsky colgaba en sus paredes; en la siguiente ocasión, hicimos caso al arquitecto y subimos en ascensor para descender admirando la colección, con una leve sensación de mareo y velocidad. El apellido de Solomon acompaña a todas las muestras en la sede de New York y en la de Bilbao, Venecia..., así que parece justo hacer otra visita con Hilla como protagonista.

Kandinsky 'Figura Blanca', 1943, por El Guisante Verde Project
¿Viajarán a las otras sedes del Museo Guggenheim las obras de Hilla Rebay como ya lo hicieron las de Lee Krasner, la artista eclipsada por Pollock? ¿Es el momento de reivindicar a las mujeres artistas? Seguro que Hilla sonreiría al saber que el crítico de arte Jerrt Saltz considera la muestra “Alice Neel, las personas primerola mejor de las exposiciones celebradas en 2021 en Nueva York (puede verse en el Museo Guggenheim Bilbao hasta febrero). ¿Alguien entre los comisarios y curators habrá pensado en Hilla al programar Mujeres de la Abstracción que también podemos ver en el museo bilbaíno?

Alice Neel, 'Rita y Hubert', por El Guisante Verde Project
Esto es lo que dice la nota de prensa: “La muestra rinde también homenaje a algunas de las coleccionistas más influyentes del siglo XX, como Peggy Guggenheim o Hilla Rebay. Mujeres que supieron anticipar la importancia que la abstracción desempeñaría en la historia del arte e iniciar con este tipo de obras algunas de las colecciones más importantes del mundo

No sabemos si Hilla llegó a imaginar que la colección que ella inicio con Solomon Guggenheim viajaría de vuelta a Europa; que en una etapa compleja como la de los dos últimos años, casi la mitad de los cuadros de Kandinsky de la fundación neoyorquina, 62 de los 150, iban a llegar a Bilbao, aunque con un retraso de cinco meses y con la comisaria ofreciendo charlas, detalles y adelantos de la presentación a través de la pantalla para una población confinada. Que se organizarían conferencias como “Kandinsky: arte, ciencia y sinestesia” y que no sólo los asistentes en la sala podrían verlas. Tal vez, la teosofía, las ciencias ocultas que estaban tan de moda en su época, hubieran visto todo esto como una gran sesión de espiritismo: Hilla sentada ante el lienzo, en un diorama, en una esquina de la exposición, recordando que ella fue la cofundadora y primera directora del Museo de arte no objetivo, Fundación Solomon R. Guggenheim, en la Gran Manzana.

Hilla Rebay en su estudio, por El Guisante Verde Project

diciembre 09, 2021

Aniversario de El Guisante Verde Project, 14 Años Dando la Lata

¡Estamos de Aniversario! El Guisante Verde Project cumple 14 años dando la Lata. Se muestra como un adolescente enfadado, no muy interesado en celebrar por aquí su salto a los 3 lustros. Al cumplir los 13 ya daba muestras de rebeldía y ni siquiera se presentó a su aniversario. Arranca nuestro año número 15, ¡madre mía! (la voz que suena diciendo “madre mía” es la IA de “Solaris”, el podcast de Jorge Carrión).

Un Guisante Verde en la edad del pavo, cada vez más escéptico, nos censura los textos y no nos pasa ni una. Este ha sido un año, es justo decir que casi dos, de escasas publicaciones.


¡Cuidado con lo que deseas! Siempre hablábamos de tomarnos un año sabático para poder escribir y dar salida al material recogido durante años; de museos como el Gulbenkian en Lisboa, de los numerosos y magníficos de Berlín, el de Brooklyn, el MOMA o el de Arte Asiático de San Francisco. Tiempo para hablar, por fin, después de muchas visitas, de ciudades como Salamanca, o León; tiempo de compartir nuestra pasión por el Ártico, nuestra ilusión al convertirnos en Cazadores de Auroras, emular a los exploradores polares y visitar Tromsø y las Islas Lofoten (leer: 'Invierno en las Islas Lofoten, auroras boreales y bacalao'), o el privilegio de caminar por los increíbles Parques Naturales de Noruega. Celebrar nuestra intensa visita a Marrakech (leer: 'Marrakech, la Ciudad Roja, un oásis a la sombra del Atlas'); preparar con mimo nuestra vuelta a Florencia, y, de pronto, todos los planes cambiaron, todo se detuvo, y no éramos capaces de escribir como habíamos deseado, ni siquiera sabíamos si volveríamos a planear viajes como antes.
Desde el inicio del confinamiento, las libretas se acumulan llenas de notas, apuntes y dibujos, proyectos, reflexiones, extractos de lecturas, artículos, ensayos... Páginas y páginas escritas que este Guisante Verde adolescente guarda en sus diarios, sin darnos el visto bueno para trasladarlas a esta bitácora. Se comporta como un Redactor Jefe, de los duros. Nosotros proponemos temas, pero no acertamos. Nos reta a reinventarnos, repensarnos, reordenar. Tenemos que recuperar la ilusión y el impulso viajero, entre tanta incertidumbre, tanto miedo y tanta pérdida.

¿Qué significa viajar? ¿Es necesario viajar lejos? Ha sido un tiempo para descubrir los detalles de los paisajes que tenemos más cerca. Volver a disfrutar de paraísos cercanos, de viajes por carretera como cuando éramos niños. Viajar a pie, a la montaña, por senderos solitarios. Placeres que siempre hemos tenido presentes, que, de pronto, se hicieron obligatorios. ¿Por qué teníamos que reinventarnos si esos valores ya eran los nuestros? Ver con ojos curiosos lo que tenemos más próximo. Creíamos hacerlo, pero hemos comprobado que siempre se puede profundizar. Emplear el tiempo en recorrer barrios que apenas visitamos, cambiar itinerarios, caminar y observar, deambular, convertirnos en flâneurs en nuestra propia ciudad. Como el protagonista de “Un andar solitario entre la gente” de Antonio Muñoz Molina, salir de casa y volver con trocitos de realidad en el bolsillo. Añadir detalles en el mapa, aumentar la escala, hacer zoom.
Ya hace un par de años revisábamos nuestras razones para seguir aquí dando la lata, todas ellas siguen vigentes, en especial el escribir para las personas y no para las máquinas. Para 2022 queremos resumir y agrupar todos nuestros contenidos en cinco categorías principales: Aventura y Naturaleza, Rural y Urbano, Arte y Museos, Patrimonio de la Humanidad, Libros para viajar, acompañadas por otras complementarias: Gastronomía, Hoteles, Navidad y Aniversario. ¿Recogen y reflejan todos los temas que tratamos? Tenemos este año por delante para comprobarlo. ¿Nos ayudas, echas en falta alguna sección?
Libros para viajar. Los libros nos acompañan siempre y es justo agradecer a nuestras estanterías repletas estar ahí para permitirnos, como os contábamos en nuestro artículo con un equipaje diferente (leer: 'Viajes sin Maletas'. Hay varios borradores con los libros leídos este último año, casi dos, que pueden ser un hilo conductor de nuestro estado de ánimo. Nuestros libros nos parecen cada vez más valiosos, un destino de viaje en si mismos, un espacio de consulta, de estancia, una línea de fuga. Como la investigación entre nuestros ejemplares para preparar el artículo sobre un viaje muy especial (leer: 'El viaje soñado de Van Gogh a Japón'. Crónica, ensayo, novela, arte, historia, viajes, fotografía, cocina... Diversidad de géneros, autores, artistas y países, imágenes y conceptos que nos han inspirado; líneas subrayadas en las que vemos reflejadas ideas que seguimos defendiendo hoy. No creemos en una ‘literatura de viajes’, la chispa surge en cualquier lectura.

Aventura y Naturaleza. Viajar para hacer de lo cotidiano una aventura. Si no salimos a la naturaleza nos cuesta pensar, crear. Hemos recopilado este año rincones, redescubierto caminatas de adolescencia, encontrado nuevas vías de acceso a montañas cercanas, siempre sorteando, esquivando, las más concurridas. Hemos saldado algunas deudas con recorridos y senderos que teníamos pendientes, con la cabezonería que se le supone a un adolescente, si no lo conseguimos a la primera, por la acumulación de nieve en Aranzazu, pues volvemos de nuevo, para subir a Aizkorri por las bellas campas de Urbía.
Es emocionante volver a mirar a través del Ojo de Atxular, en el Parque Natural del Gorbea, subir al Ganeko, a Arraiz, a Pikotamendi, recorrer todo el Anillo Verde de Bilbao. En un mundo en el que las fronteras han vuelto, la montaña es un ejemplo del absurdo que suponen las líneas pintadas en un mapa que señalan que estás o no dentro de un territorio, que te indican que hasta aquí puedes andar… Los intermitentes cierres perimetrales, nos han hecho, aun más, caminantes, exploradores en nuestro propio entorno.
Arte y Museos. En nuestra memoria se mezclan, estos dos últimos años, el arte urbano, con las piezas de Ibarrola, la completa retrospectiva de Kandinsky en el Guggenheim, y otras exposiciones memorables a pie de calle. Arte en la Calle, Cultura que cura, Cultura que es un bálsamo, como la muestra de fotografía de Cristina García Rodero, que vimos en Bilbao y hemos vuelto a encontrar en Mérida este último verano. Cómo nos gusta el reencuentro, volver a ver obras de Mitoraj, Juan Muñoz, Plensa..., como si nuestros artistas admirados se fueran de viaje con nosotros, a Madrid, a Portugal, a Chicago...
Magritte, primero en Bruselas y este año en Madrid, es una pequeña muestra de ello (leer: 'Magritte: Bruselas - Madrid, esto no es un viaje'). Disfrutar de Olafur Eliasson, Lee Krasner o Alice Neel es compatible con El Alfabeto del Museo de Bilbao, Ameztoy, o las obras maestras de la Colección Valdés. Nuestros artículos sobre el arte urbano en Bilbao (leer: 'Arte urbano en Bilbao, una ruta de bote en bote' y 'Arte Urbano en Bilbao, la ciudad como lienzo'), han tenido eco este año en la cadena Ser. Volver a la radio ha sido muy gratificante; no lo hacíamos desde la invitación de ‘El Galeón de Manila’ para hablar sobre la tribu de nativos americanos Lakota, a finales del año pasado, en un momento en el que hablar y escribir sobre las Grandes Llanuras (leer: 'La Tribu Lakota y las Grandes Llanuras de EEUU, mientras el río fluya y el águila vuele'), fue un auténtico respiro. ¿Os hemos dicho alguna vez que para nosotros el viaje es cultura?

El arte y la literatura son pasadizos hacia la imaginación”, Irene Vallejo

Urbano y Rural, no es una contradicción. Disfrutamos de la concentración de estímulos y cultura, de la diversidad de oferta tanto como de la calma, el silencio, las tradiciones. Hay rincones en las ciudades que son pueblos y pueblos que encierran una gran ciudad. Hemos aprovechado para repasar la geografía más próxima, que también merece una escapada: Valdegovía, Añana, Oñati, Loiola, Zumárraga (leer: 'La Antigua de Zumarraga, una ermita catedral'), Peñacerrada, Agurain, Galarreta, Zalduondo, Hondarribia (leer: 'Hondarribia marinera y medieval, un enclave único en la costa de Gipuzkoa', o la Ruta de los Dólmenes de Rioja Alavesa. También hemos podido saldar la deuda con amigos a la que siempre prometíamos visitar y no encontrábamos el momento: Ainhoa en Merindades y los pueblos de Matarranya de los que tanto nos habían hablado Javi y Eli (leer: 'Matarraña, Teruel, una escapada perfecta'). Recrearnos en la belleza del cambio de estaciones nos levanta de la silla: la nieve, el otoño en un sorprendente bosque (leer: 'Cantabria, paseando por el mayor bosque de secuoyas de Europa'), en los Hayedos de Opakua, o en los pueblos del occidente de Asturias (leer: 'Taramundi y Oscos, el otoño en Asturias').
Hemos descubierto Plasencia y parte de la provincia de Huelva, donde hemos recorrido los pueblos del Parque Natural de Sierra de Aracena y Picos de Aroche, maravillarnos con Riotinto, que tanto nos recuerda a Yellowstone, y terminar en Punta Umbría caminando por una playa infinita repleta de conchas que suenan como cantos de río con cada embestida de las olas.

Este año hemos vuelto a Madrid, a Mérida, a León y a Noruega (un clásico anual desde 2016), que nos ha regalado un verano radiante e inesperado, como os contamos en el artículo 'Oslo, Noruega, excursiones de sol y playa'.
La montaña, los pueblos y ciudades visitados nunca son los mismos. Este adolescente tiene mirada de halcón y se fija en diferentes detalles cada vez, nuestras cámaras registran otros enfoques. Salimos para completar nuestros archivos, para reeditar nuestra memoria, para comparar con otras visitas previas, descubrimos, reencontramos.

La acumulación de tanto material audiovisual ha generado un colapso, casi perdemos totalmente el material recopilado en 15 años de viajes y la recuperación y catalogación nos está llevando muchas horas, meses ya. Tal vez ha sido una llamada de atención, una forma de mantenernos cuerdos, aferrados a esos viajes, a esos sueños cumplidos que hoy se antojan mucho más complejos. Salir para volver a mirar, para volver a fotografiar, para detener el instante, ese tiempo que no sabíamos iba a congelarse de verdad. Este ha sido el año en el que nos hemos iniciado, tímidamente, en la Astrofotografía. El cielo nocturno nos ha vuelto a reunir con amigos. El próximo verano, ¡prepárate Vía Láctea!
Patrimonio de la Humanidad. Rodeados por una infinidad de listas, galardones y rankings de lugares a visitar, las distinciones de la UNESCO, que hablan de Bien Cultural, Natural y Mixto encajan bastante bien en nuestra búsqueda, y aunque no hay ninguna selección perfecta, la idea de proteger el patrimonio común nos convence. Tenemos pendiente hablar en el Guisante de Oviedo y su prerrománico, de Mérida y su conjunto arqueológico...
Un año, casi dos, con menos eventos y reuniones alrededor de una comida, de contención, de inventar nuevas formas de comunicar y de estar juntos. Tenemos que agradecer el gran esfuerzo desplegado y las invitaciones para conocer destinos trabajadas con responsabilidad.

Como puedes ver, tenemos mucho que celebrar. Es bueno contarle a este adolescente que todo esto es un privilegio, que merece la pena, aunque ahora esté más inseguro, menos productivo, y aunque ponernos en marcha suponga una carrera de obstáculos. Vamos a perseverar en hablar más con las personas que encontramos, conocer sus tradiciones, sus sueños, sus inquietudes, sus pasiones. Y tal vez, solo tal vez, este adolescente accederá a compartirlo por aquí. Vamos a seguir soñando con que otra forma de viajar es posible. El viaje es aprendizaje. Suena ahora mismo en la calle la melodía del “Cumpleaños Feliz” y es un bonito sueño creer que se la cantan a este pequeño Guisante. Y que pide un deseo: viajar y hacer planes de nuevo con familiares y amigos.