octubre 02, 2015

Hoi An, Vietnam en rojo

Venta de comida en las calles de Hoi An, por El Guisante Verde Project

Hoi An, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO es, desde hace unos años, punto de encuentro y parada obligatoria para buena parte de los viajeros que recorren Vietnam, gracias a su excepcional casco antiguo, sus playas y una excelente cocina. El cau lau, la rosa blanca o bong hong trang, el hoanh thanh..., platos imprescindibles para establecer vínculos con los vietnamitas de la ciudad. Hoy caminaremos por sus calles a través de imágenes menos frecuentes, tanto es así que algunas resultarán muy familiares a cualquiera que haya viajado por el sudeste asiático, aunque no conozca esta pequeña ciudad situada en la desembocadura del río Thu Bon.

Marionetas en Hoi An, por El Guisante Verde Project

Sin embargo, la actual Hoi An navega entre dos aguas, se mueve en el peligroso límite entre lo auténtico y lo que nosotros denominamos pueblo-tienda debido a la proliferación de establecimientos comerciales orientados al turismo y a la presión que ello supone sobre la vida cotidiana de una ciudad que vive, precisamente, de una ensoñación, de un recuerdo de otros tiempos que debe proteger.

Farolillos en Hoi An, por El Guisante Verde Project

En nuestra memoria guardamos el anochecer como uno de los momentos más especiales para recorrer sus estrechas calles, cuando el alumbrado público se apaga y la Ciudad Antigua se ilumina con los reflejos creados por la luz de los faroles de seda, vidrio o papel con el rojo, el color de la alegría y la lealtad, como dominante. Es en ese momento cuando buena parte de sus habitantes se reune en las calles, vacías de turistas, en torno a sus comercios y casas comentando las incidencias del día. Podemos ser espectadores privilegiados, incluso convertirnos en actores principales, siempre que nos acerquemos a ellos con curiosidad y respeto.

Venta de Fruta en Hoi An, por El Guisante Verde Project

Dragón de porcelana en Hoi An, por El Guisante Verde Project

Hoi An desde el comienzo de su historia, cuando aun se la conocía por otros nombres, fue un importante puerto, aunque vivió sus años más prósperos durante los siglos XVI y XVII cuando la presencia de portugueses, chinos, japoneses, holandeses e indios la convirtió en un crisol cultural. Los primeros occidentales, los portugueses, llegaron a principios del siglo XVI, estimulando el creciente interés comercial de la dinastía Nguyen, uno de cuyos miembros, Nguyen Hoang, refunda la ciudad, dándole su actual nombre.

Puerta Circular en Hoi An, por El Guisante Verde Project

Los japoneses, que se asentaron al otro lado del río, construyeron una de las actuales señas de identidad la ciudad, el Puente Japonés, realizado en madera y unido a una pagoda budista del siglo XVIII en uno de sus extremos. Tanto chinos como japoneses consideraban Hoi An uno de los mejores lugares de toda Asia para el comercio, de ahí la frenética actividad que desarrollan y la importancia que alcanzó la ciudad.

Decoración amarilla, pagoda de Hoi An, por El Guisante Verde Project

Esos contactos comerciales han tenido su reflejo en las calles de la ciudad, donde los edificios muestran una combinación de diferentes estilos arquitectónicos que convierten a la Ciudad Antigua de Hoi An en única, gracias a su buena conservación. En sus calles encontramos mas de 1000 edificios cuya estructura, algunos incluso sus paredes, está realizada en madera. Un abanico que abarca desde casas particulares al muelle, pagodas, locales comerciales o el mercado. Todo ello estructurado en torno a un eje principal que condicionaba el desarrollo de la vida urbana, la orilla del rio y el puerto.

Barcos de pesca en Hoi An, por El Guisante Verde Project

La prosperidad del comercio colocó a Hoi An en el mapa y fue, paradójicamente, el declive de esa actividad durante el siglo XIX la causa de que hoy en día sea uno de los polos de atracción turística de Vietnam. La rebelión Tay Son, opuesta entre otras cosas al comercio exterior, ya provocó una primera crisis en la ciudad, que posteriormente se agravó con el triunfo del emperador Gia Long y la irrupción de Francia en la actividad comercial. Los franceses la derivaron prácticamente en su totalidad a la vecina Da Nang, si bien los historiadores locales apuntan como causa de la pérdida de influencia de Hoi An a una sedimentación del río que hizo casi imposible la navegación.

Tejadillo con dragón en Hoi An, por El Guisante Verde

Interior de pagoda con espirales de incienso en Hoi An, por El Guisante Verde Project

Aldaba en forma de cabeza de animal en Hoi An, por El Guisante Verde Project

La ciudad no sufrió presión por construir nuevos edificios y derruir los antiguos para adaptarse a las necesidades comerciales de los tiempos modernos, conservando prácticamente intacto su núcleo urbano, no solo los edificios, sino las infraestructuras de muelles, puentes y canales. La última gran restauración se realizó en el siglo XIX, siguiendo los métodos tradicionales de construcción, aunque un nuevo plan de conservación, restauración y promoción entró en funcionamiento en 2012 y se prorrogará hasta 2025.

Chua Ong en Hoi An, por El Guisante Verde Project

Paseando por Hoi An podemos sentirnos a menudo fuera de lugar, nos gustaría camuflarnos, vestir ropas como las de hace doscientos años y perdernos entre el bullicio de sus calles. Hoi An basa su belleza en lo real, lo tangible de su Ciudad Antigua que parece haber sido rescatada de las arenas del tiempo, como el conjunto de casas de los mercaderes chinos de Tran Phu y otras calles adyacentes, o casas singulares como la de Tan Ky, similar a las casas-tubo de la ciudad vieja de Hanoi; la de Phung Hung junto al Puente Japonés, que evoca en sus balcones a China, el tejado con cuatro vertientes a Japón y sus tres naves a Vietnam...

Decoración figurativa en madera en Hoi An, por El Guisante Verde Project

Los pabellones de las diferentes asambleas, como el de Hainan, levantado en memoria de 108 mercaderes chinos ejecutados por orden de un oficial del emperador Tu Duc, o el más opulento, el de Fujian, Phuoc Kien. Sin olvidar el encanto del barrio francés y la antigua calle Coubert con sus casas amarillas de puertas azules.

Phuoc Kien en Hoi An, por El Guisante Verde Project

Pero tan importante como lo material es lo que Hoi An evoca, ese ambiente de mezcla, de gentes y costumbres muy diversas conviviendo en un espacio mínimo, un recuerdo de voces en diferentes lenguas, de sabores irrepetibles, de fantasmas que aun dicen poder sentirse en las noches de lluvia, como la fundamental presencia japonesa, de la que no quedan casas, aunque aquí y allá veremos artesonados o la disposición de muchas viviendas que aun conservan su huella.

Nosotros pasamos varios dias en Hoi An, aprovechando su ubicación geográfica para visitar los restos arqueológicos de My Son y el Museo de la Civilización Cham en Da Nang. Permanecer varios días en un mismo lugar siempre aporta un extra a la hora de poder elegir las mejores horas y, por qué no, los mejores lugares para observar la vida local, tomarle el pulso y adentrarnos en su movimiento. Hoi An, ofrece una cara turística que no nos gusta demasiado. Sin embargo, es posible aun recorrer los campos que la rodean y conversar con los agricultores, o adentrarse en el complejo mundo de la comercialización de los nidos de golondrina, recorrer las antiguas casas y observar a los artesanos dar vida a sus marionetas. Solo se necesita tiempo.

Jardín de Pagoda con dragones en porcelana en Hoi An, por El Guisante Verde Project

6 comentarios :

  1. No he estado nunca en Vietnam, no está entre mis destinos pendientes, pero siempre me encanta leer cosas de este país. Por lo que veo Hoi An, merece mucho la pena, me ha encantado.
    Un saludo
    Carmen

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    1. Curioso que no esté en tu lista Carmen O , jejeje. Nosotros pensabamos que nos iba a sorprender menos por haber estado en otros destinos del sudeste asiatico y hemos vuelto enamorados. A veces, incluso un lugar tan turístico como este, sólo necesita ser visto con unas bicis, a horas donde ya las excursiones se han retirado...para ofrecer su mejor versión.
      Un abrazo ;-)

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  2. Tiempo. Esa es la diferencia entre un viaje y una simple visita. Me gusta, como decís, buscar las mejores horas, a veces incluso repetir visita, porque nada es igual, nada se repite del todo. Encontrar un casco antiguo así es una joya. Podemos sumergirnos en una cultura tan distinta que muy bien podría ser de otra época o de otro planeta incluso.

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    1. Siempre,Tawaki, el tiempo, el tiempo es el que marca la diferencia. No se trata de coleccionar sellos en el pasaporte sino de indagar, de aprender, y comprender en la medida de lo posible, aquello que visitamos. La prisa, la enemiga del viaje.
      ¡Saludos!

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  3. Desde que fuimos hace tres años a Asia por primera vez no hemos faltado cada año, nos hemos enamorado. Nos queda mucho por descubrir y Vietnam es uno de esos sitios. Este año he leído varias entradas en diferentes blogs de gente que ha ido y todos coinciden en lo maravilloso que es el país. Por lo que veo Hanoi es buena muestra de ello. Preciosas fotos y estupenda entrada, como siempre. Un saludito.

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    1. Es que Caliope, ya sabes bien que Asia es contagiosa, una vez que vas, no hay forma de evitar volver..., y que siga así. Hanoi es un frenesí, una mezcla de viejas tradiciones y adaptación al siglo XXI a toda máquina. El país, de lo mejor que hemos visitado, en todos los sentidos.
      ¡Un abrazo!

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