Hace unas semanas asistimos a un evento organizado por Natalia, Anabel y Alex, de Turiskopio para Turdaibai, Asociación de Turismo Sostenible de Urdaibai, que engloba un gran número de empresas privadas del sector turístico, las cuales desarrollan su actividad en esta Reserva de la Biosfera, calificada como tal por la UNESCO en 1984.
El programa comenzó a primera hora de la mañana visitando Basondo, el centro para la defensa de los animales silvestres, gestionado por la Fundación Xabier Maiztegi. De la mano de Itziar Maiztegi conocimos a un buen número de inquilinos de la reserva, sus costumbres y formas de vida. Como ellos mismos dicen:
"Basondo no es un zoo: es un refugio para fauna silvestre amenazada.
En 60.000 metros de prados y bosques albergamos las principales especies de animales silvestres de la zona: jabalíes, corzos, zorros, gatos monteses, jinetas, nutrias, aves rapaces y migratorias, reptiles, etc., junto con otras especies que ya se han extinguido en nuestro entorno, como el lobo, el lince o el bisonte europeo."
También nos habló acerca de la presión del hombre sobre la fauna salvaje, de la compra y abandono de las mascotas y de la caza indiscriminada.
Una visita interesantísima, que a todos se nos hizo corta. Lo bueno es que Itziar nos puede contar tantas cosas que merece la pena repetir.
La segunda parte de este evento nos llevó muy atrás en el tiempo, en concreto 14.000 años, hasta el Magdaleniense Medio. Tras ascender un buen número de escalones, llegamos a la entrada de la Cueva de Santimamiñe, el principal yacimiento prehistórico vizcaíno.
Allí nos esperaba una de las guías de la Diputación Foral de Bizkaia, que tras una excelente introducción a la cronología del yacimiento, a su entorno físico, y a las circunstancias que llevaron a su descubrimiento y posteriores fases de excavación, nos llevó al interior de la cueva.
Actualmente, al igual que en otros muchos yacimientos de este tipo, con arte parietal, las visitas no están permitidas y solo pudimos acceder al vestíbulo, donde no hay pinturas, aunque sí pudimos ver parte de la excavación actual.
Junto a la cueva, se encuentra la Ermita de Santimamiñe, donde avanzamos varios milenios de golpe. Aquí, gracias a la tecnología, pudimos recorrer el interior de la cueva mediante una recreación realmente fiel en 3D, con la ventaja de que no se trata de una película sin más, sino que se trata de un modelo informático en 3D que permite el desplazamiento por el interior de la cueva en cualquier dirección, y que se controla mediante un joystick. Cada visita es diferente, ya que la guía nos mostrará diferentes recorridos y vistas, en un intento por personalizar esta experiencia. Fue un gran viaje en el tiempo.
Como colofón, en el Restaurante Lezika repusimos fuerzas en las mesas exteriores, aprovechando la excelente mañana que nos acompañó. Entre pintxo y pintxo aprovechamos para compartir impresiones con otros participantes y con los organizadores, sobre este tipo de iniciativas que tratan de impulsar un turismo responsable y sostenible, algo que sin duda es el futuro del sector.
Por la tarde, tras una pequeña caminata, nos acercamos al Bosque Pintado de Oma, obra de Agustín Ibarrola.
Es un lugar mágico, y vivo; mágico porque la luz, siempre cambiante, hace que nuestra impresión cambie cada vez que lo visitamos.
Vivo, porque los árboles crecen, y mueren, modificando así la obra de forma que al final la propia Naturaleza es también el artista. Un lugar que no os podeis perder.
En vuestra próxima visita a Euskadi, ya tenéis un gran plan.