abril 09, 2016

Angkor Wat el tesoro perdido de los khmer


Angkor Wat es el más célebre monumento de la antigua capital khmer, Angkor, y el único que no fue engullido por la selva, al permanecer habitado por monjes budistas. ¿Como describir la sensación de escontrarse frente a sus muros? Un Imperio que desapareció para convertirse en leyenda, de tesoros perdidos en un oceáno de árboles y plantas, que abruma ya en la distancia, que no defrauda, que permite sentir una sensación auténtica de descubrimiento si se le dedica el tiempo adecuado, que exige esfuerzo físico e intelectual para comprenderlo en su verdadera dimensión. Para nosotros fue un reto y un sueño, que nos convirtió, en palabras de Pierre Loti, en Peregrinos de Angkor.


En 1860 el naturalista y explorador Henri Mouhot realizó un magnífico relato ilustrado con dibujos de su viaje a Angkor Vat. Su asombro y emoción son en buena parte responsables de la expedición que realizó en 1866 el fotógrafo escocés John Thompson y que tuvo como resultado cincuenta fotografías que fueron la auténtica carta de presentación de Angkor al mundo occidental.


Angkor Vat fue construído por Suryavarman II entre 1113 y 1150 como morada sagrada de Visnú, aunque su nombre actual, Vat se debe a la revolución religiosa introducida por Jayavarman VII en el siglo XIII, por el que los khmer abrazaron el budismo. El conjunto de Angkor Wat se levanta sobre una parcela rectangular de 1500 por 1300 metros, enmarcada por el foso de casi 200m. de anchura, nutrido por las aguas del río Siem Reap. Un detalle que nos habla de la monumentalidad de Angkor es que únicamente los edificios realizados en piedra han resistido el paso del tiempo y la acción de la selva; habría que añadir el resto de construcciones en madera y otros materiales perecederos para hacernos la idea de que Angkor era una auténtica megalópolis ya que en 1150 París, por ejemplo, tenía aproximadamente 50.000 habitantes mientras que Angkor se estima que acogía a unas 350.000 personas, el 0.1 de la población mundial.


Las implicaciones religiosas y funerarias de Angkor Wat explican que todo esté pensado para asombrar a quien se acerca hasta sus muros, especialmente si lo hacemos cruzando el foso a través del acceso oeste, la avenida flanqueada por una balaustrada con nagas, serpientes de cinco o siete cabezas muy comunes en la iconografía hindú, aunque aquí se asimilan al dragón de las aguas, hacedor de lluvia y símbolo del arco iris que une tierra y cielo.


A medida que nos dirigimos hacia los edificios, el pórtico, de más de 200 metros de ancho, anticipa un mundo casi irreal, repleto de fantasmas del pasado en forma de danzarinas y caballeros que nos observan desde frisos, dinteles, vigas y columnas, en una sucesión de gopuras (puertas-torre), murallas, tejados superpuestos, salas hipóstilas, pabellones, patios y pórticos que nos recuerdan a esas esferas concéntricas de marfil, de capas casi infinitas, que los artesanos chinos de Cantón elaborarían para asombro del mundo.

Nada más traspasar la entrada, percibimos la silenciosa y turbadora presencia sobre los muros de unas diosas que lucen complejos peinados y la enigmática sonrisa que caracteriza la escultura khmer, son las devata.


En nuestro camino nos toparemos con el muro de la tercera galería, que en un recorrido de más de 600 metros de longitud, recoge la mitología de Visnú en un increíble trabajo de bajorrelieve que deberemos leer hacia la izquierda, ya que al ser Angkor Wat un mausoleo, los hindúes sustituyen el tradicional pradakshina por el prasavya. Resumir todas las escenas que componen este gigantesto lienzo daría para escribir un libro, así que únicamente repasaremos algunas, que nos ayudarán a comprender un poco mejor la riquisima mitología hindú. La representación de la Batalla de Kurukshetra, entre los Pandava y los Kaurava, protagonistas del Mahabharata y donde aparece al héroe Arjuna, que dispara una flecha desde su carro, conducido por Krishna, dios de cuatro brazos, encarnación de Visnú.


Encontraremos a Yama, el dios de los muertos sentado sobre su búfalo, presidiendo el juicio de las almas, y por supuesto, escenas de Visnú y otros personajes del Ramayana, poema épico que canta las proezas de Rama, encarnación terrenal de Visnú, como la batalla entre los dos reyes monos, Sugriva y Valin, que termina con la muerte de este último. También del Ramayana es la batalla de Lanka, combate final entre Rama y Ravana, el demonio de mil cabezas que había raptado a la mujer de Rama.


Suryavarman II también es protagonista y aparece en muchas ocasiones dedidido a ir a la guerra, junto a sus mercenarios, o precedido de un estandarte con Visnú montado sobre Garuda.

Una de las escenas más representativas de Angkor Wat es el Batido del Océano de Leche, inspirado en el Bhagavata Parana, con relieves de los animales del oceáno, reales o fantásticos, apsaras nacidas de las olas que bailan en el aire, dioses y demonios (los primeros con ojos alargados y los segundos con ojos redondos) están dispuestos a ambos lados de Visnú, quien cabalga sobre la tortuga Kurma... Vemos a Vasuki, la serpiente que ayudó a los dioses a batir el mar de leche y a obtener el elixir de la vida, es arrastrada por los asura (demonios) mientras del otro extremos las divinidades tratan de evitarlo.


El combate entre el bien y el mal, la victoria de Krishna sobre el asuna Bana, la batalla entre devas y asuras, con veintiun dioses hindúes armados y enjoyados que desfilan entre las tropas...

El claustro cruciforme y la red de corredores, escaleras, rellanos, falsas bóvedas, elementos que son auténticos trampantojos en piedra, los patios interiores, los pilares con ascetas en sus bases, las apsaras, los grupos de devatas y nagas forman uno de los conjuntos más misteriosos del recinto.


Hoy en dia somos afortunados al poder acceder a los siguientes niveles, que estában prohibidos a la gente común, e incluso al último, solo accesible al rey y al sumo sacerdote. Poco a poco veremos las terrazas y podremos admirar cada vez desde más cerca los prasats, esos pabellones cruciformes en forma de torre que representan los cinco picos del Monte Meru, rematados en forma de brote de loto. El central, el más imponente, con sus 36 metros de altura, se eleva hasta los 70m por encima de la planicie de Angkor, lo que os da una idea de lo pequeño que uno se siente allí.


Al salir de Angkor Wat, se tiene una sensación extraña. Escaleras que te hacen dudar de si bajas o subes, corredores oscuros que de pronto se abren a un patio con ventanas labradas, terrazas donde la luz es cegadora, esas figuras que nos hablan desde los muros, con su sonrisa eterna..., confunden a la mente y se pierde la noción del tiempo, sin que sepamos si hemos pasado minutos, horas o incluso dias entre sus muros, y tal vez por eso, al encontrarnos dos monjes budistas contemplando el agua del foso que precede al monasterio, ajenos a todo y a todos, como si en ese instante nada más existiera, no podemos evitar preguntarnos si realmente estamos ahí o todo no habrá sido más que sueño.


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10 comentarios :

  1. La verdad es que es un templo alucinante. Uno de los grandes enigmas que te plantea Angkor Wat y el resto de templos es saber que propicio el colapso de esta civilización. Pues entre otras muchas hipótesis, una de las más barajadas es que la propia construcción de templos como este, llevaron a la ruina al estado jemer, incapaz de sostener obras tan faraónicas.

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    1. Esa es una de las teorías, Salvador Gutierrez, y probablemente esté acertada. Al final dedicar tantísimos recursos a la construcción y el mantenimiento en unas condiciones climáticas complicadas, exige un esfuerzo de planificación y una estabilidad política que no siempre se daban. En cualquier caso, Angkor fascina.
      ¡Saludos!

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  2. Todo el complejo de templos de Angkor son espectaculares! Cuando llegas no sabes ni a dónde mirar y en verdad a mí me parecía irreal estar allí contemplando tales maravillas.
    Un abrazo

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    1. M. Carmen Cruz la verdad es que es algo que yo me pregunto una y otra vez cuando veo las fotos ¿hemos estado aquí de verdad o sólo ha sido un sueño?, tengo que revisar vuestras experiencias de locosxlosviajes para revivirlo de nuevo.
      Un abrazo ;-))

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  3. Al igual que Loti, como muchos otros viajeros y exploradores, me gustaría mucho visitar este lugar. Lo que pasa es que he leído que la mejor época es en enero, y ahí tengo imposible coger vacaciones. No obstante, está en los primeros puestos de mi lista de destinos.

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    1. Tawaki te sentiras, como ellos, como nostros, un auténtico explorador. Que no te desanimen los comentarios sobre la masificación, si vas con días encontraras momentos de soledad en todos los templos, y si puedes hacerlo en la temporada seca, mejor que mejor.
      A nosotros nos hizo de todo, sol, agua, cielo nublado..., pero nada puede desanimarte en un lugar así.
      ¡Saludos!

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  4. En vuestras fotos se ve impresionante Angkor, no imaginamos como puede ser en realidad, pero envidia nos dais un montón. Un abrazo ;-)

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    1. Tiramillas, ya nos gustaría poder llevaros, :) ¡Abrazos!

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  5. Yo no me quería ir!

    Saludos,

    Mertxe

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    1. Claro Mertxe, tampoco nosotros, jejeje. No es para menos. ¡Saludos!

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