mayo 30, 2016

Ibiza, un réquiem por la Fiesta


¡La Fiesta ha muerto, viva la Fiesta! Este podría ser un buen comienzo para nuestro viaje en busca de una Ibiza diferente, un réquiem por la que ha sido, y aun es para muchos, la referencia de esta pequeña isla mediterránea, la Fiesta. Al salir hacia Ibiza, Eivissa, sentíamos curiosidad por conocer las señas de identidad de una ciudad que forma parte de las 25 ciudades españolas nombradas Patrimonio de la Humanidad.

Durante unos días, escasos, hemos intentando conocer la otra cara de Ibiza, la que poco a poco se reivindica entre sus habitantes y también en el exterior, alejada de las noches sin fin y del exceso. La que busca reencontrarse con la naturaleza y con la historia, rica como en pocos lugares, de un estratégico trozo de tierra repleto de pinos que prestaron su nombre para designarla, junto a Formentera y los islotes de ambas, como Islas Pitiusas. Un nombre al que ya se refería Plinio el Viejo, y con el que griegos y romanos las separaban claramente de sus hermanas mayores, Mallorca y Menorca, las Gimnesias.


Ibiza es una isla en la que, nos lo han confirmado todos aquellos con los hemos podido conversar, todo el mundo tiene cabida, haciendo suyo aquello de vive y deja vivir, abierta, tolerante y precisamente por eso la noche y la fiesta se mantienen vivas, si bien se respira un deseo de nuevos aires, de que la importancia económica y mediática que tienen, se equilibre con la de otras facetas y atractivos turísticos que Eivissa posee, en blanco y azul.


La inestable situación política en el Este del Mediterráneo ha puesto a Ibiza en el punto de mira de decenas de miles de turistas, lo que probablemente va a complicar aun más la situación que la Isla vive cada verano. El desfase entre los recursos disponibles para una población de unos 150.000 habitantes que se eleva hasta los 400.000 durante los meses de verano es evidente. Una situación que trata de mejorarse, y la lucha contra la estacionalidad del turismo se nos antoja fundamental.

Nosotros hemos viajado en mayo, gracias a Ibiza Turismo por haberlo hecho posible, un mes en el que muchos establecimientos de ocio y la mayoría de las discotecas no han comenzado la temporada, para encontrarnos con esa otra Ibiza que, esperamos, gane la partida.


Podemos confirmar en la Necrópolis del Puig des Molins, reconocida Patrimonio de la Humanidad que la más extensa de las Pitiusas, estaba llamada a ser una coctelera de culturas, por su situación fronteriza entre Europa, Asia y Africa y ofrecer un espacio protegido para la navegación.



Los fenicios, grandes viajeros y comerciantes, han dejado su huella en este yacimiento junto con los cartagineses y romanos, mostrando que no sólo las mercancías, sino también las ideas, el arte, los ritos funerarios, los dioses, héroes y leyendas inundaron en varias oleadas esta pequeña isla de 41 Km por 14 km.


La identidad de la Isla se ha fraguado con muchas capas y culturas diferentes, igual que ocurre con el podenco ibicenco, una raza autóctona que llegó probablemente desde Egipto, como atestigua su parecido con las representaciones del dios chacal Anubis.


Los fenicios llamaron a la isla Ibossin, la isla de Bes, un dios que también tenía culto en Egipto y que es a la vez un dios doméstico, protector de la familia y de los partos, juguetón y amante de la fiesta (quien sabe si un preludio de lo que se avecinaba). Precisamente en el museo recién restaurado podemos ver excelentes piezas como los amuletos aegyptiaca de orígen fenicio o copias fenicio-púnicas, que atestiguan el contagio con la cosmogonía del país de los faraones.




La colección del museo nos habla también del culto a la diosa Tanit, o Astarte, de la que el museo posee una muy bella colección, con bustos de todos los tamaños. Hay que visitar este yacimiento con especial atención a los pequeños detalles, la policromía intacta de los ungüentarios, esas diminutas anforas que guardaban el kohl para los ojos y otros productos para el maquillaje; también vemos amuletos, joyas, objetos de uso común que nos ayudan a entender la vida y costumbres de estos pitiusos emigrados desde Tiro, Biblos o Cartago.


Nos encontranos también con una vitrina cuanto menos extraña, que contiene un sarcófago de plomo, un material poco utilizado y que contuvo dos enterramientos infantiles.


En la Necrópolis des Puig des Molins conviven diferentes enterramientos, fenicios, cartagineses y romanos. Son visitables los hipogeos de la Mula, abiertos entre los siglos V y IV a.C. Su nombre hace referencia a su descubrimiento, al ser encontrados por azar al caer una mula por el conducto destinado a deslizar los ataúdes. Junto al ajuar funerario encontramos un amuleto que ha acompañado desde hace siglos a los fallecidos, el escarabajo, que al igual que en el antiguo Egipto era muestra de renacimiento, ese pequeño insecto pelotero que se crea una coraza de tierra, enterrándose para reaparecer de nuevo, tal vez una metáfora de la identidad isleña.



Baluartes, atalayas, torres defensivas y murallas que se adaptaban una y otra vez a los sarracenos, turcos y piratas, han dado forma a los puntos altos de la isla y en especial al casco histórico de Dalt Vila, otra de las zonas incluídas en la lista del Patrimonio de la Humanidad, que por un momento, con su sillería perfecta nos invita a protegernos en el interior de sus zigzagueantes callejones amurallados.


Aunque hoy tenemos la suerte de no vernos tratados como enemigos, el foso de entrada y la puerta con el escudo imperial y estatuaria romana nos dan la bienvenida, tras acceder al interior por el patio de armas, en lugar de aguerridos defensores nos encontremos restaurantes, tiendas de artistas y recuerdos, tal vez más peligrosos...


Subimos hasta lo alto de Dalt Vila, prestando atención a los palacetes, sus ventanas y portadas, comprobando que cualquier cuesta y escalera es una excusa para buscar la puesta de sol, aunque los tejados y construcciones exteriores a la zona amurallada, ofrecen a nuestra retina un marco demasiado humanizado.


Subimos hasta la Catedral, dedicada a la Virgen de las Nieves, también con aspecto de fortaleza, comprobamos que la primera construcción gótica fue literalmente invadida por el posterior añadido barroco, y ahora juega con nosotros al no ofrecernos una portada de entrada clara. Tampoco quedan restos de la antigua mezquita de Yebisah, sobre la que edificó. Nos mostrará una de sus mejores vistas por la noche, brillando en lo alto, con su única torre como un faro que señalaba a los que llegaban desde el mar su inexpugnable condición.


Hay que contemplar desde allí arriba la forma en la que se ha expandido la construcción en la isla que ahora parece mirar hacia el puerto y sus famosas discotecas. El embarcadero situado a los pies de Dalt Vila se encuentra entre los atraques más caros del mundo, el privilegio de poder acercarse en barco a la zona antigua.

Ibiza es una isla de pequeños pueblos, iglesias blancas y muy sobrias, una arquitectura civil perfectamente adaptada al medio. Y subir al Puig de Missa en Santa Eularia nos ofrece una inesperada vista, ya que vamos a encontrar volúmenes que nos recuerdan los trabajos de Le Corbusier.




Es interesante que la casa payesa no tuviera un único tejado para cobijar a la familia, sino que constituye un conjunto modular que, superponiendo cubos y cuadrados, se adaptaba al número y al aumento de sus moradores. Bordes redondeados, orientación al sur para aprovechar mejor la luz y el calor, muros anchos…, son muchas las cosas que la cultura payesa podría hoy enseñarnos en términos de sostenibilidad.

Y precisamente en una casa payesa, Can Ros, se encuentra el Museo Etnográfico de Ibiza


Paneles informativos, magnificas fotografías y estancias ilustran la vida y costumbres de los payeses. También nos hablan de rituales como el cortejo, las citas con tiempo limite para conquistar a la futura esposa. Eso sí, con una silla entre ambos pretendientes, y las manos bien visibles. La costumbre de la legítima, el hijo mayor heredaba la hacienda, ponía muy complicado el futuro del resto de los descendientes y en la práctica hacia que la mayoría de los matrimonios fuesen acordados. Por ello parece lógico que la mujer ibicenca compita por tener una valiosa emprendada, un conjunto de collares que mostraba en las fiestas y bailes, y que heredaban sus hijas y nietas, o los anillos de compromiso de los que cuelgan un corazón y una llave, puro simbolismo.



Vamos a encontrar todo tipo de aperos utilizados en las almazaras, porque Ibiza es una tierra de olivos, los capachos de cuerda utilizados para prensar y escurrir el aceite, o las bancadas utilizadas para lograr la tensión adecuada al tejer las esparteñas, las reconocidas sandalias de Ibiza, que vemos siguen en uso, más allá de las modas.

Hasta aquí este pequeño recorrido por la historia de Ibiza. En la segunda parte, descubriremos la gastronomía de la isla y nos veréis con las manos en la masa, elaborando un postre típico, el flaó en una finca ecológica, una muestra más de la reinvención de la economía ibicenca. Nos queda por visitar el tesoro, también patrimonio de la humanidad, que la naturaleza nos regala entre Ibiza y Formentera: la pradera de posidonia oceánica, en realidad una planta que huyó al mar, y la responsable de esa paleta de turquesas que nos invita a sumergirnos bajo la superficie.


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6 comentarios :

  1. Fuimos a Ibiza porque vimos unos vuelos baratos en abril, con la única intención de desconectar un fin de semana, y nos encontramos con una isla preciosa que va mucho más allá de la fiesta, y que como decís vosotros, tiene una historia fascinante y unos yacimientos imprescindibles!

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    1. Si que lo es M. Carmen Cruz, y desde luego en temporada baja ya está entre nuestros favoritos. Es genial cuando viajas sin expectativas y te encuentras con todo esto ¿verdad?, un abrazo muy fuerte ;-))

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  2. Tengo muchas ganas de ir a Ibiza, no tanto a las playas, que no dudo que sean magníficas, como a recorrer la isla pausadamente y conocer in situ su historia. La diosa Astarté también está muy presente en la antigua Gadir, las piezas del museo que mostráis son hermanas de las que tenemos por aquí. Unas fotos preciosas. Un abrazo!

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    1. Y nosotros Caliope ya estamos tardando en ir a visitar a sus hermanas...jejeje. De hecho nos sorprendió mucho este museo ya que nuestra idea era que los yacimientos eran mucho menos ricos que los de Gadir... no queda otra que comparar ¿verdad? Un abrazo ;-))

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  3. Se agradece una visión refrescante, desde un punto de vista muy diferente al habitual, de esta preciosa isla que estoy deseando conocer.

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    1. Esa era nuestra idea Tawaki, una cara B de la isla, ya nos contarás tu experiencia, un abrazo ;-))

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