julio 09, 2019

Alforja, manta y Pélardon. Viaje por el Parque Nacional de Cévennes en Lozère, Francia


¿Qué secretos esconde Lozère, en el Parque Nacional de Cévennes? ¿Por qué acercarse a estas montañas que se alzan en la antigua región de Languedoc-Rosellón, tan cerca del mar Mediterráneo? En ocasiones, el mapa geográfico y el mapa mental de nuestros viajes no siempre coinciden; estamos en el sureste de Francia, incluido desde 2016 en la más amplia región de Occitania. Aquí Carcassone, Toulouse, Albi..., ya nos han seducido con sus mejores galas en viajes anteriores, así que, llenos de curiosidad, llegamos en esta ocasión a Montpellier, nuestra puerta de entrada al Parque nacional de Cévennes, que recorre los departamentos de Gard y Lozère. La sede del parque se encuentra en la ciudad de Florac.

Sigue siendo mágico hacer zoom en el mapa de una zona que vamos a descubrir e imaginar todo lo que nos espera y desconocemos por completo. Comprobar como cada elección en un cruce de sinuosas carreteras de montaña nos muestra la belleza de un valle, una gruta o una garganta y, a la vez, nos aleja de otro tesoro que tendrá que quedar para la siguiente visita.


En esta ocasión Montpellier, una desconocida para nosotros, ha sido nuestra puerta de acceso a una Francia más rural, más tranquila. Nos vamos a recorrer Gard y Lozère, el Parque Nacional de Cévennes, una zona menos poblada, con entretenidas carreteras de montaña y pequeñas poblaciones que hacen gala de una vida más lenta y que encaja perfectamente con un viaje slow, como nos gusta, donde una buena sobremesa, disfrutando tanto de la gastronomía de la región como de las conversaciones y anécdotas de sus lugareños, no está reñida con la aventura de una vía ferrata, o la posibilidad de imitar a Robert Louis Stevenson recorriendo estas montañas en la compañía de un burro.





Es una zona verde que nos hace sentir como en casa, con montes forrados de vegetación, castañares, con colores exultantes en primavera y que, ya nos lo han advertido, en otoño se convierte en un espectáculo de amarillos, ocres y rojizos.

Tras nuestra visita de Anduze, la Bambouseraie, el bosque de bambú más grande de Europa, la impresionante Cueva de Trabuc y nuestras peripecias en la Vía Ferrata de Rousses, estamos listos para una nueva aventura.

Cartel de La Ferme des Cévennes - Florac, Lozère (Francia) por El Guisante Verde Project

Nos dirigimos a La ferme des Cévennes para, entre otras cosas, aprender más acerca del famoso queso Pélardon, ya reseñado por el naturalista romano Plinio el Viejo en el siglo I. Hay pocos visitantes cuando nos acercarnos a la granja. La granja está en lo alto de una colina, alejada de todo, una oportunidad para desconectar, para sentirnos de nuevo como niños, mezclándonos con el rebaño de cabras que alborota a nuestro paso.



Nos han preguntado si además del taller sobre la elaboración del queso queríamos visitar la granja y ver los animales, ¡desde luego!.

Aunque como nos recuerda nuestra anfitriona, lo primero es lo primero, acceder a las zonas comunes y tomar un café ante la inmensa chimenea, aquí pueden compartir mesa, una table enorme, los alojados en la casa anexa. Ya estábamos arrepentidos de haber desayunado antes, al ver las mermeladas caseras, de kiwi, de verduras, el pan, ¡qué envidia nos da siempre el pan!, y curioseamos por infinidad de acogedoras salas, que como en un sueño, están a diferentes alturas, con muchos recovecos y techos enormes, invitando al visitante a perderse y olvidar las prisas.






Apetece conversar con los inquilinos, con las más de 200 cabras, el macho separado en una estancia aparte que berrea como si estuviera ronco, las ruidosas ocas que avisan de lo eficientes que son como vigilantes, las gallinas, las hambrientas cabritas pequeñas que se lanzan en tromba a por las tetinas, con leche que suple aquella que sus madres “donan” para hacer los quesos que degustaremos luego.

Cualquiera diría que estamos inmersos en un cuento y no nos resulta raro que los animales hablen; los afables perros que cuidan del rebaño buscan caricias aburridos, los pequeños burros, que luego serán nuestros acompañantes, nos miran simpáticos, como posando para un dibujo.




En parte curiosos ante nuestra visita, todos los animales se muestran mucho más solícitos ante la voz de nuestra guía, es ella quien que les alimenta, tranquiliza, regaña, anima, reordena…, en una sucesión de tareas, que no le impide contarnos de forma completa y animada infinidad de detalles sobre los trabajos de la granja y la elaboración del Pélardon.

Se nos ha ido la mañana sin darnos cuenta, probando como se mezcla el suero, cuanta dedicación requiere cada pequeño queso en sus diferentes etapas de maduración... El olor comienza a ser muy intenso, así que nos despojamos del gorro y el delantal y salimos a la zona donde están expuestos para su venta multitud de manjares, además del queso encontramos embutidos, miel, castañas, terrinas, todas las delicias de Cévennes. Es hora de catar el queso, y de llenar las alforjas para nuestra caminata de la tarde.




El GR 70 es el sendero señalizado, un gran recorrido que cruza los Cévennes y nos invita a adentrarnos en las montañas y pueblos cercanos, como en Viajes con una burra a las Cévennes, el libro del escritor Robert Louis Stevenson, que narra en él sus peripecias, su cuaderno de viaje. Escrito en 1878 , y publicado al año siguiente, afirma que el era un viajero insólito en aquellas tierras, y nos habla ya de la hospitalidad de sus anfitriones que celebran su paso con copas y copiosos desayunos, así como de la libertad de opiniones y terribles disputas en las tabernas entre sus habitantes, “es como una Polonia montañesa” describe, haciéndose eco de la turbulenta historia de la Polonia de esos tiempos.


La burra que acompaño a Stevenson se llamaba Modestina, tal vez este dato me llevó a confundir el sexo de Anis, y lo cierto es que nuestro amigo de cuatro patas no me lo perdonó. Tendría que haber leído con más atención el capítulo “la burra, la carga y la albarda”. Como en algunos blogs de viajes actuales, Stevenson ofrece muchos detalles de cómo hacer un equipaje adecuado para perderse por los Cévennes, lo suficientemente ligero y austero para no llamar la atención de los ladrones, y adecuado para hacer noche al raso, con un moderno “saco de dormir” hecho a medida para la ocasión, reconvertido en bolsa para llevar sus pertenencias durante el día.

Anis y Oregon, nuestros burros de Cévennes - Florac, Lozère (Francia) por El Guisante Verde Project

Lo cierto es que nuestro Anis era más temperamental que su Modestina, y me dio algún que otro susto al encontrarse con los burros que pastan libremente por el camino. Fue el momento de aceptar el sentido común de Roberto, que llevó las riendas el resto del trayecto, situándose todo el tiempo en el lado contrario al precipicio, eso sí, evitando la tentación de Anis de empujarnos hacia la pendiente, y que niveló el escaso peso de las alforjas con una piedra, para que la bolsa con las viandas no se fuera una y otra vez al suelo. Tal vez Anis estaba algo molesto por que no le consideramos de confianza para cargar con el todo el equipo fotográfico, que iba, a salvo, en nuestras mochilas.

Oregon, el otro de los burros que nos acompañaba, también hizo de las suyas con Sonja, aunque pareció acomodarse mejor a los mimos de Andrea y a la firmeza de Elsa, nuestra guía todoterreno que llevó las riendas en el camino de vuelta.

Una vez terminado nuestro paseo por los Cévennes, nos dirigimos a Florac, a el Hotel Gorges du Tarn, con el mismo nombre de las famosas gargantas, desde allí saldríamos a cazar estrellas y fotografiar el cielo nocturno, en un espacio privilegiado por la escasa contaminación lumínica, en 2018 el Parque Nacional de Cévennes ha sido certificado como Reserva internacional del cielo oscuro. Esta vez no tenemos suerte, un cielo cubierto nos dice que tendrá que ser en otra ocasión y como buenos viajeros nos dejamos agasajar por la gastronomía del Adonis, el restaurante del hotel, que resulta una grata sorpresa.

Mesa de Quesos del Restaurante Adonis - Florac, Francia por El Guisante Verde Project

Con los vinos y quesos de la zona ya estamos en condiciones de compartir con nuestras acompañantes la que sería una de las anécdotas más celebradas de este viaje: una pequeña confusión, apenas de una letra, entre donkey y monkey, que nos había llevado a pensar que el recorrido lo haríamos acompañados por monos y no por burros…, ¿despiste, dislexia, falta de atención?, en el repaso a la obra de Stevenson, nos habíamos dejado llevar por las aventuras de la Isla del Tesoro, en la que los tozudos de cuatro patas no tenían cabida, aunque ¡¿monos en el interior de Francia?!, las risas estaban servidas…





Todas las discusiones eran posibles en este ambiente distendido; ¿nos habíamos contagiado del espíritu de Stevenson? Las guerras de religión convirtieron a los Cévennes en refugio de protestantes calvinistas. Hay que recordar que Cévennes es el corazón de la revolución de los Camisard, los hugonotes franceses, y Stevenson nos recuerda en su libro sobre el viaje por estas montañas que los habitantes tenían fama de rebeldes, aunque también de afables y parlanchines. Somos testigo de ello.

Para disfrutar de esta región, tenemos que llenar nuestras alforjas de ganas de descubrir y compartir, vagar sin prisas y prestar atención a paisajes y costumbres que se resisten a cambiar. Hemos disfrutado como niños, un viaje que incluye animales, diversión y placeres sencillos. El Parque Nacional de Cévennes, con más de 400 granjas, puede considerarse un refugio del paisaje y el estilo de vida tradicional en Francia.



Más información sobre Occitania-Sur de Francia: Occitania-Sur de Francia

Agradecimientos

Este viaje ha sido posible gracias a la colaboración de la Oficina de Turismo de Francia y de la Oficina de Turismo de Lozère.

El Guisante Verde Project mantiene todo el control editorial del contenido publicado.

julio 01, 2019

¿Que estamos haciendo con Van Gogh? El Arte Espectáculo

Van Gogh, Autorretrato con Sombrero de Paja (detalle) - MET. Nueva York por El Guisante Verde Project

Hoy nos apetece escribir sobre Van Gogh y nuestras impresiones después de muchos años, viajes y visitas a museos para contemplar y comparar sus obras. El pintor holandés es una garantía de éxito, las múltiples exposiciones, películas, documentales, libros, subastas de arte de sus lienzos, que son siempre noticia, así lo atestiguan. Pero, ¿qué estamos haciendo con Van Gogh? El arte espectáculo.