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enero 31, 2023

Horseshoe Bend, Arizona: la magia perdida

Maribel y Roberto en Horseshoe Bend - Arizona, por El Guisante Verde Project

Horseshoe Bend, el meandro en forma de herradura que dibuja el río Colorado muy cerca de la ciudad de Page, es uno de los paisajes más espectaculares de Arizona, aunque será difícil que recupere su magia, perdida debido a una sobreexposición en las redes sociales que lo ha convertido en objeto de deseo de visitantes llegados de todas partes del Planeta.

Horseshoe Bend - Arizona, por El Guisante Verde Project

El sendero a Horseshoe Bend (cuando éramos libres)

Llegamos desde Page, unos 8km al norte, por la US 89, una magnífica carretera que une siete parques nacionales atravesando Arizona desde Flagstaff, todo Utah, Wyoming y Montana, hasta la frontera con Canadá. Un cartel polvoriento señalaba un giro brusco hacia el meandro del río Colorado. A menudo los viajeros pasaban de largo; por fortuna, íbamos atentos.

El sendero, siempre cambiante gracias a los juegos de luces y sombras, a los diferentes colores que brillan bajo el Sol, no presenta dificultades. El calor, variable a lo largo del año y de las horas del día, unido a la falta de sombra, es un elemento a tener en cuenta. Menos de 1'5 km separan el aparcamiento y el borde del acantilado, lo que no impide que sea un recorrido muy interesante. Más adelante os contaremos por qué.

Horseshoe Bend, colinas de los ancantilados - Arizona, por El Guisante Verde Project
Horseshoe Bend, sendero - Arizona, por El Guisante Verde Project
Horseshoe Bend, cráteres desde el sendero - Arizona, por El Guisante Verde Project
Horseshoe Bend, aguas azul verdosas del Colorado - Arizona, por El Guisante Verde Project

A medida que avanzamos, podemos observar lo que parecen dos gigantescos cráteres que se abren sobre el terreno que pisamos. Frente al borde del cañón la vista es extraordinaria. Las aguas azul verdosas del río Colorado, del que nos separa una caída vertical de 300 metros, dibujan una curva de 270º entre las paredes de arenisca rojiza. 

Recorremos libremente la zona, con las precauciones lógicas para no resbalar y tener un primer plano de las orillas del río. Es muy difícil trasladar la sensación de inmensidad que tenemos sentados sobre las rocas o caminando por los acantilados de Horseshoe Bend. En algunas imágenes, pocas, se adivinan minúsculos puntos, viajeros que, como nosotros, deambulan fascinados o permanecen inmóviles, atónitos ante el espectáculo.

Horseshoe Bend, acantilados - Arizona, por El Guisante Verde Project
Horseshoe Bend, acantilados y turistas - Arizona, por El Guisante Verde Project
Horseshoe Bend, vista entre el acantilado - Arizona, por El Guisante Verde Project

Cada hora del día, y cada nube en el cielo nos ofrece una visión diferente de este decorado que la naturaleza ha construido durante millones de años. ¿Cómo elegir el mejor momento para visitarlo?


Llegó Instagram, la magia desapareció

Hasta hace relativamente poco tiempo, la Curva de la Herradura del Colorado, era un lugar por el que paseaban, fundamentalmente, visitantes locales en busca de un poco de soledad. Un espacio que pasaba inadvertido a pesar de encontrarse a muy poca distancia de la carretera. Sin embargo, algunas imágenes comenzaron a aparecer en Instagram, y todo cambió, la magia desapareció.

En la actualidad, se ha superado la barrera de los 2.000.000 de turistas anuales, que acuden en gran medida atraídos por las imágenes idílicas compartidas en las redes sociales. Es uno de los destinos más populares del norte de Arizona.

Roberto fotografiando Horseshoe Bend - Arizona, por El Guisante Verde Project

La infraestructura del lugar era claramente insuficiente, no estaba preparado para recibir semejante flujo de visitas. La ciudad de Page y el Servicio de Parques Nacionales decidieron regular el acceso al este rincón desértico, mediante la ampliación del aparcamiento, la prohibición total del estacionamiento en el arcén de la carretera (ni siquiera para dejar pasajeros), y el control del aforo. La consecuencia, además de la masificación que obliga a tener presentes los horarios de máxima afluencia si no queremos tener que darnos media vuelta, ha sido la implantación de una tasa por aparcar. En el caso de los vehículos particulares, 10$ que, al parecer, no se han incrementado con la revisión de precios públicos de octubre de 2022. También se recomienda realizar una visita breve.

Horseshoe Bend, con nubes - Arizona, por El Guisante Verde Project

El antiguo camino se ha transformado en sendero accesible, de acuerdo con los rigurosos estándares americanos, y al final del mismo, se ha construido un mirador con barandilla que permite la vista de forma más segura. Por contra, su impacto en el paisaje es notable.

Horseshoe Bend se ha hecho un lugar entre dos gigantes. Por una parte el Área Recreativa Nacional de Glen Canyon, con el segundo lago artificial más grande de Estados Unidos, Lake Powell y toda una infraestructura destinada al turismo.

El otro lugar de referencia y, probablemente, el que más visitas internacionales atrae hasta Arizona, es Antelope Canyon. Nosotros visitamos los dos cañones que lo forman, Upper y Lower, y entre ambos, encajamos Horseshoe Bend. Sobre la magia, también menguante, de visitar el Cañón del Antílope, escribimos "Antelope Canyon, agua, viento, luz y sombras en la tierra de los Navajo".

Roberto en Antelope Canyon - Arizona, por El Guisante Verde Project


Un paseo por el Jurásico

Caminar por estas tierras es algo muy especial. Es un viaje por las arenas del tiempo. Una afirmación que no es una frase hecha, sino que es real. Durante el Jurásico, toda la zona era un gigantesco mar de arena que se endureció, petrificando las dunas que lo formaban, y transformándose en una capa uniforme de arenisca, la Navajo Sandstone, que se extendía entre Arizona y Wyoming. Este manto fue cubierto por otras capas, creando una llanura atravesada por el río Colorado.

Maribel sobre una colina de Horseshoe Bend - Arizona, por El Guisante Verde Project

Hace cinco millones de años, sin que aun tengamos una explicación concluyente, la región se levantó, dejando al río atrapado en su lecho. El Colorado se abrió paso en la roca excavando esa elegante curva que conocemos actualmente, a una profundidad de 300 metros desde el borde de los acantilados. El proceso de erosión está vivo y culminará, en algún momento, con el corte del cuello de la curva.

Horseshoe Bend, sendero desde el aparcamiento - Arizona, por El Guisante Verde Project
Horseshoe Bend, dunas petrificadas - Arizona, por El Guisante Verde Project

En la superficie, la lluvia, el viento, el hielo y las inundaciones fueron deshaciendo las capas superficiales, de forma que nuestros pies caminan sobre la arenisca jurásica. Si nos fijamos, podemos ver por el sendero algunas formaciones de rocas con capas diagonales, son las capas de las antiguas dunas de arena antes de petrificarse.

Hace años nosotros pudimos disfrutar de los últimos momentos del 'anonimato' de este excepcional paraje de Arizona. Visitar hoy Horseshoe Bend es más difíci. Experimentar la sensación de encontrarse en soledad ante un paisaje icónico, casi imposible; recorrer el borde de los acantilados o sentarse para disfrutar de los cambios de luz, de los colores, o del sonido del viento requiere, probablemente, paciencia infinita. A pesar de todo, volveríamos sin pensarlo.

Horseshoe Bend, desde la colina - Arizona, por El Guisante Verde Project

enero 25, 2023

Ruta al Mirador de Orkatzategi en Oñati, la Euskadi más espectacular

Mirador de Orkatzategi, por El Guisante Verde Project
Un fresco día de invierno, con el color azul brillando en el cielo, es el momento que elegimos para calzarnos de nuevo las botas y caminar hasta uno de los balcones más espectaculares de Euskadi: el Mirador de Orkatzategi.

Oñati, la señorial villa, donde se fundó en 1540 la Universidad Sancti Spiritus, la primera de Euskadi, es nuestro punto de partida. Tomamos la carretera GI-3591 que se dirige hacia el Monasterio de Arantzazu. Tras recorrer menos de 5km, nos desviamos hacia las Cuevas de Arrikrutz, por la GI-3592, uno de los puntos a destacar, tanto del recorrido, como de la comarca del Alto Deba, en donde nos encontramos. Las cuevas son un auténtico laberinto kárstico compuesto por 14km de galerías, excavadas por el río Aldaola. A su belleza natural se une la importancia de los restos de animales encontrados, como el rinoceronte lanudo, aunque sin duda, uno de los restos más fascinantes es el esqueleto completo de un león de las cavernas.

Sendero hacia San Elías, por El Guisante Verde Project
La carretera nos llevará hasta Araotz, donde nació en el siglo XVI el explorador Lope de Aguirre, famoso por su búsqueda de El Dorado y por encabezar una rebelión contra Felipe II. Antes de llegar al pueblo, nos encontramos con la singular iglesia de San Elías, Sandaili, del siglo XV, construida al abrigo de una cueva. Junto a la ermita, encontramos unos, anacrónicos y mal conservados, bancos de cemento que no hacen sino acentuar la sensación de abandono que produce el lugar. El agua que gotea del techo era muy apreciada por favorecer la fertilidad, según la tradición popular.

Cueva de la Iglesia de San Elías, por El Guisante Verde Project
Iglesia de San Elias - Araotz, Oñati, por El Guisante Verde Project
Sandaili - Araotz, Oñati, por El Guisante Verde Project
En el sendero que nos lleva desde la carretera hasta Sandaili es frecuente ver algunos miembros de la Escuela de Escalada de Araotz, practicando sobre las paredes rocosas, un lugar especialmente indicado para iniciarse en este deporte.

Escuela de Escalada de Araotz, por El Guisante Verde Project
El tramo de carretera que lleva hasta la entrada y el aparcamiento de las cuevas de Arrikrutz es bastante estrecho, aunque es una autopista en comparación con los 3 km que restan para llegar a Araotz. Tranquilidad, hay bastantes apartaderos para permitir el paso de dos vehículos. Aparcar en Araotz es, por decirlo suavemente, complicado. Hay un pequeño aparcamiento a la entrada del pueblo; está señalizado, también en nuestro mapa, y además es perfecto para realizar la senda que nos llevará hasta el mirador. Junto a la iglesia, dedicada a San Miguel, hay dos lugares habilitados para aparcar (cuando nosotros realizamos la ruta, a principios de enero de 2023, uno de ellos estaba siendo remodelado), aunque su capacidad es bastante limitada y es posible que tengamos que recorrer algún kilómetro de más, en función de donde hayamos podido aparcar el coche.

Sendero al Mirador de Orkatzategi, Oñati, por El Guisante Verde Project
Existen varias rutas que nos llevan hasta el mirador de Orkatzategi, circulares en su mayoría y con distancias alrededor de los 11 km. La cumbre que vamos a hacer en esta ocasión no es la más alta del Macizo de Zaraia, pero su ubicación y su perfil norte la hacen destacar. Tanto es así que incluso la diosa Mari observa este rincón a diario desde su morada en Anboto...

La ruta que os proponemos es más rápida y directa; unos 7 km en total, con algo más de 450 metros de desnivel positivo, e incluye una visita al mágico Aitzulo. Ya con la mochila al hombro, subimos hasta la carretera (el parking está a un nivel más bajo, cerca del río), y tomamos la pista asfaltada que asciende por la derecha, siguiendo las características marcas blancas y amarillas de senda de Pequeño Recorrido.

En cuanto a la señalización de la ruta, hay que prestar atención porque la subida a Orkatzategi no es una de las rutas balizadas del Parque Natural Aizkorri - Arazt en el que se encuentra. Desde el punto de salida y durante buena parte del camino, sí que seguiremos las marcas que señalan el PR GI-3003, llamado Senda del Agua, aunque no será así todo el tiempo. Muy cerca de la cumbre, las dejaremos y seguiremos ascendiendo por senderos menos claros, aunque sin dificultad alguna de orientación.

Caseríos en Araotz, por El Guisante Verde Project
Vista de Cima Andarto en Araotz, por El Guisante Verde Project
Valle de Araotz y Gorgomendi, por El Guisante Verde Project
Caminando entre preciosos caseríos pronto comenzamos a tener vistas espectaculares del Valle de Araotz, uno de los más bonitos de Gipuzkoa, y apenas hemos recorrido 500 metros. Lo bueno que tiene este sendero es que su pendiente es pronunciada, lo que implica, esfuerzo aparte, que en poca distancia subimos de manera apreciable y la panorámica no deja de mejorar a cada paso. Fotos y más fotos, casi podríamos reproducir la ruta en slow motion...

Lurgorri Atxagarraga de Eugenio Otalora, Araotz, por El Guisante Verde Project
Jardín de Piedras de Eugenio Otalora, Araotz, por El Guisante Verde Project
Junto al camino, encontramos el curioso jardín de piedras de Eugenio Otalora. La tentación de sentarse y dejar pasar el tiempo sin más, entre esas rocas sin transformar, simplemente recogidas y depositadas allí, es fuerte. Seguimos la senda, bien marcada, y tras otro repecho, unos 700 metros, llegamos a una pequeña construcción con una cruz pintada sobre el dintel de entrada; tal vez en otro tiempo fue una ermita, aunque actualmente es un establo.

Ruta Mirador Orkatzategi, borda, por El Guisante Verde Project
Ruta Mirador Orkatzategi, caballos, por El Guisante Verde Project
Seguimos avanzando hasta que la pista se bifurca, tomando nosotros el ramal de la derecha, también señalizado con marcas blancas y amarillas. Toda esta zona de cumbres kársticas conforma un paisaje abrupto compuesto de barrancos, cuevas y caprichos de la naturaleza como Aitzulo.

Entrada a Aitzulo, Oñati, por El Guisante Verde Project
Aitzulo, salida hacia Orkatzategi, por El Guisante Verde Project
La cueva de Aitzulo es una gigantesca ventana abierta en la roca, precedida de lo que parecen dos grandes cuevas, aunque en realidad se trata de un túnel de enormes proporciones, con la bóveda de una de ellas derrumbada, abierta al cielo. La sensación de encontrarse ante frente al vacío que se abre ante nosotros es difícil de describir. Por suerte, gracias a la magnífica foto de nuestra amiga @mnktorre podéis haceros una idea.

Ventana de Aitzulo, por @mnktorre
Continuamos con nuestra ruta, siguiendo las señales del PR y salimos a terreno abierto, donde tenemos a la vista la cima de Orkatzategi, nuestro destino, frente a nosotros. A nuestra espalda queda el Aloña, el camino al Monasterio de Arantzazu y se adivina el sendero que conduce a las campas de Urbia. Nuestro sendero asciende y nos acerca a la balsa de Aitzgain. Allí dejamos de seguir las señales del PR, que nos apartan de nuestro camino y hay que remontar por un sendero, más bien difuso, entre bosque bajo.

Sendero Orkatzategi, vista del Kurutzebarri, por El Guisante Verde Project
Gorgomendi o Aloña, vista pasada la balsa de Aitzgain, por El Guisante Verde Project
Orkatzategi, sendero al mirador, por El Guisante Verde Project
Un poco por encima del nivel de la balsa, encontraréis un dolmen, sin excavar, señalizado con una placa, que os servirá de referencia. A partir de ahí, hay que remontar la montaña, por cualquiera de los senderillos que se encaminan hacia la cumbre. Ya antes de llegar al junto al buzón en forma de hacha, las vistas se vuelven hipnóticas, rodeados de montañas y valles, cumbres ya conocidas en el horizonte, como el Txindoki.

Ruta Mirador Orkatzategi, buzón con hacha, por El Guisante Verde Project
Es hora de reponer fuerzas, pensando en el descenso, siempre bajo la mirada curiosa en ocasiones, indiferente la mayoría, de los buitres leonados que tienen en este parque natural la mayor colonia de Gipuzkoa. Sentados en el borde norte del Orkatzategi, sobre su pared vertical, contemplamos el embalse de Urkulu dominando un paisaje que nos recuerda inevitablemente a los Alpes. Este rincón de Gipuzkoa es, sin duda, uno de los miradores más bonitos de Euskadi y una de las excursiones que, si nos visitáis, no os podéis perder.

Vista del Valle de Oñati desde Orkatzategi, por El Guisante Verde Project

enero 10, 2023

15 Años de El Guisante Verde Project, 30 Años de Viajes

Monjes en el muelle del Chao Praya, Bangkok, Tailandia, por El Guisante Verde Project
Tres lustros de vida es casi una eternidad en la Red, así que parece un buen momento para echar la vista atrás sobre lo vivido en nuestros viajes. Lo hemos ido contando a lo largo de los 15 Años de El Guisante Verde Project.

En realidad, tenemos que retroceder un poco más en el tiempo. Desde que nosotros, los autores de esta bitácora, Maribel y Roberto, cruzamos juntos la primera frontera han trascurrido ya treinta años. Solo pensarlo nos da vértigo, y nos damos cuenta de que la mayoría de nuestras primeras veces no las hemos contado, ni siquiera lo haremos ahora. No era posible, al menos en la forma que lo es hoy, en 2023. Probablemente, tampoco habríamos querido hacerlo. Mucho han cambiado las cosas desde la primera vez que atravesamos juntos Francia para visitar, un tópico, lo sabemos: París. Comenzaba el año 1993. La emoción de aquella primera vez al traspasar las puertas del Museo del Louvre o de la Catedral de Notre Dame o de caminar por el Barrio Latino, es algo que aun nos acompaña.

Interior del Templo de Edfú, Egipto, por El Guisante Verde Project
Un año más tarde llegó el turno a nuestra primera vez en un destino que, en 1994, nos parecía inalcanzable: Egipto. Siempre nos ha atraído la civilización egipcia, nuestras librerías lo muestran claramente, y aun podemos recordar el olor dulzón que nos golpeo al desembarcar en el aeropuerto de El Cairo. Egipto vivía una profunda crisis, no se recuperaba del impacto que habían producido los numerosos atentados contra turistas, a pesar de que habían cesado hacía tiempo. El recuerdo de las visitas a Luxor, Karnak, Abu Simbel, Abydos, Dendera, Philae, o de las calles de El Cairo prácticamente solos aun nos emociona. Siempre supimos que nuestro viaje sería irrepetible.

Big Ben, Londres por El Guisante Verde Project
Que nostalgia de aquellos primeros descubrimientos, de sumergirnos por completo en Estambul, Beijing, Bangkok, Saigón, Angkor..., de bucear insistentemente en sus calles, librerías, museos y libros de arte, en los escritos y las visiones de otros viajeros. Una búsqueda incesante de localizaciones de imperios desaparecidos y culturas enigmáticas junto con la presión de los actuales habitantes y su interés o desinterés por quienes los visitamos. Viajamos al Egipto faraónico, al Reino de Siam, a la Ciudad de la Sublime Puerta, a la Ciudad Púrpura Prohibida, a Cartago, a las caras sonrientes del Templo del Bayón, soñado por Pierre Loti.

A menudo se diría que nosotros viajábamos al pasado y nos dábamos de bruces con otra realidad, la de sus habitantes. El lugar idealizado, mito para el que llega, es rutina para el que vive allí. ¿Y tú? ¿Sigues mirando hacia todas partes para descubrir o caminas en piloto automático?

Guardián del Palacio Real de Bangkok, Tailandia, por El Guisante Verde Project
Nos gusta regresar a un destino amado, a aquel que fue soñado largo tiempo o añorado en la distancia. Diariamente nuestros ojos y oídos se quedan cautivados por esa noticia que nos acerca de nuevo a aquellos recuerdos, aquellos paseos, aquellos olores y sensaciones. Hay un resorte que se activa cuando oímos de nuevo que se refieren a ese lugar. Sentimos la necesidad de volver, de leer para no olvidar ese enamoramiento. Constantemente sorprende como otros ojos explican, alaban o desdeñan aquello que nosotros hemos encontrado tan fascinante.

Torre de Londres, por El Guisante Verde Project
El viaje, para nosotros, está incompleto sin la lectura, antes y después, de otras, muchas, versiones de ese mismo viaje. Interpretaciones que nos ayudan a complementar planos, mapas y guías, a entender mejor las capas superpuestas, los estratos que, como un arqueólogo, creemos distinguir en nuestro paso por Le Marais en París, por Malá Strana de Praga, por el Trastevere de Roma o por Cannaregio en Venecia.

Basilica de la Salute, Venecia por El Guisante Verde Project
El viaje, encarnado en nuestros comienzos sobre todo en las ciudades. Ciudades que habíamos imaginado y recorrido una y otra vez en palabras e imágenes de otros. Ciudades que revivimos ahora en los paseos junto al Hudson de Muñoz Molina y Elvira Lindo y que comparamos con los nuestros por las calles de Manhattan. Paseos que nos llevan a celebrar el habernos alojado en la 71 Oeste. Recuerdos de ese Brooklyn cambiante, de ladrillos rojos, que Paul Auster recrea, imagina y reinventa una y otra vez a la manera de las vedute de Canaletto y que nos llevó nuestra primera vez en Nueva York a habitar una primera planta con mirador a la calle, precedida por esas famosas escaleras vistas una y otra vez en el cine. Brooklyn, Manhattan, ese poderoso imán para inquietos y curiosos que es Nueva York, como refleja Rutherfurd en su magnífico libro, New York, nos obliga a abrir el objetivo más allá. Seguimos el Canal Erie y nos dejamos seducir por todo el Estado, el Empire State, para entender al fin esa repetición de Sinatra, New York, New York, que es sólo informativa, administrativa, burocrática.

Tendero en el Mercado de Ankara, Turquía, por El Guisante Verde Project
Nuestras estanterías se han llenado de libros que son un homenaje a todos nuestros destinos amados; hay guías de viaje, si, pero hay muchos más libros de arte, de Museos y exposiciones, ensayos, novela, libros en los que el destino es protagonista, telón, contexto, inspiración, y que en la mayoría de los casos no pertenecen a la categoría de Literatura de Viajes. Ya va siendo hora de que los libros tengan también libertad de género, ¿no?

Túnez, típica puerta de color azul, por El Guisante Verde Project
Leer a Thubron en La Sombra de la Ruta de la Seda o a Manu Leguineche en El camino más corto (con algunas sombras, ya que, la etapa final del viaje no llegó a completarse en realidad) es salir de viaje, es también recuperar estampas olvidadas, adquirir recuerdos que van a fijarse en nosotros, confundir a la memoria con descripciones que amplifican nuestros pasos, haciéndonos dudar muchas veces sobre si eso que sentimos es sólo fruto de nuestra experiencia. ¿Estuvimos de verdad allí? Es nuestra verdadera Realidad Aumentada, la que nos acompaña durante mucho tiempo, la que despierta en nosotros ecos que creíamos olvidados, la que nos recuerda la magia de la primera vez y también la que nos ha enseñado que las segundas visitas son aún mejores: Londres, Amsterdam, París, Budapest, Lisboa, San Francisco, Venecia, Roma, Estambul, Oslo, Nueva York, y tantas otras. Leer es recordar, y recordar a un amigo es querer volver a verlo. En la lista de amigos que ansiamos volver a visitar siempre están Berlín y Florencia.

Santa Croce, Florencia por El Guisante Verde Project
El Guisante Verde Project es una lucecita que nos exige ir un poco más allá en cada itinerario: explorar, documentar, contrastar. Nos anima a seguir mirando alrededor con curiosidad. Queremos que sea un espacio al que querer volver, un lugar en el que celebrar la magia de descubrir.

¿Qué hacemos bien y tenemos que seguir haciendo? ¿Qué tenemos que mejorar? ¿Qué tenemos que dejar de hacer? ¿Qué tenemos que hacer nuevo? Y lo más importante: ¿por qué publicamos? ¿para quién?, reflexiones que nos acompañan al revisar cada año los viajes y los artículos. Encarar este año 16 es todo un reto. ¿Nos acompañas?

Valle de Göreme, Capadocia, Turquía, por El Guisante Verde Project
Nota de los autores: todas las imágenes de este artículo son analógicas (diapositivas), para acompañar a nuestras primeras veces nos parecía muy apropiado.

noviembre 20, 2022

Parque Natural de Izki, rutas por la Montaña Alavesa

Parque Natural de Izki Senda a la Dehesa, por El Guisante Verde Project

Las nieblas que cubren el fondo de los valles se disipan poco a poco, aun hace frío, algo menos de 8 grados, y la naturaleza parece aun dormida. Es el momento de calzarse las botas y descubrir el Parque Natural de Izki a través de dos sencillas rutas que nos muestran el otoño más colorido de la Montaña Alavesa. Los primeros rayos del sol destacan aun mas los colores rojos, naranjas, amarillos y púrpuras de un bosque que ocupa la mayor parte del parque. Es en esta época, otoño, cuando hayas, castaños, arces, abedules, álamos y robles transforman el paisaje convirtiéndolo en un mosaico de color.

Parque Natural de Izki, colores de otoño en La Muela, por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki, vista desde Collado del Avellanedo, por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki, inicio Senda de Antoñana, por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki, colores de otoño por El Guisante Verde Project

El río Izki y su cañón es la seña de identidad de este parque natural, el cuarto más grande de Euskadi, y uno de los más desconocidos, situado al sudeste de Álava y que acoge una gran diversidad natural. Un tipo de roble Quercus pyrenaica es la especie más abundante, formando el mayor bosque de Europa de esta especie y uno de los mejor conservados del mundo. Descubrir los tesoros de Izki es sencillo, gracias a la red de 15 senderos que lo recorren por completo. La fauna, la flora, los paisajes, incluso las tradiciones y cultura de sus habitantes son accesibles desde alguna de estas rutas.

Parque Natural de Izki, inicio sendero El Agin, en Corres, por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki, mirador junto a Peña El Castillo, por El Guisante Verde Project
Antoñana desde Collado del Avellanedo, Izki, por El Guisante Verde Project
Puerto de Azaceta, Álava por El Guisante Verde Project

Nuestra llegada al Parque Natural de Izki, desde Bilbao, la realizamos a través del Puerto de Azazeta. La carretera nos trasladó casi de inmediato hasta aquellas que recorrimos, también en otoño, en el estado norteamericano de Vermont y en las Montañas Adirondack (Estado de Nueva York). El tramo de la A-132 entre Eguileta y Azaceta, de apenas 6 km de longitud, comienza con una subida al más puro estilo estadounidense. Dos carrilles de subida, excelentemente asfaltados, que nos van introduciendo en un bosque, cada vez más denso y frondoso. La carretera se convierte ya en una vía de montaña, más estrecha y sinuosa en medio de un espectáculo de luz y color que nos obliga a ir despacio, incluso a pararnos. Merece la pena prolongar este camino que puede hacerse en solo seis minutos.

Parque Natural de Izki, senda 14 hacia Collado del Avellanedo, por El Guisante Verde Project

Continuamos viaje hasta llegar a Korres, una pequeña villa que en su día fue objeto de disputa entre los reyes de Castilla y de Navarra, Alfonso VIII y Sancho el Sabio. Allí se encuentra el Centro de Interpretación del Parque Natural de Izki. Es el lugar donde podéis conseguir muy buena información y consejos sobre, en función de lo que estéis buscando, qué ruta elegir. También os pueden proporcionar mapas de las rutas que atraviesan el parque, con detalles que van más allá de lo que incluye el propio sitio web del parque.

Parque Natural de Izki, descenso por la senda 14 El Agin, por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki,  sendero El Agin, por El Guisante Verde Project

De los 15 senderos elegimos dos, que además componen un recorrido circular botánico, son la 14 – Senda El Agin y la 15 – Senda de Antoñana. El trayecto, que parte de un lateral del Centro de Interpretación, tiene una longitud de 6,1 km, con un desnivel de subida de casi 400 metros y está señalizado mediante postes de madera con un punto amarillo, aunque en algunos tramos podemos encontrar el punto sobre el tronco de los árboles. El camino nos va proporcionando unas buenas vistas casi desde el comienzo, que se vuelven magníficas al llegar a lo alto del Collado del Avellanedo. Aquí podéis incrementar en 1 km la ruta subiendo hasta la cima del Soila, pasando por el ojo de Soila, una abertura natural en la aparentemente infranqueable muralla de piedra. Si os sentáis sobre el borde del collado durante un rato casi podréis tocar con la mano a los buitres que lo sobrevuelan, indiferentes a vuestra presencia.

Buitre en Collado del Avellanedo, Parque Natural de Izki por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki, senda 14 sentido Corres, por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki, campa ascenso Collado del Avellanedo, por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki, Collado del Avellanedo por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki, desde el Collado del Avellanedo por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki, colores de otoño desde el Collado del Avellanedo por El Guisante Verde Project

La principal dificultad de esta ruta se encuentra en el descenso desde el Collado del Avellanedo hacia ‘La Dehesa’, ya que, presenta un fuerte desnivel y en algunos tramos aéreos y de rocas gastadas se han instalado cuerdas para hacer más sencillo el descenso, o la ascensión si se decide hacer la ruta al revés. En días de lluvia o con el suelo mojado se agradece seguro esta ayuda, y se echará de menos en algún tramo rocoso un poco más adelante.

Parque Natural de Izki, descenso hacia La Dehesa, por El Guisante Verde Project

En esta parte de la ruta, el camino serpentea entre hayedos, tilos, boj o madroños entre otros. En muy entretenido, ya que, además de los tramos encordados, encontremos "peldaños" de madera y tierra, rocas resbaladizas, terreras... El sendero se estrecha bastante en algunos puntos, y las rodillas sufren un poco con la pendiente. Pasaremos junto a dos “árboles singulares”, el Tejo de Antoñana y el Tilo de Antoñana. Hay que buscar la escala humana para admirar su tamaño.

Tejo de Antoñana, Parque Natural de Izki, por El Guisante Verde Project
Tilo de Antoñana, Parque Natural de Izki, por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki, hayas y castaños senda Antoñana, por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki, hayedo senda El Agin, por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki, intersección Rutas 14 y 15, por El Guisante Verde Project

Entre encinas primero y después hayas y castaños, llegamos hasta la intersección con la ruta 15 – Senda Antoñana. Deberíamos llevar unos 75 minutos de caminata, pero la realidad es otra. Depende de las fotografías que toméis, y de si, como nosotros decidís comer en lo alto del collado. También hay que tener en cuenta la estación en la que nos encontremos. Durante el otoño, especialmente después del cambio de hora, los días se acortan y entretenerse demasiado supone pagarlo al final, por la falta de luz, como habitualmente nos sucede a nosotros. Por supuesto, esta vez no sería una excepción...

Parque Natural de Izki, bosque en Senda Antoñana, por El Guisante Verde Project

En el cruce, podemos seguir la ruta tal y como está diseñada, y girar en dirección de Korres, o bien, continuar por el castañar hasta llegar al pueblo de Antoñana, con lo que nuestra ruta se va incrementar un par de kilómetros, para un total de nueve, si subís al Soila.

En Antoñana además de tomar un café o comer, podéis visitar el pueblo, que acoge el Centro de Interpretación del Camino Natural Vía Verde del  Ferrocarril Vasco Navarro. Guardando fuerzas para la vuelta, es posible darse un paseo por la vía verde mas larga de Euskadi, con 90 kilómetros. Las vistas de la Peña del Castillo y especialmente del Collado del Avellanedo son magníficas y la pendiente se siente aun más vertiginosa que desde la propia senda por la que acabamos de descender.

Peña del Castillo de VV Ferrocarril Vasco Navarro, por El Guisante Verde Project
Antoñana desde Via Verde Ferrocarril Vasco Navarro, por El Guisante Verde Project
Túnel de Fuenfría en Via Verde Ferrocarril Vasco Navarro, por El Guisante Verde Project

De vuelta a nuestra senda, llegamos de nuevo al cruce con la ruta 14 para iniciar el regreso a Korres. El camino es agradable y sencillo, con poca pendiente, nada que ver con el descenso desde el collado. Pronto llegaremos a un mirador que se abre al barranco del río Izki y a la cumbre denominada ‘La Muela’, característica del perfil de Izki. A la derecha del mirador se alza la Peña ‘El Castillo’, donde se encuentran las ruinas de una antigua fortaleza que protegia una de las entradas al Reino de Navarra en los siglos XI - XII.

Mirador de Izki y La Muela, por El Guisante Verde Project
Parque Natural de Izki, vista desde su mirador, por El Guisante Verde Project

A estas alturas del día, la luz cae en un suspiro y nos obliga a caminar rápido si queremos completar la ruta con algo de claridad. La entrada al mirador no está señalizada y la vegetación oculta el pequeño sendero que desciende hasta el desde el camino principal. Una vez traspasada esa especie de puerta de piedra bajo la Peña del Castillo, a nuestra izquierda (recordad que vamos por la Senda Antoñana en dirección Korres), se adivina un sendero. El mirador no se ve desde la senda por la que circulamos y es muy fácil dejarlo atrás. Lo decimos por experiencia propia.

Parque Natural de Izki, Senda Antoñana junto al mirador, por El Guisante Verde Project

No esperamos mucho, un par de días más tarde decidimos volver, nuevamente justos de tiempo, pero ya teníamos claro donde encontrar el desvío. En vez del sol radiante del fin de semana, nos encontramos con muchas nubes que, sin embargo, nos ofrecieron una vista fantástica y unos colores aun más intensos en el paisaje. El Mirador de Izki es, sin duda, un punto en el que detenerse. La vista de La Muela, el cañón del río Izki, las rocas de la Peña del Castillo y los bosques que lo cubren todo es, simplemente, magnífica. No os lo perdáis.

Parque Natural de Izki, Iglesia de San Esteban, en Corres, por El Guisante Verde Project

El bosque se hace más tupido y caminamos entre hayas, casi a oscuras a última hora de la tarde. Una vez fuera del bosque, la pista nos lleva sin dificultad hacia Korres, pasando junto a la Iglesia de San Esteban, del siglo XVI, hasta llegar de nuevo al Centro de Interpretación donde comenzamos nuestra ruta hace unas horas.

Caminar por el parque natural de Izki en otoño nos ha mostrado toda una explosión de color, las terreras de piedras blancas, que nos encontramos a ratos, parecen un lienzo en el que las hojas iluminan el camino a su antojo, como si los árboles se hubieran puesto de acuerdo para mostrar todas las gamas de amarillos y ocres, tímidos rojos, compiten por nuestra atención, el tamaño y la forma de las hojas juegan a engañarnos y nos dejamos llevar.

Parque Natural de Izki, atardecer por El Guisante Verde Project

Disfrutamos de forma especial con estos recorridos que serpentean entre bosques y ascensiones para premiarnos con grandes panorámicas. La señalización y los tiempos marcados en los postes de madera nos ayudan a decidir cuando y por donde iniciar la vuelta. Ruta circular, lo tenemos claro, apuramos hasta el atardecer, somos “cierra montes”. Caminamos sobre hojarasca rojiza que dibuja nuevas sendas para nosotros, la próxima visita la luz será distinta, todos esperamos la lluvia, que avive los verdes, que reanime los helechos. ¿Cuándo volvemos?

Parque Natural de Izki, luz de otoño, por El Guisante Verde Project