Por eso, "Siempre nos quedará París", no es solamente una frase de Bogart en Casablanca, es un sentimiento que te acompañará desde la primera vez que vayas.
Además de descubrir los secretos de un barrio en concreto, entre los objetivos de nuestro viaje, se econtraban dos museos: el Musée Marmottan Monet, y el Musée Guimet des Arts Asiatiques.
El Musée Marmottan Monet, con una maravillosa colección de pinturas de Monet, entre ellas, la que se considera símbolo del nacimiento del movimiento impresionista, Impression Soleil Levant, y algunos de sus coétaneos, como Gauguin, Sisley, Pissarro, Renoir, Morisot..., dentro de una exquisita mansión privada del siglo XIX, antigua residencia del célebre historiador de arte Paul Marmottan; un museo agradable, con un precioso jardín para relajar la vista y meditar sobre lo que ven nuestros ojos.
Este museo encierra otro pequeño tesoro, las láminas iluminadas de los siglos XIII al XVI, procedentes del legado de Daniel Wildenstein, y que son un regalo para la vista.
El otro, el Musée Guimet des Arts Asiatiques, nos dejó sin aliento; la calidad de las obras, la iluminación natural, la exposición y organización son excepcionales, y merece una entrada independiente, que muy pronto podréis leer. Hay que señalar que, por obra y gracia del gobierno francés, este museo, y algunos otros de los museos nacionales, son gratuitos hasta, al menos hasta junio de 2008, incluyendo las audioguías, así que aprovechad la ocasión.
Por último, debemos confesar que, a pesar de todo, no pudimos evitar hacer una visita a la Sección Egipcia del Musée du Louvre, y caminar por el centro de París. Una soleada mañana de enero, Notre Dame sin andamios, ni obras..., no se puede pedir mas.
El objeto principal de este pequeño viaje era el que, ya desde hace tiempo es probablemente el barrio más dinámico de París, Le Marais, y recorrer sus rincones.
Decidimos alojarnos en el Hotel des Chevaliers, en el 30 de la rue de Turenne, a 50 metros de la Place des Vosges, aunque suficientemente alejado del tráfico, algo más intenso, pero nunca comparable al de los grands boulevards, de la rue St. Antoine, donde se encuentra la estación de metro más cercana.
A lo largo de su historia, el barrio ha experimentado profundos cambios; primero pasó de ser una zona pantanosa (marais), a tierra de cultivo en el siglo XIII, merced a la labor de monjes y templarios. La muralla levantada por Carlos V aumenta la sensación de seguridad en la población, lo que provoca un notable incremento demográfico, y su faceta agrícola pierde importancia frente al uso residencial, impulsado también por el propio monarca, que abandona la cité para residir en el hôtel Saint Paul.
El momento de apogeo del barrio llegó en 1605, cuando Enrique IV ordena a Sully llevar a cabo la construcción de la Place Royale, hoy Place des Vosges, lo que lconvirtió al barrio en objeto de deseo para los aristócratas parisinos, que construyeron allí sus lujosas mansiones.
Sin embargo, a finales del siglo XVII y principios del XVIII, la aristocracia se trasladó a Versalles, y a los faubourgs Saint Germain y Saint Honoré, lo que provocó la llegada de nuevos inquilinos; comerciantes y artesanos ocuparon los edificios. Tal vez por ello, Le Marais es uno de los pocos barrios de París que conserva la mayor parte de los edificios anteriores a la Revolución, con lo que alojarse aquí equivale a un viaje en el tiempo.
Hoy en día es un barrio vivo, lleno de calles estrechas, donde se mezclan el comercio tradicional y las vanguardias; las promesas de la couture, la música clásica y el jazz, las antigüedades y el diseño más actual, como en el Village Saint Paul; lleno de cafés, bars de vins, boulangeries y bistrots; donde saborear auténtica comida francesa y nouvelle cuisine en apenas unos metros cuadrados. Sin humo, sin tráfico.
Uno de los muchos lugares del barrio donde podréis comprobarlo, es la Place du Marché Ste.Catherine; locales como Le Marché, donde el magret de canard con limón confitado y miel, panadera y setas, o la poule sobre cous-cous y curry de calabacín, acompañados de un buen merlot, os harán olvidar las fatigas de la jornada.
Es un barrio para pasear, y observar; sentarse en una plaza comiendo una quiche, mientras una pareja se besa apasionadamente en otro banco, unos judíos ortodoxos caminan apresuradamente en dirección a la sinagoga, o adivinas, a través de las ventanas del café, animadas discusiones sobre arte, literatura, política...
Recorrer el rectángulo mágico que marcan el Hôtel de Ville, la Place de la Bastille, el Museé Picasso, y el Centre Georges Pompidou, es exigente, pero sin duda, merece la pena hacerlo; con tranquilidad, contemplando los numerosos hôtels particuliers, y el ir y venir de la población, con pequeñas ayudas, por ejemplo, un café con pastel de chocolate o de limón en el Royal Bar, 19 de la Rue du Parc Royal, donde todas las mesas está adornadas con una rosa natural.
Es París.









9 Comentarios:
Pues lo dicho, "Siempre nos quedará París", ¿para cuando la gran escapada? Lo prometido es deuda ...
Me lo he leído todo, todo, todo, ...
¿Para cuando el magret de canard con limón confitado y miel, panadera y setas, o la poule sobre cous-cous y curry de calabacín?
Lo dicho, ¿cuando hacéis de guías por París?
Mertxe
Todo viaje real es antes y después -como proyección y memoria- viaje imaginario; imágenes de un recorrido nunca definitivo.
Era evidente que París da para más que un café, pero ¡hay que ver lo que pueden dar de sí tres días en París! Si con una conversación de cafetería ya se despiertan las ganas de conocelo, no os podeis imaginar el efecto que tiene leeros; transmitís tanto entusiasmo y pasión, que dan ganas de dejarlo todo y salir ¡volando! Que sigais disfrutando así de vuestros viajes.
Hace algunos dias una compañera, y seguidora del Guisante estuvo en París, y nos trajo un regalito. Una bola de nieve, superchula, pero Blogger no permite insertar imagenes en los comentarios, asi que no puedo enseñarla.
En cualquier caso,
Muchas Gracias Ana!!
París , París ... siempre deseando volver!
Cada ciudad puede ser otra ,cuando el amor la transfigura, cada ciudad puede ser tantas ,como amores la recorren...El amor viene y va y regresa, y la ciudad es el testigo, de sus abrazos y crepúsculos, de sus bonanzas y aguaceros...
Pero hay ciudades especiales, con magia.
Desde que recuerdo tengo ganas de perderme en París, ahora, más si cabe.
Leeros, realmente, es poner todos los sentidos en acción!
Encantada de estar por aquí.
Ana
Y nosotros encantados de escucharte, y de que te quedes con nosotros, Ana!.
Hoy, 6 de diciembre, se celebra en gran parte de Europa, una fiesta navideña, San Mikulas, San Nicolás, donde todos se hacen un regalo. El Guisante Verde Project, ha tenido uno muy especial, tu comentario.
Un abrazo!
Bueno, mi admiración por Paris en general y por el barrio de Marais en particular ya la plasmé en mi blog en la entrada
http://vidaytiemposdeljuezroybean.blogspot.com/2009/02/paris-place-des-vosges.html
pero no puedo dejar de felicitaros por esta entrada vuestra. Estupenda. Paris je t'aime
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