octubre 27, 2008

"Manhattan Transfer", John Dos Passos


Leí este libro por segunda vez tras la caída de las torres gemelas.

Cuántos han cantado tu caída y siempre renaces de tus cenizas.


Magnífico retrato de una ciudad y su espíritu. Infelices en busca de un sueño, la ciudad, el progreso, los rascacielos, los taxis, las bombas contra incendios, el éxito, el fracaso, la tierra de las oportunidades, el dinero, el psicoanálisis, la bolsa, la corrupción…

Wall Street

Es la New York de comienzos del siglo XX la verdadera protagonista, el personaje que devora y se impone sobre los otros, destruyendo ideales, amor, juventud, sembrando la semilla para la caída del 29.

Un lechero que llega a político, Gus McNiel; un abogado que asciende a fiscal, George Baldwin; un niño bien que termina de vagabundo, Jimmy Herf; un marino que se hace millonario, Congo Jake; una actriz que llega a directora de revista, Elaine.

George Washington en Wall Street

Personajes a los que nos tienen acostumbrados las películas, y sobre todos ellos el espíritu emprendedor, el futuro, la esperanza. 

Los rascacielos como metáfora de las metas de los habitantes de la Gran Manzana.

Un relato que se vuelve profético en nuestros días. Sobre el frontón de la New York Stock Exchange, la Bolsa más grande del mundo, puede leerse: “La integridad protege el trabajo del hombre”.

Bowling Green Bull

El Bowling Green Bull, un enorme toro de bronce que fotografían todos los turistas, es junto con los osos, la representación del alza y la baja del mercado bursátil.

El toro intenta embestir al oso, y éste espera su momento para estrangularlo, André Kostolamy.

Osos contra toros, es una expresión que ilustra el juego de los especuladores.

De las anticipaciones de los osos -que ceden títulos porque creen en la baja de las cotizaciones- y de los toros -que compran a un precio porque apuestan al alza- resultan los movimientos de la bolsa.

¡Lástima que a los Osos y a los Toros no les guste leer!


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octubre 16, 2008

Sukhothai, memoria de un Reino

Atardecer en Sukhothai

Sukhothai, "El ocaso de la Felicidad", es un nombre que nos puede resultar, cuanto menos, extraño para una ciudad.

Sin embargo, Sukhothai no solo fue la capital de un gran reino, sino que marca en la línea cronológica del tiempo, un momento cumbre del arte y la cultura Tai, adquiriendo, tal vez, un significado premonitorio de los tiempos, menos grandiosos, que llegarían después. En este sentido, el nombre resulta de lo más acertado.

Por otra parte, para nosotros, supuso todo lo contrario, un renacer, un descubrimiento, una atracción que no nos abandonará nunca.

Pasear por las ruinas de la antigua Sukhothai, admirar sus construcciones, sus esculturas, sus budas, tratar de asimilar sus dimensiones, de comprender qué significó..., supone una experiencia inolvidable. Incluso las partes más arruinadas transmiten algo mágico, que te transporta a otra época.

Buda reclinado

En el Parque Arqueológico de Sukhothai, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, queda aún mucho trabajo de investigación por hacer, mucho por restaurar y descubrir, pero no importa. Los magníficos edificios del reino de Sukhothai que aún perviven, y cualesquiera que fueran sus orígenes, su cronología, o su verdadero significado, nos muestran un glorioso legado de la historia del pueblo Tai en los valles del norte de Tailandia.