junio 23, 2008

Roma, Ciudad Eterna II

“Venus Bonaparte pretende ser un homenaje a la ciudad de Roma y un camafeo destinado a contener el retrato literario de una mujer única…

Venus Bonaparte, Terenci Moix.

La osadía, la frescura, la fuerza de la juventud y la belleza, frente a la experiencia, el miedo a la muerte, las envidias, la traición y los celos.

Roma representa la vida eterna, como París la vida galante, lo efímero, el placer.

Josefina, primera esposa de Napoleón, es la mujer experta, elegante, adulta, abandonada. La mujer admirada.

Paulina, hermana favorita, nos muestra a la eterna niña, el capricho, el deseo, la insatisfacción. La mujer adorada.

Madame Mere, su madre, la matriarca del clan Bonaparte, es la imagen de la resignación, el apoyo incondicional a su familia, la serenidad, la continencia. La mujer respetada.


La mujer como obra de arte, mostrada en todas sus edades, Venus Bonaparte, acertado título.

Dejad que este libro os acompañe por alguno de los lugares emblemáticos de la ciudad:

Palacio Barberini, Aldobrandini, Villa Borguese, Vía Giulia, Palacio Farnesio (identificado por la azucena), Fontana Mascherone, Giacomo della Porta, Palacio Falconieri (su emblema es un halcón)…

Roma tiene 13 basílicas, 7 mayores , 5 patriarcales, las del jubileo: San Juan de Letrán, San Pedro, San pablo extramuros, Santa Cruz de Jerusalén, San Sebastián ( en la vía Apia) Campo dei Fiori, Piazza Navonna, el Panteón, Campo de Marzio, Vía della Fontanella, vía del Corso, Iglesia del Gesú, Mausoleo de Augusto. San Giacomo in Augusta (donde estaba el estudio de Canova).

2 comentarios :

  1. Es Roma una ciudad en la que pesa tanto la historia, que puede resultar abrumadora para los poco iniciados. Pero esta es una sensación momentanea, un segundo, y después te acoge, te rodea y te ves inmerso en siglos de vida, o de vidas que no son la tuya. Y de pronto, crees, y cada uno cree lo que quiere. Y yo creo que Roma es mujer.

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  2. Roma es una ciudad muy especial, donde la historia, efectivamente, tiene un peso muy grande, evidente a cada paso que das por sus calles, en cada esquina que doblas.
    También resulta contradictoria y caótica, porque en ella conviven los recuerdos de un Imperio, los barrios donde rodó Fellini, y la modernidad que lucha, sin éxito, por imponerse a su pasado.
    Como dices, el desconcierto es momentáneo porque rápidamente Roma te convierte en uno más de sus ciudadanos, y de pronto, sientes que llevas mucho tiempo allí, reconociendo lugares, reviviendo sensaciones perdidas, y charlando con otros, que como tú, fueron romanos alguna vez.

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