El Fram y Amundsen, la conquista de los Polos Nuestra visita al Museo del Fram , en Oslo, preludio de nuestro viaje a Tromsø y al Círculo Polar Ártico no estaría completa sin rendi...

enero 14, 2020

El Fram y Amundsen, la conquista de los Polos

Amundsen y los descubridores del Polo Sur - Museo del Fram, Oslo por El Guisante Verde Project

Nuestra visita al Museo del Fram, en Oslo, preludio de nuestro viaje a Tromsø y al Círculo Polar Ártico no estaría completa sin rendir homenaje a todos esos soñadores que imaginaron llegar más lejos de lo que nadie lo había hecho. Al mando de este navío polar, el Fram, Fridtjof Nansen, Otto Sverdrup y Roald Amundsen, descubrieron y completaron rutas que otros iniciaron siglos atrás.

Las aventuras polares nos han acompañado durante nuestros viajes de invierno a Oslo, y por el Ártico de Noruega; primero en Tromsø, más tarde en las Islas Lofoten, con las auroras boreales iluminando el cielo nocturno.

Aurora Boreal en Noruega Ártica, por El Guisante Verde Project

Atardecer en Noruega Ártica - Tromsø por El Guisante Verde Project

Invierno en Noruega Ártica - Islas Lofoten por El Guisante Verde Project

Este artículo es la continuación de ‘Museo del Fram, Nansen y la conquista del Ártico’. Nos centramos, aunque no exclusivamente, en la figura de Roald Amundsen, y de nuevo contamos con el Fram como narrador y protagonista de excepción.

Amundsen era un niño cuando Nansen fue recibido entre vítores y clamores en Oslo al volver de su expedición al Polo Norte con el Fram. Él también iba a ser un gran explorador y conquistar los polos.

Antes de hacerse con el Fram, Amundsen tuvo que demostrar su valía. Conocedor de todos los detalles y penurias de la expedición de Franklin, estudió también las técnicas empleadas por Nansen y Peary para llegar al Polo Norte. Entre 1903 y 1906 Amundsen navega con el Gjøa y atraviesa, al fin, el Paso del Noroeste. Tres siglos después la vía entre el Atlántico y el Pacífico es conquistada.

Amundsen - Museo Polar de Tromsø por El Guisante Verde Project

Si los británicos enviaron grandes buques a los polos, con tripulaciones de más de 50 hombres, Amundsen, lo intentaría con un pequeño pesquero y sólo 7 hombres a la manera de Nansen. Amundsen aprende, practica y recolecta conocimientos de los inuits, especialmente de los netsilik, sobre la vida en condiciones polares. Estos, a través de sus relatos orales, guardaban buen recuerdo de James Clark Ross, el explorador que en 1831 había descubierto y fijado el Polo Norte Magnético, y uno de los pocos británicos que insistía en tratar a los nativos con respeto. Amundsen no tenía prisa en cruzar el Paso, atracó durante 18 meses en lo que bautizo como Gjøa Haven, y tuvo tiempo de buscar y comprobar que el Polo Magnético no está fijo, es móvil, un hallazgo tan importante como atravesar el Paso del Noroeste.

Amundsen - Museo Fram, Oslo por El Guisante Verde Project


Amundsen y el Fram: Íbamos al Polo Norte pero, ¡conquistamos el Polo Sur!
Uno de los alicientes del Museo del Fram es seguir esta aventura que obliga a Amundsen a modificar su objetivo. ¿Y si Amundsen no hubiera recibido la noticia de que Peary y Cook habían llegado al Polo Norte, haciéndole cambiar de objetivo y llevando el Fram al Polo Sur?

Los medios de comunicación peleaban por las exclusivas. Las noticias tardaban meses en llegar desde el Ártico o la Antártida, lo que dio margen a muchos fraudes y controversias. Cuando una expedición estaba lista para partir, no siempre tenía constancia del éxito o el fracaso de la anterior. De esa forma, en 1908 y 1909, Cook y Peary afirmaron haber llegado al Polo Norte, y pelearon y se difamaron más tarde para contrarrestar la historia del otro y mantener ese primer puesto, aunque lo cierto es que ambos se quedaron a corta distancia del objetivo, tal vez a menos de 30km. ¿Error de cálculo?, ¿trampa?. ¿Cuándo pasaron de ser exploradores a pelear por los titulares?

Ahora el Polo Sur estaba en su punto de mira, parecía que el Polo Norte ya tenía descubridor, aunque para contentar tanto a Nansen como al rey Hakoon, primero Amundsen inicia los trabajos previstos de investigación circunvalando el Reino Unido, y sólo cuando llega a Madeira, les anuncia por telegrama, también a Scott, que se dirige hacia el Polo Sur: la carrera había comenzado.

Invierno en Noruega Ártica, las montañas de las Islas Lofoten desde el barco por El Guisante Verde Project

Antigua tienda de comestibles y provisiones - Islas Lofoten por El Guisante Verde Project

Proa del Fram - Museo Fram, Oslo por El Guisante Verde Project


¿Cuándo decide Amundsen dirigirse al Polo Sur?
El único que puede darnos información contrastada es el propio Fram, y por eso le preguntamos de nuevo en esta segunda entrada sobre las aventuras en este, su museo.

-Fram: Es verdad, Nansen había puesto mucho empeño en la expedición científica en nuestro camino hacia el Polo Norte y así se lo había hecho saber a Amundsen. Yo cambiaba de manos. Si de verdad Amundsen nos dirigía al Polo Norte, ¿porqué teníamos más de 90 perros de Groenlandia a bordo?, primero teníamos que bordear el Cabo de Hornos, navegar por el Pacifico y acceder al Ártico por el norte. ¿No podíamos cargar los perros más tarde?; si yo tenía que esperar atrapado en el hielo, como siempre, con parte de las provisiones, ¿para qué llevaban un refugio desmontado? No me consuela que le llamaran Framheim, ¿No sería que Amundsen, que ya había experimentado el invierno en la Antártida, estaba decidido a probar suerte en la otra punta del planeta? No digo que no fue apasionante para mí, iba a ser el primer barco en llegar tan lejos, puede que tal vez el único.

Preparativos para montar el Framheim - Museo Fram, Oslo por El Guisante Verde Project

Perros de Trineo - Museo Polar, Tromso por El Guisante Verde Project

La exploración polar era una competición donde se ponían en juego máquinas y tecnología que resultaron inútiles en el hielo: los trineos de vapor de Scott y sus caballos de Manchuria. Fueron los perros, 97 ejemplares de Groenlandia, tirando de trineos, quienes ayudaron a Amundsen y a sus hombres. Los perros constituyeron la clave en el excelente plan logístico de Amundsen para llegar al Polo Sur.

Una vez en la Antártida, monta un asentamiento, el Franheim, preparando material, trineos y provisiones, excavando en el hielo habitaciones y pasadizos, con un exhaustivo plan de entrenamiento para los hombres y los perros, que debían ser capaces de arrastrar trineos con más de 300 kg de peso. El trabajo de aprovisionamiento resultó otra de las bazas de Amundsen, con siete campamentos. Scott utilizó la ruta abierta anteriormente por Shackleton y situó su base 100 km más lejos de la meta que los noruegos, lo que resultó letal para la expedición británica. El 14 de diciembre de 1911, Amundsen y otros cuatro hombres llegaron al Polo Sur, esquiaron hasta el lugar que, según sus cálculos, era el más exacto, y allí dejaron objetos y cartas para el rey Hakoon y para Scott.

Descubrimiento del Polo Sur - Museo Polar, Tromsø por El Guisante Verde Project

-Fram: Había muchos preparativos, el Polo Sur no estaba sobre hielo a la deriva, sino que la Antártida es un gran casquete de hielo y desde Bahía de Ballenas, donde yo esperaba atracado, hasta la meta, los exploradores debían recorrer más de 1300 km de hielo, montañas, glaciares, y ascender a la meseta Antártica, el Polo Sur geográfico está a 2800m de altura.

Amundsen quería ganar a Scott y debía planificar hasta el último detalle. ¡Ay!, si yo contase algunas de las peleas a bordo...

La verdad, no sé si Nansen se fiaba del todo de Amundsen, insistió para que Johanssen formase parte de la tripulación, las cosas no iban a salir bien. Recordad que Nansen y Johanssen casi conquistan juntos en solitario el Polo Norte.

La primera salida de la expedición hacia el Polo Sur resulto fallida y tuvieron que volver a Franheim; uno de los exploradores se retrasó y sólo Johanssen se quedó a esperarlo en la tormenta, se enfrentó con Amundsen por abandonar a sus hombres, lo que supuso su expulsión del equipo explorador. Johanssen no superó ser apartado del grupo que finalmente puso la bandera noruega en el Polo Sur, y se suicidó mientras Amundsen viajaba dando conferencias por todo el mundo.

Los perros sí tuvieron su momento de gloria, sólo 11 canes habían sobrevivido, y todos en la Royal Geographical Society de Londres, gritaron 3 hurras en su honor. Seguro que a los británicos no les gustaba que los perros hubieran sido parte del menú de la expedición, al menos a Scott no le atraía la idea.

Mi competidor, el Terra Nova, el navío que llevaba a los hombres de Scott volvió sin el equipo de expedicionarios. La tragedia se confirmó una vez que se encontraron sus huellas y diarios. Scott y los suyos habían alcanzado el Polo Sur solo 35 días después que los nuestros, pero no consiguieron regresar con vida. Soportaron temperaturas de más de 40 grados bajo cero, empeñados en tirar ellos mismos de los trineos, perdieron la vida uno a uno y los encontraron a menos de 20 km de One Tone, su único deposito, con una tonelada de víveres. Las noticias aumentaron el valor de nuestra expedición.

El Fram, atrapado en el hielo - Museo Polar, Tromsø, por El Guisante Verde Project

Camarote del Fram - Museo Fram, Oslo por El Guisante Verde Project

Cartas tripulación Fram - Museo Fram, Oslo por El Guisante Verde Project


El Polo Norte seguía sin ser conquistado
¿Cuántos barcos, globos, dirigibles, aviones, fueron necesarios para alcanzar el objetivo de llegar a divisar y pisar el esquivo Polo Norte?

-Fram: Y yo, mientras tanto, abandonado a mi suerte. Había que repararme de nuevo. Ellos volvían más estropeados, enfermos, más viejos y más sabios, los que volvían, claro… ¿Y yo? Regresaba cada vez con más achaques. Después de mi aventura con Nansen en el Polo Norte, pasé cuatro años con Sverdrup navegando por el Ártico canadiense, cartografiando islas y acumulando abundante investigación científica. Todas las reparaciones que me hicieron entre 1892 y finales de siglo no fueron nada comparadas con las que necesité al volver de la Ántartida. Sí, claro, Amundsen había ganado la carrera a Scott y se fue a dar conferencias por todo el mundo para contarlo. Todos los homenajes para él y sus hombres, 5 héroes que hacían historia. Lo logramos en 1911, aunque fue tras nuestra llegada al puerto de Hobart, en Australia, en marzo de 1912, cuando se informó a Nansen, al rey Haakon y a la prensa. Amundsen ya había aprendido la lección al perder la oportunidad de dar la exclusiva tras completar el Paso del Noroeste, así que, ayudado por su hermano León, controló todos los pormenores con la prensa, las conferencias...

Los noruegos lo habíamos conseguido de nuevo y “Polo Sur. Relato de la expedición noruega a la Antártida del Fram, 1910-1912” de Amundsen resultó ser un gran éxito de ventas.

Yo tardé muchos años en regresar a Christiania, a Oslo, como llamáis a la ciudad ahora.

Amundsen se gastó todo su dinero en la construcción del Maud, que iba a ser el mejor navío polar, ¡mejor que yo! Salió de Noruega en 1918 y le ha costado aún más que a mí volver, además de permanecer hundido durante muchos años. Amundsen lo abandonó en manos de Wistring, aburrido por la falta de resultados tras 3 años de intentos en los hielos del Ártico. Estar atrapados es nuestro sino de navíos polares. Lo cierto es que Amundsen, también se olvidó del Maud y decidió probar con dirigibles y aviones.

Maud fue la tercera de las naves que dirigió Amundsen para seguir con el plan original de viajar al Polo Norte, después de que el Fram quedase muy deteriorado. Con esta nave no obtiene los éxitos que logró con el Gjøa y con el Fram. Amundsen está listo para intentarlo desde el aire. Tras muchas pruebas fallidas con aviones ligeros, lo consigue con el dirigible Norge. El vuelo compartido por Amundsen, Nobile y Ellsworth desde Svalbard a Alaska en 1926, es un éxito: consiguen avistar el Polo Norte. Amundsen muere dos años más tarde al desaparecer el hidroavión en el que viajaba, en una partida de rescate en busca del dirigible de Nobile.

Dirigible Norge - Museo Polar, Tromsø por El Guisante Verde Project

-Fram: Todos ellos seguían una y otra vez en su empeño por alcanzar el Polo Norte. Claro que dejarme en la estacada, a mí y al Maud, no les iba a resultar cómodo. Una expedición sueca incluso lo intentó en Globo y desapareció. Como estoy aquí encerrado, sé que en 1930 encontraron sus restos en Spitsbergen, en el archipiélago de las Svalvard.

Este sitio donde me veis, aunque se llama Museo del Fram, es decir, mi museo, tengo que compartirlo con otra nave: el Gjøa, el primer barco de Amundsen, y puede que después de las últimas restauraciones, también con el Maud, el barco que él prefirió después de casi acabar conmigo. Eso o le hacen un museo propio, ¡lo que faltaba!, ahora el barco con el nombre de la reina es el nuevo protagonista, su rescate vuelve a ocupar las portadas, se olvidan de mi de nuevo, claro. El Erebus y el Terror, las naves de Franklin se han encontrado en 2014 y 2016, ¿también les harán un museo? Aquí ya estamos demasiado apretados.

En el Museo Polar de Tromso casi parece que nosotros 3, Gjøa, Fram y Maud seamos amigos, casi tanto como Nansen y Amundsen, pués no. Nansen fue el mentor de Amundsen y quien convenció al gobierno noruego para que yo navegase con él, aunque guardaba rencor a Amundsen por el suicidio de su amigo Johanssen con el que casi había llegado al Polo Norte.

Encerrado aquí uno no puede evitar escuchar todos los cotilleos, y bueno, a veces, alegrarse de los fracasos de Amundsen después de haberme abandonado. Lo cierto es que los fraudes de Cook y Peary que decían haber llegado al Polo Norte, encendieron de nuevo las ganas de ganar de Amundsen. ¡Y mira que lo intentó por todos los medios!, endeudándose una y otra vez. Su gran eficiencia en tierras polares no alcanzaba a las finanzas. Fuera del hielo, parecía perder sus capacidades.

¡Cuántas peleas con Nobile y los italianos!; si hasta les engañaron lanzando banderas mucho más grandes que las noruegas y americanas cuando sobrevolaron juntos el Polo Norte.

Entonces, ¿por qué se fue a rescatar a Nobile? ¿quería estar de nuevo en el punto de mira? quien sabe… Amundsen era tenaz, un explorador por encima de todo, un estudioso y aprendiz hasta el final, hasta se convirtió en el primer piloto civil noruego para perseguir su sueño desde el aire y, al final, desapareció en el Ártico como su amado Franklin.

Expedicionarios Polares - Museo Fram, Oslo por El Guisante Verde Project


¿Por qué fracasaron tantas expediciones polares?
Se necesitaron siglos de conquista y competición para completar la cartografía de los polos. Se enfrentaban a condiciones extremas con temperaturas de 50 y 60 grados bajo cero, al escorbuto, sostenían erróneas teorías sobre las corrientes árticas, con cartas náuticas incompletas, ropa inadecuada, viajaban escasos de combustible y víveres, y con un exceso de confianza en avances técnicos que no siempre tenían utilidad en tierras y mares polares.

Las primeras expediciones atacaban y se burlaban de los inuits, llamados entonces esquimales, sin entender que sus hábitos de caza y pesca, el hígado de foca, la carne y pescado frescos les protegían del escorbuto; las pieles de foca mantenían el calor y permitían la transpiración, y los kayaks y trineos de perros eran mucho más eficientes para trasladarse sobre el hielo.

Perros y Trineo - Museo Fram, Oslo por El Guisante Verde Project




Sólo aquellos que volvían una y otra vez a tierras del Ártico y la Ántartida, comprendían la necesidad de adaptarse a condiciones tan extremas, y lo inútil de sus rígidos códigos navales y protocolos. John Ross y su sobrino James Clark Ross lo comprobaron al pasar dos inviernos en el ártico y aprender de los inuit entre 1830 y 1833, pero el Almirantazgo no hizo caso de sus consejos. Aunque los inuit si recordaban en sus relatos a estos británicos más amables y creyeron, al llegar Amundsen en 1903, que era su descendiente.

Saber mantener la salud física y mental de los tripulantes en los inviernos polares, como ya comprobó Parry en sus 4 viajes al Ártico entre 1818 y 1825, requería de todas las dotes de liderazgo, resolución de conflictos y una exhaustiva planificación. Y mucha, mucha suerte.

Fue necesario encontrar esa limitada ventana de oportunidad, con temperaturas más benignas, la retirada de los hielos y el trabajo en equipo de hombres más motivados y experimentados en tierras polares. Cooperación frente a competición.

Tanto Nansen como Amundsen tenían a su favor la familiaridad con el entorno, el haberse curtido con las poblaciones nómadas y aprender sus técnicas de supervivencia en el hielo. Curiosos, estudiosos y científicos, eran también hombres de acción, esquiadores, hombres prácticos, y se preparaban a conciencia. El museo del Fram conserva las gestas de más de 70 exploradores noruegos.

Iniverno en Noruega Artica - Nusfjord, Islas Lofoten por El Guisante Verde Project

Invierno en Noruega Ártica - Playas de las Islas Lofoten por El Guisante Verde Project

Invierno en Noruega Ártica - Reine, Islas Lofoten por El Guisante Verde Project

Tal vez su pasado vikingo les daba algo de ventaja. Los noruegos fueron capaces de diseñar barcos específicos para las zonas polares. Apostaron por tripulaciones pequeñas, con vocación científica; planificaron con mimo todos los detalles, imaginaron y encontraron soluciones para los muchos escenarios posibles. Tenían que optar por lo más sencillo de trasladar, lo más simple de reparar, lo más eficaz, tiendas oscuras, más fáciles de ver en la nieve, más campamentos con provisiones, señalizados con largas banderolas de bambú y banderas llamativas, más agilidad en los desplazamientos, más actividad y entrenamiento.

Contaban con toda la información y experiencia acumulada en más de 400 años. Ingleses, holandeses, españoles, americanos, rusos…, todos competían por conquistar el Ártico. Los primeros expedicionarios como Frobisher, Davis, Barents, Hudson, Bylot, Baffin... partieron a la aventura para descubrir tierras incógnitas y tras ellos Parry, Franklin, Ross, McCloud, McClintock y el propio Amundsen, con más datos, debían contrastar, confirmar y completar las rutas abiertas por los primeros.

Incluso después de las expediciones exitosas de Nansen y Amundsen se suceden las pérdidas de vidas y de barcos. La aventura de Shackleton, experimentado viajero polar, con el Endurance, se inicia en 1914. ¿No habían aprendido nada? La previsión y planificación al detalle era decisiva, aunque no suficiente. La legendaria y trágica expedición a la Antártida, narrada en "Atrapados en el Hielo", ha sido objeto de numerosos documentales, libros y exposiciones.



Invierno en Noruega Ártica - Ersfjordbotn, Tromsø por El Guisante Verde Project


¿Quién decide los nombres de los héroes que quedan para la historia?
¿Es Shackleton uno de ellos porque se hizo acompañar en el Endurance de un fotógrafo, Frank Hurley, tan aventurero como él? ¿Qué papel jugaron los medios de comunicación, los relatos, los apoyos de las sociedades geográficas y los intereses políticos?

En su libro 'En mares Salvajes', Javier Reverte recoge que en 1818 varias circunstancias dieron un impulso definitivo a las expediciones polares. Un ballenero informa que los mares de Groenlandia están libres de hielo hasta los 80º de latitud norte, y un entusiasta de las exploraciones polares, John Barrow, alto cargo del Almirantazgo, acaba de publicar 'Cronología de los viajes a las regiones árticas'; los ingleses tenían la mejor flota y sus oficiales muy poco que hacer tras la derrota de Napoleón. ¿Qué mejor meta que conquistar el Ártico y sus recursos? Era sólo el inicio de las innumerables expediciones que a lo largo de dos siglos han partido hacia tierras polares. Seguían los pasos de los primeros holandeses que invernaron en el Ártico en 1596.

Todo tipo de aventureros y exploradores han llegado a mares polares, piratas, mercenarios, científicos, oficiales, novatos y experimentados marinos. La conquista de los polos es una extraña mezcla de osadía y planificación exhaustiva, de arrojo, fascinación por la aventura y curiosidad científica. Descubrir, llegar a un territorio no explorado, dar nombre a un puerto, una bahía, una isla, ensenada, montaña, glaciar, estrecho... poder llegar donde nadie ha llegado, precisaba de mucho valor, determinación, planificación, y también algo de suerte.

Enseres y útiles del Fram - Museo del Fram, Oslo por El Guisante Verde Project

Mapa del Polo Norte - Museo Polar, Tromsø por El Guisante Verde Project

Biblioteca Polar - Museo Polar, Tromsø por El Guisante Verde Project

El botín, la recompensa, la explotación de los recursos de las tierras descubiertas es siempre un aliciente, sobre todo después del descubrimiento de América. Encontrar nuevas rutas, más cortas y seguras para acceder a las riquezas de las Indias, de Catay, eran un gran incentivo para aventurarse en el Ártico. Atravesar el Paso del Noroeste y el Paso del Noreste; conquistar el Polo Norte y el Polo Sur... Ser los primeros en cartografiar los últimos rincones del Planeta, la Terra Incognita.

Exploradores en busca siempre de las últimas fronteras. Los exhaustivos diarios de expedición encienden los sueños de los futuros aventureros y viajeros. Las invernadas polares en el Ártico y la Antártida son un gigantesco experimento de la capacidad de resistencia del ser humano.

¿Dejarán los Polos de ser una fuente de inspiración para transformarse en una fuente de ingresos?

Puede que el deshielo del Permafrost y las ansias por explotar las reservas de gas hagan que muy pronto otras naves atraviesen la banquisa y el casquete polar en verano sin problemas. Las viejas y erróneas teorías de encontrar aguas cálidas navegando más allá de los hielos terminarán siendo una realidad.

El año 2007 marca otra fecha clave en el ártico, los rusos ponen su bandera en el lecho marino en el Polo Norte, con un submarino, claro. Es el primer año sin hielos en el Paso del Noroeste y en 2008 los primeros cruceros comienzan a atravesarlo. Desde 2010 durante tres meses en verano ya no son necesarios rompehielos para cruzar por el Polo Norte bordeando el Ártico ruso, y esta vía conduce a Asia ahorrando más de 14.000 km frente a la que utiliza el Canal de Suez. El Ártico y sus recursos están en juego.

Cubierta del Fram - Museo Fram, Oslo por El Guisante Verde Project


-Fram: ¡Añoro la libertad de navegar miles de kilómetros del archipiélago Ártico canadiense con Sverdrup! Él consiguió que me trajeran a este museo. Amundsen se lleva toda la gloria, conferencias anuales, conmemoraciones, una película… menos mal que mi nombre, Fram, se ve junto a la bandera del Polo Sur.

¿Y las mujeres exploradoras? Casi se habla de ellas tan poco como de nosotros, los barcos.

Josephine Diebitsch Peary, fue la primera mujer occidental en participar en una expedición polar, la de Groenlandia en 1891. Dio a luz a su hija en tierras polares y convivió con los inuits. Seguro que su marido Peary estaría celoso de saber que ella y no él inspiró una película sobre el Ártico. Desde luego, con tantos años aquí encerrado me apetece más ver a Juliette Binoche en el papel de la exploradora en “Nadie quiere la noche”, que comprobar el parecido del actor que protagoniza “Amundsen”, cuyas fotos de perfil aguileño y acartonado me acompañan por todo el museo.

Louise Arner Boyd, la millonaria californiana que después de financiar y dirigir 7 expediciones entre 1925 y 1955, llegó a ser conocida como la "Dama del Ártico". Intentó con ahínco encontrar el rastro de Amundsen y por ello fue condecorada por nuestro gobierno.

Los noruegos llevamos la competición en la sangre y siguiendo la estela de Nansen, Liv Arnensen recorrió más de 1100km en la Antártida hasta llegar conquistar el Polo sur en 1994. Lo hizo esquiando sola durante 50 días. Nuestra sorna compite con la de la pérfida Albión, y tal vez por ello tituló su libro: “Las niñas buenas no van al Polo Sur”.

¡Cuántas navíos pérdidos! Nadie se acuerda del Isabella, del Resolute y otras naves que esconden increíbles historias en estos mares polares. Inventos ultramodernos con la última tecnología, rompehielos rusos, submarinos..., siguen nuestros pasos. Pero ¿pueden compararse con mi batalla y la de quienes me tripularon?.

Si acaso, la aventura del Trineo de Viento de Ramón Larramendi, se acerca a la épica que vivimos nosotros. Larramendi vivió en el ártico para aprender las técnicas de sus habitantes, y luego se embarcó en una expedición científica 100% sostenible, sin dejar ningún residuo, sólo con la ayuda del viento. Ha conseguido “navegar” impulsando sus trineos con enormes cometas, circunvalando Groenlandia y la Antártida. Yo fui el navío polar más famoso en mi época, hoy él ha conseguido navegar, al fin, sobre el hielo, ¡Cómo le envidio!.

Invierno Noruega Ártica, navegando por las Islas Lofoten, por El Guisante Verde Project




El Ártico en Invierno: una aventura, también en los libros
Al igual que el Fram, nosotros hemos necesitado de varias reparaciones, reediciones, lecturas, investigación y contraste de información a la vuelta de nuestras escapadas a la Noruega Ártica, para dar forma a estas entradas. La exploración de los polos es un hilo del que apetece tirar; son muchos más los equipos, los esfuerzos, los héroes menos conocidos que aparecen en estas historias y de los que aprender. Nuestra lista de libros y viajes pendientes crece y crece a medida que exploramos.

Además de la excelente y completa información del Museo del Fram, para quien se quede con ganas de más os dejamos algunos títulos para las largas noches invernales:

Diarios de los protagonistas, Nansen y Amundsen:
Hacia el polo: relato de la expedición del Fram de 1893 a 1896/según el diario de exploración. Fridtjof Nansen. Ed. Interfolio, 2010.
La travesía de Groenlandia: relato de la expedición noruega en esquís (1888-89) con prólogo de Liv Arnesen. Fridtjof Nansen Ed. Interfolio, 2018.
En la noche y entre los hielos: la expedición polar noruega de 1893 a 1896. Fridtjof Nansen. Ed. Timun Mas, 1998.

Polo Sur: relato de la expedición noruega a la Antártida del Fram, 1910-1912. Roald Admunsen. Ed. Interfolio, 2010.
Sobre el Polo Norte en dirigible: (relato de la expedición de 1926) Expedición Amundsen-Ellsworth-Nobile. Roald Amundsen. Ed. Interfolio, 2009.

Diario Ártico. Un año entre los hielos y los inuits. Josephine Diebitsch Peary. Ed. La Linea del Horizonte, 2019.


Javier Cacho, trabajos y artículos del físico, científico y especialista en la Antártida.
Nansen, maestro de la exploración polar: el científico que llegó a Premio Nobel de la Paz. Javier Cacho. Ed. Forcola, 2017.
Amundsen-Scott, duelo en la Antártida: la carrera al Polo Sur. Javier Cacho. Ed. Fórcola, 2011.
Yo, el Fram. El buque más famoso de la historia de la exploración polar. Javier Cacho. Ed. Fórcola, 2018.

Javier Reverte, escritor de viajes, que bucea en la historia de otros exploradores árticos en el Paso del Noroeste y la conquista del Polo Norte.
En mares salvajes, un viaje al Ártico. Javier Reverte. Ed. P&J. 2011.
Confines. Javier Reverte. Ed. P&J, 2018.

Novela gráfica, con interesantes mapas visuales y dibujos que nos ayudan a fijar asimilar tanta información.
La conquista de los polos. Nansen, Amundsen y el Fram. Texto de Jesús Marchamalo e ilustraciones de Agustín Comotto. Ed. Nordicalibros, 2018.

Y un último descubrimiento:
La vida en los confines de la tierra, vivencias de exploradores polares para inspirar nuestro dia a dia. Sebastián Álvaro y Jose Mari Azpiazu. Ed. Lunwerg, 2019. La experiencia, el carisma, y la valiosa biblioteca de estos dos experimentados montañeros y exploradores lo convierte en un colofón perfecto. El trabajo del emblemático programa de TV Al filo de lo imposible, dirigido por Sebastián Álvaro ha inspirado miles de vocaciones y viajes.



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