octubre 29, 2014

Estambul y los Tulipanes de Ahmet

Tulipanes de Estambul

En la primera mitad del siglo XVII los frecuentes disturbios en Estambul provocaron cierto recelo hacia la ciudad y su palacio imperial, Topkapi, por parte de la dinastía otomana que trasladó su corte a Edirne, hasta que los jenízaros derrocaron a Mustafá II y lo sustituyeron por Ahmet III que fue conminado a gobernar nuevamente desde Estambul.

Durante la primera etapa de su reinado, 1703 - 1718, Ahmet III tuvo que sobrellevar los reveses militares en las luchas heredadas contra Austria, Venecia y Rusia, además de gestionar los deseos de venganza por las humillaciones sufridas. Durante este período Estambul fue devastado por el fuego en dos ocasiones, en 1715 y, especialmente, en 1718 cuando todo el centro desde el Cuerno de Oro hasta el Mar de Mármara fue pasto de las llamas. La naturaleza tampoco dio tregua a la ciudad, y al incendio de 1715 sucedió un crudísimo invierno que congeló las aguas del Cuerno de Oro, mientras que en mayo de 1719 un terremoto causó enormes daños en una ciudad que trataba de superar su pasado más reciente.

Jardín de Tulipanes frente a Santa Sofía, Estambul

En 1718, la Paz de Passarowitz marcó el fin de la hegemonía otomana en los Balcanes y el Danubio, y estableció un equilibrio que no se rompería hasta el siglo XIX.

No es de extrañar, pues, que la reacción de las clases nobles fuera buscar el olvido en las fiestas y la despreocupación, durante el segundo período del reinado de Ahmet III, el llamado período de los tulipanes.

Tulipanes en el Parque Gülhane de Estambul

La familia imperial, y con ella notables y dignatarios de la corte se establecieron en sus residencias a orillas del Bósforo, y así comenzó una vida de fiestas y diversiones, bajo la batuta de un gran maestro de ceremonias: el yerno del sultán, su gran visir, Ibrahim Bajá.

Con la fiesta de abril de 1729 en el Palacio de Besiktas, con los jardines de tulipanes iluminados por tortugas enjaezadas con velas Ibrahim Bajá estableció un nuevo orden de refinamiento en el que la aristocracia rivalizaba por destacar.

Detalle de la decoración del harem en el Palacio de Topkapi, Estambul

Los tulipanes se cultivan en Estambul desde el siglo XVI, aunque su origen se situa en Anatolia hacia el siglo XI. No tardaron ni cien años en estar presentes en la Península Ibérica, pero no fue hasta la Edad Moderna cuando se produjo su expansión al norte y centro de Europa, en parte gracias al que fue embajador del Sacro Imperio Germánico, Ogier Ghislain de Busbeck, que publicó en un libro su experiencia en la corte otomana, en 1581, republicado bajo el título de Cartas Turcas en 1595.

Decoración floral en el Gülhane Park, Estambul

El tulipán se convirtió en el rey de las flores, y nuevas variedades hicieron su aparición ya durante el siglo XVII, de modo que a principios del siglo XVIII, un "registro de los jardines de tulipanes de Estambul", identifica mas de 1100 variedades. En el período de los tulipanes, eran ya casi 1600, y los mejores bulbos eran objeto de deseo para coleccionistas que pagaban fortunas a los especuladores.

Decoración de tulipanes en Gülhane Park, Estambul

Todos estos fastos favorecieron el auge de las artes plásticas, la música, la poesía… También la arquitectura se vio impulsada, en especial por la construcción de edificios ornamentales como los quioscos y los pabellones de recreo, que reflejaban una clara influencia occidental, en especial  de Francia, Alemania y Venecia, con la incorporación de elementos propios. Las fuentes monumentales son los edificios más destacables de este barroco otomano tanto por su función, la distribución gratuita de agua, como por el hecho de haber sobrevivido a los vaivenes de la historia.

Fuente de Ahmet III en Estambul vista lateral

El progreso económico, sin embargo, no estuvo en consonancia con el artístico, y la población se mostraba cada vez más hastiada del modo de vida de las clases dirigentes. Finalmente, el 28 de septiembre de 1730 los jenízaros y el pueblo llano se alzaron en armas. El sultán fue destronado, aunque eludió la pena de muerte. Su gran visir Ibrahim Baja no tuvo tanta suerte. Cuando terminaron los disturbios solo las fuentes, los únicos edificios de utilidad pública creados durante el período de los tulipanes, quedaron en pie.

Fuente de Ahmet III, Estambul vista frontal

La Fuente de Ahmet III, probablemente la más bella de Estambul, adorna la entrada del Palacio de Topkapi, ante la puerta imperial y tiene como telón de fondo a Santa Sofía. Es una vista que no hay que perderse en una visita a Estambul. Sigue el modelo de la primera de su clase, la construida por Ibrahim Baja en el puerto, hacia 1728.

La de Ahmet III un edificio cuadrado con tejado a cuatro aguas y un gran alero saliente, rematado por una pequeña cúpula de tambor en el vértice y otras cuatro en los lados. En los ángulos cuatro quioscos circulares para la distribución de agua, o sebiles, y a cada lado una fuente flanqueada por dos hornacinas. La superficie está esculpida con inscripciones, motivos florales y frutas en relieve.

Detalle de la decoración de  la Fuente de Ahmet III, Estambul

Una superviviente, un espacio de encuentro que ha sido testigo de conversaciones, amores, rumores, intrigas, que luego se extenderían por el reino de la sublime puerta.

Hoy en día los tulipanes siguen presentes en Estambul, como pudimos comprobar al acudir junto con los estambulies a la inauguración en primavera de los jardines del Parque de Gülhane (en sus origenes parte del jardín exterior del Palacio de Topkapi), que parece llevarnos de vuelta al mundo de Ahmet y sus fiestas en los jardines de tulipanes.

Tulipanes de Gulhane Park, Estambul

octubre 21, 2014

Sueños Viajeros Cumplidos

Pagodas del Oeste en Hanoi

Aunque parece fácil hacer un repaso de nuestros sueños viajeros cumplidos, seleccionar sólo unos pocos (Pepa lanzó la idea y Paco Piniella nos la traslado a un grupo de compañeros viajeros), era ardua tarea, y más aún ya que como nos pasa con los buenos libros, cuesta delimitar si tu has elegido el destino o el te ha elegido a ti, nuestro arquitecto de sueños nos engaña una y otra vez.

La trazabilidad más clara es la que relata la visita de los Templos de Angkor. Si algunas lecturas nos habían hecho soñar con visitar Camboya, contemplar la maqueta en el Palacio Real de Bangkok, y encontrarnos en Ayutthaya ante la cabeza de Buda abrazada por las higueras, nos puso de forma definitiva en camino hacia ese majestuoso conjunto arquitectónico que la naturaleza, la selva, ocultó durante años, y que en su etapa de esplendor era una urbe mayor que París.

Victory Gate, Angkor

No es algo nuevo querer sentir esa emoción del arqueólogo que tras años de búsqueda encuentra ese tesoro perdido. Viajar a Egipto tras haber seguido la pista de los antiguos faraones en el British Museum o el Louvre y comprobar cuanto seguía en pie tras tantos años de expolio e intercambios, encontrar ese inmenso contenedor de piezas artísticas que es el Museo de El Cairo, deleitarse con el turquesa y las incrustaciones de las piezas del tesoro de Tutankamon, nos hizo revivir el sueño de Howard Carter. Y para nosotros el mayor descubrimiento fue la magia del Nilo y sus gentes, la forma pausada y silenciosa de recorrer mundos del pasado en itinerarios que tal vez hoy día se nos antojan irrepetibles.

Templo de Hathor en Denderah, Egipto

Caminar por los inmensos parques nacionales del Oeste americano nos hizo sentirnos Gulliver y comprobar que habíamos llegado al país de los gigantes. Aunque dedicamos muchos días a recorrer los magnificamente señalados senderos del Gran Cañon del Colorado, Kings Canyon, Sequoia National Park y Yosemite, sabemos que parte de nosotros se ha quedado allí, emulando a John Muir, en un paisaje donde escuchamos eso que Jack London definió como “la llamada de lo salvaje”.

Touloume Meadows, Yosemite National Park

Recorrer esa Gran Muralla que muchos libros decían que era visible desde el cielo, por tramos menos concurridos como Simatai, llegar a sentir por que esta civilización de casi 5000 años se sentía el Centro del Mundo, no terminar de creer el tamaño de la Ciudad Prohibida en Beijing y sus recovecos, admirar los detalles de todos esos Guerreros de Terracota en cuyas caras queríamos ver la lista interminable de personas reales que trabajaron en estos megalómanos complejos… Es un sueño cumplido y a la vez un sueño que continúa ya que nunca hemos dejado de estudiar acerca de este país continente, China, y el influjo en sus países vecinos junto con la celeridad de sus cambios hace que uno piense que Shanghai y sus rascacielos surgen de unas habichuelas mágicas (nosotros diríamos guisantes, claro) que alguien tira por las noches.

Guerreros de Terracota, Xian

Asia nos conquistó desde el comienzo con la intensidad que sólo una ciudad como Bangkok puede ofrecer, por algo Blade Runner se filmó entre su skytrain y sus klongs, aunque no seríamos justos si al hablar de sueños viajeros no estuviese Vietnam, sentirnos piratas navegando por la Bahía de Halong, y casi cartógrafos al completar los datos para situar correctamente dos pagodas en el noroeste de Hanoi son sólo algunas pinceladas de un viaje perfecto.

Bahia de Ha Long, Vietnam

Costa Rica ha sido para nosotros el auténtico viaje de los sentidos. Mirar de cerca un perezoso, temblar al escuchar el “rugido” de un mono aullador aunque sabíamos que allí no había grandes depredadores. Viajar por las copas de los árboles y ver desplegar las alas a la mariposa Blue Morpho dejando un eco de azul eléctrico entre los sonidos de la selva. Osos hormigueros, pizotes, serpientes, cangrejos de colores inverosímiles, lagartos..., aparecían ante nosotros mientras caminábamos solos y en silencio.

Volcán Poas, Costa Rica

Hay sueños que se repiten una y otra vez. Los que nos habéis leído alguna vez sabéis que nos gusta revisitar destinos como si se tratase de buenos y viejos amigos, así que aquí van algunos.

Una ciudad que permite viajar a Constantinopla, Bizancio yEstambul por fuerza había de colmar nuestros sueños. Pamuk está en nuestra lista de favoritos mucho antes de recibir el Nobel en parte por el ansia de saber que esta encrucijada entre Europa y Asia suscitaba en nosotros desde hacía muchos, muchos años.

Atardecer sobre Estambul desde Üsküdar

Recorrer Hungría para encontrar que este país, no es sólo esa incréible y vibrante ciudad llamada Budapest, sino Szeged, Pecs, Sopron…, para comprobar que nos ofrece lo mejor del imperio austrohúngaro y entender esa nostalgia que envuelve a todos esos escritores húngaros que llenan nuestras estanterías.

Sinagoga Nueva de Szeged, Hungria

Paisajes urbanos como la Gran Manzana, New York, esa ciudad única, llena de aristas, competitiva, con ese azul radiante y que sorprende en cada esquina, no sólo llena nuestros sueños y suena como los cantantes que junto a la Fuente de Bethesda en Central Park ponen banda sonora a nuestros recuerdos. Además va a acompañarnos siempre en las palabras, la solidaridad, el asombro y el interés hacia los otros, con el que vimos que los neoyorquinos reaccionaron tras el huracán Shandy, ciudadanos que se convirtieron en periodistas por un día, voluntarios que acudían a abrir los museos tras caminar 3 horas, vecinos con los que compartíamos noticias y viandas… Si la primera vez que visitamos USA decíamos “quitad ya el decorado”, de pronto en esta ocasión eramos parte de la película. Y eso si que parecía un sueño.

Manhattan, New York City

Las personas, sus miradas, son en el fondo las auténticas protagonistas de nuestros sueños, las que encarnan y ponen matices a los personajes de libros queridos que acompañan nuestros viajes, las que nos enseñan y nos ayudan a entender una ciudad, un país, las que nos hablan también de sus sueños. Es verdad que aparecen poco en las fotos, como nosotros, pero que serían los sueños si no hubiera en ellos espacio para el misterio, para la imaginación…

Niña de las tribus del norte de Tailandia

Y claro, quedan sueños por cumplir, destinos que aunque planeados se nos escapan, rutas que no terminan de formar parte de nuestra geografía personal, aquella que rellena los huecos en mapas que hemos mirado durante años.. como el invierno en Moscú y San Petesburgo, la nieve realzando la arquitectura de Neuswanschtein el castillo que puso apellido a Luis II de Baviera, caminar por los Montes Tatras en Polonia, desafiar el vértigo en las vías ferratas de los Dolomitas, callejear por el bullicioso Tokio para luego descansar en un ryokan, asomarnos al abismo en los monasterios de Bután, la sabana, el desierto y la selva de Namibia, Botswana, Tanzania, Kenia

Mujeres en el Mercado de St.Michel, Burdeos

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octubre 12, 2014

Los Mil Colores del Otoño. Un Road Trip por las Carreteras de Vermont


El otoño es una estación realmente mágica en todo el noreste de los Estados Unidos de América. Durante nuestro road trip en busca de los mil colores de ese otoño, recorrimos buena parte de los estados de Vermont y Nueva York. En este post, no obstante, nos centramos en el primero, el estado de Vermont, y en un mapa que ofrece muchas posibilidades.

En el menú desplegable de la izquierda hemos señalado tres rutas en coche por las que disfrutaréis de paisajes magníficos, sin apenas esfuerzo, incluidos algunos de los famosos puentes cubiertos, covered bridges que caracterizan la región, y que cuentan incluso con un museo, en Bennington. La mayor concentración de estos puentes la encontraréis al sureste del estado, en Windham County.

Vermont Puente Cubierto, Smugglers Notch Stables


En rojo destacamos pueblos como Brandon, donde  alojarse o simplemente tomarse un respiro para observar la vida, que tiene su propio ritmo, opuesto al de las grandes ciudades. En la esquina de Franklyn con Park visitamos un local de antigüedades, helados (con el riquísimo de sirope de arce) juguetes, carteles, una mezcla ecléctica donde es fácil sentirse transportado a la infancia, casi tienes ganas de jugar al béisbol. 

Local de Brandon, Vermont

Hortonia Lake, Vermont

Existe, sin duda, una forma mucho mejor de acercarse al paisaje de otoño en Vermont: caminando. Aquí podéis recorrer, entre otros, el primer camino de larga distancia (señalizado como tal), del país: el mítico Long Trail. Entre Massachusetts y Canadá recorre 264 millas, y buena parte (un poco menos de la mitad), discurre por el Green Mountain National Forest.

Vermont Texas Falls Trail

Recorridos en los que tan pronto nos encontramos sumidos en la penumbra y piedras cubiertas de musgo nos llevan a lugares como las Texas Falls, como nos conducen entre bosques que parecen infinitos, donde los colores pugnan por engañar a nuestra vista y a nuestras cámaras, dando la sensación de ser irreales. Una alfombra multicolor que se extiende a nuestros pies.

Hojas de otoño

Cartel indicador en el Long Trail en Vermont

Vermont Sterling Pond

Otro camino de leyenda es el Appalachian Trail que a lo largo de sus 3500 km de recorrido, atraviesa el estado por el sur de las Green Mountains. Caminar por un tramo de este sendero os asegurará una experiencia magnífica de lo que supone el otoño aquí, la fall foliage season. Uno siente que la escala es otra, que se ha hecho pequeño, que la calma te hace percibir más olores y sonidos, las ardillas acuden a compartir el bocadillo con nosotros.

Además de senderos para realizar a pie, las carreteras que recorren la zona nos permiten experimentar  algunos tours singulares, como el Cheese Trail, elaborado por Vermont Cheese Council y que incluye casi cuarenta granjas que podremos visitar para conocer de primera mano el proceso de elaboración de quesos artesanales, y también del conocido cheddar.



La visita de granjas es una actividad muy desarrollada en toda Nueva Inglaterra, también en el estado de Nueva York, y aquí, en Vermont, las encontraremos en cantidad y variedad. Manzanas, calabazas, fresas, frambuesas… que pueden ser recogidas por nosotros mismos durante la visita. Las cervezas artesanas se han convertido en un auténtico boom, al igual que los supermercados y restaurantes donde lo ecológico es seña de identidad.

Vermont, Winslow Farms

Granjas de Vermont

Vermont, granjas

No hay ciudades de gran tamaño en Vermont, la mayor es Burlington, con algo menos de 40000 habitantes (la mayoría, además, está muy por debajo de esta cifra), se encuentra en el noroeste del estado. Las vistas y recorridos junto al Lake Champlain, el mayor del país después de los Grandes Lagos, o el Shelburne Museum son motivos más que suficientes para una parada.

Vista de Vermont junto al lago Champlain

Nosotros elegimos Stowe como campamento base, al norte de las Green Mountains. Un enclave privilegiado desde donde tendremos acceso a un buen número de trails, como el moderado Taft Lodge/Mt.Mansfield via the Long Trail o el exigente Hellbrook Trail. Nuestras carreteras de referencia son la 7, 100, 108, 125, 12…

Stowe, Vermont

Muy cerca de Stowe, en Waterbury, es obligada la parada ya que podremos conocer la historia de Ben Cohen y Jerry Greenflield que en 1978 fundaron aquí, en una vieja gasolinera abandonada, su fábrica de helados, hoy mundialmente conocida, Ben & Jerry's Ice Cream Factory.

En el centro del estado, uno de los lugares mas bucólicos es Mad River Valley y Sugarbush, con dos pintorescos pueblos, Warren y Waitsfield. Aquí encontramos también las llamadas gap roads (Brandon Gap, Middlebury Gap o Lincoln Gap que cruzan las Green Mountains de este a oeste y que no debéis dejar de hacer porque os ofrecen unas vistas incomparables, siendo la mejor de todas la del Appalachian Gap en la VT 17.

Jeffersonville, Vermont

Orwell, Vermont

Bennington, en el sur, en especial su parte antigua o Brattelboro son ciudades a visitar. Como curiosidad, Rudyard Kipling se casó con una vecina de Brattelboro en 1892, y mientras vivió aquí escribió su obra El Libro de la Selva. Son muchas las sorpresas que nos depara el recorrido, como encontrarnos de pronto en Orwell.

También en el sur, Newfane, alrededor de 100 habitantes, aparece como la postal perfecta de lo que es Vermont: árboles, iglesias blancas de tejado apuntado, casas señoriales, y una naturaleza que muestra las estaciones como ninguna. 

Casas en plena naturaleza, Vermont

Grafton, un auténtico reflejo del viejo Vermont, gracias al programa de restauración y conservación impulsado por Windham Foundation, también merece una visita.

Campos de color naranja donde miles de calabazas aguardan su momento, cultivos de café, los famosos helados de Ben & Jerry, el imprescindible sirope de arce, la sidra, las micro-cervecerías, pueblos llenos de fantasmas que nos saludan anunciando Halloween, árboles de todos los colores, lagos que se confunden con el cielo... todo eso y mucho más es Vermont en otoño. ¿Os apetece descubrirlo?

Vermont roads

Entradas Relacionadas:
Vermont, el otoño perfecto

septiembre 28, 2014

El Jardin de la Sal, una experiencia para los cinco sentidos en La Palma

Salinas de Fuencaliente, La Palma

Sin duda una de las experiencias mas inesperadas de nuestro reciente viaje a la La Palma, la Isla Bonita, la hemos disfrutado en el extremo sur de la isla, en terrenos del municipio de Fuencaliente, donde se erigen orgullosos dos auténticos supervivientes. Las Salinas, fruto del sueño de un emprendedor, Fernando Hernández, y el viejo faro (convertido hoy en Centro de Interpretación de la Fauna Marina y Museo del Mar), que se encuentra acompañado por uno nuevo, más alto y moderno, aunque su vida no es, hasta el momento, ni comparable con la de su viejo compañero.

Salinas de Fuencaliente, los Faros, y el volcán Teneguia, La Palma

El antiguo faro, de 1902, resistió, aunque sufrió graves daños, los terremotos provocados por el cercano volcán San Antonio en 1939, y los que crearon diez años después el volcán San Juan.

Sin embargo, fue el 26 de octubre de 1971 cuando su suerte y la de las salinas parecía echada. El volcán Teneguía hizo erupción adoptando su forma actual y expulsando magma en dirección al faro y a las salinas. Los materiales incandescentes ganaron terreno al mar ampliando la superficie de la isla, y hoy constituyen la superficie más joven de España. Lo curioso es que se limitaron a rodear al faro, que no dejó de funcionar ni un solo día.

Allí, junto al faro que sobrevivió a tres volcanes, las Salinas de Fuencaliente que iniciaron su andadura en 1967, también evitaron la furia del Teneguia. Las cenizas paralizaron su actividad durante un año y continúan tres generaciones después con su labor artesanal.

La sal apilada secandose al sol, Salinas de Fuencaliente, la Palma

Las salinas pueden recorrerse mediante un sendero autoguiado, en el que aprendemos, por ejemplo, que son el hogar de algunas de las formas vivas más antiguas que se conocen, capaces de vivir en un medio absolutamente hostil.

Podemos observar como las salinas aprovechan la pendiente del terreno, y se disponen en terrazas, facilitando el proceso. Llama la atención el color rosado de los llamados cocederos, debido a la presencia de un bacteria primitiva y de un alga, la Dunaliella salina, alimento a su vez de un pequeño crustáceo adaptado al medio hipersalino llamado Artemia salina (símbolo de las Salinas, diseñado por César Manrique).

El proceso salinero, que comienza en el cocedero madre, finaliza en el tajo. Cuando la sal cristaliza en la poceta, el salinero la recoge y la amontona en los pasillos, donde se seca de forma natural. En Fuencaliente todo el proceso continúa siendo artesanal, realizado con herramientas tradicionales, entre las que se encuentra el cedazo para capturar la fina película de escamas salinas que flotan sobre el agua, que forman la flor de sal, la de mayor calidad.

Vista del paisaje que rodea las Salinas de Fuencaliente en La Palma

Las salinas son, también, parada y fonda para un buen número de aves como los correlimos, andarríos, chorlitejos, entre otros.

Hace poco más de un año a la labor de extracción de sal marina se le ha unido, (en el centro del recorrido autoguíado), una apuesta gastronómica que tiene la  sal como parte esencial y una de las protagonistas del restaurante temático: El Jardín de la Sal.

Jardín de la Sal, Fuencaliente, La Palma

Restaurante el Jardín de la Sal

Las mesas dispuestas con una degustación de tres tipos de flor de sal, entre las que nos conquista la de limón y pimienta, preparan ya nuestro paladar.

Grandes cristaleras nos permiten tener el mar por compañero durante la comida y es de agradecer el espacio, pocas mesas para preservar la intimidad de los comensales y facilitar el cómodo movimiento del personal de sala, como nos explica el chef, Juan Carlos Rodriguez.

Pulpo a la Brasa y Salteado de Chipirones, el Jardin de la Sal, La Palma

El restaurante apuesta por la utilización de ingredientes prodecentes de productores locales, también por los de elaboración propia, destacando los mojos y sales, como la de olivas negras que acompañaba al pulpo a la brasa con mojo rojo que degustamos, o las de tinta de chipirón o camarones.

Una carta de vinos donde predominan los de la tierra, los frescos blancos de Teneguía que se agotan pronto por la reducida producción, o tintos de Veganorte, son compañeros de viaje ideales para el pulpo, el salteado de chipirones crujiente con puntas de jamón o el centro de bacalao confitado con puré de boniatos y pimiento asado.

Centro de bacalao, Restaurante el Jardín de la Sal, La Palma

Langostinos a la Sal, Restaurante el Jardín de la Sal, La Palma

Los postres, como el helado de canela con espuma de arroz con leche y gelatina de limón, o la tarta de chocolate con granizado de fresas y albahaca con flor de sal, no solo son un regalo para la vista, sino una experiencia gustativa de primer orden, acompañados, por supuesto, de un malvasía dulce.

Helado de Canela, Restaurante el Jardín de la Sal, La Palma

Tarta de chocolate, Restaurante el Jardín de la Sal, La Palma

Es un lugar privilegiado, donde la potencia del paisaje a veces incluso abruma. Nos encontramos rodeados de volcanes, de materiales expulsados durante sus erupciones, paisaje lunar, terreno oscuro, negro incluso, y de mar. Un contraste realzado por las montañas blancas de sal y las características tonalidades rosadas. Un mar que golpea incesante sobre las rocas y que inunda el aire con su esencia.

Atardecer en el Faro de Fuencaliente, La Palma