enero 04, 2008

A Orillas del Bósforo...


.., donde Oriente y Occidente se dan la mano, podemos comprender esa división que desde siempre ha invadido el alma de los turcos.

Una dicotomía que es fuente diaria de debate en la propia Turquía, y que se refleja en todos los ámbitos de la vida cotidiana, y en todas las capas sociales.

También los artistas, los escritores especialmente, se hacen eco de esta situación, como, Orhan Pamuk en Nieve. No fue Turquía nuestra primera experiencia en un país musulmán, aunque si podemos decir que, hasta el momento, fue de la que más aprendimos, gracias, precisamente, a sus contradicciones.

Por una parte, la religión musulmana domina el ámbito religioso del país; por otra, Turquía es un estado laico, y los estamentos oficiales defienden este carácter contra viento y marea.

El resultado de esta situación es que en ningún otro país se puede disfrutar de tantas y tan bellas mezquitas; en ninguno se pueden conocer tan profundamente los ritos religiosos y asistir a la práctica diaria de la fe; y, por último, en ninguno se puede conversar tanto sobre estas cuestiones con la gente de la calle como aquí. Recorrer Turquía es, en muchos sentidos, como volver a casa después de un largo viaje. Posee restos arqueológicos romanos, griegos (en muchas ocasiones mejor conservados que los de lugares más afamados), paleocristianos y otomanos. Todo el abanico de nuestra civilización se encuentra disperso por estas tierras, así como en museos excepcionales, como el de Civilizaciones de Anatolia, en Ankara, la capital, donde destacaríamos las piezas.

Mucho podríamos hablar sobre el resto de museos, el paisaje, variadísimo y sorprendente hasta el extremo, la gastronomía..., y todo ello sin mencionar la que para muchos es la única seña de identidad de Turquía: Estambul.

No comentaremos, en esta entrada, nada sobre la ciudad; lo haremos mas adelante, poco a poco, recordando y soñando, a orillas del Bósforo...


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2 comentarios :

  1. Seguir a Orhan Pamuk por las calles de Estambul a través de su protagonista -existencial y detectivesco al mismo tiempo, como los de Auester- en El Libro Negro fue sin duda una experiencia desde la virtualidad y la memoria literaria que aún no ha superado otro autor en mis lecturas. Sueño Estambul como una laberinto, como una encrucijada llena de misterios, certidumbres, sospechas, mercados y realidades históricas encontradas. Es una lástima que como prmio al Premio Nobel, el radicalismo lo haya exiliado fulminantemente a otro continente, lejos de ese mapa que, afortunadamente, ya pertenece a una memoria mayor que es el Libro Negro y otros de Pamuk. Sencillamente, un viaje mental fascinante y embriagador.

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  2. Estuve en Turquía hace diez años aporximadamente, y fue un lugar que me cautivó sobre manera, con Europa por un lado y la parte oriental por otro,algo que sólo se puede concebir en un lugar como este, precioso.
    En ese tiempo era bailarina de danza del vientre y cuando vi bailar a la gente de allí, me di cuenta que no era ni parecido a la manera en la que yo bailaba, eso me hizo querer saber más, ya no he vuelto, cosads uqe pasan pero me gustaría regresar un día.Un besazo guisante.

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