marzo 01, 2012

La Leyenda del Rey Leproso


Cuando publicamos nuestra entrada Peregrino de Angkor, tras haber leído las páginas escritas por Pierre Loti, hicimos nuestro el título que el escritor francés dio a su obra, imaginándonos a nosotros mismos como peregrinos, ilusionados y temerosos a un tiempo, ante lo que encontraríamos al final de nuestro camino.


La Terraza del Rey Leproso no es, con total seguridad, el monumento más conocido de los antiguos khmeres, y tal vez por ello resulta fascinante recorrerla, primero por fuera, luego adentrarse en su pasadizo interior, como si realmente hubiéramos descendido al inframundo, sintiendo como las miradas de sus habitantes se posan sobre nosotros, como nos llaman, a la manera de bellísimas sirenas, solo para atraparnos en sus redes y dejarnos allí para siempre.



Accedimos a la Plaza Real de Angkor Thom a través de la Puerta Real, y la terraza se encuentra en la esquina noroeste. Las fechas de su construcción son inciertas, y si bien la datación más admitida hasta el momento señala que fue construida a finales en  estilo  Bayon bajo el reinado de Jayavarman VII (nuestro viejo amigo del Museo Guimet, que reinó entre 1182 y 1200), investigadores como Freeman y Jacques van imponiendo sus conclusiones y retrasan la construcción de la terraza hasta el reinado de Jayavarman VIII, y la estatua, de la que deriva el nombre, incluso más tarde.





¿Quién fue entonces el Rey Leproso? El misterio y la incertidumbre rodean el origen del nombre. La teoría largamente sostenida de que Jayavarman VII era leproso y que por ello construyó tantos hospitales en todo el imperio no parece tener base histórica. 


Algunos historiadores piensan que la figura representa a Kubera, el tesorero de los dioses, o Yasovarman I, los cuales eran, supuestamente, leprosos. La posición de la mano, ahora desaparecida, también sugiere que estaba ocultando algo.


Otra teoría, se apoya en una inscripción que aparece en la estatua original (hoy en el Museo Nacional de Phnom Phen), en caracteres del siglo XIV o XV y que pueden ser traducidas como el equivalente del asesor de Yama, dios de la muerte o de la justicia. 


También se ha  sugerido que la estatua del Rey Leproso obtuvo su nombre debido a los líquenes que crecen sobre ella. 

Sin embargo, otra interpretación, que deriva de una leyenda recogida en las Crónicas de Camboya, habla de un ministro que se negó a postrarse ante el rey, quien lo golpeó con su espada. Al hacerlo, su saliva venenosa cayó sobre el rey, convirtiéndolo en leproso.

El modelo elegido para la estatua también es tema de debate. Se habla de un compendio entre diferentes dioses hindúes y los reyes khmer Yasovarman I y Jayavarman VII. Estudios más recientes se inclinan por una combinación entre Jayavarman VII y Buda.

La figura se representa en posición sentada con la rodilla derecha levantada, en una posición que algunos historiadores del arte consideran que es de estilo javanés, con el pelo recogido en una trenza. Su desnudez es inusual en el arte Khmer.

Las piernas resultan demasiado cortas para el torso, y las formas, demasiado redondeadas, carecen de las protuberancias de los músculos varoniles. No obstante,  resulta una pieza maestra de la escultura khmer, en cuanto a estudio del carácter. Aunque el cuerpo aparece en reposo, el alma hierve en su interior. Los rasgos de su rostro están llenos de pasión. Labios gruesos, barbilla enérgica, mejillas llenas, nariz aguileña y frente despejada. La boca, dibujando una sonrisa, ligeramente abierta y mostrando los dientes, supone una muestra extraña y singular en el arte camboyano.


El frente de la terraza, de 25 metros de largo y seis de alto, nos muestra figuras divinas, nagas de cinco, siete y nueve cabezas, y criaturas marinas. Los dioses, muchos de los cuales parecen terribles y diabólicos, aparecen representados junto a sus consortes y asistentes. Durante la restauración de la pared exterior, en la década de los noventa, la Escuela Francesa del Extremo Oriente, encontró una segunda pared con bajorrelieves de factura y temática prácticamente idénticas. 

¿Por que un segundo muro? Por un lado, desde la necesidad de construirlo debido a un derrumbe del primero, apoyado por el hecho de que existen bloques reutilizados. Otras investigadores opinan que el muro fue ocultado de forma deliberada, ya que nos muestra el inframundo bajo el monte Meru.

La estructura en forma de U alimenta la teoría de que se trata de un lugar donde depositar los restos funerarios reales después de la cremación realizada en la plataforma de la terraza. Por tanto, la estatua real representaría al dios de la muerte, y estaría correctamente ubicada para servir a ese propósito.


En cualquier caso, caminar entre sus muros equivale a hacerlo por un mundo que tal vez existió, o que aun este ahí, esperándonos.

febrero 17, 2012

El Cementerio de Praga

 "... gracias a algunos grabados mas imaginativos que lo retrataban bajo una luz lunar, quedome claro de inmediato el partido que podría sacarle a esa atmósfera de sábado, si entre las que parecían losas de un suelo que se hubieran levantado en todas las direcciones a causa de movimiento telúrico, hubiera colocado, cribados, embozados y encapuchados, con sus barbas grisáceas y caprinas, a unos rabinos que confabulaban, inclinados también ellos como las lápidas en las que se apoyaban, para formar en la noche una selva de fantasmas encogidos. "


Umberto Eco, nos ha permitido recuperar una vieja costumbre, leer en voz alta, y por eso hemos tardado un poco más en recorrer las páginas de esta nueva obra del italiano. Ha merecido la pena.


La conspiración perfecta,  culpables, según corresponda en cada momento,  Judíos, Jesuítas y Masones, Garibaldinos, Carbonarios, el Papado… en una serie que parece no tener fin.


febrero 08, 2012

Zürich, el reloj de Cuco


Nuestra toma de contacto con Suiza se produce en Zürich, y fue con nocturnidad, aunque sin alevosía. A pesar de que ya deberíamos estar acostumbrados, nos vuelve a sorprender la baja intensidad lumínica, tónica general en muchas ciudades centroeuropeas, y que nos recuerda el despilfarro energético que se produce en las nuestras. 


Una vez desembarcados en el aeropuerto de Zürich, buscamos el tranvía que nos llevará al centro, donde probablemente tendremos que hacer un transbordo para llegar a nuestro hotel. A nosotros, que nos gusta salir por la ciudad nada más llegar y tener así una primera impresión, nos desbarata un tanto los planes llegar a horas tan intempestivas.

Lo que vamos viendo, o mejor intuyendo,  de la ciudad no nos dice mucho, un vago recuerdo a París, o tal vez, mejor a Praga por las dimensiones de los edificios.  

Al igual que ellas, dividida en dos por el cristalino río Limmat. 
Una vez localizado el hotel, el Neufeld, en Friesenbergstrasse, cerca de una de esas plazas extrañas, sin forma definida, tan comunes fuera de nuestras fronteras, la Goldbrunnenplazt, decidimos inspeccionar los alrededores.

enero 25, 2012

Carcassonne, corazón cátaro

La historia de Carcassonne, o más bien de lo que hoy es la Cité, arranca en el siglo VI a.C. Es una historia convulsa, con épocas de esplendor y decadencia, nombres propios como Bernard Anton Trencavel, Simón de Montfort, Felipe el Atrevido… 


Sin embargo, un nombre brilla con luz propia en la historia de esta magnífica ciudad fortificada: Violet-Le-Duc, artífice de una restauración adelantada a su época, muy cuestionada con posterioridad, y mucho más comprendida hoy en día.


"Restaurar un edificio no es mantenerlo, repararlo o rehacerlo, es restituirlo a un estado acabado que pudo no haber existido jamás en un momento determinado".


Además de la restauración de Carcassonne, Violet-le-Duc realizó la de los principales monumentos góticos franceses, entre ellos la catedral de la Ciudad de la Luz, como ya os contamos en Cathédrale Notre Dame de París.





En Francia, el Romanticismo literario, liderado por Hugo y Chateaubriand  empujó a la sociedad a mostrar un renovado interés por el mundo medieval, que venía de perlas al espíritu de la Restauración porque propugnaba la recuperación del genio que caracterizó el nacimiento de Francia como nación: la arquitectura gótica. Tanto la Societé Française d'Archéologie, 1834, como la Comision National des Monuments Historiques, 1837, fueron las encargadas de recuperar y mantener la recuperación del pasado bajo el ideal nacionalista.