febrero 17, 2012

El Cementerio Judio de Praga

Imagen en blanco y negro de las lápidas del cementerio judío de Praga

 "... gracias a algunos grabados mas imaginativos que lo retrataban bajo una luz lunar, quedome claro de inmediato el partido que podría sacarle a esa atmósfera de sábado, si entre las que parecían losas de un suelo que se hubieran levantado en todas las direcciones a causa de movimiento telúrico, hubiera colocado, cribados, embozados y encapuchados, con sus barbas grisáceas y caprinas, a unos rabinos que confabulaban, inclinados también ellos como las lápidas en las que se apoyaban, para formar en la noche una selva de fantasmas encogidos. "

Tumba del Rabino Loew en el cementerio judio de Praga

Umberto Eco nos ha permitido recuperar una vieja costumbre, leer en voz alta, y por eso hemos tardado un poco más en recorrer las páginas de esta nueva obra del italiano. Ha merecido la pena.

La conspiración perfecta,  culpables, según corresponda en cada momento,  Judíos, Jesuítas y Masones, Garibaldinos, Carbonarios, el Papado… en una serie que parece no tener fin.

febrero 08, 2012

Zürich, el reloj de Cuco

Imagen en sepia de Zurich
Nuestra toma de contacto con Suiza se produce en Zürich, y fue con nocturnidad, aunque sin alevosía. A pesar de que no era la primera vez que nos sucedía, nos vuelve a sorprender la baja intensidad lumínica, tónica general en muchas ciudades centroeuropeas, y que nos recuerda el despilfarro energético que se produce en las nuestras.

Una vez desembarcados en el aeropuerto de Zürich, buscamos el tranvía que nos llevará al centro, donde probablemente tendremos que hacer un transbordo para llegar a nuestro hotel. A nosotros, que nos gusta salir por la ciudad nada más llegar y tener así una primera impresión, nos desbarata un tanto los planes llegar a horas tan intempestivas.

Lo que vamos viendo, o mejor intuyendo, de la ciudad no nos dice mucho, un vago recuerdo a París, o tal vez, mejor a Praga por las dimensiones de los edificios.

Calles del centro de Zurich

Al igual que ellas, dividida en dos por el cristalino río Limmat. 
Una vez localizado el hotel, el Neufeld, en Friesenbergstrasse, cerca de una de esas plazas extrañas, sin forma definida, tan comunes fuera de nuestras fronteras, la Goldbrunnenplazt, decidimos inspeccionar los alrededores.

Plaza Goldbrunnen en Zurich

Por fortuna, una cerveza y algo de comer teníamos allí mismo, en el Goldbrunnen Bar, cuya terraza resultó muy acogedora, gracias a unas condiciones meteorológicas fantásticas, que nos permitieron realizar todos los recorridos que nos habíamos propuesto, incluida la subida en el tren de la Jungfrau, la línea férrea con la estación más alta de Europa, pero esa es otra historia.

iglesia Grossmunster en Zurich

El hotel, como sucede a menudo en Europa, justo, las habitaciones normales en cuanto a tamaño, aunque el desayuno nos sorprendió gratamente por la variedad, y por poder tomarlo en la terraza rodeados de flores, pero eso será a la mañana siguiente, ahora tocaba dormir... o no.

Iglesias de Zurich

Al día siguiente de nuestra llegada, además del variado desayuno ya citado, lo que nos llamó la atención fue el espléndido día con que nos recibió Zürich.
 Una tónica que se mantuvo durante todo el recorrido, y que, por lo que hemos sabido después, no es algo frecuente.

También nos sorprendió la cantidad de gente que vimos por la ciudad, y que al llegar a orillas del lago, el Zürich See, era una multitud, con atracciones, carpas, música... ocupando un recinto festivo que parecía abarcar toda la ciudad. Un ambiente que se mantuvo a pesar de la tormenta que llegó y se fue,  descargando un pequeño diluvio sobre nuestras cabezas.

Noria en la celebración del Zuri Fascht

No lo sabíamos, pero habíamos llegado en pleno Züri-Fäscht, una  fiesta que se celebra cada tres años y que atrae a casi dos millones de visitantes.

Múltiples conciertos, actos, una gran variedad de comida de todo el mundo servida en puestos repartidos por el recinto festivo, quien nos iba a decir que podríamos disfrutar de un auténtico pad-thai en Zürich, gracias a la caseta de la Asociación Suiza-Tailandia...

Casas junto al rio Limmat en Zurich

Ni siquiera habíamos intuido los Alpes, y Suiza ya nos sorprendía por su acogida.

Y fue ese un sentimiento que no nos abandonó durante todo el viaje, como ya os contamos en nuestra entrada Los Agujeros del Gruyere.