Death Valley es el mayor parque nacional de los Estados Unidos continentales, y se encuentra abierto durante todo el año, aunque los horarios del centro de interpretación o del Scottish Castle, varían ligeramente en función de las estaciones. La información al día, en la web del parque Death Valley National Park.
Hace algún tiempo ya os contamos como se forjó la leyenda de Death Valley, ahora hablaremos sobre nuestro recorrido por aquellos parajes.
Hace algún tiempo ya os contamos como se forjó la leyenda de Death Valley, ahora hablaremos sobre nuestro recorrido por aquellos parajes.
El precio de la entrada, que se mantiene sin variaciones desde hace años, es de 20 dólares por vehículo para un período de siete días. Sin embargo, existe una Tarjeta Anual de acceso a los parques naciones por unos 80 dólares, lo que, si van a visitarse varios, es totalmente recomendable.
Sus dos alturas mas representativas son Telescope Peak y Dante’s View, que proporcionan una espectacular vista del desierto. Badwater Basin, por contra, es el punto más bajo de todo Norte América, y se encuentra a 86 metros por debajo del nivel del mar.
Aunque sus temperaturas extremas parecen indicar lo contrario, Death Valley registra presencia humana desde hace 10.000 años, y constituye un rico ecosistema de fauna y flora, además de todo un tratado de geología.
El clima es extremadamente seco y cálido, aunque en las montañas la nieve hace acto de presencia en el invierno. Serpientes de cascabel, escorpiones y viudas negras tienen aquí su hábitat. Dicho así, no parece un lugar muy apropiado para la práctica del senderismo.
Sin embargo, cada vez son más los excursionistas que se aventuran por estos parajes. Nosotros recorrimos gran parte del parque, fundamentalmente en un vehículo todoterreno, imprescindible para circular por cualquier camino fuera de la carretera general. Y también por las distancias, y la falta de tiempo, pese a habernos alojado varios días en Beatty, justo a la entrada del parque.
Utilizamos como mapa base el proporcionado por la Oficina de Parques Nacionales de USA. Es necesario llevar abundante agua, gasolina, y comida (incluyendo algo salado para evitar la deshidratación). Por supuesto sombrero, gafas, protección solar…
El primer contacto con Death Valley fue, dejando la carretera de entrada desde Beatty, el Titus Canyon, y a través del Red Pass, nos llevó la ciudad fantasma de Leadfield. Realmente, mirando a nuestro alrededor, se nos hacía incomprensible que allí hubiera habido un asentamiento estable, pero así fue.
En este cañon, nos sorprendieron los vivos colores de la rocas, la ausencia de turistas teniendo en cuenta que es tal vez la pista off-road mas frecuentada, los petroglifos e incluso cabras montesas. Las vistas desde el Red Pass eran magníficas.
Una vez situados nuevamente en la carreta principal, nos dirigimos hacia el Ubehebe Crater, mientras veíamos las montañas que forman el Red Wall Canyon.
Este cráter volcánico es inmenso, aunque en la lejanía no da esa sensación, a medida que nos aproximábamos la impresión era cada vez mayor. El paisaje que nos rodea es lunar, y, sin ninguna dificultad imaginas que estas en otro mundo. El viento, fortísimo en el borde del cráter, nos impedía hablar y dificultaba nuestros movimientos.
Más al norte aún se encuentran las impresionantes Eureka Sand Dunes, a las que se llega atravesando el inmenso y desolado Eureka Valley. El Sol abrasador nos mantuvo a raya durante el ascenso por las dunas, las más altas de California. Resulta impactante encontrar esta isla de arena, que se calcula tiene 10.000 años dentro de un mar de roca como es Death Valley.
Entre estas y el límite oeste del parque se encuentra el Marble Canyon, que recorrimos a pie, y donde nos encontramos con otro ser humano, maravillado, al igual que nosotros por los colores de las rocas que dan nombre al cañón.
Furnace Creek, además de un punto histórico dentro del valle, acoge un extraordinario alojamiento y un restaurante donde estre otras cosas pudimos degustar una magnífica hamburguesa de búfalo. Allí, si se nota el calor, ya que a pesar de que se trata de un oasis, su posición central en el valle, y su poca altitud, hacen que tengas la sensación de encontrarte en un verdadero horno. En las horas centrales del día, solo los cuervos se atreven a dejarse ver.
El cielo nocturno es uno de los más fabulosos que hayamos contemplado; la contaminación lumínica de Las Vegas no llega a resultar un problema, y en medio del desierto, a medianoche nos maravilló la innumerable cantidad de estrellas que podían verse. Un elemento que no debe olvidarse para un viaje a este lugar es un buen planisferio.
Sin embargo, antes de que la noche nos envuelva, tenemos que disfrutar del ocaso del día. Uno de los mejores puntos para hacerlo es, sin duda Dante’s View; a nuestro modo de ver, resulta un nombre curioso. Por un lado, la visión de infierno de Dante es cualquier cosa menos agradable; sin embargo, cuando te situas en este punto de Death Valley, con toda su extensión ante ti, el Sol hundiéndose al oeste, tras las montañas, y el cielo se transforma en una sinfonía de rojos, naranjas y púrpuras, te quedas sin aliento, deseando que el tiempo se detenga.
En algunas ocasiones, el frío invierno cubre con un manto de nieve el desierto, y al fundirse éste en primavera, todo el valle se llena, durante unos días de miles de flores. Es un espectacúlo al que acuden cientos de personas de todas partes del mundo, y si tenéis ocasión, o coincide con vuestra visita, es algo que no olvidaréis nunca.
Son muchos más los lugares interesantes, fantásticos y diferentes que podeís recorrer en este lugar, que tiene muchísimo que ofrecer, aunque por suerte, sigue siendo casi un secreto.
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