Cuando comencé la lectura de este libro, hace ya diez años, y aunque parezca un contrasentido, lo hice con bastantes reticencias.
El autor me era totalmente desconocido, si bien esto no suponía en si ningún inconveniente, pero llegó hasta mí de la mano de Arturo Pérez-Reverte, lo que desde luego no me predisponía a leerlo.
Por otro lado, las novelas de aventuras en el mar no me atraían. El mar, infinito, azul, verde, gris, en constante movimiento, opuesto al espacio reducido, agobiante e inmutable de una nave, forman una sociedad en la que no me siento cómodo, aunque quisiera que no fuera así.
Por otro lado, las novelas de aventuras en el mar no me atraían. El mar, infinito, azul, verde, gris, en constante movimiento, opuesto al espacio reducido, agobiante e inmutable de una nave, forman una sociedad en la que no me siento cómodo, aunque quisiera que no fuera así.
Cuando llega la noche, y una luna llena, majestuosa y límpida, ilumina el ambiente, creemos vivir momentos de magia embellecedora. Las aguas, verdosas de día, cobran una coloración azul, de un azul oscuro, enigmático.
La libertad de zarpar, con rumbo fijo, o sin el, sentir la lluvia, el viento, el sabor de la sal, saber que pese a todo, nuestra suerte no depende de nosotros mismos sino que somos un juguete más en manos de la Naturaleza, son sensaciones que me atraen profundamente.
No obstante, debo conformarme con dejarme llevar por las olas en la playa, bucear no lejos de la línea de costa, o simplemente mirar el azul desde la orilla. Una mala jugada de mi oído interno...
Sé que pronto asomará en la puerta de mi cámara el negro Bob, y que, con todo su aparatoso respeto me dirá: "Señor capitán, hay seis marineros de descanso en el sollado, con mareos y vómitos, ¿no cree que debiera verlos el cirujano?." Y yo, fingiendo que he oído mal por culpa del viento, que silba ente la puerta entreabierta, responderé: "No traigo cirujano para curar flojos. Prepárales uno de sos caldos con resucitan muertos."
La Cacería relata las aventuras de una goleta corsaria uruguaya entre los años 1819 y 1821. Es la historia de una persecución, un duelo en el mar, entre el capitán Brito, al mando del brick portugués Espíritu Santo, y la goleta Intrépida, comandada por el capitán John Blackbourne.
El período de tiempo elegido es muy convulso. Las colonias, emancipadas de la metrópoli, se desangran ahora en una serie de luchas internas, y numerosos territorios sirven de moneda de cambio, como sucede con Uruguay, ya que el Congreso de Tucumán permite la ocupación portuguesa del país (posteriormente anexionado a Portugal en 1821, y a Brasil en 1825), que no lograría su independencia hasta 1828.Durante ese tiempo, una de las armas utilizadas para luchar contra los portugueses fueron las naves corsarias, donde marineros de medio mundo se enrolaban para hacer fortuna bajo el manto de la lucha por la libertad.

Redactada en primera persona, en la voz del capitán Blackbourne, y a modo de diario, resulta sorprendente el dinamismo de la prosa con la que Paternain llena las páginas. Los términos marinos son abrumadores, y pueden resultar un elemento disuasorio para un lector no familiarizado con ellos.
Sin embargo, la naturalidad de la narración, también en sus diálogos, hace que nos metamos de lleno en la historia. El lenguaje es el que debe ser, ni más ni menos.
Sin embargo, la naturalidad de la narración, también en sus diálogos, hace que nos metamos de lleno en la historia. El lenguaje es el que debe ser, ni más ni menos.
Miraba fíjamente la carlinga; luego, levantaba la cabeza y seguía con la vista el palo de mesana penetrando entre baos y mamparos; y calculando que el mástil, bien asentada la espiga, y sosteniéndose sin quebrantos en la fogonadura, se alzaba al aire con la firmeza de siempre, me inducía por señas a no volver a cubierta sin asegurarnos de que el trabajo había sido hecho a conciencia.
Photo by Beatriz, The Black Cat Photography
Es una historia de hombres. Las mujeres, al igual que sucede en las naves, aparecen en el recuerdo de la marinería, como esposas, hijas o amantes.
Durante la noche, sus pensamientos surcan otros veriles. Con una calma tan grande, no ha de ser raro que la memoria del capitán vaya y venga desde la cubierta del brick a Bahía, desde el puerto hasta la casa donde viven Amelia y María da Gloria, y que al salir y la luna y espejarse en las aguas quietas, crea que tiene, allí delante, un reflejo de la eternidad, y que ha vivido en Bahía unos parcos segundos de dicha tan parecidos a los sueños. Fácilmente, sin dolor, el recuerdo de su mujer, de su hija y del regocijo en aquella casa, retroceden ante la majestad de la noche y la claridad del oceáno, alumbrado por la luna.
Una historia llena de historias, que los marinos cuentan en sus escasos momentos de ocio; una historia de vida y de muerte, en un mundo cerrado, la Intrépida, que contiene los sueños, los temores, el pasado, el presente y el futuro de una tripulación.
Quien hablaba de aventura era Jonathan Hoove, riendo abiertamente, mostrándonos su boca despoblada, jurando que, desde los tiempos en que navegó con Stephen Decatur, no había vivido, en ninguno de los mares que conoció, una cacería como la de esa jornada.
A diferencia de P. O'Brian, que hace gala -de forma excesiva a mi modo de ver- de su nacionalidad inglesa, y de la torpeza e ineptitud de los marinos españoles, extendiéndolo frecuentemente a la población del país en general, Paternain trata a sus personajes como iguales. Enemigos, si, pero con dignidad.
La novela del uruguayo tiene todo lo bueno de las novelas de O'Brian, y además está llena de reflexiones sobre la vida, sobre el mal y el bien, los sentimientos, las supersticiones o el sentido de la guerra. Esto es lo que marca la diferencia entre una novela de aventuras, y una gran novela.
Aunque el mar os quede lejos, esta novela lo llevará a vuestros corazones.
Pdta. Gracias Beatriz por prestarnos una de tus magníficas imagenes para ilustrar este post. Os invitamos a que descubráis su mundo: The Black Cat Photography.







