enero 26, 2011

Centrál Kávéház

“Quiero dar fe de una época en la que vivía una generación que deseaba celebrar el triunfo de la razón”.

Sándor Márai, “Confesiones de un Burgués”

El Central, fundado en 1887, fue uno de los grandes cafés de la vieja Budapest, y al igual que el antiguo Café New York, otra gloria del pasado que ha recuperado, al menos estéticamente, su antiguo esplendor, constituía un centro de pensamiento, academia artística, lugar donde oír y difundir noticias, donde se gestaba aquello llamado "progreso".


Su nombre resultaba muy apropiado, precisamente por esa ubicación central, tan próximo a las universidades y bibliotecas que fue definido como Universidad (aunque más productiva que esta) Abierta por el escritor Emil Kolozsvári Grandpierre.


Otro escritor húngaro, Dezsö Kosztolányi (autor de títulos como “Alondra”, o “Anna la Dulce”), reformó el dicho de "Mi casa es mi castillo" como "Mi café es mi castillo", lo que no resulta en absoluto exagerado puesto que periodistas, artistas, escritores, pensadores… pasaron más tiempo en el café que en su hogar.

En la década del 1890 alrededor de la llamada Tabla Redonda del Central Café, nació, impulsado por escritores progresistas el periódico "A Hét", que rápidamente se difundió por los cafés de Budapest. No fue esta la única contribución a la prensa escrita por parte del Central. Años más tarde, se fundó en el, el muy progresista y de mayor calidad, "Nyugat", que revolucionó la literatura húngara. Aunque los editores se trasladaron posteriormente al Café New York, acabaron por volver al Central en 1920.

En la década de 1910, el director del café, Gyözö Mészáros se enfrentó a dos grandes retos: la cada vez mayor huelga de los trabajadores, incluida la de los camareros, y el aumento de la competencia que representaban los cafés modernos al estilo americano, con espejos, mármoles, juego… Mészáros sortea ambos con éxito. Se convierte en parte activa del movimiento de los camareros, y contribuye al desarrollo de programas gratuitos de aprendizaje. En 1913 decide cerrar temporalmente el café para su restauración. Combate en la Primera Guerra Mundial, y sobrevive a los horrores del conflicto.

En la década de 1920 un diario húngaro escribe sarcásticamente:

"Hay tantos escritores verdaderos y falsos en el Central que Mészáros ha comenzado a construir una nueva galería para ellos. Se podría reservar más comodidad y espacio también para los ciudadanos respetuosos".


Pero a Mészáros le agradaba el ambiente intelectual de su café, e incluso llegó a prestar dinero a los escritores jóvenes y desconocidos.


Más tarde, otro fantástico periódico literario, "Újhold", fundo su casa en el Central.

Por desgracia en 1949, en el año de la nacionalización, cuando tierras, casas solariegas, palacios, etc., fueron confiscados a la aristocracia por parte del Estado, el Café Central fue cerrado. Más tarde se utilizó de comedor para los trabajadores que construían el metro. En la década de los sesenta, se convirtió en el Eötvös Club de la Universidad ELTE, y durante los noventa fue utilizado como centro de entretenimiento.


Durante más de cincuenta años el Central ha sido una belleza dormida. Un sueño del que despertó gracias a Imre Somody que en 1999 fundo Central Kavehaz, con la misión de revivir la cocina de café basándose en la gastronomía húngara, y revivir la tradición de los grandes cafés del imperio austro-húngaro.

Tal vez cualquier día vuelva a surgir un nuevo grupo literario en este noble café, y haga olvidar momentos como el día en que Hungría accedía a la presidencia de la Comunidad Europea y numerosos parlamentarios, con la boca tapada y el cartel de “censurado” sobre el escaño, protestaban contra la falta de libertad de prensa en el pais…

40 comentarios:

  1. Jolines, pues ahí teníamos que reunirnos nosotros!! jejeje
    Menudo sitio tan acogedor!

    ResponderSuprimir
  2. Central Kavehaz, ¡qué recuerdos! ¡qué tartas! ¡qué cerveza! :-)))

    Me ha encantado recordar la historia del Central, ojalá vuelvan las tertulias literarias.

    Me voy a tomar un café con un componente del Guisante, la pena es que no sea en el Central Kavehaz.

    ResponderSuprimir
  3. "Gyözö Mészáros se enfrentó a dos grandes retos " y encima, tuvo que aprender a escribir su propio nombre.

    ResponderSuprimir
  4. Ahora en serio: Qué entrada más bonita y qué sitios más especiales hay por el mundo y qué suerte conocer a quién te los enseñe. Y sí, Isi, yo creo que esa es una buena sede BIB.

    ¡Anda que no quedarían bien ahí las fotos!

    pd. Hoy puedo entrar, misterios...

    ResponderSuprimir
  5. Existen momentos y sitios en que el tiempo se detiene, se vuelve amable envuelto en una nostalgia de la que puedes formar parte, aunque acabes de llegar y no sepas del idioma más que una frase para pedir café. Así lo hice y me sirvió un camarero uniformado de forma clásica. Al igual que lo hacían otros, cogí uno de los periódicos, porque en un lugar como aquel leer la prensa sobre una mesa de mármol, era casi una obligación. Me sumí en esa costumbre del lugar aunque no entendiese lo que estaba escrito y tenía que contentarme con mirar las fotos o descifrar algún titular.
    Una música de violín llegó a mí con su viento cálido, llevándome a un dulce sopor y cuando contemplé al violinista unas mesas más allá, descubrí una pareja entregada a caricias y besos. Creo recordar que ella tenía cabellos rubios y largos o es posible que eso lo fabrique la fantasía sustituyendo a la debilidad de la memoria, pero lo cierto es que aquella pareja existió, sentados en una mesa de mármol, bañados por la música del violín....(Pedro A. Curto)
    Así seguía el comentario de la foto de Flickr...y pensé, no tardarán en escribir una entrada sobre un café cualquiera en Budapest... y mira! Besitos

    ResponderSuprimir
  6. Hola chicos: vaya conmovedor relato del café! qué romántico éso de las tertulias de los escritores ... saben? entre nosotros, me pregunto si todos ésos duendes de cafés no estarían comunicados entre ellos ... porque en las mismas décadas se dieron 'simultáneamente' tertulias en todas partes, inclusive en la lejana, salvaje y pretenciosa Buenos Aires (con el Café Tortoni como emblema...).

    Muy lindo relato y yo agregaría que a veces los pueblos no tienen mucho que ver con el gobernante de turno: me encantó ver todos ésos diputados europeos (burócratas del sistema!) por una vez movilizados en un interés general. Me gustó la humillación del gobernante húngaro, ojalá cambie la ley mordaza en su pueblo.

    SALUDOOSSSSSSSS!

    (Ah! cómo es ésa costumbre de enviarme 'amigos' que necesitan información sobre Paris? Me los imagino diciendo: "pregúntale a Gus, total tiene tiempo" JAJAJAJA más allá de la broma, les he contestado a vuestros amigos, pero saben, jamás recibí un simple 'gracias' o un 'tú información me parece una mierda', la verdad que nada de nada ... snif, snif!)

    ResponderSuprimir
  7. Cuanta historia desprende este café, se tiene que estar a gusto en él. Ten por seguro que si ando cerca no me lo perderé. Gracias por la entrada.
    Un abrazo.

    ResponderSuprimir
  8. Cuando viajo me informo, casi siempre, de esos cafés maravllosos que aún existen en ciudades que visitamos.
    En Lisboa, en Buenos Aires, en Praga todos ellos tienen un sabor especial y unas historias maravillosas.
    Me apunto este por si voy a visitar la ciudad.
    En Madrid también hay alguno con ese tinte literario.
    Un saludo
    Teresa

    ResponderSuprimir
  9. gran lugar nos mostrais
    la verdad que ahora me tomaria un cafe con todos vosotros
    gran entrada
    un abrazo

    ResponderSuprimir
  10. Por fin viernes!
    Isi, totalmente de acuerdo, ese evento BIBS quedaría genial en un lugar así.

    Buen finde!

    ResponderSuprimir
  11. Bueno, Mertxe, al menos podemos recordarlo... Ahora tu estarás, espero, paseando por otro lugar precioso, o tomándote un café con vistas. Ya nos contarás.

    Disfruta del finde!

    ResponderSuprimir
  12. Loquemeahorro, lo tuyo da para una película de Shyamalan (otro que tuvo que sufrir para decir bien su nombre), jajajja.

    Apoyando moción de Isi.

    Güenfíndé! :D

    ResponderSuprimir
  13. Ana, me gusta este retomar! a ver si conseguimos continuidad. Asturiano, ¿no?.
    Paso por Flickr, que otra vez lo desatiendo. Necesitaré redbull.

    Bstos!

    ResponderSuprimir
  14. Es raro ver a los políticos Gus en algo así, lamentablemente. Pero es lo que tenemos.
    Me alegra que te guste la entrada, los cafés son un lugar muy, muy especial.
    Y me alegra más tu mail! :D

    Buen, buen finde, amigo.

    ResponderSuprimir
  15. Lo cierto es que Budapest tiene muchos lugares así, Fran. Para los cafeholics como nosotros, una perdición, jajaja.

    Buen finde, y disfruta!

    ResponderSuprimir
  16. Cierto Teresa, también en Madrid, en Bilbao, Pamplona... todos de una época en la que café, tabaco, literatura y pensamiento eran todo uno.

    Un abrazo, y buen finde.

    ResponderSuprimir
  17. Nosotros también Bleid, sería genial. Imagino que has echado de menos el café en vuestro último viaje... y que viaje!

    Un abrazo, y buen finde!!

    ResponderSuprimir
  18. muchas gracias por hacer posible mi visita a ese café a través de sus palabras e imágenes.
    Un beso,
    Ale

    ResponderSuprimir
  19. Hola Roberto, ante todo gracias por los comentarios en miblog,los aprecio enormemente. Detrás de cada café histórico aparece una historia apasionante. Me parece maravilloso poder leer sobre de uno de los cafés más emblemáticos de Budapest. Hace muchos años que visité esta bella ciudad y recuerdo bien el New York pero del Central tengo una gran laguna y me parece apasionante todas las movidas que se cocian en aquella época.Me hubiera gustado asistir a esas jornadas de tertulias literarias. Ojala todos estos cafés volvieran a ser lo que eran ... pero vivimos en otros tiempos y la gente tiene otros intereses pues desgraciadamente a muy pocos les interesa la literatura y menos hacer tertulias sobre ello... Un abrazo.

    ResponderSuprimir
  20. Libros, café, política y humo... vida intelectual húngara.

    ResponderSuprimir
  21. Lo que hace no saber, pasamos unos días en aquella ciudad y no vimos el café, ¡qué pena! si alguna vez vuelvo...

    ResponderSuprimir
  22. Qué buena entrada! Es estupendo recordar cómo esos cafés se convertían en auténticos focos culturales, de ideas y de personas interesantes. Era la época en la que hablar –y no de cualquier cosa: de asuntos que valen realmente la pena- era más importante que ver la tele … Y qué estupendo es tratar de recuperarlos. Lo más parecido al ambiente que describís –en cuanto al local- lo he visto en los cafés vieneses, también magníficos.

    xG

    ResponderSuprimir
  23. Qué lugar más especial... Estando ahí es difícil no terminar embriagado de romanticismo (y casi, casi, parece que vayas a salir de él convertido en un intelectual! jeje). Me encantan estos lugares en los que cada simple objeto cuenta años de historia =)
    Un abrazo!

    ResponderSuprimir
  24. De adopción...que nació en Zumaia, mira tú!!
    Besitos y no abuses del redbull....
    mejor un poquito de hummmmmmmmmmmmm y musiquita suave

    ResponderSuprimir
  25. Mágico lugar, maravillosa entrada. Preciosa imagen de una ciudad hermosa...no digo más.
    He revisado todas las entradas para ponerme al día porque estaba perdida. Me pica la curiosidad en saber al fin, qué compraron, porque veo las fotos y...¡yo no sabría por cuál decidirme! Un abrazo
    AD.

    ResponderSuprimir
  26. La verdad es que nunca he leido nada de Dezsö Kosztolányi,pero reconozco que esos antiguas cafés de tertulia debieron ser una gozada.Un abrazo amigo

    ResponderSuprimir
  27. Hola Ale!!, un placer, como siempre! :D

    Saludos cafeteros!

    ResponderSuprimir
  28. Hola Merche!
    Es un placer pasar por tu blog y leerte, de verdad.
    También creo que mucho de ese ambiente de los cafés se ha perdido, y que los grandes cafés son, en gran medida, una sombra de lo que fueron en cuanto a esa faceta dinamizadora de la cultura. No obstante, como creo que los ciclos se repiten, tendremos nuevas oportunidades.

    El Nueva York..., nosotros, igual que tu imagino, lo conocimos antes de su cierre. Nos hemos quedado pasmados con la reforma. Pronto podrás verlo aquí.

    Un abrazo!

    ResponderSuprimir
  29. Y que dure, Alvi, porque lo que se gestó en los cafés, tiene todavía su razón de ser, en todos los países.

    Un abrazo!

    ResponderSuprimir
  30. Eva, eso dijimos la primera vez, y mira, ya van tres, jajaja.
    Si vuelves aprovecha!

    Un abrazo!!

    ResponderSuprimir
  31. Totalmente de acuerdo, xGaztelu, los cafés fueron durante un tiempo el teatro del mundo. Hoy también nos irían mejor las casas viendo menos tele, y compartiendo más en los cafés.

    Viena también posee espléndidos cafés, es verdad. De hecho podríamos hacer un recorrido visitando los Grandes Cafés de Centroeuropa.... :D

    Un abrazo!

    ResponderSuprimir
  32. Ku, bienvenida! Es verdad que hay lugares en los que al entrar parece que te envuelve otro espíritu, y sales renovado. ¿Un café?

    Un abrazo!

    ResponderSuprimir
  33. Alaaaa, Ana, que cosas, no tenía ni idea, y en cuanto al hmmmm, que razón tienes, hija mia.

    Bsotes!! (para que repartas :D)

    ResponderSuprimir
  34. Eso mismo Ade nos pasó a nosotros. No había forma de decidirse, ajajjaa. En cualquier caso, te diré que no compramos nada de lo que sale en las fotos. No lo había pensado, jajaja. Ha sido casualidad!

    Un fuerte abrazo, Ade

    ResponderSuprimir
  35. Creo que en casi todas las provincias tenemos al menos uno, Leo, y si que es un ambiente especial. A nosotros, como cafeteros que somos, nos encanta.
    En cuanto a Kosztolányi, es muy húngaro, con ese sentimiento trágico que les envuelve, así que no es para todos los días.

    Un abrazo!!

    ResponderSuprimir
  36. caray, hay que ver todo lo que me he perdido en esta gripe y en este comienzo de curso...me tengo que poner al día con la revista-objeto de ana y ese blog de ana y patxi. De momento, muy guay el post sobre el Central. Aunque eso de comer pasteles y beber cerveza...me sigue pareciendo...no sé algo difícil de conciliar...En fin, tampoco de podía pedir más al filo d ela medianoche. Ah, sí, café en lugar de cerveza, es verdad... besoss.

    ResponderSuprimir
  37. Pues efectivamente, Monikita se te echaba de menos por aquí..., pero bueno, cuando no se puede, pues no hay más.

    Bstos!
    (atenta a las news, jijijiji)

    ResponderSuprimir
  38. Qué crónica tan bella!! Y las fotos!! Os lo pasáis muy bien!! Por cierto,...yo cambiaría la frase a Mi taza de té, mi castillo...A pesar de que de cuando en cuando un café también cae.
    Me ha gustado mucho leeros.
    Abrazos!!!

    ResponderSuprimir
  39. María, realmente los cafés son lugares para pasar un buen rato, por supuesto también con una taza de té!. Somos más cafeteros, aunque a mí -R- de da a temporadas por el té (hay tanto donde elegir!)

    Un abrazo!!

    ResponderSuprimir
  40. La vida en las ciudades no se entiende sin los cafés. Antes eran mucho más, como bien lo demuestra la historia que cuentas, pero nunca han dejado de llenarse. Saludos.

    ResponderSuprimir