agosto 25, 2009

Dioses y Hombres III

Después de leer la entrada de Isi, "Viaje a la Orilla del Nilo, con Christian Jacq", el espíritu de los faraones nos ha llevado a realizar una nueva entrega de nuestra serie dedicada al país del Nilo.

En la orilla opuesta al Templo de Edfú, se encuentran los restos de otro de los lugares emblemáticos del recorrido fluvial, el Templo de Kom Ombo.


Esta vez, sufrimos los rigores de Ra, que nos obsequió con todos sus dones durante la visita, aunque no nos desanimó ni lo más mínimo.



De nuevo, y aunque fue lo habitual desde el principio, nos sorprendió la ausencia de turistas; únicamente nuestra motonave atracó en el muelle, y allí permaneció, sola, esperando a esa especie de argonautas en que nos habíamos convertido.

El templo lo inició Ptolomeo VI en el siglo II a.C., sobre los restos de un pequeño santuario construido en tiempos de Tutmosis II.

Resulta excepcional en Egipto, por su aspecto de acrópolis. Aunque su planta es muy similar a la de Edfu, las diferencias en su disposición interior son notables. Y también en el exterior.

La casa del nacimiento, bastante deteriorada, se apoya directamente sobre el pilón del templo principal; este tiene doble puerta, lo que ya apunta hacia un plano complejo y prácticamente único, que se confirma en su interior con un número fuera de lo común de habitaciones intermedias que culminan en dos santuarios, verdadero hecho diferenciador de este lugar.

Consta de dos salas hipóstilas, y varios corredores con salas sin terminar lo que ha proporcionado abundantes datos acerca de los métodos artísticos de la época. 

No deja de ser interesante el hecho de que, en ocasiones, tareas inconclusas nos den mas información que las finalizadas.
 
Abundan los cartuchos con nombres de emperadores y reyes, y llama la atención un curioso panel con instrumentos quirúrgicos, e incluso instrucciones para el parto, como se puede apreciar en la imagen de la derecha.

Las columnas fasciculadas y los capiteles campaniformes muestran aquí todo su esplendor, a pesar de los numerosos restos de construcción y ruinas que por momentos dificultaban el paso.
Sobek, el dios con cabeza de cocodrilo, y su tríada, son las deidades primarias del templo, demostrado por el hecho de ocupar la parte meridional, ya que en el organigrama egipcio, el sur es anterior al norte.

Las otras divinidades por orden de importancia, son Khons-Haroeris (Horus el Anciano), que comparte la titularidad del templo, y de ahí las particularidades que presenta en su morfología.

También está representada Hathor, de la que se conserva una pequeña capilla romana y que se utiliza como depósito de las momias de los cocodrilos sagrados traidas de una necrópolis cercana.
La visita resulta más árida que la de otros templos, como Edfú, o el magnífico Philae, ya que gran parte del mismo se encuentra en ruinas. 


Sin embargo, a nosotros nos dio la sensación de encontrarnos en un espacio único e irrepetible a lo largo del Nilo.




Antigüedades Egipcias en el Louvre, El Guisante en Mi Nube

agosto 17, 2009

Todos los Hermosos Caballos, Cormac McCarthy

"Los vaqueros los conocieron por su modo de montar los caballos y les llamaron caballeros e intercambiaron con ellos material de fumador y les hablaron del país."

Ya desde las primeras páginas de este libro resulta difícil reconocer en ellas al autor de "
La Carretera", y se hace necesario prestar atención a la lectura para encontrar las que pueden ser sus líneas maestras, las que harán que McCarthy, escritor nada prolífico, pase, si no lo ha hecho ya, a la historia de la literatura contemporánea en un lugar destacado.

La novela me resulta ajena a la película, que no he visto, es justo decirlo. Los muy famosos protagonistas, el director famoso también y su trama, centrada en la inconveniencia de un amor entre la hija del hacendado, y el muchacho americano, cuentan una historia.

El libro, sencillamente, habla de otra cosa. Creo que parte del espíritu que anima las palabras de McCarthy aparece muy bien reflejado en Brokeback Mountain, de Ang Lee, algún día hablaremos de ello.

Esta es la primera novela de las que componen la llamada
Trilogía de la Frontera, compuesta por "Todos los hermosos caballos", "En la Frontera" y "Ciudades de Llanura". "Todos los hermosos caballos" es intensa y directa, tanto en lo que narra como en la forma de hacerlo. Creo que la novela es una presentación en sociedad, la iniciación de lo que será un personaje de leyenda, John Grady Cole.
La narración transcurre sin prisa, exprimiendo el lenguaje con maestría, mediante diálogos que casi se intuyen, con frases cortas, parcas y directas. Otras veces, por contra, utiliza largos párrafos, sin apenas signos de puntuación, que obligan a leer atento al significado de cada frase.

Los personajes carecen de adornos y artificios, aunque son siempre tratados por el autor con respeto, incluso en las situaciones más sórdidas, y la violencia o la crudeza de la vida que se presenta en algunos momentos no tiene detrás ninguna motivación ajena a la historia. Es, ni más menos, lo natural, lo que debe ocurrir en ese momento. Aunque a veces cueste admitirlo, incluso a los propios protagonistas de los hechos.



A pesar de que existen muchas descripciones, mi sensación es que faltan adjetivos, aunque no es así ni mucho menos, y ello se debe a que McCarthy utiliza una prosa gruesa, densa, sobre la que hay que volver en algunas ocasiones; otras, por el contrario, utilizando frases cortísimas, como si de una respiración entrecortada se tratara, provoca sensaciones tan vívidas que hay que levantar la cabeza y buscar dentro de las paredes que nos rodean el rastro de John Grady y Rawlings perdiéndose en el horizonte, porque no puedes concebir que no estén allí.

Los personajes de McCarthy no juzgan, se limitan a vivir una historia, la suya, que es como debe ser, sin trampas ni giros dedicados a la audiencia; son libres, aunque aun demasiado jóvenes como para darse cuenta del precio que deben pagar por ello; creen en la sinceridad, lastrados en ocasiones con un punto de pesimismo, de aceptación del destino, y por otro lado, dispuestos a luchar por cambiarlo, afrontando las consecuencias que ello les traiga, porque consideran que es lo correcto.

La naturaleza es el otro gran protagonista de esta novela. Frente a nuestra vida diaria, atrapados entre muros de hormigón y cristal, caminando deprisa sin necesidad, sin objetivos, embutidos en los hormigueros que son nuestras ciudades, McCarthy nos enseña a dormir bajo las estrellas, las tormentas, los caballos galopando, ese sentimiento, tan estadounidense, de libertad, de espacios sin fin, dejar las fronteras atrás, moverse con el viento..., y lo hace magníficamente, de forma sencilla, llegando directamente a nuestros sentimientos, a lo largo de estas páginas.

"John Grady abrió su ennegrecida mochila de lona, sacó una pequeña cafetera de hojalata esmaltada y fue a llenarla al arroyo. Se sentaron a observar el fuego y contemplaron la delgada media luna sobre las colinas negras del oeste.Rawlings se lió un cigarrillo, lo encendió con un carbón y se echó contra la silla.
Voy a decirte algo.

Dímelo.

Podría acostumbrarme a esta vida."


Resulta sencillo leer algunos párrafos y sentir el contacto de la silla debajo de ti, ver las crines del caballo al viento, el movimiento de tu cuerpo acoplado al del animal, el sonido de su respiración que anima sus ollares, esa unión hombre-caballo que llevamos impresa en nuestro código genético y aflora sin darnos cuenta, el olor a café hirviendo en el fuego, el que deja la tormenta al pasar....

Si algún día conseguimos viajar a caballo recorriendo los inmensos espacios de Montana, Oregon o Wyoming, os aseguro que este libro viajará con nosotros.


 "Cabalgaron a lo largo de la cerca y a través de los pastos abiertos. El cuero crujía bajo el frío de la madrugada. Pusieron los caballos a medio galope. Las luces quedaron atrás. Cabalgaron hasta la pradera alta, donde retrasaron los caballos al paso mientras las estrellas pululaban a su alrededor desde la negrura. (...) ... y cabalgaban con arrogancia y circunspección a la vez, como ladrones recién liberados en aquella oscuridad eléctrica, como jóvenes ladrones en un vergel resplandeciente, con chaquetas sueltas contra el frío y diez mil mundos para elegir."

agosto 08, 2009

Colonia, Una Ciudad con Vistas II

Érase una vez un zapatero, que para su desgracia, llegó a ser tan pobre que todo lo que le quedaba era cuero suficiente para fabricar un solo par de zapatos. Aquella tarde cortó el cuero y decidió trabajar en los zapatos por la mañana. Se dejó caer lentamente en la cama, encomendó su alma a Dios, y se quedó dormido. Al día siguiente, muy temprano, rezó sus oraciones, y se dispuso a realizar su trabajo, cuando vio que los zapatos estaban terminados y colocados en el mostrador. Tomó los zapatos en sus manos para poder mirarlos de cerca, y comprobó, para su asombro, que era un trabajo perfecto. Los zapatos eran una obra maestra.

En la Heinzelmännchen Brunnen, situada en Am Hof, al sudoeste de Roncalliplatz, centro histórico de Colonia, encontraréis el final de la historia, así como la peculiar adaptación que aquí se hace del célebre cuento de los hermanos Grimm.

Köln, Colonia. Las siglas CCAA designan a esta ciudad, bautizada hacia el año 50 d.C. Por los romanos Colonia Claudia Ara Agrippinensis, en honor de Agripina, esposa de Claudio, y madre de Nerón, que nació en ella.

La huella romana, visible aun en la ciudad, la recoge casi en su totalidad, el Römisch Germanisches Museum. Un completo panorama de la historia romana en Colonia, con un espíritu claramente didáctico, exponiendo las piezas por temas, bronces, cerámicas, finas piezas de orfebrería y joyería, muy bien distribuidas y con una cuidada iluminación.
Mención especial merece la fascinante colección de vidrios, tanto por su acertada disposición, como por la variedad de la tipología mostrada y su excelente estado de conservación.

Debe reseñarse también el Mosaico de Dionisios, de casi 70 m2 y que se conserva prácticamente intacto.
La ciudad fue adquiriendo una creciente importancia, y durante la Edad Media se convirtió en un referente dentro de Europa, por su floreciente economía, así como en el mundo de las artes y las ciencias, y también como centro de peregrinación, gracias a las reliquias de los Reyes Magos, traídas por orden de Federico Barbarroja en el s.XII. Se conservan en el Relicario de los Reyes Magos.

Disponer de un edificio acorde con la importancia de las reliquias provocó la construcción de la Catedral de Colonia, inspirada en las francesas de Amiens y Beauvais. La primera piedra se colocó en 1248, y fue terminada en tiempos del emperador Federico Guillermo IV de Prusia, en 1880. Hoy en día es una de las catedrales más espectaculares del Viejo Continente, tanto por sus proporciones como por la fascinación que provocan las vidrieras de su interior.
Sobrevivió a la devastación de la II Guerra Mundial, y permite intuir algo del esplendor de esta ciudad, situada a orillas del Rin. La visita a este templo por sí sola justifica el viaje.


Igualmente testigos de la gloria medieval de Colonia, son las diversas iglesias románicas como Gross Sankt Martin, Sankt Maria im Kapitol, Sankt Pantaleon, Sankt Ursula, Sankt Aposteln, Sankt Gereon, Sankt Kunibert, Sankt Severin, y otras que merecen ser mencionadas como Sankt Maria Lyskirchen, Sankt Andreas o Sankt Georg.

Prácticamente, ninguna superó indemne los bombardeos aliados de la II Guerra Mundial, y han debido ser reconstruidas, hasta donde ha sido posible, lo que a la vista de los paneles fotográficos expuestos en muchas de ellas mostrando su estado tras los bombardeos, se ha realizado de forma impecable.

Algunas, como Sankt Kolumba no se han reconstruido, y otras ya no se dedican al culto, como Sankt Cäcilien, que alberga el interesantísimo Schnütgen Museum. Todas son de visita obligada, y provocarán que el visitante cambie su idea acerca de la arquitectura románica, mostrada aquí en todo su esplendor.

Iglesias de diferentes estilos, que no pueden dejar de ser visitadas, son Trinitatiskirche, Kartäuserkirche, Sankt Maria von Frieden, Antoniterkirche, Minoritenkirche, Sankt Maria Himmelfahrt, Sankt Heribert y Sankt Stephan.

Colonia posee un gran número de museos. Curioso resulta el Imhoff Stollwerck Museum Schocoladenmuseum, el Museo del Chocolate, donde podemos seguir el recorrido del cacao desde las selvas tropicales hasta nuestro apreciado chocolate, en las formas más inverosímiles, y que aquí, para delirio de los golosos, culmina en una gran fuente de la que mana chocolate caliente.

Más dramática es la visita a la DE-Haus, la casa que la GESTAPO requisó al comerciante Leopold Dahmen, para convertirla en su sede regional. Resulta irónico que prácticamente todo a su alrededor fuera destruido por los bombardeos, y esta casa permaneciera intacta. Hoy alberga una interesante exposición sobre la Alemania nazi, particularmente en Colonia, y resulta difícil contener la emoción al recorrer las desnudas celdas con sus paredes cubiertas por las desesperadas palabras de los prisioneros.

Pero si hay un museo que atrae al visitante es el Wallraf Richartz Museum, uno de los museos de arte más importantes del mundo. Debe su existencia al coleccionista y rector de la Universidad de Colonia, Ferdinand Franz Wallraf, y al marchante de Colonia Heinrich Richartz. El museo se inauguró el 01 de julio de 1861. Tras la destrucción de la II Guerra Mundial, el nuevo museo abrió sus puertas en 1957, pero debido al constante incremento de sus fondos, merced sobre todo a las donaciones, como la del matrimonio Ludwig, fue necesitando nuevos espacios, hasta llegar al impresionante y singular edificio construido por Oswald Mathias Ungers en 2001, que tras la donación realizada por el coleccionaista Gérard J. Corboud, se denomina Wallraf Richartz Museum – Fondation Corboud.

Entre otros artistas tenemos a Lochner, Dürer, Lucas Cranach el Viejo, Rubens, Rembrandt, Van Dyck, Teniers, Corot, Renoir, Monet, Manet, Sisley, Van Gogh, Cézanne, Gaugin..., lo que da una idea del atractivo de este museo.

Unido en su historia con el anterior, el Museum Ludwig de arte contemporáneo reúne en sus fondos a Macke, Klee, Dalí, Jasper Johns, Picasso, Chagal, Kokoschka o Kandinsky.

Un edificio que acoge los restos de un antiguo monasterio franciscano, y que hasta 1986 albergó el Wallraf Richartz Museum, es actualmente el Museum für Angewande Kunst, el Museo de Artes Aplicadas, con una gran colección de todas las épocas y lugares.

Otro edificio singular es el antiguo Arsenal, hoy día el Kölnisches Stadtmuseum, el Museo de la Ciudad, con una buena serie de objetos, curiosas reproducciones de viviendas burguesas y una gran maqueta de la ciudad.

Köln Tourismus ofrece información sobre lugares que merecen ser visitados, como las grandes plazas, Neumarkt ó Alter Mark. Una buena ocasión de visitarlas, al igual que la ciudad, es durante la Navidad, cuando se llenan de Mercadillos, puestos de comida típica, especias, atracciones para los niños, artesanía de gran calidad, y una colección de adornos navideños que asombran al visitante.


Íntimamente unido al espíritu festivo que reina por la ciudad, sus habitantes afirman que Colonia es la ciudad más mediterránea de Alemania, se encuentran las cervecerías, siempre llenas, donde comer y beber la típica cerveza de Colonia, la kölsch, en sus diversas variedades. La historia de la cerveza ha escrito algunas de sus mejores páginas en Alemania, donde hoy día se sigue fabricando según la Ley de Pureza, que data de 1516.

Colonia ofrece diversas muchas opciones gastronómicas, desde restaurantes tailandeses, hasta la alta cocina turca, con el Bizim, tal vez el mejor del país, además de algunas de las cervecerías mas famosas de Alemania, donde comer especialidades típicamente kölsch, como el Kölsch kaviar, la Bockwurst, Himmel und Áad, el Hämmchen, o el Decke Bunne met Speck. El mundo del pan, la pastelería, los vinos y la cocina basada en el cerdo, que podemos disfrutar en aquí, merecería por sí mismo un reportaje...

Lugares como Brauhaus Sion, Braueri zur Malzmühle, Brauhaus Päffgen, Früh am Dom, Papa Joe's Biersalon, Gaffel Kölsch, Bei d'r Tant, Peter's Brauhaus, o Biergarten Küppers, deben visitarse.


No hay que olvidar el Carnaval, una de las mejores fiestas de Europa, y espectáculos como la Cabalgata del Lunes de las Rosas.

Allí inventó, como última curiosidad, el italiano Farina, hacia el año 1709, la "4711", la primera agua de colonia del mundo, y que aún hoy se fabrica conservando el secreto de su fórmula.

El resto de lo que ofrece Colonia debe descubrirlo el viajero por sí mismo, ya que, como dijo Voltaire: "El secreto de aburrir a la gente consiste en contarlo todo".

agosto 03, 2009

Death Valley, viajando en el Tiempo

Marble Canyon en Death Valley

La leyenda de Death Valley comenzó, como no podía ser de otro manera, con la Fiebre del Oro. 

Los primeros exploradores entraron en Death Valley desde Salt Lake City en octubre de 1849, movidos por la llamada del oro californiano.

Conocedores del desastre de la expedición del grupo de Donner en Sierra Nevada, debido a las tormentas de nieve, decidieron utilizar una antigua ruta española que la bordeaba, en un intento de evitar las duras condiciones invernales de las montañas. Las dos primeras semanas transcurrieron sin problemas, pero la marcha era más lenta de lo esperado.



Un joven enseñó a algunos expedicionarios un mapa elaborado por el explorador John Fremont, que utilizando una ruta a través de Walker Pass, y atravesando el desierto, les ahorraría 500 millas. La mayoría de las 120 carretas decidió seguir esa ruta, mientras que el resto se mantuvo en la original junto con el jefe de la expedición, el capitán, Jefferson Hunt.
Cuando llegaron a Beaver Dam Wash, la visión del cañón así como las dificultades para encontrar agua, provocaron que varios reconsiderasen sus opciones y dieron la vuelta buscando nuevamente el viejo camino español, y a Hunt.

Parada de Stovepipe Wells en Death ValleyUnas veinte carretas siguieron adelante. Transportar los carros por el cañón llevo muchos días, y finalmente, el pionero que tenía el mapa, una noche, abandonó al grupo… dejándolos a su suerte. Un mes despúes de haber dejado el viejo camino español, llegaron a Groom Lake, donde la ausencia de agua y la indecisión sobre qué camino seguir hicieron acto de presencia una vez más.

Nuevamente el grupo se dividió: Una parte siguió al sur por el sendero indio, con la esperanza de encontrar agua, la otra continuó hacia el oeste. Ambos grupos fueron salvados de una muerte segura por una providencial tormenta de nieve, y se
reencontraron en Ash Meadows, en los límites de Death Valley.

Cuando llegaron a Furnace Creek, el 24 de diciembre habían pasado dos meses viajando por el desierto desde que dejaron el viejo sendero. El problema no era solamente el valle, sino las montañas que tenían ante sí.

Red Wall Canyon en Death Valley

Decidieron seguir hacia el norte, pero al llegar a Stovepipe Wells descubrieron que era imposible seguir con las carretas. En un lugar llamado “Burned Wagons Camp” cerca de las dunas de arena, quemaron sus carretas.

A partir de allí, escalando las montañas y pasando múltiples pen
urias, llegaron al Walker Pass, lugar que habían dejado tres meses antes. Desde allí, llegaron a lo peor del viaje, el Mojave Desert Plateau, donde sobrevivieron gracias a pequeños restos de hielo y agua.
Cañones en Death Valley National Park

Finalmente, y de forma milagrosa lograron mantenerse vivos a duras penas, y fueron rescatados por el personal del Rancho San Fernando, en California, cerca de lo que hoy es Newhall. La dureza del desierto, como ponía a prueba la determinación y el carácter de los hombres comenzó a labrarse a partir de esta historia, y sigue acompañando a este lugar hoy en dia.