El Granero de San Francisco, un precioso campo de lavanda, se oculta entre los viejos muros del antiguo convento franciscano de San Bartolomé, fundado a finales del siglo XV en un descampado a tiro de piedra de la pequeña localidad de Santa Gadea del Cid, Burgos, uno de los Pueblos Mas Bonitos de España.
Durante el mes de julio se produce la mayor floración de la lavanda, así que es el momento perfecto para visitar este singular enclave burgalés.
Del antiguo convento apenas queda nada, ya que, las mejores piedras de sillería se utilizaron para diversas restauraciones y reformas del cercano Monasterio del Espino. Los propietarios, los Misioneros Redendoristas, también lo son del Granero y han impulsado un proyecto que, ademas del cultivo y aprovechamiento de la lavanda, incluye diversas actividades culturales, visitas guiadas y talleres.
Pasear por el campo de lavanda del Granero de San Francisco, no hay muchos en España, despierta los sentidos, la vista y el olfato especialmente. Aunque la zona no está aun, afortunadamente, masificada por el turismo, se hace necesario elegir bien el momento: un día entre semana, por la mañana o a última hora de la tarde puede ofrecer una caminata relajada entre las hileras de lavanda y una sesión fotográfica, sin demasiadas aglomeraciones.
Aunque parezca una obviedad, no está de más recordar que recordar que el sol cae a plomo en estas tierras burgalesas durante el verano, por lo que si también podéis elegir un día con algunas nubes en el cielo, lo agradeceréis. Y no, no resulta imprescindible vestir de blanco para la visita, aunque debemos reconocer que las fotos quedan bien.
El edificio más imponente es el que da nombre al espacio, un gran granero de madera. A nosotros nos recordó inmediatamente a esos graneros que tantas veces vimos en Estados Unidos, recorriendo las carreteras y pueblos de Vermont y el estado de Nueva York, inmortalizados también en infinidad de películas. En su interior se encuentra la tienda, el bar y es el espacio que se habilita para conciertos, eventos y celebraciones.
Lo que hoy en día es un pequeño recinto rodeado por un muro, cubierto por una alfombra de color violeta, el Granero de San Francisco, tiene tras de sí una larga historia, que os invitamos a leer sentados entre la lavanda, o en las mesas de madera, aprovechando la sombra que proporciona el alero del edificio principal.
Sobre una antigua ermita dedicada a San Bartolomé, el franciscano reformista fray Lope de Salazar y Salinas, hijo del conde de Haro, fundó hacia 1458-1460, gracias a las limosnas, el convento franciscano de San Bartolomé. Fray Lope, que había tomado los hábitos a los 14 años, impulsó una importante reforma de las estructuras de la vida religiosa, aunque no sin dificultades.
No obstante, la entrada de los monjes en la observancia hizo que el monasterio fuese abandonado a comienzos del siglo XVI. Un miembro de una de las familias más importantes de Santa Gadea, Antonio de Padilla, Adelantado Mayor de Castilla vio una oportunidad de ampliar su influencia. Así, en 1526, solicitó al provincial franciscano fray Bernardino de Salcedo la autorización para fundar un monasterio de monjas de la Concepción. En algunas crónicas se recoge que las religiosas fundadoras provenían del monasterio original de Toledo.
Sin embargo, las monjas, con la mediación del arzobispo Cristóbal de Vela y Acuña, se trasladaron a Burgos en 1589, donde habilitaron un edificio como convento bajo la advocación de San Luis, obispo de Tolosa, por lo que fueron desde entonces conocidas como las luisas. La marcha de Santa Gadea no disminuyó la influencia de los Padilla, ya que, la abadesa que tuteló la mudanza fue un miembro de su linaje, Casilda de Padilla.
El antiguo convento de San Bartolomé quedaba, de nuevo, abandonado, si bien, las autoridades franciscanas lo repoblaron con monjes de la misma provincia. Martín de Padilla y Manrique, al que Felipe II había concedido el condado de Santa Gadea en 1587, pleiteó por el patronato del viejo convento. Lo consiguió en 1592. El cenobio fue destinado a casa de recolección en 1671, lo que implicó algunos cambios en las estructuras de los edificios, como la pérdida del claustro asociado al huerto o la despensa.
La vida monacal continuó con altos y bajos provocados por las múltiples visicitudes de afectaron al reino durante los siglos XVIII y XIX, pero fue en 1835, cuando la desamortización impulsada por Juan Álvarez Mendizabal expulsó a los últimos moradores del pequeño monasterio. Tras sufrir las consecuencias del abandono y los saqueos durante algunas décadas, finalmente, la propiedad fue adquirida por los Misioneros Redendoristas que, tras su vuelta a España en 1879 con el cambio de la situación política, habían realilzado varias fundaciones, como la del muy próximo Monasterio del Espino.
El Granero de San Francisco se encuentra en las estribaciones del Parque Natural de los Montes Obarenes - San Zadornil, en un punto muy próximo a la confluencia de Álava-Araba, Burgos y La Rioja, no hacen falta excusas para acercarse hasta este pequeño campo de lavanda y pasear entre las flores a resguardo de sus muros centenarios.












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