"En ocasiones resulta imprescindible utilizar la primera persona al redactar una entrada, aunque, como en este caso, la entrada está escrita a dos manos. Os dejamos durante unos días, como ya sabéis estos patas de perro no pueden estar mucho tiempo quietos."
Que nuestro sistema de valores no es universal lo descubrimos hace mucho tiempo, y se hace más evidente a medida que ampliamos nuestro conocimiento de otras culturas.
A pesar de que el cine y, sobre todo la literatura, nos han acercado en los últimos años, Japón sigue siendo un desconocido. Mi relación con la cultura japonesa se inició siendo apenas un niño, a través del Karate, y con el paso de los años he ido descubriendo puntos comunes y sobre todo, enormes diferencias con respecto a la forma en que unos y otros interpretamos la realidad.
Shiragiku no
me ni tatete
chiri mo ashi
-Mota de polvo
en blanco crisantemo
el ojo no ve.-
En este haiku, del maestro Basho, compuesto en casa de Sonome, discípula de aquel, se describen la elegancia y la pureza del crisantemo blanco, al tiempo que se dirige un cumplido a la anfitriona.
A menudo los occidentales leemos literatura japonesa de manera plana siguiendo literalmente lo que el traductor ha escrito, y aunque la traducción sea espléndida, perdemos una parte importantísima del texto debido a nuestro desconocimiento de la cultura del Japón.
Traducir una obra del japonés supone un reto fantástico para los profesionales. No repasaremos las dificultades que un traductor encuentra, ya que sería objeto de un ensayo para el que no estamos capacitados. Unicamente, daremos algunas pinceladas.
La lengua japonesa está definida por varias claves: la geográfica y climatológica; la clave histórica, donde además de los diferentes períodos que dejan su impronta en la evolución del idioma, se registran tres grandes flujos de importaciones culturales: desde el comienzo de la historia japonesa hasta finales del siglo IX; desde finales de Heian (mediados del XII) hasta fines del XVI; desde la Restauración Meiji (1868) hasta la actualidad. La lingüística, en la que estudiaríamos aspectos tan importantes en el idioma como la fonética, la sintaxis, la ambigüedad y el vocabulario, entre otras. La ideológica y religiosa, reflejando las influencias de el sintoismo o el confucianismo, pasando por el budismo o el sincretismo.
La organización social japonesa aporta elementos básicos a la lengua, al igual que el esteticismo cultural, con conceptos como el aware, el wabi-sabi o el miyabi, entre otros.
La capacidad de sugerencia e insinuación es un valor estético firme en la cultura japonesa, causado en parte por el poder de ambigüedad de su idioma. La frecuente omisión del sujeto y de los modificadores de la oración, o incluso la elipsis del predicado contribuyen también a la ambigüedad.
Una de las mayores dificultades de la lectura del Genji Monogatari radica en la omisión de adjetivos específicos. También es cierto que en la cultura japonesa se pone mayor acento en la lengua hablada, lo que va en detrimento de la escrita. Una característica llamativa de la oración en japonés es el uso de partículas al final de la misma, por detrás del verbo, que expresan el punto de vista subjetivo del hablante o escritor, lo que plantea mayores problemas aún al traductor, al tiempo que otorga a la literatura japonesa una marcada expresividad afectiva.
Las diferencias sociales marcan también los registros del habla japonesa, y frases totalmente neutrales (como "Hace buen tiempo"), se expresan con unos términos y una entonación que al instante permiten apreciar no solo el sexo del hablante y su posición social, sino a menudo, también el sexo y posición social del interlocutor. Nuevos problemas para el traductor.
En el vocabulario japonés llama la atención la cantidad de términos sobre fenómenos naturales: por ejemplo, hay más de veinte nombres para designar "lluvia" que varían según la época del año y la forma de caer. Harusame significa lluvia de primavera, pero dentro de harusame hay un infinito caudal de poesía y visión.
Expresiones típicas de los haiku, como mizu nurumu (el agua se ha templado) o yama waro (las montañas se ríen, para indicar que las montañas están alegres, aludiendo a la primavera, en contraste con el invierno), son características de esta lengua. Shitamoe (retoños que brotan del suelo), yozakura (las flores del cerezo observadas por la noche), y tantas otras, que para nosotros son palabras únicas, poseen para un japonés un complejísimo y poético significado.
El carbón blanco
que fue antes de la quema
rama nevada
El carbón blanco, shiro sumi, se usa a menudo en la ceremonia del te, y nos resulta curioso que sea blanco*.
Pero el carbón vegetal procede de una rama, que en alguna ocasión pudo estar cubierta de nieve en invierno, con lo que el carbón del te realiza, de manera simbólica, un imposible viaje de retorno a la rama que fue, a través de su blancura.
*(se debe al proceso de combustión, diferente del utilizado para el carbón vegetal negro)
Cuando en la narración, entre una descripción o un diálogo, el autor indica que un cuervo grazna, con toda probabilidad podemos deducir que no terminará bien, en ese momento o al final...
"¿A que viene esa tontería del "amor mutuo"?
Un cuervo graznó desde una rama cercana. Sobresaltada, di un bote en el banco. El cuervo graznó otra vez. El maestro sonrío y envolvió mi mano con la suya.
Existen multitud de ejemplos en la vida actual que ilustran la diferente concepción de las cosas. Otorgar un regalo a un japonés y que no lo abra inmediatamente podemos interpretarlo como un gesto de mala educación, cuando es todo lo contrario. Al ser presentado a otra persona, mirar directamente a sus ojos se puede interpretar como una explícita insinuación sexual. El "universal" gesto con la mano cerrada y el pulgar hacia arriba para indicar que todo esta bien..., en Japón supone proclamar a los cuatro vientos nuestra homosexualidad.
El teatro Kabuki o el teatro Noh, sin una completa explicación resulta absolutamente incomprensible para un occidental, al igual que sucede en la opera china, donde cada personaje tiene un rol asignado y todos sus gestos, sus movimientos e inflexiones de la voz tienen un significado, como cuando un actor realiza una pirueta hacia atrás para indicar al espectador que nos trasladamos al pasado...
xGaztelu, realizó un interesante y acertado análisis de El Elogio de la Sombra de Tanizaki, donde el autor apunta que la verdadera belleza se encuentra en la penumbra, frente a la obsesión occidental por iluminarlo todo, y nos acerca un poco a la belleza tal y como la entiende un japonés.
"Algunos dirán que la falaz belleza creada por la penumbra no es la belleza auténtica. No obstante, como decía anteriormente, nosotros los orientales creamos belleza haciendo nacer sombras en lugares que en sí mismos son insignificantes. Hay una vieja canción que dice:
Ramajes
reunidlos y anudadlos
una choza
desatadlos
la llanura de nuevo
Nuestro pensamiento, en definitiva, procede análogamente: creo que lo bello no es una sustancia en sí, sino tan solo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producidos por la yuxtaposición de diferentes sustancias".
Nos muestra la sociedad de la época vista por tres mujeres cultas, en una obra realmente interesante para conocer el Japón durante ese período fundamental de su historia.
Además del interés histórico la obra está llena de poemas, sencillos en apariencia, inteligentes y sutiles.
Noche tras noche
suspiran las cañas de bambú...
Mis sueños se rompen
y una tristeza indescriptible
llena mi corazón
La Madre del Capitán Shigemoto, también de Junichiro Tanizaki, inspirada en una conocida historia de comienzos del siglo X, protagonizada por una joven de extraordinaria belleza.
El libro comienza presentando a un famoso seductor, Heiju, y citando un capítulo de La Historia de Genji, e incluso el desarrollo de la obra recuerda a la gran novela de Murasaki Shikibu, aunque en esta ocasión Tanizaki presenta la obra a modo de trabajo de investigación literaria e histórica, e intenta afianzar esa impresión en el lector analizando y explicando usos y costumbres de la época Heian, pero en realidad el libro es un análisis de como la belleza mueve a los hombres, de la mezquindad y perversidad de aquellos que persiguen arrebatar al otro su bien más preciado, por el simple hecho de demostrar que pueden hacerlo.
De como nos damos cuenta de aquello que nos importa, de lo que verdaderamente es importante solo cuando lo hemos perdido; y de las consecuencias irreparables que esa pérdida tiene. Del peligro de abrir los oídos a la adulación, del comportamiento esperado acorde a la posición social, y como no, de poesía.
En un desarrollo que nos sorprende, y perfectamente lógico para un japonés, gira hacia terrenos espirituales, adentrándose en aspectos áridos del budismo, recurriendo a una asociación habitual en la literatura japonesa, un anciano de ochenta años y un niño de seis o siete, padre e hijo, desconocidos de la misma sangre, unidos por un fino hilo que se romperá porque es la vida misma lo que finaliza y no puede ser de otra manera, en un libro que resulta de lectura difícil y que apreciaremos justamente después de un atento análisis.
Perdida, se ha vuelto nieve en el jardín
en vuelo, sigue al viento sobre el mar.
En el empíreo habrá encontrado compañero;
son ya tres noches que no vuelve a su percha.
Su voz se apaga más allá de las nubes verdes;
su forma se hunde en la brillante luna.
Desde ahora, en la residencia del gobernador,
¿quien hará compañía a estas viejas canas?
El cielo es azul, la tierra blanca. Una historia de amor, de Hiromi Kawakami, nos cuenta que su protagonista (mujer, igual que la autora), Tsukiko tiene 38 años y lleva una vida solitaria.

Considera que no está dotada para el amor. Hasta que un día encuentra en una taberna a su viejo maestro de japonés.No intimaremos con los personajes en el sentido habitual, ya que apenas sabremos retazos de su vida, pero la autora nos coloca muy próximos a ellos, nos sitúa como voyeurs de una relación extraña para nosotros, y, una vez más, frecuente en oriente, y sin darnos cuenta estaremos inmersos en la vida del maestro y de Tsukiko, que se escribe con los caracteres de "niña" y "luna".
La poesía ocupa un lugar destacado a lo largo del libro. Los diálogos escuetos, las descripciones someras, nos adentran en la sociedad nipona, mostrándonos aspectos recurrentes en su literatura actual, como son el aislamiento dentro de una inmensidad de personas, la indiferencia hacia los otros, la relación con la familia, la nostalgia por una infancia que no volverá pero que se resisten a dejar en una batalla perdida contra el paso del tiempo, la oposición entre tradición y modernidad, el alcohol como vehículo de escape, la falta de amor y la negación de su importancia como justificación de la soledad, los convencionalismos, el papel de la mujer en una sociedad anclada en el pasado en muchos aspectos. El viaje de descubrimiento que los japoneses realizan cuando terminan sus estudios, y que les lleva al otro lado del mundo. La naturaleza, con sus ritmos.
He recorrido un largo camino,
el frío penetra mi ropa gastada.
Esta tarde el cielo está despejado.
¡como me duele el corazón!
Nosotros recorremos también un largo camino, el que lleva a los protagonistas a mostrarnos una historia de amor, sutil y delicada como un haiku, una historia llena de sensibilidad, una historia que me hubiera gustado no terminar de leer.