En estas últimas horas del año, es frecuente encontrar balances de lo sucedido en prensa, televisión, cafeterías..., y por supuesto, en la Red.
Nosotros vamos a despedir el año con ARTE.
Hace unas semanas Ana Fernández nos entregó algo muy especial. Forma parte del proyecto Lalata, la revista-objeto que representa una forma diferente de hacer y entender el objeto artístico. En el Blog de la revista estáreis al tanto de esta iniciativa, que ya ha traspasado nuestras fronteras.
Patxi y Ana nos mostraron, a modo de felicitación navideña el viaje en el que se han embarcado, con la ilusión y el trabajo como único equipaje. Ilumina tus noches, alegra tus dias, nos dicen.
Dos sensibilidades diferentes unidas en un mismo sueño: Pampikutxa. Haced una visita a su Blog, y veréis por qué en esta Navidad trabajarán desde la Luna...
Feliz Año Nuevo, dejad que vuestros sueños os lleven lejos.
Cuando comenzamos a pensar en esta entrada, optamos por crear un rincón para Mi Nube, y así lo hemos hecho, con el título de Mercados de Navidad en Budapest.
Finalmente, hemos decidido que no seríamos justos si no habláramos aquí de nuestra, por el momento, última escapada.
Lo que empezó como algo al azar, la primera incursión a los Mercados de Navidad, con un viaje a una atípica ciudad alemana, Köln, Colonia, se ha convertido en una tradición para El Guisante.
Colonia, una Ciudad con Vistas, y el libro City of Cologne, del que estamos a punto de publicar la tercera edición, ahora también en alemán. Después le siguieron Frankfurt y Praga; en esta ocasión la elegida ha sido Budapest.
Algunos miembros del equipo han pisado tierras magiares por primera vez. Para nosotros es ya la tercera ocasión en que visitamos la, con toda razón, llamada París del Este. Una ciudad que nos enamoró bajo la lluvia y la brevedad de un fin de semana hace ya mucho tiempo.
Sin embargo, nunca antes habíamos estado en Navidad. Y, tal vez por ello, se nos ha mostrado bajo un manto blanco, como si quisiera decirnos que puede ser aún más bella de lo que la recordábamos.
Pero no es nuestra intención hablar aquí y ahora sobre esta doble ciudad, ya habrá tiempo.
Los mercados están diseminados por varios lugares de la ciudad, y por lo general son de tamaño reducido.
El mayor y también el más animado es el que se encuentra en la céntrica Plaza Vörösmarty, la misma donde se encuentra el emblemático café Gerbaud. Probablemente estará lleno, tendréis que esperar que os acomoden, la tentación de salir a toda prisa os tentará..., pero no lo hagáis. Esperad, sed pacientes, sentaos, leed atentamente la carta... y disfrutad. Vale la pena.
La fachada del edificio se ha utilizado para crear un Calendario de Adviento. Si recordáis nuestra entrada del año pasado Domingo de Adviento, podéis comprender que resulta espectacular utilizar un edificio de este modo.
Todos los días, sobre las cinco de la tarde un pequeño grupo de músicos se asoma a uno de los balcones del edificio y comienza a interpretar una melodía.
Al terminar y retirarse del balcón, suena otra música, esta vez acompañada por un juego de luces que, aleatoriamente, recorre los días del calendario, hasta que se detiene en el que corresponde. Poco a poco, se levanta la persiana del día y deja al descubierto un fragmento de una pintura contemporánea. Resulta verdaderamente original.
Tampoco falta el tradicional árbol de Navidad, lleno de luces y bolas, cerrando uno de los lados de la plaza. Nos unimos a la fiesta y bajo los acordes de la música tradicional húngara entramos de lleno en el ambiente navideño. Sobre el escenario, podréis ver y oir además, danzas, espectáculos para niños...
Recorriendo los puestos de comida típica, mesas y bancos corridos, (sin estufas, así que no olvidéis ir bien abrigados), hemos encontrado objetos muy distintos a los que habíamos visto en otros lugares.
La calidad de la artesanía húngara, en cerámica, tejidos, madera o vidrio es algo que ya conocíamos. Ya no podemos comprarla a los precios de antaño, pero sigue siendo una tentación demasiado fuerte como para resistirse.
Junto a emblemáticos lugares de la ciudad, como la Plaza de los Héroes, y también a media altura en la fantástica avenida de Andrássy, o el próximo a la Catedral de Szent István, encontraréis más puestos de madera llenos de Navidad.
Recorrerlos con una taza de vino caliente, o de ponche, en una mano y un buen trozo deKürtós Kalácsen la otra, es la manera más tradicional de disfrutarlos.
Nuestra segunda visita a Amsterdam, esta vez gracias a la Oficina de Turismo de Holanda, nos permitió visitar la Casa de Rembrandt. Decía Giovanni Arpino que, Rembrandt inventó por y para sí mismo un sueño suyo en el que viven como prisioneros hombres y cosas de otro mundo, sueño de una dimensión perdida.
Rembrandt ha viajado con nosotros desde muchísimo tiempo, es un viejo amigo, y aun así, sigue sorprendiéndonos a cada instante.
Ahí esta el genio, en las pinceladas, en la luz de las sombras, en los detalles ocultos y que poco a poco se dibujan ante nuestros ojos. Rembrandt hace aparente lo que es invisible, e inventa un concepto de luz nuevo, no para iluminar sino para hacer inabordable su mundo.
La casa museo de Rembrandt, en Amsterdam, es un lugar donde, por momentos, parece que el tiempo se ha detenido, con los pigmentos, los modelos escultóricos, los pinceles y el caballete con el lienzo preparado para que el maestro aparezca en cualquier momento y reanude el trabajo.
Es uno de esos museos que sigue un modelo cada vez más atractivo, al menos para nosotros. Un museo a escala humana. Pequeño, asequible, sin largas colas para acceder, llenos de historia, bien planteados y distribuidos. En este caso, además de los múltiples objetos cotidianos, reune una magnífica colección de grabados.
Una visita imprescindible.
Con esta entrada nos despedimos durante unos días; sed felices.