La pequeña localidad de Santa Gadea del Cid, con su casco histórico medieval, excelentemente conservado, declarado Bien de Interés Cultural, se abre camino entre los lugares a visitar de la provincia de Burgos, al ser incluido entre los Pueblos Más Bonitos de España.
Por el momento, a saber cuánto durará, la población escapa a la presión del turismo de masas y es posible recorrer su conjunto histórico tranquilamente, con el bullicio de fin de semana concentrado en la plaza de la iglesia.
Al acercase a Santa Gadea del Cid, ya desde lejos, la silueta del castillo y de las murallas nos habla de un enclave de marcado carácter defensivo, como el que efectivamente tuvo su fundación en el siglo XI sobre la frontera de Castilla y Navarra. La fortaleza que lo protegía marcó el desarrollo urbanístico de la población que, al abrigo de sus murallas, creció formando una peculiar silueta de triángulo. Hoy en día solo podemos contemplar algunos tramos de las murallas como parte integrante de los muros de diversas viviendas.
En cuanto al nombre de Santa Gadea del Cid, hay que aclarar que Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, nunca caminó por las calles de esta villa. Santa Gadea ó Santa Águeda, toma el nombre de la patrona de la localidad, mientras que el añadido del Cid se hizo en el siglo XIX, para diferenciarlo de otras poblaciones de la zona con el mismo nombre, o según otras fuentes, como homenaje a la ficticia Jura de Santa Gadea: una leyenda medieval que afirma que el Cid obligó al rey Alfonso VI a jurar, en la iglesia de Santa Gadea de Burgos, que no había participado en el asesinato de su hermano, el rey Sancho II. Este episodio no aparece en el Cantar del Mio Cid, pero está muy arraigado en la cultura popular.
Volviendo al conjunto histórico de la villa, se sabe que, originalmente, tres puertas servían para controlar la entrada y salida de los vecinos y visitantes y, más importante aún, facilitar el cobro de los tributos a las mercancías. De esas tres puertas, podemos aun admirar dos de ellas, góticas del siglo XV, la Puerta Encima de la Villa, antigua cárcel, y la Puerta Arco de la calle de Abajo o Puerta de las Eras ambas en un asombroso buen estado de conservación.
Las puertas de la villa son muestra de la capacidad defensiva de Santa Gadea del Cid: una sólida construcción con bloques de piedra, torres, dobles arcos de entrada, saeteras y los escudos de armas (borrados) de dos familias nobles, los Padilla y los Manrique.
Caminando por las calles de Santa Gadea del Cid, rápidamente llama la atención la arquitectura popular, las casas con entramados de madera y ladrillo y sus escudos heráldicos, o los soportales, como los de la plaza donde se levanta el templo principal de la localidad, la Iglesia de San Pedro Apóstol. Es un edificio imponente, que llama la atención por sus dimensiones, realizado en piedra de sillería en el siglo XIII y levantado sobre un templo anterior, románico, del que apenas quedan vestigios, como un capitel que representa a Adán y Eva separados por el árbol de la vida.
La Torre, rematada en almenas, se convirtió en campanario, de ahí que hoy en día aparezca cubierta por un tejado a cuatro aguas, y nos recuerda, nuevamente, el carácter de villa fronteriza de Santa Gadea, preparada para la defensa incluso en pleno centro urbano.
Os animamos a admirar el bonito arco conopial de la entrada principal a San Pedro, decorado con relieves de follaje, animales, figuras humanas y monstruos. En el interior encontramos una planta de tres naves donde conviven el gótico y el renacimiento. Destaca el retablo mayor, plateresco, de 1540.
Muy cerca, en la misma plaza, se encuentra uno de los edificios más emblemáticos de la villa, el Antiguo Hospital de San Lázaro, fundado en 1465 por Fernando Ortiz para dar asilo a pobres y atender a los enfermos. El edificio fue restaurado con mimo en 2010 y, aunque alejado de su cometido original, hoy en día sigue siendo punto de reunión de locales y visitantes, al acoger en su planta baja uno de los bares más animados del municipio.
La pequeña Ermita del Patrocinio se encuentra en la calle Mayor. Se construyó en el siglo XVI para celebrar las apariciones de la Virgen del Espino, y en ella destaca exteriormente su espadaña barroca de tres cuerpos y vano único. Su interior es sencillo, una sola nave y cubierta plana. Siempre ha contado con la devoción de los vecinos, como lo demuestra su buen estado de conservación gracias a una restauración reciente propiciada en buena parte por la comunidad.
La Fortaleza se levanta imponente sobre un promontorio que domina no solo Santa Gadea del Cid, sino todo el espacio a su alrededor y ha sufrido numerosos incidentes, pasando por las manos de las diversas familias nobles de la zona, como los Lara, Padilla o Manrique. Precisamente a un miembro de esta última familia, Pedro López Manrique, se atribuye la reconstrucción en el siglo XV del castillo que se conserva actualmente y que se llevó a cabo sobre los restos de una atalaya del siglo XI.
En el recinto del castillo se conservan algunos muros y estructuras que se levantan directamente sobre la roca, los restos de lo que pudo ser un aljibe y, en el centro del patio de armas, destaca la Torre del Homenaje, con sus seis metros de altura. A su interior, al que no pudimos acceder, se entra a través de una puerta con arco de medio punto, que nos sitúa en un espacio cubierto por una cubierta plana, sostenida por una bóveda con nervaduras góticas.
Al otro lado de la carretera, frente al pueblo, en medio de un campo, se encuentra la románica Ermita de Nuestra Señora de las Eras. Fue construida en el siglo XII sobre una nave única, dividida en tres tramos cubiertos por bóveda de cañón y rematada por un ábside semicircular. La entrada principal tiene un arco polilobulado de medio punto y dos arquivoltas. En los orígenes de la villa la ermita fue la parroquia del pueblo.
Muy cerca de Santa Gadea del Cid, apenas a un kilómetro de distancia, se encuentra El Granero de San Francisco. Ocupa los terrenos del antiguo convento franciscano de San Bartolomé. Dentro del recinto amurallado encontramos un sorprendente campo de lavanda, dominado por la silueta de madera de un granero que nos transportó fugazmente a las carreteras de Vermont. Sin duda, este proyecto de negocio ha ejercido una importante influencia en el incremento de visitantes a la zona.
Volviendo a la carretera, en dirección contraria a Santa Gadea del Cid, nos topamos con el Monasterio del Espino. En 1410 una bula del papa Benedicto XIII ordenó la construcción de un monasterio benedictino para honrar la aparición de la Virgen (sobre un gran espino) a un pastor de Santa Gadea. Hacia el año 1443 el edificio estuvo terminado, incluyendo la iglesia y el campanario. Para su construcción se utilizaron las mejores piedras de sillería del cercano convento de San Bartolomé. El conjunto es una de las joyas del gótico de Burgos, en especial su pórtico y el claustro, cuyas crujías están cubiertas con bóvedas ojivales. También hay que destacar su iglesia de planta de cruz latina y la talla de la Vírgen del Espino.
La historia del Monasterio del Espino ha sido azarosa; disputas eclesiásticas hasta su independencia de San Millán de la Cogolla; las guerras del siglo XIX lo convirtieron en almacén y alojamiento de ejércitos. La desamortización de Mendizabal desalojó a los benedictinos del monasterio. El lugar quedó abandonado a su suerte hasta 1879 cuando un vecino de Miranda de Ebro lo adquirió en subasta y lo entregó a los Misioneros Redendoristas, que continúan con la gestión de este espacio singular. No se organizan visitas al monasterio, así que el acceso presenta cierta dificultad, al tener que coincidir en un día sin eventos programados. Nosotros tuvimos algo de suerte, aunque nos quedamos sin poder acceder a la iglesia.
El entorno natural de Santa Gadea del Cid merece una mención aparte. El pueblo se encuentra incluido en el Parque Natural Montes Obarenes – San Zadornil, un amplio territorio donde paisaje y cultura forman un todo que asombra a cuantos lo visitan. Los Montes Obarenes, una muralla natural que domina la Bureba, constituyen la terminación, por el sur, de la cordillera Cantábrica; una zona de transición climática entre lo atlántico y lo mediterráneo que ha dotado a este enclave de una enorme biodiversidad.
El parque se extiende entre tres comarcas del norte de Burgos, Merindades, la Bureba y Ebro, e incluye más de 20 municipios, cargados de historia, en un paisaje de bosques frondosos y relieves tallados por el agua. Descubrir todo el parque es una tarea que nos llevaría varios días, aunque una buena forma de comenzar sería, cerca de Santa Gadea del Cid, navegar en un barco eléctrico y solar por el embalse de Sobrón y descubrir el desfiladero, espectacular, que aquí ha dibujado el Ebro.
El Territorio Obarenes está recorrido por numerosas sendas, más de 20, que nos sumergen de lleno en el espacio natural del parque. Probablemente, el lugar más especial es el conocido como Metrópoli Verde, llamado así por la gran diversidad de especies arbóreas que podemos encontrarnos: encinas, hayas, robles, alcornoques, castaños, arces, enebros y hasta un pequeño bosquecillo de secuoyas. Dentro de esta "ciudad" se encuentran tres pueblos, San Zadornil, donde se encuentra la casa de la metrópoli, Villafría de San Zadornil y Arroyo de San Zadornil. Fuera de las carreteras que unen los pueblos, hay numerosos caminos que recorren todo el espacio.
Si recorreís el parque en busca de fauna también seréis recompensados: buitres leonados, alimoches, águilas reales, abejarucos, búhos reales, azores, halcones peregrinos, zorros, jabalíes, corzos, incluso, nutrias y lobos tienen aquí su hogar.
Algunas rutas populares del parque son las que llevan hasta el Ventanón (PR BU 32), un espectacular arco natural tallado en la piedra caliza por la accion del agua; la ruta que recorre el desfiladero del río Purón, o la que nos conduce a la cascada de Las Pisas, una de las más bonitas, con permiso de la de Pedrosa de Tobalina, también dentro de los límites del parque.
Otra manera de conocer el parque natural de los Montes Obarenes es hacerlo a través de su historia y cultura. Una ruta que da para varios días, y nos permitirá conocer lugares tan emblemáticos como el Monasterio de San Salvador de Oña, una joya artística fundado a comienzos del siglo XI y que es un excelente ejemplo de la evolución estilística desde el románico, al barroco, pasando por el gótico y el mudéjar; el monasterio de San Miguel en San Martín de Don; la iglesia de San Santurnino en San Zadornil de finales del siglo XII, el casco histórico medieval de Frías con el Castillo de los duques y su famoso puente; eremitorios como la Cueva de los Portugueses en Tartalés de Cilla, un conjunto de espacios que se remonta a los siglos VII y VII o la iglesia de San Pantaleón de Losa, inmersa en la leyenda, construida a comienzos del siglo XIII, pasando por fortalezas como la de Tedeja y vestigios de otras iglesias, como la de San Pedro de Plágaro.
Hasta aquí nuestro paseo por Santa Gadea del Cid, uno de los Pueblos Más Bonitos de España, y una pequeña introducción al entorno natural en el que se encuentra, el Parque Natural de los Montes Obarenes - San Zadornil que merece no una, sino varias visitas para conocer todo lo que ofrece al viajero.



































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