agosto 23, 2010

El León de Lucerna

Dejando a un lado la cita de Mark Twain (recogida en numerosas web.), nos encontramos un cierto vacío a la hora de recopilar información sobre esta magnífica obra de arte, que nos mantuvo quietos frente a ella durante largo tiempo, creyendo ver como respiraba aun. Aun no conocíamos su historia, pero ahora podemos contarla. Esperamos que os guste.  

Oppermann escribió en su biografía sobre Thorvaldsen: “La gloria que adquirió el León de Lucerna en su nacimiento, ha sobrevivido hasta hoy. La idea es tan sencilla y la ejecución tan grandiosa que a pesar de la evolución de los gustos contemporáneos todavía ejerce su poder sobre las mentes.”  

El Löwendenkmal representa un punto muy especial en la visita a Lucerna. El iniciador de este monumento fue el coronel Carl von Altishofen Pfyffer (1771-1840), huérfano desde temprana edad, recibió educación en el Monasterio de St. Urban, y también con los jesuitas en Friburgo. Posteriormente se graduó en la Escuela Militar de París, donde ascendió a teniente en 1787, y fue asignado a la Guardia Suiza.En 1792 pasaba sus vacaciones en Lucerna, cuando tuvo lugar el sangriento episodio en el Palacio Real de París. La Revolución francesa había estallado en 1789, y el 6 de octubre de ese mismo año, el Rey Luis XVI, su esposa María Antonieta y sus hijos se trasladaron del Palacio de Versalles al Palacio de las Tullerías buscando refugio.  

El 10 de agosto de 1792, los revolucionarios asaltaron el palacio. La lucha comenzó cuando cinco miembros de la Guardia Suiza fueron asesinados ante su capitán, quien a pesar de la gran inferioridad numérica en la que se encontraba logró que sus hombres contuvieran el asalto. En junio de 1791 Luis XVI trató de huir al extranjero y fue puesto bajo arresto por las autoridades revolucionarias, aunque una fuerza compuesta por 1000 Guardias Suizos tenía la misión de proteger al rey de la cada vez más violenta situación.

El rey buscó refugio en la Asamblea Legislativa, y fue obligado a pedir a la Guardia Suiza que se retirase y volviese a sus cuarteles. El capitán Dürler, pidió esa orden por escrito (la cual se conserva), y cuando el rey se la entregó, los guardias abandonaron el palacio, siendo masacrados en el exterior por los revolucionarios. Una gran cantidad de las cabezas de los 760 guardias y 26 oficiales que pagaron con su vida la lealtad al rey fueron clavadas en picas y paseadas por toda la ciudad.
 
Pfyffer continuó como oficial en el extranjero hasta que a finales de 1801 regresó a Lucerna. Allí, como responsable militar, ocupó un asiento en el Gran Consejo y fue miembro de la Corte Municipal. Desde 1819 a 1836 dirigió los asuntos de la Sociedad de Arte de Lucerna como su primer presidente.Durante mucho tiempo había pensado honrar a sus camaradas caídos, con un monumento en su memoria, y para financiar su construcción decidió organizar una recogida de dinero. No obstante, mientras Suiza estuvo bajo dominio francés (1814), no era posible defender públicamente el memorial, ya que su espíritu se dirigía directamente en contra de los hombres de la Revolución, y Napoleón no hubiese tenido misericordia.


Solo cuando los suizos volvieron a ser dueños de su propio país, y la dinastía borbónica ascendió al trono francés en 1815 la idea pudo ponerse en marcha. Por fin, en 1818 publicó su plan de subscripción para construir el monumento.Aunque la invitación a participar fue recibida tibiamente en ciertos círculos, se consiguió reunir más de 20.000 francos suizos. Las donaciones llegaron tanto de Suiza como del extranjero, al igual que de miembros de familias reales diversas: el Emperador de Rusia, el rey de Prusia y la familia real francesa.

Igualmente, contribuyó el príncipe Christian Frederik de Dinamarca, el embajador danés en Florencia y varios miembros de la comunidad suiza en la capital, Copenhague. Varios artistas suizos fueron requeridos por Pfyffer para realizar los diseños, pero sus trabajos no fueron satisfactorios, ya que no se adecuaban a la naturaleza y tamaño de la tarea, por lo que se pensó que debía encargarse a un escultor extranjero importante, Cánova o Thorvaldsen, apodado el Fidias nórdico.  

A Pfyffer le preocupaba que el extremadamente ocupado y sofisticado Canova pidiese unos honorarios demasiado elevados, y por ello recurrió a un buen amigo, Vincent Rüttimann, un hombre de estado natural de Lucerna, que durante una estancia en Roma, contactó con Thorvaldsen. La misión de Rüttimann fue un éxito, aunque era consciente de que no podía contar con el propio maestro para ejecutar la obra. En 1819 estuvieron listos dos modelos: uno con el león en grande, y otro más pequeño con el león dentro de la gruta, que llegaron a Lucerna con graves daños, debido al deficiente embalaje. La idea de Pfyffer es que el león debía estar muerto; sin embargo Thorvaldsen lo rechaza. Rüttimann le contó el episodio, le habló de la orden real para que la guardia cesase el combate, y Thorvaldsen afirmó: "El león no estaba muerto, debe estar reposando”.

 Aunque los fondos reunidos no resultaron suficientes, Thorvaldsen se implicó personalmente, y se encargó el trabajo al escultor suizo Eggenschwyler, que empezó el 19 de Agosto de 1819, basándose en las instrucciones que había recibido de Thorvaldsen, bajo la presión de Pfyffer y sus donantes; consecuencia de las mismas, Eggenschwyler sufrió un accidente en el andamio poco después. Fue trasladado con graves heridas, de las que moriría unos meses más tarde.  

En su lugar, fue el escultor natural de Constanza, Lucas Ahorn, el encargado de sacar de la roca el león de Thorvaldsen, catorce meses después. La obra está situada en una roca de arenisca de la misma ciudad de Lucerna, que durante años fue explotada como cantera para construir la ciudad. Está realizada al doble del tamaño de un león real. Mide 6 metros de altura y 10 metros de largo. 

Representa a un león caído, herido de muerte, con el dolor reflejado en el rostro, y que se apoya sobre un escudo con la flor de lis , junto al escudo con la bandera suiza.


En la parte superior del monumento consta la inscripción latina Helvetiorum Fidei ac Virtuti, "a la lealtad y la valentía de los suizos". Además están grabados los nombres de los muertos y de los oficiales de la Guardia Suiza, así como el número de muertos y el número de soldados supervivientes.
El 7 de Agosto de 1821 se completó el trabajo, y tres días después, en el 29 aniversario de los sucesos de las Tullerías, tuvo lugar la solemne inauguración, en la que no solo estuvieron presentes autoridades de toda Suiza y representantes de la aristocracia europea, sino también los veteranos supervivientes de la Guardia Suiza.  

Thorvaldsen tardó 20 años en ver la obra; fue en 1841. Se dice que en aquella ocasión, el autor, dijo: "Dieses Denkmal wird, selbst wenn es verwittern sollte, gleichwohl alle anderen überragen". Como primer guardián del monumento fue nombrado el ex cabo David Clerc, que aquel 10 de Agosto de 1792 junto a cuatro hombres, capturó un cañón de asalto, resultando herido en aquella acción. En las inmediaciones abrió sus puertas en 1886 el Museo. En el vestíbulo un enorme mural muestra a la Guardia Suiza luchando y muriendo, rodeados por los bustos de Thorvaldsen, Pfyffer y Ahorns. En sus salas podemos ver cuatro imágenes en gran formato, con efectos de luz y dioramas en tres dimensiones, que narran la historia de la Revolución en París, y las batallas más importantes de la Guardia Suiza. Un gabinete histórico con armas, retratos, y bocetos de la construcción del Monumento, completa la visita.

agosto 18, 2010

Schloss Oberhofen

Vista del Castillo de Oberhofen junto al lago de Thun en Suiza

En nuestro recorrido por Suiza, llegamos a Interlaken, situada entre el Lago de Thun y el Lago de Brienz.

A orillas del primero, se ubica el romántico castillo medieval de Oberhofen, con su impresionante torre del homenaje, y la torreta que se apoya sobre el lecho del lago, mostrándonos una de las vistas que hacen realidad el tópico de la Suiza de Postal.


Torreon sobre el lago del castillo de Oberhofen en SuizaLa impactante torre del homenaje de la antigua fortaleza de Oberhofen fue probablemente construida a principios del siglo XIII. 

En el siglo XIV perteneció a los Habsburgo, si bien tras la Batalla de Sempach, 9 de julio de 1386, las tropas bernesas ocuparon Oberhofen y poco después la  fortaleza y sus alrededores quedaron bajo el control de la dinastía Scharnachthal, a la que siguieron otras dinastías bernesas como señores del castillo.

De 1652 a 1798, la fortaleza se convirtió en una circunscripción jurídica y fue ampliada y convertida en un castillo.


Dormitorio en el castillo de Oberhofen de Suiza
En 1801, volvió a convertirse en propiedad privada, y ya a mediados del siglo XIX, el castillo fue reformado por los Condes de Pourtalès cuyos antepasados, originarios de Neuchâtel, habían emigrado a Prusia.

En 1940, el abogado estadounidense William Mutilar Measey creó la Fundación Oberhofen. En 1954, el Museo abrió sus puertas al público como una delegación del Museo Histórico de Berna. El 1 de enero de 2009, el Castillo de Oberhofen fue reconvertido nuevamente en fundación privada.


Recorriendo las distintas salas que hoy componen el museo, se obtiene una impresión vívida de el estilo de vida de la la nobleza bernesa entre los siglos XVI y XIX.


Biblioteca del Castillo de Oberhofen en Suiza

A la abundancia de mobiliario, y su excelente conservación, había que unir la baja densidad de visitantes, lo que propiciaba que en numerosas dependencias nos encontráramos solos, haciendo la visita especialmente agradable.

De la elegante sala de verano, o el comedor neogótico, a contemplar armas increíblemente bellas en la armería. Es sencillo imaginarse asistiendo a un concierto en el salón de música y, a continuación, ascender al salón de fumar de estilo turco, con sus vistas al lago. La capilla, con sus excepcionales frescos de finales del siglo XV, sigue en uso hoy en día.


Jardines del Castillo de Oberhofen en Suiza
El jardín, es uno de los más bellos de la región alpina, debido al clima templado del lugar. Diseñado alrededor de 1840, en estilo inglés, a lo largo del tiempo fue configurado por las odas imperantes y estas influencias aún pueden verse hoy en día, a modo de cronología de la historia de la jardinería. Los ejemplos incluyen macizos con plantas de temporada, adornos de boj, una gran variedad de coníferas y una impresionante pérgola formada por árboles poco comunes, los carpes.

Ofrece una vista impresionante de las montañas, que se alzan sobre el lago como una fortaleza inexpugnable; un paisaje que nos hace sentir vivos.


Nuestro amigo Gus cuenta sus experiencias en Suiza en una serie de excelentes entradas que podéis seguir en el blog Gus Planet.





Hemos subido algunas fotos más a Mi Nube, y podéis verlas en nuestro rincón, El Castillo de Oberhofen.

agosto 02, 2010

Los Agujeros del Gruyere

Cuando decidimos viajar a los Alpes suizos y empezamos a planear nuestra ruta, llegamos a la conclusión de que serían precisamente los agujeros del famoso queso lo único que podríamos comprar para subsistir durante nuestra estancia.


Una vez en nuestro destino pudimos, por suerte, comprobar que no sería necesario ayunar uno de cada dos días para conseguir completar nuestra aventura.
Pero aunque esto no hubiera sido así, desde que pisamos las tierras altas comprendimos que habría merecido la pena.


Gustave Flaubert, publicó en 1857 su famosa y controvertida obra, Madame Bovary, y en ella, refiriéndose a los Alpes escribió:


"Tengo un primo que viajó por Suiza el año pasado, y me decía que uno no puede imaginarse la poesía de los lagos, el encanto de las cascadas, el efecto gigantesco de los glaciares. Se ven pinos de un tamaño increible atravesados en los torrentes, chozas colgadas sobre precipicios y, a mil pies por debajo de uno, valles enteros, cuando se entreabren las nubes."


Creemos que tanto nosotros como nuestros compañeros en las alturas, Inma y Josean, no seríamos capaces de describir mejor la sensación que nos ha invadido durante todos estos días.
Mirar el mundo de lo alto de las montañas es una sensación magnífica, al mismo tiempo sobrecogedora, ante la desproporciñon de todo tiene a nuesto alrededor, y  la claridad con la que somos conscientes de la poca importancia que tenemos.

Resulta gracioso, porque parece mentira que nos creamos superiores a la Naturaleza; ni siquiera por un instante somos capaces de dominarla. 

Nuestro camino ha ido situando ante nuestros ojos a la espectacular triada compuesta por el  Eiger, el Mönch y la bella Jungfrau.


El Mont Blanc, aparentemente amable y tranquilo, que se alza sobre la francesa Chamonix, y la pirámide perfecta, única, del Matterhorn, o Cervino, desde el lado italiano.


Un camino que no olvidaremos fácilmente. De el iremos hablando a lo largo de los próximos meses, y tal vez, toda la vida.


Hemos conocido gente magnífica, como Judith Bauer, nuestra anfitriona en Zermatt. Los amigos, Juan Esteban y Ramón, que atacarían primero el Dent de Geant (Diente del Gigante) y despúes el Mont Blanc; los hermanos, Javier y Roberto que ascenderían al Grand Paradiso. Oscar, que de camino al Shilthorn, en Brig, nos mostró, en pleno verano, la cara invernal de la montaña.

Caminantes y alpinistas, recorriendo los innumerables caminos que surcan estas montañas, o suspendidos en el vacío; con los pies en la tierra, o sobre las paredes verticales de las aiguilles.

Gentes diferentes, pero todas con un denominador común: la pasión por la montaña. Para comprobarlo, no os perdáis nuestro vídeo sobre Alpes.




Esta entrada es solamente un recordatorio. Volveremos a escribir sobre los Alpes, aquí, y por supuesto en Lost Hiking, porque las rutas que hemos realizado merecen ser mostradas.


Y por cierto, pese a la creencia popular, el Gruyère no tiene agujeros. Ese es el Emmental. Y esa otra historia.