El viaje soñado de Van Gogh a Japón Arte, libros y viajes están, para nosotros, profundamente entrelazados, es empezar a tirar del hilo y ya no sabemos parar. Después de &...

abril 27, 2020

El viaje soñado de Van Gogh a Japón

Van Gogh, Jardín del Hospital de Saint-Paul - Van Gogh Museum, Amsterdam por El Guisante Verde Project

Arte, libros y viajes están, para nosotros, profundamente entrelazados, es empezar a tirar del hilo y ya no sabemos parar. Después de '¿Qué estamos haciendo con Van Gogh?: el Arte Espectáculo', dedicamos una nueva entrada a este artista que nos ha hecho mirar, viajar, leer y explorar: Van Gogh. En este segundo artículo, nos vamos con él de viaje a Japón. Una ensoñación que, en estos días de confinamiento cobra sentido; imaginar en aquello que vemos y tenemos delante todo lo que anhelamos, lo que que añoramos, lo que queremos... Arlés es Japón a los ojos de Vincent.

En nuestras visitas a museos, un juego que repetimos es imaginar y seleccionar cuál de las obras expuestas nos llevaríamos con nosotros. La mayoría de las veces elegimos obras pequeñas, piezas poco conocidas, bocetos, dibujos que muestran el proceso creativo del artista. Una de las telas de Van Gogh con un melocotonero en primer plano, que realiza para festejar el nacimiento de su sobrino, sería perfecta. En casa nos acompañan unos cuantos libros sobre su vida y sus creaciones.

Van Gogh, Retrato de Pere Tanguy - Museo Rodin, París, por El Guisante Verde Project

Seleccionar una obra favorita de Van Gogh podría ser una de las ideas que suscita el nuevo libro de Matilde Asensi, en el que los cuadros de Van Gogh son protagonistas: el Retrato del Doctor Gachet y el Retrato de Pere Tanguy. Las estampas japonesas, que tanto atraían a Vincent, nos ofrecen, en el libro, las claves para encontrar un tesoro. Un equipo de especialistas tiene que viajar a Japón en busca de un retrato perdido del artista de los Países Bajos. Este libro es un repaso a las obras del pintor y una invitación a conocer más sobre sus motivos y motivaciones, sobre sus colores e influencias. Y el título, Sakura, cuyo significado es cerezo en flor, nos conecta directamente con la cultura japonesa, de la que el libro se va a hacer eco a lo largo de sus 400 páginas.

Van Gogh, Ramas de Almendro en Flor - Van Gogh Museum, Amsterdam, por El Guisante Verde Project

Asensi adereza la historia con toques de actualidad, arte urbano, street art, con alusiones al esquivo y famoso artista Banksy, y reabre el debate eterno en el mundo del arte entre original y copia. Las pinturas del mundo flotante o ukiyo-e y tradiciones japonesas aderezan su lectura, guerreros Ninja y sus armas, cortesanas, teatro kabuki… no vamos a hacer spoiler. Lo cierto es la lectura del libro, a nosotros nos ha llevado a una búsqueda entre nuestros libros de arte para revisar, confirmar y contrastar algunas de las afirmaciones de esta entretenida, y previsible, novela de aventuras. Vamos a saltar de un libro de ficción a otros de investigación, crítica, relación epistolar y catálogos de exposiciones con Van Gogh y Japón como protagonistas en diferentes museos europeos y americanos que, somos ahora más conscientes que nunca, hemos tenido la suerte de visitar.

Estampa Japonesa - Museo Georges-Labit, Toulouse por El Guisante Verde Project

Son muchas las investigaciones y muchos los interrogantes sobre la vida de Van Gogh, incluyendo los detalles de su muerte. En ellos es donde Sakura, encuentra el hueco, una obra de ficción que tiene el valor de suscitar nuestra curiosidad para volver a ver y admirar los colores preferidos por Van Gogh y las influencias en sus obras de las estampas japonesas. Asensi explica de forma muy sencilla la maestría en el uso de colores complementarios, y recrea y describe los colores utilizados en La Habitación de Arlés, una de las telas más conocidas para el público, animándonos como en un juego a encontrar las diferencias entre las tres versiones: la que se encuentra en el Art Institut de Chicago, la del Musée d´Orsay en París, y la que se halla en el Museo Van Gogh de Amsterdam.

Van Gogh, La Habitación de Arles - Art Institute Chicago por El Guisante Verde Project

Hemos visto las tres versiones y las fotos y libros que atesoramos al lo largo de años con buenas impresiones, nos permiten recrearnos en las diferencias. Interesante el apunte del deterioro de los pigmentos como explicación de los diferentes colores que hoy vemos en ellos. Es claramente una obra de ficción, en la que Asensi imita la pasión del artista holandés por los colores usando precisamente un código de color para resolver parte de los enigmas planteados.

Nosotros también vamos a intercalar en este artículo algunas notas sobre el color y las teorías que comenzaban a estudiarse y a las que Van Gogh tuvo acceso. Estas notas pueden interferir en este viaje o complementarlo, eso depende de tu interés. ¿Cuales son los colores complementarios? Si partimos de los tres colores primarios, amarillo, rojo y azul cian, y de los colores que resultan de mezclarlos de dos en dos: naranja, violeta y verde; usar el color primario que falta en cada mezcla, el azul junto al naranja, el amarillo junto al violeta, el rojo frente al verde, es la manera de “complementar”, casi de delinear, destacar, reforzar la fuerza del color.

Hirosige, Atagoshita y la calle Yabukoji - Ota Memorial Museum, Tokio, por El Guisante Verde Project

La influencia de las estampas japonesas y el Ukiyo-e, las pinturas del mundo flotante, está bien estudiada en la obra de Van Gogh. El pintor holandés huía de París hacia el sur en busca de su propio Japón. Incluso se preguntaba desde el tren si era capaz de mirar como un japonés. En su huída de París a Arlés, Van Gogh encontró el azul celeste, el rosa, el naranja, el bermellón, el amarillo intenso, el rojo vivo... Las obras del norte, las de Mauve, uno de sus primeros maestros, con quien aprendía a dibujar, ahora le parecían grises.

Los colores de la primavera que encontró en Arlés fueron una confirmación de los encuadres y las floraciones, los colores, contrastes y sensibilidad que había visto en las estampas que hacían furor entre los artistas afincados en París. Leer las cartas que enviaba a su hermano Theo describiendo estos paisajes y lo que le hacían sentir, es adentrarnos en ese viaje soñado de Van Gogh a Japón.

Van Gogh, La Berceuse - Art Institute Chicago, por El Guisante Verde Project

Aquí hay que tener en cuenta que Van Goh tuvo un acceso privilegiado a estas obras; su hermano Theo, marchante de arte, expuso una colección de estas estampas japonesas en el famoso Café Tambourin, escenario de famosos cuadros tanto de Van Gogh como de Gauguin. Si bien es cierto que otros impresionistas se dejaron llevar por una fiebre hacia todo lo que llegaba del país nipón, el llamado “japonismo”, no es menos importante que Vincent pudo contemplar primeras ediciones y admirar la forma en la que Hiroshige y otros afamados maestros del ukiyo-e, descomponían los colores, con rojizos y tonos muy vivos, utilizaban una curiosa perspectiva cenital, a vista de pájaro; hacían composiciones forzadas, con motivos recortados imitando al encuadre fotográfico, con enormes melocotoneros o cerezos en primer plano, que ocultaban las diminutas figuras humanas en el fondo.

Torii de La Bambouseraie en Cevennes por El Guisante Verde Project

Pintura ukiyo-e Museo Georges-Labit, Toulouse por El Guisante Verde Project

Jardín Japonés de Toulouse por El Guisante Verde Project

Lámina ukiyo-e Museo Georges-Labit, Toulouse por El Guisante Verde Project

Era como si Van Gogh mirase el mundo a través de los ojos, colores y técnicas de otros artistas. Quería entender, experimentar, crear, tanto a través de sus escritos, como de sus dibujos y pinturas, buscaba su propio camino. En las cartas dirigidas a su hermano, Cartas a Theo, incorporaba bocetos de los proyectos a realizar, y detalladas explicaciones de los colores y la técnica que quería emplear. Inseguro de sus conocimientos, se consideraba deudor del uso del color de Delacroix y de la pincelada de Monticelli. Sus creaciones tomaban la forma de aquellos movimientos y artistas que iba conociendo, la etapa de París es decisiva, pero necesitaba cambios, y la huida a Arles en busca de “su propio Japón” le resultaba imprescindible.

Hiroshige, Ciruelo en Flor - Ota Memorial Museum, Tokio, por El Guisante Verde Project

A Van Gogh, tan obsesionado con el uso de la perspectiva, en su etapa de aprendizaje se quejaba de que nunca iba a llegar a dominarla, tuvieron que gustarle estas “tomas” y encuadres tan originales. En cuanto a los motivos, coleccionaba estampas sobre los cafés, los espectáculos de teatro, sumo..., o las actividades nocturnas, como sabemos por sus cartas a Émile Bernard.

Con artistas como Hirosighe, Hokusai, Keisai Eisen..., las estampas alcanzaron sus cotas más altas de delicadeza, los grabadores e impresores tenían que atender a los códigos de color marcados en los márgenes, las planchas se deterioraban con el uso y las copias siguientes eran de menor calidad. Había muchas restricciones, los palacios imperiales no se podían representar. La labor de todos los implicados en el proceso era de suma importancia, y aunque a nosotros solo ha llegado la fama de los creadores, en el fondo el éxito de las colecciones dependía de la profesionalidad del grabador, de la calidad de las planchas, tintas y materiales, y de la precisión con la que seguía las instrucciones indicadas. Tener la posibilidad de acceder a primeras copias resultó, sin duda, un factor decisivo en la paleta del artista holandés. Su experimentación era constante, y al igual que lo haría con otros artistas y movimientos que admiraba, Van Gogh integró en sus trabajos aquello que admiraba en los artistas nipones.

Hiroshige - El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina por El Guisante Verde Project

Le fascinaba a Van Gogh la forma en la que los artistas japoneses daban protagonismo a las estaciones, la climatología, las líneas marcadas indicando la lluvia, la niebla, la nieve..., como “El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina” de Hiroshige, que Van Gogh reproduce realzando el contraste entre rojos y verdes e imitando la caligrafía como si se tratase de otro motivo más a representar y dibujar.

Estas estampas tenían que ser tan descriptivas como fuera posible puesto que eran las postales de la época, el “Instagram del siglo XIX”. Las 100 famosas vistas de Edo, las Vistas del Monte Fuji, o Las 53 estaciones de Tokaido, eran colecciones muy solicitadas, que permitían al coleccionista “viajar” por un país hermético y desconocido

Van Gogh, Puente bajo la lluvia - Van Gogh Museum, Amsterdam, por El Guisante Verde Project

En una edición preciosa de Cien famosas vistas de Edo, de la Editorial Taschen, con primeras ediciones de estas piezas observamos algunas diferencias con las descripciones que aparecen en otras fuentes al hablar de los colores de una de las estampas de Hirosighe. Tal vez sólo estamos comparando textos diferentes, sin olvidar que la percepción y la construcción del color es distinta para cada uno de nosotros. Lo cierto es que los cuadros de Van Gogh tienen precisamente la característica de golpearnos en directo, de mostrarnos detalles que no habíamos apreciado en las reproducciones; sus lienzos tienen la capacidad de jugar al engaño cambiando de color en función de la edición, de la pantalla, del revelado, de la iluminación...

Van Gogh, Sembrador a la puesta de Sol - Museo Króller-Müller, Otterlo por El Guisante Verde Project

Semejanzas y diferencias con sus fuentes de inspiración japonesas, algo que también señala Asensi al hablar de una pintura de Van Gogh en la que recrea a una cortesana, podríamos decir una Geisha, inspirada a su vez en una estampa de Eisen, tan diferente al original, ya que en una revista francesa de la época en la que se probablemente Van Gogh pudo verla, la imagen se mostraba invertida y con matices de color diferentes.

Si los impresionistas se vieron atraídos por las estampas japonesas, lo cierto es que ese influjo fue de ida y vuelta. En Japón se estudiaban los avances de los holandeses en cartografía, óptica, zoología y perspectiva, de forma que en la obra de Hiroshige ya vemos combinadas la perspectiva europea y la más clásica copiada de la Antigua China a vista de pájaro. Hiroshige, como Van Gogh, fue un innovador.

Vincent Van Gogh, Oiran - Van Gogh Museum, Amsterdam por El Guisante Verde Project

Ese diálogo entre artistas, ese viaje del Arte, esa mezcla de influencias y esa pasión por Japón tienen su reflejo en muchas de las obras de los impresionistas y postimpresionistas como Van Gogh y en la cantidad de ejemplos de estampas japonesas y muestras de ukiyo-e que fueron a parar a las colecciones de museos europeos y americanos.

¿Cuál es el color favorito del artista? Blanco cadmio, laca carmín, rojo bermellón, amarillo cromo, amarillo ocre, azul cerúleo, blanco de zinc, violeta pálido, lila... Como en las reproducciones de las estampas japonesas, el paso del tiempo y la luz ha degradado los rojos y nos ha dejado colores menos intensos de los que al artista le gustaba utilizar. La respuesta fácil sería el amarillo de sus famosos girasoles, dar con el amarillo adecuado consumía su energía, como el mismo explica en sus cartas. El calor del sol, el brillo dorado, el naranja…en la mayoría de los casos nos da una lección de azules, rojos, verdes y violetas impagable y Van Gogh si usaba el color negro. Su experimentación con los colores de la noche deja evidencias de ello.

Jardín Japonés de la Bambouseraie en Cevennes, Francia por El Guisante Verde Project

Si hoy su trabajo con la luz y los colores nos asombra, no es menor el esfuerzo que dedicó a las vistas y composiciones nocturnas. El dramatismo de algunos de los clásicos como Daumier o Doré, lo obsesionaba y le separaba de los gustos de Gauguin o Émile Bernard, con los que mantenía tensas discusiones. En su etapa final internado en Saint-Rémy quería traducir a color los grabados que el había visto en blanco y negro y algunas de las escenas religiosas que ya había trabajado al inicio de su obra. “Sólo Delacroix y Rembrandt pintaron la figura de Cristo como yo la siento” anotaba Vincent.

Los girasoles eran en realidad parte de la decoración que Van Gogh proyectaba para La Casa Amarilla en Arlés. El soñaba con crear una comunidad de artistas, un lugar para la experimentación y la creación. No sólo pensaba en los colores de los cuadros, sino en el fondo más adecuado, el marco, todo el entorno..., amarillos sobre fondo azul, amarillos sobre fondo amarillo. Gauguin le pidió por carta, después de huir tras su discusión y el incidente de la oreja, que le enviase los cuadros que adornaban su habitación, y Van Gogh, que no quería deshacerse de los originales, pintó otras versiones para su amigo. Las dos sillas pintadas por Vincent, la suya con una pipa y una petaca y la de Gauguin con una llama encendida y modernas novelas, pudieran ser una muestra de la admiración de Van Gogh por su compañero. El holandés idolatraba a su amigo, aunque Gauguin acudió a Arlés ante la insistencia de Theo, al prometerle este que saldaría sus deudas. Las dificultades económicas no eran exclusivas de Vincent, por eso el soñaba con una comunidad de artistas, que ofreciese algo de seguridad, a precios de venta concertados. Gauguin recrea a Vincent pintando los girasoles, mientras que Van Gogh utiliza objetos cotidianos, simbólicos, para representar a su amigo, no se atreve con la figura humana. Siempre sus miedos, sus inseguridades, saltan al lienzo.

Vincent Van Gogh, Autorretrato con Sombrero de Paja - Van Gogh Museum, Amsterdam por El Guisante Verde Project

Van Gogh, El Sembrador - Fundación E.G.Bührle, Zurich por El Guisante Verde Project

Van Gogh, El Jardín del Poeta I - Art Institute, Chicago por El Guisante Verde Project

Hirosige, Hiroo a orillas del rio Furukawa - Memorial Ota Museum, Tokio, por El Guisante Verde Proejct

Lo cierto es que su pasión y obsesión por crear, más y más lienzos, le llevó a experimentar para obtener y utilizar, gastando el menor dinero posible, bastidores, telas, marcos, pigmentos, tizas, y un mejor rendimiento del color.

Continuamente se quejaba del precio de los proveedores y fruto de sus peticiones el mercado del arte avanzaba. Frente a esa pasión creativa de los últimos años desplegaba toda una planificación, el uso del color puro, el mayor rendimiento de los tubos y las mezclas. ¿Era el compromiso con la futura comunidad de artistas, que le obligaría a entregar un número determinado de telas el que propiciaba ese ritmo frenético de creación? Quería demostrar a Theo que podía hacer una obra vendible, que gustase, en un número suficiente para satisfacer al mercado, soñaba, esperaba, imploraba, hacer algo grande, crear algo que algún día tendría valor, que compensase los esfuerzos y sacrificios que el y su hermano realizaron durante años.

Van Gogh fue capaz de imaginar el cambio que el Arte Contemporáneo iba a suponer, pasar de la pintura figurativa a la abstracción. Apreció que el trabajo de Monet con el paisaje iba en esa línea, que la descomposición de los colores de los puntillistas Seurat y Signac eran otro avance y que la necesidad de reflejar estados de ánimo en las personas retratadas, al estilo de Gauguin abrían una puerta, a la vuelta de la esquina estaban las vanguardias, el fauvismo, el protagonismo del color que él soñaba, la abstracción que asomaba en los últimos años de Monet, que tuvo, al contrario que Vincent, 80 años para experimentar con su paleta.

Van Gogh, Autorretrato en París - Art Institute Chicago por El Guisante Verde Project

Miremos de nuevo cara a cara sus obras. Sus colores, al igual que su pincelada, son reflejos de estados de ánimo, colores que guían nuestro viaje por el lienzo, y que nos muestran un detalle antes no observado, colores que se elevan hacia el cielo como los azules en La Noche Estrellada o nos hacen querer viajar al Café de Arlés para sentir esa noche encendida de amarillo. Colores como el negro de los pájaros que surcan el cielo en su última composición, colores que nos ofrecen tan sólo pistas de lo que fue su búsqueda, esa es la magia del arte y del viaje, alguien que nos interroga desde un cuadro, muchos años después de haberse despedido de su hermano Theo en su habitación de Auvers. ¿Qué se dijeron de verdad en esa despedida? Theo fallecía poco después de su hermano y todo lo acontecido después es Historia del Arte.

Van Gogh no llegó nunca a visitar Japón, pero su trabajo nos ha llevado a soñar muchas veces con ese viaje, a salir en busca de esa mirada diferente, ordenada, evocadora y sutil con la que nuestra imaginación siempre colorea al país del sol naciente.

Van Gogh, 'Campo de Amapolas' - Pinacoteca de Bremen por El Guisante Verde Project




2 comentarios :

  1. Sin duda arte en su estado puro. Un sueño estampado en lienzos. Un buen artículo. Un saludo

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    1. Tinta en las olas, la historia de un artista que lleva a reflexionar sobre la esencia del arte. ¡Gracias por pasarte por aquí!

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