El Muelle de las Carabelas, situado muy cerca de Palos de la Frontera (Huelva), es un homenaje a la aventura en la que se embarcaron un puñado de marineros comandados por Cristóbal Colón, dispuestos a arriesgarlo todo atravesando el Océano Atlántico y que, para su propia sorpresa, les llevó a tierras del continente americano. Una travesía de resultado incierto, en la que muy pocos creían, en busca de una ruta más rápida hacia las ciudades asiáticas.
Las réplicas de las naves que, en el primer viaje colombino, surcaron el entonces llamado Mare Tenebarum, Mar Tenebroso, reposan en una dársena semicircular junto a la orilla del río Tinto, ese que nos transporta a otro planeta. Leer: "Minas de Riotinto, Marte está en Huelva".
La visita de las embarcaciones está concebida para que, sin demasiado esfuerzo, podamos hacer un pequeño viaje en el tiempo y admirarnos, no queda más remedio, ante los espartanos y reducidos interiores que revelan las duras condiciones de vida que la tripulación hubo de afrontar durante los algo más de dos meses repletos de incertidumbre que duró la travesía.


