marzo 23, 2008

El Gran Cañon del Colorado


Una noche, de un brinco, se despertó sobresaltado, con los ojos inquietos, las aletas de la nariz olfateando temblorosas, la melena erizada en ondas. Del bosque llegaba la llamada (o una de sus notas, porque la llamada tenía muchas), inconfundible y clara como nunca hasta entonces: un aullido interminable parecido pero, a la vez diferente, al de un perro esquimal, y la reconoció, era la que ya conocía de hacía tiempo, un sonido que ya había escuchado.

Jack London, La llamada de lo Salvaje.

Al asomarte al Gran Cañón, y contemplar la magnitud del abismo que se abre ante tí, sientes algo parecido al vértigo, y a la vez, un impulso irresistible de adentrarte en él. Desciendes.

Atrás quedan la carretera, los turistas, las voces, la civilización..., y poco a poco solamente escuchas tus pasos, tu respiración, y... la llamada.


Es la Naturaleza, que te reclama, te atrae hacia el fondo, y despierta tus instintos más dormidos. Como los de Buck, tus sentidos se aguzan a cada paso, y comprendes que ese pasado tan lejano, en el que los hombres vivían libres, y la Naturaleza imponía su ley, está, en realidad, a la vuelta de la esquina. Y te sientes uno con las rocas, con la tierra y el viento, y sonríes, porque sabes que parte de tu espíritu seguirá caminando allí para siempre, en Grand Canyon.

marzo 17, 2008

El Agua de la Vida. Cemberlitas Hamam

El hamán de Çemberlitas se construyó en 1584, a instancias de la Sultana Nur Banu, esposa del Sultán Selim, y madre del futuro Murad III.

El legendario arquitecto Sinán los diseñó, y son considerados una de las principales obras de la arquitectura otomana del siglo XVI.

Hace ya algunos años que disfrutamos de unas horas en el interior de este antiguo hamán, sobrio y tranquilo -al menos entonces- ya que, los turistas, desanimados por su aspecto un tanto destartalado, optan por acudir a establecimientos mas modernos o a los situados en los hoteles de lujo.

En consecuencia, el viajero encontrará que la mayoría de la clientela es turca, lo que permite ser más consciente de la experiencia del hamán, poder seguir su ritmo y apurar las sensaciones que hacen posible fijar esos momentos en la memoria.

Entrar en el hamán es realizar un viaje en el tiempo, que purifica cuerpo y alma, su lujo es el silencio, las losas de mármol, el vapor, la ausencia de ruido producido por máquinas, los techos altos, las paredes de piedra, la conversación, las bóvedas perforadas que tamizan la luz natural, el aroma a té y jabón..., y el placer de dedicar a nuestro maltratado cuerpo la atención que, a menudo, le negamos.

Su número se reduce poco a poco, al igual que su importancia como lugar de encuentro y de vida de la comunidad; primero los baños y aguas termales de los romanos, luego los hamman, la importancia de estos espacios a lo largo de la historia ha sido capital. Yo creo que esto debería seguir siendo así, y es importante que lugares como los magníficos baños termales en Bursa o estos de Çemberlitas en Estambul no desaparezcan.

Entra, y viaja en el tiempo!.

marzo 12, 2008

Viaje a la Sudamérica Exótica, Jorge Sánchez

"Yo pensaba hacer siete grandes viajes para conocer el mundo, y luego... llevar una vida normal, un trabajo, una novia, un coche de segunda mano..., pero la verdad es que me enganché, y no he podido parar."

Esto es lo que oímos mientras buscábamos un libro en la Librería Tintas, de Bilbao, el mejor establecimiento para los que disfrutan del viaje antes y después. Era Jorge Sánchez, viajero, que presentaba la reedición de su primer libro, "Viaje a la Sudamérica Exótica".

Escuchar como se las arregló con 300$, sus aventuras para lograr visados, sus trucos para hacerse "invisible" en los pasos fronterizos, así como sus nuevos proyectos, resultó una cura de humildad para El Guisante. De nuevo tomamos conciencia de lo pequeños que somos.

Fue a la vez un estímulo, y ahora estamos con el mapamundi, contando, como él, los países visitados, y todo lo que nos queda por descubrir.

Sin querer compararnos con Jorge, su galería de viajeros tiene el listón muy alto, ¡eso si que es viajar!, lo que compartimos es su curiosidad, su ansia por conocer otras culturas. El libro presentado está plagado de aventuras que parecen imposibles en nuestro mundo globalizado.

marzo 07, 2008

Me llamo Rojo, Orhan Pamuk

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“El rojo de una escena de una multitud, en la cual, me di cuenta en seguida, cada uno de mis ilustradores había trabajado en un rincón diferente, me estremeció por su pasión.”

Me admira desde hace años el tratamiento del color en las obras de Pamuk, en parte explicada por sus años adolescentes dedicados a la pintura. Sus obras tienen textura, son visuales, en especial Me llamo Rojo, fascinante narración que va más allá de la vida de los iluminadores, para volver sobre la tradición o la innovación. ¿Imitadores o creadores?.

El reto del Sultán que quiere ser retratado desafiando la ley islámica es la excusa para un libro donde el lector tendrá que reconstruir la historia, identificar victima y asesino, a partir de las versiones de cada personaje. La admiración suscitada por los pintores occidentales, la tradición persa, los maestros de Herat y Tabriz…

Cómo no hablar de color en un autor que se inspira en “la otra Roma”: Estambul, en la ciudad puente entre Asía y Europa, sus mezquitas, sus bazares, sus esplendidos azulejos, dejan una huella en la retina que afecta a la forma de escribir de Pamuk.

No sólo en este libro recurre al color como metáfora de sus personajes, también en Nieve el color define al personaje más esquivo, Azul. Incluso el libro que le hizo famoso entre nosotros, mucho antes de ganar el Nobel, tiene por título El libro Negro.

He leído sus páginas, del negro al rojo, al azul, al blanco de los copos de nieve, pasando por La vida nueva, y nunca ha dejado de sorprenderme, aunque me encuentre entre sus personajes y en las calles de su adorada Estambul, o Kars o Frankfurt, como dentro de una pintura.


Hay muchas de sus obsesiones, esperanzas, miedos, anhelos que se repiten una y otra vez, y los hacemos nuestros, nos acercan el mundo del otro, de ese país, el más europeo de los países islámicos, un país orgulloso de su tradición, con necesidad de innovar, de acercarse a occidente sin perder su identidad.

Estas historias, que son las de un país, las de sus gentes, consiguen convertirse en nuestra propia historia, como él mismo explica en La maleta de mi padre, al hablar de la literatura como medicina, de la necesidad diaria de leer y escribir buena literatura. Contrariamente a lo que Pamuk anuncia (él prefiere admirar a escritores ya fallecidos), a mi me encanta que él sea un autor vivo, para poder seguir leyendo obras nuevas, que dosifico como toda la buena lectura, para poder entender por qué escribe y por qué le leemos.

Encuentro en Pamuk a la Turquia que conocimos hace años, aquella Turquia que como europeos nos fascinaba en Topkapi y la Mezquita Azul -siempre presente el color- , y que nos sorprendía reuniendo buenos conversadores en restos de cementerios reconvertidos en cafés, aquella Turquía de grandes vendedores, amables, expertos… de iluminadores y miniaturistas, que han hecho de los más pequeños detalles un arte sublime.

marzo 04, 2008

Musée Marmottan

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Al fin París, con Londres tuviste miedo de cerrar un círculo y se abrió mucho más, como un gran agujero negro; ahora, de nuevo, París enamora, exalta, absorbe, vuelve a abrir cajitas de tu corazón medio cerradas. 

Monet, mirar de verdad la pintura, ver más allá, sentir los colores, las texturas, traslado en el tiempo con palacios de XVII.

Un museo debe ser así, integrador, evocador, promover un espacio de calma, aislarte del exterior. Los cuadros de Giverny entran en el cerebro como fogonazos, La Catedral de Rouen, aquí tan cálida, los enfoques tan de cerca, fotográficos (al principio tal vez influido por su amigo Nadar), la fusión del mundo real y el reflejado en el agua del "Puente Japonés", el paisaje nevado de La Urraca... 

Le Pont de l'Europe, Gare Saint-Lazare, ¿por qué las estaciones provocan tantos estados de ánimo?, los trenes, el humo, los viajeros, llegadas, partidas, comienzos, ¿no es en el fondo todo un gran viaje?

Mi amor por la pintura viene de lejos, de las peleas con los tonos verdes en un intento vano de emular la naturaleza. Entiendo las obsesiones de Monet por reflejar una y otra vez la misma vista, el mismo encuadre bañado con distinta luz, acariciado de distinta manera por los colores, en una imitación de sus adoradas estampas japonesas.  

Todos vivimos influidos por lo exótico, es fácil encontrar las influencias en Monet recorriendo una y otra vez sus obras primero en Le Jeu de Paume, más tarde en el magnifico Gare D´Orsay, sus pinturas circulares en L´Orangerie, y cerrar el círculo, volver al principio, en el Marmottan, con el cuadro mil veces evocado, huidizo (robado en 1985), encontrado al fin en un lugar privilegiado, en un salón circular junto a Pissarro, la dama del abanico de Morisot, paisajes nevados de París, y allí en el centro : el cuadro que da nombre al movimiento: Impresion soleil levant.

¿Hubiera sido Monet el centro de este movimiento sin sus mecenas? Aquellos que provocaron, compraron, promovieron sus exposiciones en Francia y al otro lado del charco, en New York, Boston…, de forma que los coleccionistas americanos y también pintores de esa nacionalidad vinieran a convivir y aprender del maestro. Son partícipes de su abandono del grupo de Barbizon y de su experimentación en su última etapa, como los jardineros de Giverny. Sin su descubridor Boudin, el apoyo de Clemenceau y Durand-Ruel, sin la compañía de Camille, y de su segunda mujer Alice (esposa de su amigo Ernest). Sin sus viajes y su atracción por lo exótico, su paso por Argenteil , Rouen, Noruega, Holanda, Londres, Italia, y en especial sin su amado Sena, sería imposible entender la obra de Claude Monet. Hasta su nombre es una evocación del color. 

Kandinsky vió en uno de sus cuadros de Almiares, el primer cuadro abstracto. ¡Siempre aprendemos de otros!

Muchas de las obras impresionistas comparten espacio, inspiración, escenas y sin embargo la vista, la emoción, distingue en una sala llena a su “homónimo” Manet, más académico, a Renoir más cálido, a Morisot más tierna, a Pissarro, Sisley …de las obras de Monet. No es el ojo, es el sonido del color, el tacto, el gusto provocado por cada tela.

Los impresionistas pintaron al aire libre, quisieron imitar al sol, y el calor que provocan sus lienzos, sigue ahí esperándonos, visitad París, primero el Gare D´Orsay, seguid por L´Orangerie, y el majestuoso Marmottan y como yo recuperareis el amor por este movimiento de artistas de cuadros fáciles de ver, de pinceladas marcadas, intencionadas, de complicidad con el espectador, pues hay que mirar más de una vez para sentir, hay que alejarse del cuadro, sentarse, sentirse, girarse, como el sol, como la luz.

!Que lo disfruteis! 


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