En el Sudeste Asiático, en la confluencia de los territorios de Birmania, Laos y Tailandia, las fronteras, a menudo, se vuelven confusas, difícilmente reconocibles, y aunque es una zona militarizada, resulta relativamente sencillo cruzar la línea, en todos los sentidos.Es este un lugar de gran belleza natural, solo igualada por la enorme diversidad etnográfica, un auténtico tesoro con tribus como los Lahu, Karen, Hmong azules, Hmong blancos, Sgaw, Akha, Mien, Lisu o Lawa, entre otros. Aunque la mayoría de la población pertenece a las etnias Thai y Lao, el país, especialmente en el norte, reune un auténtico mosaico de culturas.
Es este un lugar peligroso, donde los incidentes armados son frecuentes; donde, a pesar de los esfuerzos gubernamentales, el tráfico de opio sigue muy vivo; un lugar de paso, de refugiados que huyen del acoso de la dictadura militar birmana, o de catástrofes naturales; una especie de limbo administrativo, donde sus moradores tienen una situación legal confusa.Nosotros mismos pudimos comprobarlo, al ver nuestros pasaportes "secuestrados" por funcionarios más que dudosos, cuando nos adentramos en Laos o Birmania, dejando atrás nuestras identidades, y convirtiéndonos en sujetos anónimos... Es de esas cosas que no piensas, se presenta una oportunidad y la aprovechas. Luego cuando te encuentras a 200 km de la frontera, sin visado, muchas cosas te pasan por la cabeza, aunque ya no hay remedio. Afortunadamente, la experiencia fue fantástica.
Paradójicamente, es este un lugar en el que la afluencia de turistas es fundamental, y supone, en muchas ocasiones, la única fuente de ingresos para las aldeas, dejadas, en el mejor de los casos, en un régimen de ojos cerrados por las autoridades, también por la sociedad.Las mejores condiciones de vida, y aún así muy alejadas de los estándares occidentales, se dan en Tailandia, donde estos pueblos cuentan con un importante grado de autonomía; o de abandono, según se mire, por lo que el turismo resulta un apoyo básico para su subsistencia, y a un tiempo, una condena para muchos miembros de estas sociedades, en especial para sus mujeres, de ahí el título de esta entrada.
Son ellas, las mujeres, las que asumen en la práctica totalidad de las responsabilidades, siendo el caso más extremo el de las mujeres de la etnia birmana Padaung, debido a su tristemente célebre tradición de colocar aros en las articulaciones y el cuello de las niñas nacidas en miércoles de luna llena...
Visitar aldeas de esta etnia, supone un dilema moral para muchos viajeros.
También para nosotros lo fue, sin ninguna duda. Igualmente es cierto que nuestra visita a una aldea de esta étnica, en Birmania, donde los ingresos por el turismo apenas llegaban, y el poder hablar con esas mujeres, ver lo que sus rostros reflejaban, nos hizo reflexionar mucho acerca de la costumbre occidental de juzgar al resto del mundo basándonos en nuestro código de valores, sin escuchar al resto.

Por un lado el turismo propicia que no se abandone esta práctica, incluso que mujeres de otras etnias, o nacidas en cualquier fecha, adopten este rito, ya que para las familias es una fuente segura de ingresos.
Por otro lado, es cierto que los habitantes de estas aldeas, sin el aporte económico, por escaso que pueda ser, procedente del turismo, verían su futuro como pueblo realmente comprometido incluso a corto plazo, debido a que su integración en la estructura política pero también en la social de Tailandia o, en última instancia, Laos, se nos antoja extraordinariamente complicada.
Algunas aldeas están habitadas exclusivamente por miembros de una única etnia. En otras, conviven varias, agrupadas. Son aldeas más ricas, con más vida, más niños; aunque en ocasiones es fácil pensar que se trata de lugares diseñados como "parques etnográficos", no es así. Es difícil saber como van a evolucionar este tipo de asentamientos. Es inevitable que las etnias se vayan haciendo permeables, tanto a las influencias del resto de habitantes de la aldea, como del exterior, con lo que su futuro es, como poco, incierto.
Hoy por hoy, su situación responde, simplemente, a una cuestión de comodidad administrativa, y también política por parte de los gobiernos, sin olvidar que la propia sociedad thai los ve con cierto recelo. Un sentimiento que tiene doble dirección, ya que tampoco los propios pueblos de las montañas desean una integración total.De cualquier manera, en todas ellas, e independientemente de la etnia a la que nos refiramos, las mujeres son la base económica de la aldea, y las que garantizan la continuidad de su pueblo, aunque estos hechos, lejos de otorgarles una posición de privilegio, las coloca en situación de inferioridad que se prolonga durante, ya, demasiado tiempo.




