Cuando, en 1996, paseamos por primera vez por las calles de Praga, recorriendo sus callejones débilmente iluminados, y llegamos a Staré Mesto, con la Iglesia de Tyn, agazapada tras las casas, el reloj astronómico animado por los autómatas...... pensamos que era la ciudad más hermosa que tal vez veríamos nunca.Ahora, trece años después, hemos vuelto a pasear por Malá Strana, Josefov, Staré Mesto.... Muchas cosas han cambiado, y la sensación de descubrimiento de una ciudad magnífica, una ciudad tan bella que parecía irreal, también oscura, fría y con el aire aun enrarecido por la herencia soviética, se ha difuminado un tanto entre la maraña comercial que ha invadido sus calles y a sus habitantes.
A pesar de todo, observando Malá Strana desde la otra orilla, sobre el Puente de Carlos, la silueta imponente del Castillo, con la Catedral de San Vito, el Palacio Real iluminado, solos en la noche, separados por el Mldava, es fácil sentir que sigue siendo la ciudad que recordábamos.
Os dejamos un vídeo, que podéis ver en alta definición, realizado a partir de nuestras imagenes, y con el fondo musical de Celestian Aeon Project.



