agosto 17, 2009

Todos los Hermosos Caballos, Cormac McCarthy

"Los vaqueros los conocieron por su modo de montar los caballos y les llamaron caballeros e intercambiaron con ellos material de fumador y les hablaron del país."

Ya desde las primeras páginas de este libro resulta difícil reconocer en ellas al autor de La Carretera, y se hace necesario prestar atención a la lectura para encontrar las que pueden ser sus líneas maestras, las que harán que McCarthy, escritor nada prolífico, pase, si no lo ha hecho ya, a la historia de la literatura contemporánea en un lugar destacado.

La novela me resulta ajena a la película, que no he visto, es justo decirlo. Los muy famosos protagonistas, el director, famoso también, y su trama, centrada en la inconveniencia de un amor entre la hija del hacendado, y el muchacho americano, cuentan una historia.


El libro, sencillamente, habla de otra cosa. Creo que parte del espíritu que anima las palabras de McCarthy aparece muy bien reflejado en Brokeback Mountain, de Ang Lee, algún día hablaremos de ello.

Esta es la primera novela de las que componen la llamada Trilogía de la Frontera, compuesta por "Todos los hermosos caballos", "En la Frontera" y "Ciudades de Llanura". Todos los hermosos caballos es intensa y directa, tanto en lo que narra como en la forma de hacerlo. Creo que la novela es una presentación en sociedad, la iniciación de lo que será un personaje de leyenda, John Grady Cole.


La narración transcurre sin prisa, exprimiendo el lenguaje con maestría, mediante diálogos que casi se intuyen, con frases cortas, parcas y directas. Otras veces, por contra, utiliza largos párrafos, sin apenas signos de puntuación, que obligan a leer atento al significado de cada frase.

Los personajes carecen de adornos y artificios, aunque son siempre tratados por el autor con respeto, incluso en las situaciones más sórdidas, y la violencia o la crudeza de la vida que se presenta en algunos momentos no tiene detrás ninguna motivación ajena a la historia. 


Es, ni más menos, lo natural, lo que debe ocurrir en ese momento. Aunque a veces cueste admitirlo, incluso a los propios protagonistas de los hechos.


A pesar de que existen muchas descripciones, mi sensación es que faltan adjetivos, aunque no es así ni mucho menos, y ello se debe a que McCarthy utiliza una prosa gruesa, densa, sobre la que hay que volver en algunas ocasiones; otras, por el contrario, utilizando frases cortísimas, como si de una respiración entrecortada se tratara, provoca sensaciones tan vívidas que hay que levantar la cabeza y buscar dentro de las paredes que nos rodean el rastro de John Grady y Rawlings perdiéndose en el horizonte, porque no puedes concebir que no estén allí.

Los personajes de McCarthy no juzgan, se limitan a vivir una historia, la suya, que es como debe ser, sin trampas ni giros dedicados a la audiencia; son libres, aunque aun demasiado jóvenes como para darse cuenta del precio que deben pagar por ello; creen en la sinceridad, lastrados en ocasiones con un punto de pesimismo, de aceptación del destino, y por otro lado, dispuestos a luchar por cambiarlo, afrontando las consecuencias que ello les traiga, porque consideran que es lo correcto.

La naturaleza es el otro gran protagonista de esta novela. Frente a nuestra vida diaria, atrapados entre muros de hormigón y cristal, caminando deprisa sin necesidad, sin objetivos, embutidos en los hormigueros que son nuestras ciudades, McCarthy nos enseña a dormir bajo las estrellas, las tormentas, los caballos galopando, ese sentimiento, tan estadounidense, de libertad, de espacios sin fin, dejar las fronteras atrás, moverse con el viento..., y lo hace magníficamente, de forma sencilla, llegando directamente a nuestros sentimientos, a lo largo de estas páginas.

"John Grady abrió su ennegrecida mochila de lona, sacó una pequeña cafetera de hojalata esmaltada y fue a llenarla al arroyo. Se sentaron a observar el fuego y contemplaron la delgada media luna sobre las colinas negras del oeste.Rawlings se lió un cigarrillo, lo encendió con un carbón y se echó contra la silla.
Voy a decirte algo.

Dímelo.

Podría acostumbrarme a esta vida."


Resulta sencillo leer algunos párrafos y sentir el contacto de la silla debajo de ti, ver las crines del caballo al viento, el movimiento de tu cuerpo acoplado al del animal, el sonido de su respiración que anima sus ollares, esa unión hombre-caballo que llevamos impresa en nuestro código genético y aflora sin darnos cuenta, el olor a café hirviendo en el fuego, el que deja la tormenta al pasar....

Si algún día conseguimos viajar a caballo recorriendo los inmensos espacios de Montana, Oregon o Wyoming, os aseguro que este libro viajará con nosotros.


 "Cabalgaron a lo largo de la cerca y a través de los pastos abiertos. El cuero crujía bajo el frío de la madrugada. Pusieron los caballos a medio galope. Las luces quedaron atrás. Cabalgaron hasta la pradera alta, donde retrasaron los caballos al paso mientras las estrellas pululaban a su alrededor desde la negrura. (...) ... y cabalgaban con arrogancia y circunspección a la vez, como ladrones recién liberados en aquella oscuridad eléctrica, como jóvenes ladrones en un vergel resplandeciente, con chaquetas sueltas contra el frío y diez mil mundos para elegir."

25 comentarios :

  1. No he leído el libro y no he visto la archifamosa película pero es que n me llama nada la trama, ¿qué le vamos a hacer?
    Un abrazo

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  2. Hola Guisantes!

    Mis primeros libros leídos de Cormac McCarthy fueron La carretera y No es país para viejos (el Pulitzer y la película de los hermanos Coen influyeron mucho). Ambas novelas ostentan un lenguaje seco, directo, y descripciones sobrias. Con lo mínimo tenían la capacidad de desasosegarme.

    Cuando me decidí a seguir leyéndolo, cayó en mis manos su primera novela: El guardián del vergel. Demasiado gaseosa para mi gusto.

    Este año -lo comenté en otro blog- me reconcilié con el norteamericano leyendo Meridiano de sangre: simplemente genial! Los escenarios bellamente descritos (la frontera mexicano-estadounisense de mediados del siglo XIX); sus personajes bien perfilados, creíbles (de antología el juez Holden); los momentos de acción muy vívidos (brutal por momentos). En suma un novelón.

    Muchos de los aspectos que consignan en vuestra reseña de Todos los hermosos caballos -que espero leer algún día- se pueden apreciar en Meridiano de sangre.

    Saludos,
    R.

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  3. hoola!!
    yo tampoco he leído el libro ni he visto la peli, como eva. la peli no creo que la vea (aunque me gusta penelope, lo reconozco, jejeje) y el libro me apetece más leerlo después de leer esta reseña, precisa, directa y completa.

    un saludo!!!

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  4. Eva, para gustos se hicieron los colores, la trama del libro no se parece a la película -aunque no la he visto, pero sé cual es-, y si has leído algo de Jack London, y te ha gustado, seguro que el libro te gustaría.
    Un abrazo!!

    R!, bienvenido!!, veo que, una vez más, conoces bien la obra de los autores que comentamos. Me había planteado leer la segunda parte de la trilogía, pero se ha colado en medio El AFricano de Le Clézio, un libro interesante que he leído de un tirón, aunque eso es otra historia....
    Ahora me llama "Meridiano de Sangre", has conseguido alterar mis planes lectores.
    Un saludo!!

    Gracias Ismael, de acuerdo en lo de Pe, sin embargo tampoco yo veré la peli, no me llama nada; sin embargo, el libro ha sido un descubrimiento, la verdad. Espero que te guste.
    Un saludo!!

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  5. Yo este me lo apunto. No sé cuál es la película ¿se tutila igual? es que no me suena nada. Además no he leído nada del autor.

    Me lo apunto porque, si lo viera en una librería, con el título ya sería bastante para que yo lo comprara, porque los caballos fueron mi razón para que estudiara la carrera (ahora ya no encuentro razón para tan disparatada decisión). Me encantan los caballos, me encanta montar a caballo; monto en el monte, sin silla, sin cabezada, como debe de ser, sólo haciendo más o menos presión con las piernas, inclinada sobre el cuerpo del caballo (casi siempre yegua, dicho sea) y agarrada a sus crines... Es el paraíso!

    He tenido la suerte de conocer a Lucy Rees, una de las susurradoras de caballos (galesa), que vive en un camión con sus caballos, donde viaja por todo el mundo. Es una persona especial, no se puede explicar la sensación que te recorre al conocerla.

    Vamos, que me apunto el libro, a la vez que haygo mi rondita mañanera.

    Besos a ambos

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  6. Isi! madrugando, otra vez!, pues la peli, aquí la titularon muy parecido "Todos los caballos bellos", no te puedo decir más.
    Ahora, la que tiene que decir eres tú!!
    Montas a pelo!!, es dificilísimo!! Verás cuando Maribel lea esto. Si tuviéramos sitio, un caballo sería el regalo perfecto para ella. Tienes toda la razón diciendo que es el paraíso. Cabalgar es una sensación increíble; a mi me gusta el momento en el que pasas del trote al galope, cuando el caballo arranca y sientes toda la fuerza de golpe... Es genial!
    Y conocer a Lucy Rees, tiene que ser una experiencia verla!!
    Un abrazo!

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  7. Uno de los pocos profesores de mi facultad que se interesa por los alumnos organizó unas jornadas sobre equino (patologías digestivas principalmente) e invitó a Lucy Rees a dar una charla.
    Bueno, todos los ponentes con su súpertecnología explicando como si fuera para la élite de la veterinaria, en lugar de para los alumnos (soporífero y mal explicado), y al final expuso Lucy rees unos temas de comportamiento y no veas: con 4 dibujos y otras 4 fotos suyas que se llevó la tía, nos dejó a todos pasmados. Luego fuimos a un picadero y nos hizo una demostración de doma natural, y luego comimos todos juntos y pudimos hablar un rato con ella (habla español muy bien).

    Es la persona más sencilla y campechana del mundo, parece mentira que sea tan famosa. Ella es feliz al aire libre con muy poco, todo un personaje.

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  8. Qué reseña más apasionada y poética, es difícil no querer leer el libro!

    A puntito estuve de cogerlo en la biblio, hace muy poquito.

    Por cierto que tengo la idea de que todas las críticas que leí de la película decían que no hacía justicia a la novela.

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  9. Si es que a menudo Isi por muchos fuegos artificiales que tengas, si lo que tienes que contar no vale, se nota. Tuvo que ser una gozada, la verdad. Que envidia.

    Loquemeahorro, gracias, gracias, a mi me atrapó rápido, espero que si lo lees no te defraude.
    De la peli me espero lo peor, asi que paso palabra...

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  10. Jo Isi, hasta ahora no había leído tu experiencia con la Susurradora de Caballos, ya bastante tenía con lo de que montas "a pelo" (yo flipo).

    Además de tener algo interesante que contar, hay que saber contarlo, que hay cada plasta irredento por ahí suelto... Alguno hasta escribe con plumas de ganso y todo.

    También está el que piensa que cuánto más críptico resulte, mejor.

    Perdón, quería decir más-mejor.

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  11. Pues no lo he leído, pero tengo ganas de leer algo suyo, en particular tras vuestra reseña y los comentarios de R. en torno al mismo.

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  12. Loquemeahorro, pues mira hablando de críptico, alucinaba con lo de la pluma de ganso, hasta que lo he encontrado en el panteón de los comentarios..., ya estaba yo preocupado. ;-D

    HomoLibris, me alegro que te sirva de aliciente esta entrada, aunque haré una pequeña puntualización: es miiiiiiaaaaaaaaa, es miiii tesooooroooo!!, jejeje, y un estrés que me río yo del que le ha dado a Merlo (y de paso a toda la compañia que ha suspendido aquí, en Bilbao). Es la primera que hago, y tal vez la última. A vosotros, e incluyo a Maribel claro, parece que os sale natural, a mí en cambio... creo que seguiré con los viajes.

    Saludos!!

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  13. jeje, sí lo de la pluma de ganso de J.Marías nos tiene traumatizados a los lectores de Tristam, por eso sale a colación en cualquier tema de cualquier blog.
    Lo de montar a pelo es muy normal si vives en un pueblo (casi donde vivo yo, vamos), y también he tenido que ir a buscar yeguas a las 6 de la mañana en pleno invierno, de noche, por los montes, etc etc. Historias para no dormir.

    Al dueño de las yeguas -muy amigo mío- le he visto montar de esta manera: carrerita hacia la yegua (cuando empieza a correr, el animal hace lo mismo), la rodea y, de un salto, se sube. ¡como en las pelis! Y yo con la boca abierta entrándome moscas y todo...

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  14. Pues te ha quedado la entrada muy apañada, Roberto, que lo sepas.
    Yo te explico la tontería que necesites: la pluma de ganso, la tontería a la par que tontería...

    Yo sigo flipando con lo de los caballos, Isi, la envidia me reconcome... me encantaría saber montar a caballo, lo de montar a pelo me parece de película, y lo de saltar ya... de película de extraterrestres.

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  15. Loque: yo te animo a que vayas un fin de semana por algún pueblo de las afueras de Madrid, que ahora hay picaderos en casi todas partes.

    La gente que tiene caballos paga por dejarlos en esas cuadras y, cuando no pueden sacarles los dueños, permiten montar a la gente por hora o por media hora, cobrándote un pastón cuando en realidad les estás haciendo un favor. Pero suelen ser recorridos bonitos y no hay peligro porque los caballos son muy mansos (y están castrados, además) y se saben el camino. Para empezar está bien, pero no te exime de las agujetas en las piernas del día siguente.
    También hay rutas de días enteros, pero bueno, eso para cuando practiques más.
    Te lo digo porque en León hay de eso (a pesar de que hay mucha gente que tiene caballos propios), así que supongo que en Madrid habrá 10 veces más.

    Y lo de montar a pelo es cuestión práctica: los caballos están en prados (iba a poner praos, jeje, me sale la vena pueblerina: lo que soy, vamos!) alejados del pueblo, y no vas a caminar 15 minutos cargando con silla y cabezada; con una mantita para ponerle en el lomo, ya vas bastante cargada ;)))

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  16. Loquemeahorro, como dijo en cientra ocasión, Ale, me pongo como pavo real, jejejeje, con tu comentario.

    Yo también alucino con lo de Isi, la verdad; a mi me faltan manos y piernas para agarrarme al caballo, y aunque tiene razón en lo de cargar con la silla, que pesa un quintal por cierto, yo no sería capaz de montar sin ella.
    Maribel sí que lo ha hecho alguna vez, es más intrépida.
    De cualquier forma, la sensación que tienes encima de un caballo es maravillosa, y al final, entre Auster y esto que nos cuenta Isi, no vamos a tener otro remedio que volver a León.... :-D

    Saludos!!!

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  17. Ves, éste sí que me encantaría leerlo, no como La Carretera, que tanto me deprimió y asfixió.
    Tengo que decirte que has hecho un post bellísimo, de corazón, tan bien escrito , que me pasó como con las buenas novelas, no quería que se acabara...
    Isi, no puedo creerlo, tu puedes montar a pelo? Y yo que no podía ni manejar a aquel caballito diabólico... en fin, que envidia...

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  18. Ana, pues yo me he releído tu comentario, jejejeje, aquí todo hueco en la silla (no de montar), y diciendo, que siga, que siga, jejejeje.
    Un abrazo!

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  19. Buen Comentario, hay un pequeño error en el título del post, el autor se llama Cormac.

    Perdón por la puntualización. Saludos.

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  20. Cierto, y mira que lo hemos leído, y hablado ya de este autor.... en fin, corregido queda.
    Gracias por la nota!

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  21. Éste no lo he leído, pero le haremos un hueco (junto a No es país para viejos, al que le tengo ganas desde hace tiempo). La magnífica reseña que habéis publicado y el comentario de R. han hecho que me pique (más aún) la curiosidad.

    Un abrazo.

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  22. Azote
    ¡Qué alegría verte por aquí!.
    Roberto se ha puesto a temblar al ver tu nombre,jejeje.
    ;-)

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  23. A mi me dejó maravillado este autor en el único libro suyo que he leído (La carretera). Muchas cosas que dices me recuerdan a ese. Quiero repetir con él, y ya le tengo echado el ojo a este. Tu reseña me ha confirmado en mi decisión.
    Un saludo.

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  24. Gracias Hilario, y bienvenido!!
    Al final espero no tener que arrepentirme de haber escrito esta reseña. Parece que os ha gustado, y muchos pensáis leer el libro. Si luego no responde a lo que esperáis me voy a sentir fatal, jejejeje. Pero bueno, es el riesgo, ¿no?.
    Saludos!!

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  25. Quería releerme la entrada una vez hubiera acabado el libro, y ahora adquiere todo su significado.

    Pues sí, efectivamente es una prosa en la que a veces parece que falta algo, pero más bien es que exige un esfuerzo que otras no necesitan.

    Entiendo que es una manera de unir fondo y forma, porque por ejemplo, Grady y Rawlins se relacionan así: Hablan poco (poquísimo, diría yo), y no resumen los grandes temas con 4 palabras.

    También hay entre ellos muchos sobreentendido del tipo "Ya sé lo que harías tú" y ya no hay más que decir.

    En general, todos actúan mucho más de lo que hablan y todo pasa de una forma muy directa, cualquier decisión parece que se toma sin más, casi como si estuvieran obligados a ello.

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