marzo 19, 2012

Azul Profundo. La Catedral de Albi

La Catedral de Albi
Tras finalizar la cruzada contra los Albigenses mediante el Tratado de París de 1229, se hacía necesario reafirmar la fe católica y la fortaleza del poder político que había conseguido unir el Languedoc a la corona francesa. Así el 15 de agosto de 1282 se colocó la primera piedra del que terminaría siendo, dos siglos más tarde, el mayor edificio de ladrillos del mundo, y una de las catedrales más visitadas de Francia.

Acceso a la Catedral de Albi por la antigua murallaDesde la lejanía, la Catedral de Albi, aparenta ser una más de aquellas catedrales-fortaleza construidas a modo de ciudadela inexpugnable, sobre una colina, dominando el espacio a su alrededor. Nos acercamos desde otro de nuestros destinos más deseados Carcassonne, y del que os hablamos en nuestra entrada Carcassonne, corazón cátaro.

Sin embargo, al acercarnos, el edificio parece aplastarnos, haciéndonos sentir cada vez más pequeños, hasta casi desaparecer si nos situamos junto a sus muros, que se levantan verticales hasta 40 metros de altura.
Campario de la Catedral de AlbiRodeándola nos admira la solidez y austeridad de sus murallas. Los ventanales se abren a 20 metros desde la base y son estrechos, aumentando así la sensación de verticalidad. 

A la altura de las gárgolas, de mediados de 1800, aparece una hilera ladrillos más claros que marca la elevación realizada por César Daly en 1849 para rematar el edificio y rehacer el tejado, origen de numerosos problemas de filtraciones y amenaza permanente de hundimiento sobre la bóveda.
Interior. Bóvedas de la Catedral de Albi

El campanario se eleva apoyado en cuatro pilares, hasta los 78 metros de altura. Desconcierta su acceso, por un lateral, que aun conserva una torre, vestigio de la muralla que rodeaba el edificio, y sobre la que Dominique de Florence edificó el porche que aun mantiene los matacanes.

Interior. Galeria del coro de la Catedral de Albi
Más arriba encontramos el inmenso baldaquino, apoyado sobre dos colosales pilares: pináculos, arcos abrazados, ojivas flamígeras…. que hacen de introducción para lo que nos espera en el interior. 

De pronto, el ladrillo de tonos cálidos del exterior deja paso a la piedra blanca, y a una explosión de color que parecen la entrada a un mundo sobrenatural. 

Organo y Juicio Final de la Catedral de Albi
La impresión deja sin aliento; la altura de la nave, las bóvedas, totalmente decoradas, al igual de los muros, el trabajo en piedra, la madera… 

Avanzamos hacia el fondo de la nave, hacia el inmenso órgano y el Juicio Final, que ocupa toda la superficie de los torreones que sostienen el campanario, sintiendo que nosotros mismos formamos parte de la escena.

Decoracion en piedra interior de la Catedral de Albi
Al volver sobre nuestros pasos, estos nos llevarán a la Galería del Trascoro, o Jubé, nombre con el que se le conoce debido a la costumbre de pedir la bendición de los celebrantes por parte del encargado de leer los textos sagrados desde la tribuna. 

Con el paso de los siglos, muchas catedrales lo fueron eliminando por necesidades del culto. Albi, tal vez por su excepcional belleza, conservó, afortunadamente, el jubé.

Jube de la Catedral de Albi

Un trabajo de orfebrería, una increíble filigrana en piedra es lo que nos muestra esta galería, y a pesar de que los avatares de la Historia nos han privado de la mayor parte de las estatuas que albergaba, ese hecho no le resta un ápice de belleza. 

Interior. Deambulatorio de la Catedral de AlbiAtravesando cualquiera de las puertas laterales, nos adentramos en la parte de la iglesia que el jubé oculta. 

Un deambulatorio que muestra una colección de esculturas polícromas, plenas de expresión y belleza, tal vez las mejores de esta etapa final de la Edad Media, abraza el Coro Mayor, el nuevo testamento convertido en estancia, en espacio real; el oro, el azul infinito de la bóveda, los escudos de armas, los amorcillos, los pináculos, la celosía en piedra, se unen para crear un conjunto único.

Otras entradas en otros blogs

Albi, Ciudad Episcopal y Patrimonio de la Humanidad (Gusplanet)
Albi: La cité épiscopale (Cuadernos de viaje, Paco Piniella)

marzo 01, 2012

La Leyenda del Rey Leproso

Esculturas de la terraza del rey leproso

Cuando publicamos nuestra entrada Peregrino de Angkor, tras haber leído las páginas escritas por Pierre Loti, hicimos nuestro el título que el escritor francés dio a su obra, imaginándonos a nosotros mismos como peregrinos, ilusionados y temerosos a un tiempo, ante lo que encontraríamos al final de nuestro camino.

La Terraza del Rey Leproso no es, con total seguridad, el monumento más conocido de los antiguos khmeres, y tal vez por ello resulta fascinante recorrerla, primero por fuera, luego adentrarse en su pasadizo interior, como si realmente hubiéramos descendido al inframundo, sintiendo como las miradas de sus habitantes se posan sobre nosotros, como nos llaman, a la manera de bellísimas sirenas, solo para atraparnos en sus redes y dejarnos allí para siempre.

Accedimos a la Plaza Real de Angkor Thom a través de la Puerta Real, y la terraza se encuentra en la esquina noroeste. Las fechas de su construcción son inciertas, y si bien la datación más admitida hasta el momento señala que fue construida a finales en  estilo  Bayon bajo el reinado de Jayavarman VII (nuestro viejo amigo del Museo Guimet, que reinó entre 1182 y 1200), investigadores como Freeman y Jacques van imponiendo sus conclusiones y retrasan la construcción de la terraza hasta el reinado de Jayavarman VIII, y la estatua, de la que deriva el nombre, incluso más tarde.



¿Quién fue entonces el Rey Leproso? El misterio y la incertidumbre rodean el origen del nombre. La teoría largamente sostenida de que Jayavarman VII era leproso y que por ello construyó tantos hospitales en todo el imperio no parece tener base histórica. 

Algunos historiadores piensan que la figura representa a Kubera, el tesorero de los dioses, o Yasovarman I, los cuales eran, supuestamente, leprosos. La posición de la mano, ahora desaparecida, también sugiere que estaba ocultando algo.

Otra teoría, se apoya en una inscripción que aparece en la estatua original (hoy en el Museo Nacional de Phnom Phen), en caracteres del siglo XIV o XV y que pueden ser traducidas como el equivalente del asesor de Yama, dios de la muerte o de la justicia. 


Friso interior con dioses y una naga en la terraza del rey Leproso
También se ha  sugerido que la estatua del Rey Leproso obtuvo su nombre debido a los líquenes que crecen sobre ella. 

Sin embargo, otra interpretación, que deriva de una leyenda recogida en las Crónicas de Camboya, habla de un ministro que se negó a postrarse ante el rey, quien lo golpeó con su espada. Al hacerlo, su saliva venenosa cayó sobre el rey, convirtiéndolo en leproso.

El modelo elegido para la estatua también es tema de debate. Se habla de un compendio entre diferentes dioses hindúes y los reyes khmer Yasovarman I y Jayavarman VII. Estudios más recientes se inclinan por una combinación entre Jayavarman VII y Buda.

La figura se representa en posición sentada con la rodilla derecha levantada, en una posición que algunos historiadores del arte consideran que es de estilo javanés, con el pelo recogido en una trenza. Su desnudez es inusual en el arte Khmer.

el Inframundo en la terraza del Rey Leproso

Las piernas resultan demasiado cortas para el torso, y las formas, demasiado redondeadas, carecen de las protuberancias de los músculos varoniles. No obstante,  resulta una pieza maestra de la escultura khmer, en cuanto a estudio del carácter. Aunque el cuerpo aparece en reposo, el alma hierve en su interior. Los rasgos de su rostro están llenos de pasión. Labios gruesos, barbilla enérgica, mejillas llenas, nariz aguileña y frente despejada. La boca, dibujando una sonrisa, ligeramente abierta y mostrando los dientes, supone una muestra extraña y singular en el arte camboyano.

El frente de la terraza, de 25 metros de largo y seis de alto, nos muestra figuras divinas, nagas de cinco, siete y nueve cabezas, y criaturas marinas. Los dioses, muchos de los cuales parecen terribles y diabólicos, aparecen representados junto a sus consortes y asistentes. Durante la restauración de la pared exterior, en la década de los noventa, la Escuela Francesa del Extremo Oriente, encontró una segunda pared con bajorrelieves de factura y temática prácticamente idénticas. 

Detalle del interior de la terraza del Rey Leproso

¿Por que un segundo muro? Por un lado, desde la necesidad de construirlo debido a un derrumbe del primero, apoyado por el hecho de que existen bloques reutilizados. Otras investigadores opinan que el muro fue ocultado de forma deliberada, ya que nos muestra el inframundo bajo el monte Meru.
La estructura en forma de U alimenta la teoría de que se trata de un lugar donde depositar los restos funerarios reales después de la cremación realizada en la plataforma de la terraza. Por tanto, la estatua real representaría al dios de la muerte, y estaría correctamente ubicada para servir a ese propósito.

En cualquier caso, caminar entre sus muros equivale a hacerlo por un mundo que tal vez existió, o que aun este ahí, esperándonos.