diciembre 22, 2014

El Jilguero, de Donna Tartt: un viaje al siglo de oro de la pintura holandesa

Canales de Amsterdam al atardecer

Hoy os queremos hablar de dos de nuestras pasiones, esas que nos llevan a viajar en el tiempo y en el espacio, la literatura y el arte, más en concreto de la novela de Donna Tartt, Premio Pulitzer de novela 2014. Detrás de un título sutil, “El Jilguero”, se esconde una historia de catástrofe y búsqueda de la belleza inspirada en un cuadro real pintado en 1654 por el holandés Carel Fabritius, alumno de Rembrandt y maestro de Vermeer.

En Holanda al jilguero se le denomina "puttertje", un apodo que significa depósito de agua, por la habilidad que tiene para beber de un recipiente utilizando otro mucho más pequeño (del tamaño de un dedal), que sumerge y llena, como si sacase agua de un pozo. Los antiguos maestros holandeses, como Gerrit Dou, lo ilustran en sus pinturas.

El Jilguero, de Fabritius

"Está La lección de anatomía, que no podemos dejar de ver, pero lo que más me interesa en una obra pequeña y poco común de un pintor que fue maestro de Vermeer. El maestro más grande de la pintura del que se tiene noticia."

¿Podemos hablar a través del tiempo? ¿Es el arte importante en nuestras vidas?

Ese pequeño pájaro que, a modo de trampantojo emerge de una pared desnuda, contiene toda la magia, toda la inspiración necesaria para llevarnos a lo largo de más de 1000 páginas que bucean en el proceso de desarrollo de un adolescente, apenas un niño de 12 años al inicio de la historia, Theo, que tras la muerte de su madre en una explosión, ha perdido todos sus referentes.

Radio City Music Hall, en Nueva York

New York, Las Vegas, Amsterdam, el libro reafirma la metáfora que más nos gusta, la del viaje, el viaje como aprendizaje, el viaje en busca de uno mismo, el viaje para comprender.

Es también un viaje emocional, una de esas obras de las que sabes que sus personajes te van a acompañar durante mucho, mucho tiempo.

Grabado de Rembrandt, de su casa museo

El arte holandés del XVII es uno de los más admirados y cotizados del mundo, y entre los méritos del texto están los de contagiar la pasión por el arte, los objetos, la belleza, poner el foco en aquellas cosas que parecen no tener un significado aparente y sin embargo nos emocionan, nos hablan, nos susurran desde el lienzo, o a través del tacto al acariciar una cómoda, como en el caso del restaurador de muebles, Hobbie, que parece la encarnación del mago bueno, amable, ese puerto de seguridad en el que Theo puede encontrar un apoyo.

¿Hay un patrón en todo lo que nos sucede? ¿Podemos cambiar? ¿Somos dueños de tomar las decisiones adecuadas?

Una sociedad de apariencias, ajena e impasible ante el sufrimiento ajeno, una sociedad que atiende solo a los síntomas y se aturde con ansiolíticos, alcohol, drogas…, es vista desde la mirada atenta y curiosa de alguien que busca significados, respuestas, amistad y comprensión.

Canales helados por Avercamp

Después de muchas lecturas creo que este es el mejor libro que ha pasado por nuestras manos en el 2014, hemos viajado con sus páginas, hemos vuelto al Mauritshuis de la Haya, intentando registrar en la memoria la sala en la que se encuentra este cuadro. Hemos recordado a Avercamp y sus canales helados llenos de patinadores, hemos sentido con Theo el calor sofocante de Las Vegas y la añoranza de New York.

Neón de Glitter Gulch en Fremont Street,  las Vegas

El MET es el espacio en el que la historia de Tartt da comienzo, precisamente con una exposición sobre maestros holandeses. New York atesora en sus museos exquisitas piezas de el Siglo de Oro Holandés, hay que recordar que no en vano, el primer nombre de la ciudad fue Nueva Amsterdam.

Visitar, recordar, volver a ver a alguien querido, también y por qué no, un cuadro, es siempre un buen motivo para viajar. Y aunque hoy son las obras de arte las que hacen su gira itinerante, hay algo de mágico cuando podemos contemplarlas en su contexto, cuando conocemos su historia, su recorrido, la frágil línea que hace que hayan sobrevivido hasta nuestros días.

MET de noche, antes de la llegada del huracán Shandy

Que una pequeña obra pintada hace 400 años adquiera significado ante nuestros ojos, que unas pinceladas, rascaduras, alguna zona más empastada, hayan llamado primero la atención de la escritora, después la del lector y nos lleven fuera de la novela a buscar la imagen del cuadro, ¿no es un viaje en el tiempo?.

Proust, que fue un amante del arte holandés, al que también marcó la visión de un cuadro de Vermeer en sus viajes, aparece mencionado y refuerza en esta novela el argumento de la búsqueda de la belleza, de un instante detenido en el tiempo, un anclaje, algo seguro en una vida llena de incertidumbres.

Como nos dice Theo en el libro de Donna Tartt:
"Y sumo mi amor a la historia de cuantos han amado los objetos hermosos y han velado por ellos, los han librado de las llamas, los han buscado cuando estaban extraviados y han procurado conservarlos…"

Nos gustan todas las historias que nos recuerdan a los héroes anónimos que deciden preservar los libros, el arte, la cultura. Los republicanos que salvaron las obras del Museo del Prado, el grupo de soldados aliados que recuperaron arte robado por los nazis…

Guia del Mauritshuis

La obra de Tartt es una reflexión sobre lo importante, sobre lo que afecta a nuestras vidas, sobre lo que nos mueve. Este pequeño cuadro curiosamente está de visita en la Frick Collection de New York, uno de nuestros museos favoritos, cuando se publica el libro, y ha hecho un viaje por Japón, Italia…, junto con otras piezas relevantes del Mauritshuis que ha servido para financiar las obras de restauración de un museo que recuerdo intimo, silencioso y acogedor. Tal vez el misterio de “El Jilguero” lleve a muchos a visitar renovado Mauritshuis de La Haya, que acoge también la emblemática obra “La joven de la Perla” de Vermeer. En cualquier caso, como intentando preservar la sensación que acompaña al visitante en este espléndido museo, nos hacen llegar un claro mensaje: “No queremos colas, gracias”.

La Haya nevada, patio de entrada al Beginjhof

"Era la primera vez que estaba en Amsterdam; apenas había visitado la ciudad y sin embargo, (…) era como una vívida recreación del norte de Europa, una maqueta a pequeña escala de los Paises Bajos (…)"

En nuestra memoria está un trayecto en tren desde Amsterdam a La Haya, con los canales congelados transformados en pistas de patinaje, la nieve dibujando contornos en el plano paisaje holandés y el tiempo detenido en las salas contemplando un pequeño retrato de un niño con pincelada suelta, viva, realizado por Frans Hals…, aunque esa ya es otra historia.

El chico sonriente de Frans Hals

10 comentarios :

  1. Sin duda el mejor libro del año. Coincido también en la Frick Collection, gran museo.

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    1. Gracias por la visita, Varenka, sí que es un gran libro. Toda una sorpresa. Y la Frick..., un secreto a voces, y aun así se puede visitar tranquilamente. Saludos!

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  2. A mi me encanta Johannes Vermeer , y la imagen de la joven de la perla que incorporas a tu post. reo que puede ser un libro interesante, gracias y felices fiestas !!!

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    1. Ojalá saques tiempo, Carlos Javier Núñez Vázquez y lo leas. Seguro que va a gustarte. :) Saludos y ¡Felices Fiestas!

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  3. Soy un enamorado de Nueva York, de la pintura holandesa, que como dices, se fija en los detalles banales y nos emociona, y de los libros. Lo leeré.

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    1. Espero que te guste Tawaki, será interesante compartir puntos de vista, New York y los maestros holandeses dan para mucho, jejeje ;-)

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  4. La segunda vez que me hablan de Theo y de Tartt. Tendré sin duda alguna, que ojearlo.

    Holanda, y el arte que se respira por donde quiera que te muevas...es impresionante. También Vermeer.
    La foto inicial...me chifla. Parece un atardecer...donde la gente termina su jornada para reunirse con amigos/as y/o marcharse a casa a saborear un algo calentito...
    Besos y abrazos

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    1. Maria lo cierto es que hay una conexión entre estas dos ciudades, más allá de que New York tuviera como nombre Nueva Amsterdam.....
      La vitalidad que se percibe en ambas, en New York más afilada y en Amsterdam como tu describes a veces más domestica, es increíble. Era inevitable para nosotros al leer este libro volver a viajar con la emoción que teníamos al acercarnos en tren a La Haya desde Amsterdam y al seguir los viajes del protagonista recordábamos como durante años seguimos la estela de Vermeer y varias de sus exposiciones hasta llegar al Mauritshuis, esa vez ya con nieve donde tan bien nos hubiera venido un te de los tuyos, jejeje.
      Un fuerte abrazo ;-))

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  5. Habrá que leer el libro...Tengo varios descargados de la autora pero ¡todavía no he leído ninguno! Ahora seguro que lo hago. Espero disfrutarlo tanto como disfruto leyendo vuestros posts.Un abrazo

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    1. Ya nos contarás, Itziar de Paseandomm, muchas gracias por tus palabras y esperamos que te guste tanto como a nosotros.
      Un abrazo!

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