miércoles 4 de noviembre de 2009

Hacia Rutas Salvajes

Hemos elegido como título para ilustrar nuestra particular travesía del desierto que durante estos últimos días nos ha mantenido fuera de juego, el del libro de Jon Krakauer que, de paso, comentaremos.

Diversos cambios técnicos nos han obligado a suspender nuestra actividad en la red provisionalmente. Una vez solventados volvemos, siendo lo más visible el cambio de dirección del blog, ya que ahora disponemos de dominio propio.

Este es: www.guisanteverdeproject.com

Aunque la dirección antigua seguirá funcionando, podéis actualizar este dato en vuestros feed, y marcadores. Los cambios han producido algunos daños, entre ellos, la pérdida de
los enlaces en la barra lateral. Si alguno estaba y ahora no, nos gustaría que nos lo hicierais saber para poder solucionarlo.



A partir de ahora, y gracias a la ayuda de Gil Padrol, Editor de Altaïr Blog, que ha demostrado infinita paciencia, además de resolver rápida y eficazmente cuantas cuestiones le hemos planteado, también estaremos presentes en el Blog de la revista de viajes donde a todos los viajeros nos gustaría trabajar, Altaïr.

Poco a poco iremos subiendo y creando contenido para este nuevo espacio, del que os dejo el enlace a nuestra primera entrada, aquí.






Y ahora, pasamos a la reseña del libro que da título a esta entrada.

Jon Krakauer escribió Into the Wild partiendo del artículo que redactó para la revista Outside, relatando la historia del joven estadounidense, Chris McCandless que murió en un viejo autobús de línea de la ciudad de Ancorage, abandonado en mitad de la nada, en la Senda de la Estampida, Alaska.

Muchos tenemos una visión que podría calificarse de romántica, acerca de esa última frontera que es el territorio del Norte. En gran parte sigue siendo un lugar salvaje, donde la naturaleza debe ser respetada y temida. Y no siempre aquellos que se internan en sus dominios lo tienen presente.


El libro ha llegado a nuestras estanterías de la mano de la película dirigida por Sean Penn, y esa carta de presentación debería ser suficiente para indicarnos que estamos ante una buena obra.

Sin embargo, tengo que reconocer que no ha resultado lo que esperaba, a pesar de que está correctamente escrito, con cierto dinamismo incluso, y que, para tratarse de un libro cuyo final es conocido, mantiene un punto de interés difícil de conseguir en estas circunstancias.

Cuando leí, hace algunos años, Dios, el Diablo y la Aventura, un libro que prometía muchísimo sobre el descubrimiento de las fuentes del Nilo, de Javier Reverte, recuerdo que tuve la sensación de haber leído una historia sacada de la nada.
Con la obra de Krakauer me ha sucedido otro tanto, y pienso que, será muchísimo mejor el artículo que dio origen al libro, incluso me atrevería a decir que la película lo supera sin problemas.





Creo que el autor no ha tratado de crear una novela, sino que desarrolla su artículo, fruto, como afirma él mismo, de la obsesión por esclarecer lo sucedido con McCandless, y es precisamente ese afán de presentarnos el libro como un trabajo de investigación periodística lo que lastra el resultado final.


McCandless un día desapareció sin más de su ciudad natal, y a pesar de que era costumbre en él hacerlo durante los meses de verano, esta vez no se puso en contacto con su familia en ningún momento, utilizó diversos nombres, y su aventura duró más de dos años.

Pero realmente no hay nada que justifique su actitud, todo son conjeturas, incluso la causa de su muerte no queda desvelada totalmente, debido al estado del cadáver cuando se realizó la autopsia.

Krakauer no conoce suficientemente a los protagonistas, y se resiste a elaborarlos como personajes de una novela. Esta falta de apoyos a la hora de crear el libro hace que recurra a experiencias propias estableciendo un paralelo con la línea vital de Chris, que en ocasiones rechina y se ve cogida por los pelos.


La aventura de McCandless es un puzzle que Krakauer ha ido recogiendo pacientemente, pero no consigue ensamblar las piezas porque le falta lo fundamental: la versión del protagonista que, tal y como plantea el libro no puede imaginar, ni concluir a partir de lo que tiene.

Aún así, reconozco que me ha gustado el libro, probablemente porque algunos aspectos del espíritu de Chris McCandless viven aun en todos nosotros, aquellos que nos conectan con la Naturaleza y los espacios abiertos.


Es un libro que nos lleva a reflexionar sobre las ataduras materiales que tenemos y que nos impiden ser libres, aunque solo sea por un breve tiempo y sin llegar a emular a Chris, que abandona sus posesiones, regala el dinero de la cuenta corriente a una organización humanitaria, sale a recorrer el país (un país tan grande como Europa), vive con lo justo, sin acumular nada, y sufre penurias en la búsqueda de aquello que entiende es propio destino. Eso es algo que no todos estamos dispuestos a hacer.

Y tal vez debiéramos preguntarnos por qué.

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domingo 1 de noviembre de 2009

Heaven's Doors


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jueves 15 de octubre de 2009

Imagine

A menudo hemos reflexionado acerca de el sentido del viaje, sobre la manera de acercarse a un lugar desconocido, o de regresar a otro en el que ya estuvimos tiempo atrás. Sobre lo que nos encontraremos, lo que recordaremos y como nos afectará. También sobre las personas que se cruzarán en nuestro camino, sobre sus vidas, sobre si les aportaremos algo o, por contra, seremos una espina mas que les recordará que ellos no tienen una vida tan afortunada.

Antes y después de realizar un viaje son muchas las preguntas que tenemos, y no todas encuentran respuesta. Por eso seguimos viajando, compartiendo y conociendo personas de diferentes lugares y culturas, en un viaje sin destino final, donde el verdadero fin es el camino en si mismo.


Pronto cumpliremos dos años en la red, un viaje apasionante, lleno de aventuras, de buenos momentos y alguna decepción, pero, ¿que clase de viaje sería sin todo ello?. Estos pensamientos son provocados en parte por Hacia rutas salvajes, el libro escrito por Jon Krakauer y que narra la historia que luego llevaría al cine Sean Penn.

Y especialmente por algo que tiene mucho que ver con la casualidad. Nosotros, que disfrutamos planificando rutas y viajes, somos muy conscientes de la importancia que el azar tiene en nuestras vidas. Hace unos días, encontré el blog de alguien al que me atrevo a llamar ya compañero, una persona según sus propias palabras, con capacidades diferentes, que me impresionó profundamente. Se llama Miguel Nonay, y la mejor manera de conocerle es visitando su blog, A salto de Mata. Os resultará fácil entender lo que digo.


Cuando viajamos, algo que muchas veces el viajero no lleva en la maleta es la imaginación. Se la deja en casa. Muchos buscan la imagen, la foto del libro o la revista, y al no encontrarla, se sienten defraudados y decepcionados. Y no son, o somos, no lo se, conscientes de la maravilla que es estar en otro país, en otro lugar, hablar otra lengua y experimentar otras costumbres.

La imaginación es fundamental, también para viajar. En nuestra última escapada a las Islas Canarias, realizamos una ruta muy curiosa: La ascensión al llamado Sombrero de Chasna, que podéis ver en Lost Hiking, haciendo click aqui.

Allí, la visión (que podéis contemplar al lado de estas líneas), desde las alturas, del Llano de Ucanca, los Roques de García y la mole del Teide frente a nosotros, es algo que recordaremos durante mucho, mucho tiempo. A nuestra espalda se extendía la parte suroeste de la isla de Tenerife, y más allá el oceáno, azul, inmenso, y para nosotros infinito.


De pie, asomados al borde del sombrero, junto a un enorme hito de piedras, que aumenta con el paso del tiempo debido a las aportaciones de los senderistas, contemplamos la extensión de la isla y como se fundía en el mar.

La imaginación pudo más, y la visión que apareció frente a nosotros fue la que os dejamos aquí.

Con ella nos despedimos de todos vosotros durante unos días.


Nunca dejéis de imaginar y de soñar.


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miércoles 7 de octubre de 2009

La Música de las Letras

Existen lenguajes universales que hacen posible la comunicación entre los seres humanos, más allá de las fronteras, de las diferencias sociales o culturales. Uno de ellos, que siempre tenemos presente en nuestras escapadas es la Música, porque forma parte del alma de los pueblos, refleja sus peculiaridades, y su sentir.


Los músicos componen sus letras acudiendo a menudo al folclore o a la literatura, en ocasiones por casualidad, guiados por el azar, en otras buscando con ese fin, y a menudo el resultado es magnífico.

Bruce Springsteen colaboró en la grabación de un disco de Pete Seeger, toda una leyenda del folk, y también en la lucha por los derechos humanos; sus canciones siempre contienen una importante carga de compromiso social, lo que le acarreó penas de prisión y el olvido. El propio Springsteen reconoció que a raiz de ese disco, entró con decisión en, para él casi desconocido, mundo del folk, y le asombró la influencia que el sonido de Pete había tenido.

El vídeo que os dejamos, cuenta la historia de John Henry, leyenda o realidad poco importa; su figura se ha convertido en el símbolo de la clase trabajadora estadounidense en su lucha contra la marginación debida al avance tecnológico, algo evidente incluso a principios del siglo XIX.

En un esfuerzo por salvar su trabajo, en la construcción de las líneas férreas que atravesarán el país, y el de sus compañeros, John Henry reta al inventor de la máquina recién adquirida por el dueño de la empresa, el martillo de vapor, a una competición en la cual el que terminara de martillear los rieles primero sería el ganador. Al final John henry resulta ser el vencedor, aunque demostró ser mejor que la máquina, la aventura no tuvo un final feliz, ya que... mejor lo escucháis.







Muchos críticos señalan que los escritores norteamericanos más influyentes desde la segunda mitad del siglo XX son Don DeLillo, Philip Roth (al que dedicamos la entrada que podeis leer aquí, sobre La Conjura contra América), Cormac McCarthy (del que también hablamos en la entrada dedicada a Todos los Hermosos Caballos, que se encuentra en este enlace), William Faulkner y Thomas Pynchon.

De todos ellos, sin duda alguna, el más desconocido es Pynchon, siempre en las listas del Nobel, que destaca tanto por su literatura compleja y laberíntica, como por su extrema aversión a los medios. Tanto es así, que apenas se le conocen fotografías, prácticamente la última es del año 1957 en su paso por la marina.

Su quinta novela, Mason & Dixon se publicó en 1997 en los Estados Unidos. Ricamente documentada, se presenta como una vasta saga que narra las vidas y carreras de dos astrónomos ingleses, Charles Mason y su colega Jeremiah Dixon, encargados de trazar la línea de demarcación entre Maryland y Pennsylvania (la futura línea Mason-Dixon), y su lenguaje es un pastiche del inglés del siglo XVIII, que representó un auténtico desafío de traducción, aunque su lectura no lo es menos.

Este es el punto de partida de la canción y del álbum titulados Sailing to Philadelphia, que compuso Mark Knopfler, tras leer este libro, en su intento por profundizar en el conocimiento del país que más le está influyendo, musicalmente hablando, en sus últimos trabajos.







La literatura y la música se unen a menudo, a veces perdemos de vista quien influye a quien, pero realmente, no importa.



Editamos para colocar la letra de las canciones. Así, además de conocer completa la historia que nos cuenta, se puede hacer algo de karaoke. Os recuerdo que se debe hacer click sobre la imagen para verla en grande.
A la izquierda, Bruce. Mark a la derecha.


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