Hemos elegido como título para ilustrar nuestra particular travesía del desierto que durante estos últimos días nos ha mantenido fuera de juego, el del libro de Jon Krakauer que, de paso, comentaremos.
Este es: www.guisanteverdeproject.com
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Poco a poco iremos subiendo y creando contenido para este nuevo espacio, del que os dejo el enlace a nuestra primera entrada, aquí.

Y ahora, pasamos a la reseña del libro que da título a esta entrada.
Jon Krakauer escribió Into the Wild partiendo del artículo que redactó para la revista Outside, relatando la historia del joven estadounidense, Chris McCandless que murió en un viejo autobús de línea de la ciudad de Ancorage, abandonado en mitad de la nada, en la Senda de la Estampida, Alaska.
Muchos tenemos una visión que podría calificarse de romántica, acerca de esa última frontera que es el territorio del Norte. En gran parte sigue siendo un lugar salvaje, donde la naturaleza debe ser respetada y temida. Y no siempre aquellos que se internan en sus dominios lo tienen presente.
El libro ha llegado a nuestras estanterías de la mano de la película dirigida por Sean Penn, y esa carta de presentación debería ser suficiente para indicarnos que estamos ante una buena obra.
Sin embargo, tengo que reconocer que no ha resultado lo que esperaba, a pesar de que está correctamente escrito, con cierto dinamismo incluso, y que, para tratarse de un libro cuyo final es conocido, mantiene un punto de interés difícil de conseguir en estas circunstancias.
Cuando leí, hace algunos años, Dios, el Diablo y la Aventura, un libro que prometía muchísimo sobre el descubrimiento de las fuentes del Nilo, de Javier Reverte, recuerdo que tuve la sensación de haber leído una historia sacada de la nada. Con la obra de Krakauer me ha sucedido otro tanto, y pienso que, será muchísimo mejor el artículo que dio origen al libro, incluso me atrevería a decir que la película lo supera sin problemas.
Creo que el autor no ha tratado de crear una novela, sino que desarrolla su artículo, fruto, como afirma él mismo, de la obsesión por esclarecer lo sucedido con McCandless, y es precisamente ese afán de presentarnos el libro como un trabajo de investigación periodística lo que lastra el resultado final.
McCandless un día desapareció sin más de su ciudad natal, y a pesar de que era costumbre en él hacerlo durante los meses de verano, esta vez no se puso en contacto con su familia en ningún momento, utilizó diversos nombres, y su aventura duró más de dos años.
Pero realmente no hay nada que justifique su actitud, todo son conjeturas, incluso la causa de su muerte no queda desvelada totalmente, debido al estado del cadáver cuando se realizó la autopsia.
Krakauer no conoce suficientemente a los protagonistas, y se resiste a elaborarlos como personajes de una novela. Esta falta de apoyos a la hora de crear el libro hace que recurra a experiencias propias estableciendo un paralelo con la línea vital de Chris, que en ocasiones rechina y se ve cogida por los pelos.
La aventura de McCandless es un puzzle que Krakauer ha ido recogiendo pacientemente, pero no consigue ensamblar las piezas porque le falta lo fundamental: la versión del protagonista que, tal y como plantea el libro no puede imaginar, ni concluir a partir de lo que tiene.
Aún así, reconozco que me ha gustado el libro, probablemente porque algunos aspectos del espíritu de Chris McCandless viven aun en todos nosotros, aquellos que nos conectan con la Naturaleza y los espacios abiertos.
Es un libro que nos lleva a reflexionar sobre las ataduras materiales que tenemos y que nos impiden ser libres, aunque solo sea por un breve tiempo y sin llegar a emular a Chris, que abandona sus posesiones, regala el dinero de la cuenta corriente a una organización humanitaria, sale a recorrer el país (un país tan grande como Europa), vive con lo justo, sin acumular nada, y sufre penurias en la búsqueda de aquello que entiende es propio destino. Eso es algo que no todos estamos dispuestos a hacer.
Y tal vez debiéramos preguntarnos por qué.














