Érase una vez un zapatero, que para su desgracia, llegó a ser tan pobre que todo lo que le quedaba era cuero suficiente para fabricar un solo par de zapatos. Aquella tarde cortó el cuero y decidió trabajar en los zapatos por la mañana. Se dejó caer lentamente en la cama, encomendó su alma a Dios, y se quedó dormido. Al día siguiente, muy temprano, rezó sus oraciones, y se dispuso a realizar su trabajo, cuando vio que los zapatos estaban terminados y colocados en el mostrador. Tomó los zapatos en sus manos para poder mirarlos de cerca, y comprobó, para su asombro, que era un trabajo perfecto. Los zapatos eran una obra maestra.
En la Heinzelmännchen Brunnen, situada en Am Hof, al sudoeste de Roncalliplatz, centro histórico de Colonia, encontraréis el final de la historia, así como la peculiar adaptación que aquí se hace del célebre cuento de los hermanos Grimm.
Köln, Colonia. Las siglas CCAA designan a esta ciudad, bautizada hacia el año 50 d.C. Por los romanos Colonia Claudia Ara Agrippinensis, en honor de Agripina, esposa de Claudio, y madre de Nerón, que nació en ella.
La huella romana, visible aun en la ciudad, la recoge casi en su totalidad, el Römisch Germanisches Museum. Un completo panorama de la historia romana en Colonia, con un espíritu claramente didáctico, exponiendo las piezas por temas, bronces, cerámicas, finas piezas de orfebrería y joyería, muy bien distribuidas y con una cuidada iluminación.
Mención especial merece la fascinante colección de vidrios, tanto por su acertada disposición, como por la variedad de la tipología mostrada y su excelente estado de conservación.
Debe reseñarse también el Mosaico de Dionisios, de casi 70 m2 y que se conserva prácticamente intacto.
La ciudad fue adquiriendo una creciente importancia, y durante la Edad Media se convirtió en un referente dentro de Europa, por su floreciente economía, así como en el mundo de las artes y las ciencias, y también como centro de peregrinación, gracias a las reliquias de los Reyes Magos, traídas por orden de Federico Barbarroja en el s.XII. Se conservan en el Relicario de los Reyes Magos.
Disponer de un edificio acorde con la importancia de las reliquias provocó la construcción de la Catedral de Colonia, inspirada en las francesas de Amiens y Beauvais. La primera piedra se colocó en 1248, y fue terminada en tiempos del emperador Federico Guillermo IV de Prusia, en 1880. Hoy en día es una de las catedrales más espectaculares del Viejo Continente, tanto por sus proporciones como por la fascinación que provocan las vidrieras de su interior.
Sobrevivió a la devastación de la II Guerra Mundial, y permite intuir algo del esplendor de esta ciudad, situada a orillas del Rin. La visita a este templo por sí sola justifica el viaje.
Igualmente testigos de la gloria medieval de Colonia, son las diversas iglesias románicas como Gross Sankt Martin, Sankt Maria im Kapitol, Sankt Pantaleon, Sankt Ursula, Sankt Aposteln, Sankt Gereon, Sankt Kunibert, Sankt Severin, y otras que merecen ser mencionadas como Sankt Maria Lyskirchen, Sankt Andreas o Sankt Georg.
Prácticamente, ninguna superó indemne los bombardeos aliados de la II Guerra Mundial, y han debido ser reconstruidas, hasta donde ha sido posible, lo que a la vista de los paneles fotográficos expuestos en muchas de ellas mostrando su estado tras los bombardeos, se ha realizado de forma impecable.
Algunas, como Sankt Kolumba no se han reconstruido, y otras ya no se dedican al culto, como Sankt Cäcilien, que alberga el interesantísimo Schnütgen Museum. Todas son de visita obligada, y provocarán que el visitante cambie su idea acerca de la arquitectura románica, mostrada aquí en todo su esplendor.
Iglesias de diferentes estilos, que no pueden dejar de ser visitadas, son Trinitatiskirche, Kartäuserkirche, Sankt Maria von Frieden, Antoniterkirche, Minoritenkirche, Sankt Maria Himmelfahrt, Sankt Heribert y Sankt Stephan.
Colonia posee un gran número de museos. Curioso resulta el Imhoff Stollwerck Museum Schocoladenmuseum, el Museo del Chocolate, donde podemos seguir el recorrido del cacao desde las selvas tropicales hasta nuestro apreciado chocolate, en las formas más inverosímiles, y que aquí, para delirio de los golosos, culmina en una gran fuente de la que mana chocolate caliente.
Más dramática es la visita a la DE-Haus, la casa que la GESTAPO requisó al comerciante Leopold Dahmen, para convertirla en su sede regional. Resulta irónico que prácticamente todo a su alrededor fuera destruido por los bombardeos, y esta casa permaneciera intacta. Hoy alberga una interesante exposición sobre la Alemania nazi, particularmente en Colonia, y resulta difícil contener la emoción al recorrer las desnudas celdas con sus paredes cubiertas por las desesperadas palabras de los prisioneros.
Pero si hay un museo que atrae al visitante es el Wallraf Richartz Museum, uno de los museos de arte más importantes del mundo. Debe su existencia al coleccionista y rector de la Universidad de Colonia, Ferdinand Franz Wallraf, y al marchante de Colonia Heinrich Richartz. El museo se inauguró el 01 de julio de 1861. Tras la destrucción de la II Guerra Mundial, el nuevo museo abrió sus puertas en 1957, pero debido al constante incremento de sus fondos, merced sobre todo a las donaciones, como la del matrimonio Ludwig, fue necesitando nuevos espacios, hasta llegar al impresionante y singular edificio construido por Oswald Mathias Ungers en 2001, que tras la donación realizada por el coleccionaista Gérard J. Corboud, se denomina Wallraf Richartz Museum – Fondation Corboud.
Entre otros artistas tenemos a Lochner, Dürer, Lucas Cranach el Viejo, Rubens, Rembrandt, Van Dyck, Teniers, Corot, Renoir, Monet, Manet, Sisley, Van Gogh, Cézanne, Gaugin..., lo que da una idea del atractivo de este museo.
Unido en su historia con el anterior, el Museum Ludwig de arte contemporáneo reúne en sus fondos a Macke, Klee, Dalí, Jasper Johns, Picasso, Chagal, Kokoschka o Kandinsky.
Un edificio que acoge los restos de un antiguo monasterio franciscano, y que hasta 1986 albergó el Wallraf Richartz Museum, es actualmente el Museum für Angewande Kunst, el Museo de Artes Aplicadas, con una gran colección de todas las épocas y lugares.
Otro edificio singular es el antiguo Arsenal, hoy día el Kölnisches Stadtmuseum, el Museo de la Ciudad, con una buena serie de objetos, curiosas reproducciones de viviendas burguesas y una gran maqueta de la ciudad.
Köln Tourismus ofrece información sobre lugares que merecen ser visitados, como las grandes plazas, Neumarkt ó Alter Mark. Una buena ocasión de visitarlas, al igual que la ciudad, es durante la Navidad, cuando se llenan de Mercadillos, puestos de comida típica, especias, atracciones para los niños, artesanía de gran calidad, y una colección de adornos navideños que asombran al visitante.
Íntimamente unido al espíritu festivo que reina por la ciudad, sus habitantes afirman que Colonia es la ciudad más mediterránea de Alemania, se encuentran las cervecerías, siempre llenas, donde comer y beber la típica cerveza de Colonia, la kölsch, en sus diversas variedades. La historia de la cerveza ha escrito algunas de sus mejores páginas en Alemania, donde hoy día se sigue fabricando según la Ley de Pureza, que data de 1516.
Colonia ofrece diversas muchas opciones gastronómicas, desde restaurantes tailandeses, hasta la alta cocina turca, con el Bizim, tal vez el mejor del país, además de algunas de las cervecerías mas famosas de Alemania, donde comer especialidades típicamente kölsch, como el Kölsch kaviar, la Bockwurst, Himmel und Áad, el Hämmchen, o el Decke Bunne met Speck. El mundo del pan, la pastelería, los vinos y la cocina basada en el cerdo, que podemos disfrutar en aquí, merecería por sí mismo un reportaje...
Lugares como Brauhaus Sion, Braueri zur Malzmühle, Brauhaus Päffgen, Früh am Dom, Papa Joe's Biersalon, Gaffel Kölsch, Bei d'r Tant, Peter's Brauhaus, o Biergarten Küppers, deben visitarse.
No hay que olvidar el Carnaval, una de las mejores fiestas de Europa, y espectáculos como la Cabalgata del Lunes de las Rosas.
Allí inventó, como última curiosidad, el italiano Farina, hacia el año 1709, la "4711", la primera agua de colonia del mundo, y que aún hoy se fabrica conservando el secreto de su fórmula.
El resto de lo que ofrece Colonia debe descubrirlo el viajero por sí mismo, ya que, como dijo Voltaire: "El secreto de aburrir a la gente consiste en contarlo todo".