julio 31, 2009

La (no tan dura) Vuelta a Casa

Aclaremos términos. La vuelta es dura, claro que sí; especialmente cuando cambiamos mares de nubes, ríos de lava, laurisilva, los orígenes de nuestro planeta, el oceáno y el atardecer sobre la cima de una montaña... por la oficina, el tráfico, las multitudes, el día a día que intenta atraparte de nuevo.

Sin embargo, a nuestro regreso nos esperaban grandes novedades.

Al fin, tras superar las dificultades técnicas que provocaron el naufragio de la primera edición, tenemos en nuestras manos la 2ª edición, revisada, corregida y ampliada de "El Guisante Verde Project. Un Año dando la Lata", lo que ha supuesto una gran alegría para nosotros.

Por si esto fuera poco, un nuevo premio figura en nuestra vitrina virtual: gracias R.

Y nosotros, en consecuencia otorgamos el premio a:

Los Tiramillas, porque nos demuestran que el entusiasmo, y las ganas de aprender no tienen edad.
Homo Libris, que nos ha embarcado en una nueva aventura: Bibliolandia (ver más abajo)
Bibliobulímica, porque Ale siempre nos arranca una sonrisa.
From Isi, que cuida del guisante como si fuera suyo.
Loquemeahorro, porque sus historias viajan con nosotros.
Tonto el que no lea, porque además de los libros Hilario es todo un Hiker!.



También hemos comprobado que el proyecto de el Club de Lectura, "Bibliolandia" se ha convertido en toda una realidad.

julio 06, 2009

On The Road

Puede que a algunos estas tres palabras os recuerden al mítico libro de Kerouac, y por ello que esta entrada fuera una reseña del mismo. Sin embargo, no es así en esta ocasión. Como Jack, nosotros también estamos en la carretera, recorriendo nuestro camino, desde hace ya algún tiempo.


 









El Guisante Verde Proyect, nació en 2001, tras un recorrido por Túnez, concretando un proyecto que se remontaba mucho más atrás en el tiempo, aproximadamente a 1997, cuando Internet era aun una posibilidad.

Gracias a la red, abrimos nuestro mundo a otros mundos, y vimos lo pequeños que eramos, como guisantes, en realidad.

Desde entonces, hemos intentado viajar y conocer otras realidades y otras culturas.

El Blog nació para reflejar esta experiencia, que continúa creciendo día a día.
En ese recorrido, nos han acompañado muchos amigos, algunos se han convertido en algo más, son ya Guisantes. Este video lo hemos construido con las fotos de algunos de ellos: Monikita, Alvi, Mertxe, y las nuestras. Esperamos que os guste.



Ahora nos tomamos unas vacaciones; sabemos que es duro dejar solos a nuestros seguidores durante un tiempo..., :-D para nosotros lo es; pero no os preocupéis, como dice la canción, "pronto volveremos, con más ilusiones...", o algo así, tal vez Loquemeahorro tenga clara la letra.

El leit motiv de El Guisante es viajar con los cinco sentidos, y es lo que nos empuja a viajar, refrescar el disco duro, oxigenarnos, tomar ideas, y sobre todo, desconectarnos un poco. Y decimos un poco, porque uno de nuestros objetivos es hacer fotos, ya que todas las que aparecen aquí son nuestras, y necesitamos seguir alimentando la galería de El Guisante Verde en Flickr.


Algunos esperan que viajemos a lugares exóticos, como buenos "patas de perro" que somos; en esta ocasión el destino no es lejano, con lenguas o costumbres extrañas, aunque seguro que sorprenderemos a más de uno.

Otro
Jack, London, refleja eso que sentimos cuando preparamos el equipo: la llamada de la naturaleza.

En cuanto a qué nos llevaremos en la mochila..., os daremos buena cuenta a nuestro regreso.

julio 02, 2009

El Bosque Encantado

Vista del Hotel Palace en BuçacoMuy cerca de Coimbra, existe un lugar conocido como "bosque encantado", la Mata do Buçaco que sorprende de forma inmediata.

Su origen se remonta al siglo VI, cuando una comunidad de monjes benedictinos recala en el valle, pasando posteriormente los terrenos a manos del Obispado de Coimbra, que, a principios del XVII lo cedió a los carmelitas descalzos, quienes construyen el monasterio, en 1628. Actualmente solo quedan la iglesia, cuya fachada principal tiene tres arcos, interior de nave única, y planta de cruz latina, y el claustro, rodeados por el hotel.

Los monjes, en su afán de conseguir un lugar para el recogimiento y la oración, deciden levantar un muro de piedra de 5750 metros de longitud que delimita el bosque, y continúan con la plantación de especies forestales exóticas, provenientes de las colonias portuguesas.

Escaleras de acceso al parque natural de Buçaco
Hoy día, podemos contemplar más de setecientas especies arbóreas, en una superficie de unas 400 hectáreas. Especies únicas, que requerirían viajar por todo el mundo para contemplarlas: abetos del Himalaya, acacias australianas, alcanforeros japoneses, araucarias brasileñas, cedros del Caúcaso, eucaliptos de Tasmania, fresnos de Pensilvania, ginkos biloba, palmeras de Asia, pinos mejicanos, secuoyas, tilo y tuyas americanos… Junto a ellos árboles autóctonos y flora europea: alcornoques, encinas, hayas, lentiscos, olivos, olmos, robles y tejos.

Los monjes obtuvieron del Papa Gregorio XV en 1622 una bula que prohibía la entrada a las mujeres, ingeniosamente sorteada cuando la Reina Catalina, viuda de Carlos II de Inglaterra, quiso visitar el Buçaco, abriendo una nueva puerta en el muro. Desde entonces hay una tercera entrada, llamada Portas da Rainha. Otra bula la concedió Urbano VII, y condenaba a la excomunión a aquellos que talasen o degradasen el bosque.

Ermitas de piedra dentro de la Mata do BuçacoEntre 1730 y 1750 los monjes construyeron once ermitas en el bosque para vivir en ellas en aislamiento, de las que continúan en pie nueve. Las vistas que se obtienen desde sus tejados son espectaculares: todos los matices de verde que se puedan imaginar, una alfombra densa y tupida, que te transporta a lugares mucho más lejanos, y nos recordaba, inevitablemente, a la película, “Los últimos días del Edén”.

Con la abolición de las órdenes religiosas en 28 de mayo de 1834, y los procesos de desamortización el Buçaco pasa a manos de la monarquía y del Estado que, continúan con las labores forestales y acrecientan su fama con la construcción del palacio.
También entonces se instaló el viacrucis de más de tres kilómetros que hoy en día está formado por veinte pequeñas capillas en cuyo interior están representadas las distintas estaciones mediante figuras modeladas en barro a tamaño natural.

Detalle de la fachada del hotel Palace en Buçaco
Una gran parte del viejo convento fue derribado a comienzos del siglo XX para construir un pabellón de caza para la familia real portuguesa. Del proyecto se hizo cargo el italiano Manini aunque también intervinieron arquitectos como Nicola Bigaglia, Manuel Joaquim Norte y José Alexandre Soares. Tras la primera guerra mundial, ya convertido en el Palace Hotel Buçaco, se convirtió en uno de los destinos de moda en Europa.

De estilo neomanuelino, su estructura exterior, en piedra de Ança, recuerda a la Torre de Belem y muestra motivos del claustro del Monasterio de los Jerónimos, así como arabescos del Convento de Cristo de Tomar.

Especialmente interesantes son la fachada Sur y sobre todo la llamativa galería Este, con varias escenas de la gesta portuguesa.

Vista lateral del hotel Palace de Buçaco
La entrada al hotel estaba prohibida para los “curiosos”, pero fieles a nuestra idea de que en cualquier hotel del mundo puedes pagar un café, nos cambiamos de ropa en el coche, ya que después de estar todo el día recorriendo el bosque no parecía muy apropiado entrar con botas y bastones, y nos dirigimos a la entrada. Pasamos, con algún recelo por parte de los porteros; pedimos un café, nada del otro mundo, por cierto, y recorrimos las diferentes estancias, algo que sin duda merece la pena.

Detalles de la fachada y jardines del hotel Palace de BuçacoEl suntuoso interior está decorado con paneles de azulejos, frescos y cuadros alusivos a la época de los descubrimientos portugueses, también a Os Lusíadas, los autos de Gil Vicente de y la "Guerra Peninsular" (Guerra de la independencia); esculturas de A. Gonçalves y Costa Mota; lienzos de J. Vaz ilustrando versos de la epopeya marítima de Camões; los frescos de A. Ramalho o las pinturas de C. Reis.

El mobiliario incluye piezas portuguesas, indo-portuguesas y chinas, realzadas por la fastuosa tapicería. Destacan también el techo morisco, el suelo de maderas exóticas y la galería real.

En definitiva, un lugar sorprendente, poco conocido fuera de Portugal y que supone el encuentro con una flora que difícilmente podremos ver en otro lugar. Si queréis recorrer sus caminos, os contamos como en nuestra entrada Mata do Buçaco.