octubre 21, 2026

Lagunas de Ruidera, Ruta de los Miradores

El Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, repartido entre las provincias de Ciudad Real y Albacete, es un espacio natural protegido de gran belleza, del que vamos a disfrutar desde las alturas, recorriendo la Ruta de los Miradores. El parque lo forman 15 lagunas que se reparten en los 30 kilómetros que dibujan el valle del Alto Guadiana.

El agua acapara el protagonismo en Ruidera; sus lagunas de aguas transparentes y azules crean un espacio único en la Península Ibérica. Esta es la serie completa de lagunas que nos encontraremos a lo largo del valle desde el Embalse de Peñarroya: Cenagosa, Coladilla, Cueva Morenilla, Del Rey, Colgada, Batana, Santos Morcillo, Salvadora, Lengua, Redondilla, San Pedro, Tinaja, Tomilla, Conceja y Blanca.


Si queréis conocer a fondo el proceso de formación de las lagunas, la flora, la fauna y la evolución de la comarca a lo largo de historia, resulta esencial la visita al Centro de Interpretación del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, que se situa muy cerca del comienzo de esta Ruta de los Miradores. De los dos centros existentes este el único que permanece abierto en la actualidad.

El centro es moderno, amplio y cuenta con muchos paneles de información, vitrinas, maquetas, acuarios... Pasamos un buen rato en sus salas, entretenidos desentrañando los entresijos de este paraje natural. Las barreras naturales que jalonan el curso del río y contienen sus aguas están formadas por toba o por travertino. El proceso de formación es fascinante.

Las aguas de lluvia que caen sobre el Acuífero 24 (Acuífero de la Mancha Occidental, uno de los mayores de España) disuelven la roca caliza de forma que el agua se carga carbonatos. El agua rebosa el acuífero desembocando en diversos manantiales que a su vez alimentan las lagunas; la fuerza de la corriente hace que, en su continuo choque contra restos vegetales, el agua libere buena parte del carbonato, se desgasifica, petrificando la materia orgánica contra la que golpea.

El proceso comenzó en el Cuaternario, hace 18.500 años y aun hoy continua evolucionando. El resultado es un paisaje del que solo existe un ejemplo similar en Croacia, el muy conocido Parque Nacional de Plitvice (Patrimonio de la Humanidad).

El equilibrio que regula las aguas de las lagunas es muy complejo y frágil. El acuífero es el que proporciona el principal aporte líquido de las lagunas, aunque la cantidad de agua que acumula no es no es visible desde el exterior y por ese motivo se producen situaciones curiosas. Así, a pesar de que se registren lluvias durante semanas, el nivel de las lagunas apenas crece, porque el nivel del acuífero está muy bajo, mientras que por el contrario, en época de sequía exterior, el nivel de las aguas puede incluso aumentar porque el acuífero se ha ido llenando meses antes y comienza a desbordar.

Cuando las lagunas alcanzan un nivel suficiente, el agua se desborda pasando de una a otra formando cascadas y, aunque no existe un consenso sobre el origen del nombre de Ruidera, el ruido del agua al fluir parece reforzar la teoría de que estaría relacionado con la palabra latina rivus, río, arroyo.

Por otro lado, entre la primera entrega de libros que Felipe II realizó a los Jerónimos del Real Monasterio de El Escorial en mayo de 1576 se encuentra el Atlas de El Escorial. Este manuscrito, catalogado como K-1-1, se compone de un mapa índice y veinte láminas, encontrándose la referencia a “Riadera”.

La riqueza biologica de Ruidera es enorme y especialmente sorprende, en un paisaje tan seco como La Mancha, la variedad de vegetación que concentra alrededor de las lagunas: encinares, sabinares, álamos, enebros, olmos o chopos, junto a retamas y carrizos por citar algunos. Las aves acuáticas, como el aguilucho lagunero, el porrón moñudo, el pato colorado o el somormujo lavanco se ven con facilidad.

Antes de comenzar el camino, nos entretuvimos un buen rato en el Castillo de Peñarroya, antigua fortaleza musulmana y que, desde 1215 fue administrado por la orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan que también había participado en su conquista. Su ubicación es realmente espectacular, sobre un acantilado bajo el que se construyó el embalse de Peñarroya.

El castillo se encuentra en bastante buen estado de conservación, con su foso, patio de armas, iglesia y murallas en pie.

Dejamos atrás el castillo de Peñarroya y nos acercamos al punto de inicio de nuestra ruta, muy cerca de las ruinas de la antigua central eléctrica de Santa Elena. El sendero tiene escaso desnivel y hay que tener en cuenta que una vez iniciado el ascenso dejamos de tener sombra durante todo el recorrido, hasta que volvemos a descender y encontramos cobijo en los árboles. En caso de caminar en un día de sol, sobre todo el verano, es conveniente llevar agua y un parasol. En nuestro caso, a pesar que iniciar el camino por la mañana, no muy tarde, el sol ya apretaba de lo lindo.

La Ruta de los Miradores de Ruidera nos lleva por un recorrido circular de unos 3 km, con escaso desnivel. Nosotros ampliamos el camino, por las alturas, para ir consiguiendo otras vistas y, por la parte baja, con un tramo de la ruta 1, junto a la Laguna de la Colgada, hasta completar unos ocho kilómetros en total. Un paseo muy recomendable.

Otros de los muchos puntos de interés dentro del parque, son las ruinas del castillo de Rochafrida, o la Cueva de Montesinos, donde nos pudimos hacer una idea del nivel del acuífero que alimenta las lagunas; en el interior de la cueva Don Quijote pasó una noche que sería el origen de una de las aventuras más insólitas del ingenioso hidalgo y que visitamos durante nuestra Ruta con Don Quijote, por cualquier lugar de la Mancha.

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