julio 29, 2011

Gracias, Antonio

Gracias Antonio,
porque leyendo El jinete polaco soñé con ver en directo la tela de Rembrandt.


Gracias por ser generoso y compartir un regalo: la recomendación de visitar un espacio como la Frick. Ahora somos nosotros quienes recomendamos recorrer la ciudad con Ventanas de Manhattan en el bolsillo.

Gracias por crear un espacio como Magina, y por ese homenaje a tu padre que yo hubiera querido dedicar al mio: El viento de la luna

Es un ejercicio de humildad el que trasladas en tus artículos, invitándonos a leer sin prejuicios.

Cuántas vueltas le he dado a la figura del traductor, leyendo no sólo a Below, sino también a Pamuk, Roth o Faulkner...

Yo también creo que los libros llegan cuando tienen que llegar, y repaso mentalmente los tiempos, los abandonos y las emociones generadas por muchos que tu citas.

Gracias por recordar Los Maia, qué poco se oye hablar de Queiroz

También Al faro de V. Woolf es uno de mis favoritos, cómo no encontrar puntos de encuentro, si los encuentro tan a menudo en las páginas de tus novelas…


Gracias por exigirle al lector un cierto esfuerzo, una atención concentrada; en estos tiempos, al esfuerzo de la lectura le acompaña una recompensa que es el placer de compartir: queremos hablar de libros, queremos saber que nuestros escritores leen libros que nosotros hemos leído, tenemos curiosidad por conocer autores nuevos de la mano de expertos lectores, a veces caemos en la presunción, en la pedantería al defender, al criticar lecturas, y en el fondo lo que sucede es que era o no era el momento adecuado para ese autor y para ese libro…


Gracias por crear un personaje (un gran cobarde), que huye de la insensatez hacia la creación, la esperanza, la cultura... en tu última novela La noche de los tiempos.



Gracias por presentarme a Valdés en su espacio de trabajo; por volver a ver para nosotros a Antonio Lopez. Por hacer de tus obras cuadros, telas, impresiones, textos para los cinco sentidos, por sentir Manhattan para nosotros y contarlo. Por comparar su azul con el del cielo en Madrid…

Llegué a tu cuaderno sin papel gracias a las entradas que sobre tu participación en Getafe Negro escribieron dos amigas en sus blogs, De Libro en Libro y Mis detectives favoritos, y ahora que, tras un año, has dejado tu blog por un mes en manos de tus lectores, me apetecía volver a darte las gracias.

Espero que hayas disfrutado en Roma viendo Caravaggios.

Me gustó saber que tu miniviaje a Lisboa precipitó el final de Invierno en Lisboa, pero me quedo con las ganas de saber cuál es el cuadro de Cezanne que sirvió de arranque…


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julio 19, 2011

Paseando con Gaudí

Chimeneas en la Casa Milá BarcelonaRecorrer Barcelona siguiendo la ruta del arte modernista que inunda la ciudad nos sumerge en una realidad muy alejada de la actual, donde tratamos siempre de doblegar a la Naturaleza.

En el modernismo prima lo Humano en unión y no en oposición a la Naturaleza, una interacción entre el hombre y el medio no destructiva.
Una ruptura con la estética de la época que originó un movimiento que recorrió gran parte del mundo occidental y que, en nuestra opinión, no está valorado como merece.

Balcones de la Casa Batlló en Barcelona

Los edificios, el mobiliario, los objetos de uso cotidiano, la cartelística, incluso lugares de reunión pública..., tienen algo de orgánico, que nos integra en la naturaleza de la que proceden. 
Los objetos que este art nouveau nos dejó son un regalo para los sentidos. 

Aunque no el único, recordar a Lluís Domènech i Montaner, Josep Puig y Cadafalch, Pujol i Bausis, Alexandre de Riquer, Josep Maria Jujo, Eusebi Arnau, Santiago Rusiñol o Ramón Casas entre otros, Gaudí es, sin duda, el gran artista de este movimiento.  

Azotea de la Casa Batlló en Barcelona

Fue capaz no solo de imitar la naturaleza, sino que logró reflejar la adaptabilidad de los seres vivos al medio en sus creaciones. 

Incluso sus fachadas están vivas, se ondulan y juegan con las luces y las sombras, con la textura de los diferentes materiales, como si de un paisaje natural se tratara. 

Tal vez su obra más nombrada y la que le ha valido fama universal sea la Sagrada de Familia de Barcelona. A ella dedicó cuarenta y tres años de su vida.

Patio interior de la Casa Batlló

No obstante, nosotros preferimos otros trabajos, desde El Capricho o el Parc Güell a la Casa Batlló, porque conceptualmente los preceptos del modernismo los vemos mejor reflejados en estas obras, y no tanto en la considerada su obra cumbre. Al menos en lo que al exterior se refiere. 

En el interior del templo volvemos a reconocer al arquitecto que observa y analiza estructuras de barcos, esqueletos de serpiente, o caracolas y conchas marinas para obtener soluciones imposibles. Nos ha sorprendido el espacio, la sensación de encontrarnos en el interior de un descomunal conjunto de huesos que sustentan el cielo sobre nuestras cabezas o, tal vez, en una inmensa gruta, bañada por la luz del sol.


La ausencia de lineas rectas en algunas de sus creaciones, la utilización de múltiples combinaciones de color, la falta de simetría... podrían hacernos pensar en cierta desorientación, o inestabilidad y sin embargo no es así. 

Interior patio Casa Batlló en Barcelona

Al contrario, observando las chimeneas, las sillas, las ventanas, las escaleras o los tiradores de las puertas, sabes que estás en casa.

Aspectos como la preocupación por la luz natural, la ventilación y la funcionalidad de los espacios, son elementos que Gaudí consideraba básicos para lograr espacios habitables, a escala humana.

Terraza de la Casa Batllo en Barcelona
Aprovechar fragmentos de cerámica y vidrio para decorar diversas superficies y dotarlas múltiples colores y brillos realza aun más la unión entre su arte y la propia existencia, mostrando que el color es vida y como tal debe tener un papel principal en sus creaciones.

Si tenéis ocasión de visitar Barcelona, no olvidéis recorrer los espacios que ofrece el modernismo catalán. Una experiencia para los cinco sentidos.

julio 01, 2011

El Sombrero de Chasna

El Sombrero de Chasna desde VilaflorHace algunos días,  mencionábamos poco antes de partir hacia las cumbres de los Picos de Europa, en nuestra entrada titulada Imagine, la panorámica que se obtenía desde el lugar conocido como Sombrero de Chasna, en Tenerife.

Se trata de una ascensión sencilla, que recompensa al que la realiza con unas fantásticas vistas, tanto del Teide y la inmensidad del Llano de Ucanca, como de toda la parte suroeste de la isla, y el mar azul.

Los origenes del nombre no están claros, aunque parece que Vilaflor, el pueblo actual, se denominó en su origen Chasna; en cuanto a la elección del nombre de sombrero, queda claro al verlo. Se trata de una cumbre que destaca sobre todas las demás que se encuentran sobre el pueblo de Vilaflor, ya que termina en una amplia planicie y su forma es la de un sombrero.

Las Cañadas desde el Sombrero de Chasna

Os dejo, antes de comenzar con la ruta en sí, un fragmento de la leyenda de Tamusni, que nos envío nuestra amiga Ana.

“Un viejo nos refirió lo siguiente: Era un joven guanche de la nobleza del gran Tinerfe, el que dedicándose con vivo ardor á comilonas y banquetes y al juego de apuestas, llegó hasta el punto de consumir todos sus ganados. Viéndose completamente perdido, desde Goimar donde residía, fué á parar á las cumbres de Vilaflor. Allí aburridísimo invoca á Guayota (el duende del Teide), aparécele un fantasma que le impulsa adelante. Andando andando encuéntrase entre unos gigantescos pinos, donde sale á su encuentro una vieja que lavaba unas pieles en una charca. La vieja le dice: "Vuelve atrás que vas perdido que por aquí no se sube á la residencia de Guayota (el Teide); si éste es tu deseo continúa por este risco arriba".

Podéis acceder a la leyenda completa, haciendo click aquí.

Ascension al Sombrero de ChasnaHay que estar atentos al comienzo de la ruta, ya que se encuentra en la TF-21 Vilaflor-Cañadas, a 8'5 km del pueblo de Vilaflor (partiendo de él), en una curva con dos casas en ruinas, situadas a la derecha de la carretera, que además tienen una pintada señalando el comienzo del sendero.

Para la realización de esta ruta, y a falta de un producto redactado en España, utilizamos la, por otra parte excelente, Guia Excursionista de Tenerife, de la Editorial Rother.

La ruta se encuentra bastante bien señalizada, y no presenta dificultades de orientación, máxime cuando durante la mayor parte de ella, tenemos a la vista nuestro objetivo. El desnivel es de 450 metros de subida.

Llanos de Ucanca desde el Sombrero de Chasna

Su duración, según la guía, es de 2'30 horas ida y vuelta, aunque nosotros invertimos algo más, con parada a comer, y por supuesto para realizar fotografías y admirar el paisaje una vez que llegamos al punto más alto de la ruta, en el borde del altiplano que se abre sobre el Llano de Ucanca, y las Cañadas, en los límites del Parque Nacional.

De pie en el Sombrero de Chasna

Nos asomamos al borde del precicipio, con los Roques de García a la derecha, el Zapato de la Reina debajo de nosotros, la Degollada de Ucanca y el Guajara, además, claro está del Teide, imponente frente a nosotros.

Retrocedemos sobre nuestros pasos, para dirigirnos al sombrero. La subida es sencilla y se encuentra claramente señalizada.

Vista Sur desde el sendero al Combrero de Chasna

Una vez arriba, la vista de 360 grados nos lleva sobre gran parte de la isla. Nos acercamos al borde sur, y desde allí, si la calima lo permite, observamos como la tierra desciende poco a poco hasta terminar en la Montaña Roja y la Playa del Médano, paraíso surfista. Mas allá, el mar infinito.

En caso de hacer esta ruta en el verano conviene madrugar, para estar de vuelta antes de las dos de la tarde, ya que el calor puede hacerla mas costosa de lo que en realidad es, aunque todo el esfuerzo merece la pena ante la visión que se extiende a nuestros pies.

Descendiendo desde el Sombrero